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Urbys TV

Carlos Steidel

Localización:

UrbysTV está ubicada en el edificio más alto de la ciudad, el Urbys Center, de treinta pisos de altura, sito en BB31. La antena de la emisora está instalada, obviamente, en su terraza.


Descripción:

La antena del canal UrbysTV... nunca mejor dicho... Urbys te ve...
      Oficialmente, era la antena repetidora del canal de televisión regional. Sin embargo, fue parte del proyecto secreto de una Agencia de espionaje extranjera para captar y analizar las comunicaciones de los ciudadanos de Urbys, como medio de monitorear sus actividades.
      Fue emplazada en la terraza del edificio más alto de la ciudad, el Urbys Center, de treinta pisos de altura, sito en BB31.
      En este punto vale hacer una aclaración importante con respecto al Urbys Center. Cuando se propuso su construcción se desató una acalorada polémica. Hasta ese entonces no había muchos edificios de varios pisos, y éste vendría a ser, por lejos, el más alto. Todo un rascacielos.
      Por otro lado, muchos cuestionaban su aspecto, con su curiosa planta exagonal, que a media altura trocaba a cilíndrica, para rematar en un cono truncado. Además, en las cuatro esquinas del terreno en que está construido se yerguen sendas torres, unidas al edificio por pasarelas curvadas. El conjunto tiene un aspecto retro-futurista, una especie de nave espacial berreta, por lo cual la construcción se ganó el mote de "el Cohete" o "la Nave".
       (En breve un gráfico del edificio).
      Los misteriosos espías encargados de llevar a cabo el proyecto, después de largas y agotadoras reuniones lograron negociar con el consorcio del edificio los términos de uso de la terraza. Largas y agotadoras para los desconcertados agentes. En cuanto lograban un acuerdo con una comisión aparecía otra, con la que había que volver a empezar. Así negociaron con una "Comisión de propietarios", luego con una "Unión de dueños", mas tarde con el "Consorcio único de viviendas, locales y oficinas de Urbys Center", e inclusive con una "Asociación de locatarios", que no tenían nada que ver, pero vociferaban continuamente acerca de derechos y obligaciones.
      Además de cambiar de interlocutores, cambiaban de ámbito de reunión. Hoy era una moderna oficina en el piso 2, mañana un fastuoso salón en el piso 35, pasado un mísero cuchitril en el tercer sótano.
      Finalmente, y a cambio de un oneroso alquiler, lograron la exclusividad del uso de la terraza, con la posibilidad de instalar todo el equipo electrónico que quisieran; justo lo que necesitaban.
      Además de la antena de transmisión de TV (que era la excusa) instalaron antenas de onda corta, onda larga, VHF y UHF; arrays de antenas para interceptar llamadas de teléfonos celulares; antenas parabólicas para atrapar comunicaciones internacionales vía satélite de la compañía telefónica y de los modernos celulares satelitales que poseían algunos habitantes de la ciudad; lograron también desviar un cable maestro para monitorear las comunicaciones telefónicas locales y también las conexiones principales a Internet.
      Esta vasta red de comunicaciones alimentaba a un grupo de poderosas computadoras, que continuamente registraba y analizaba las llamadas telefónicas, los mensajes de correo electrónico, las conversaciones de los radioaficionados, en busca de patrones, palabras clave que indicaran, a los ojos de la poderosa Agencia, las infames actividades de los criminales habitantes de Urbys.
      Pero no todo marchaba bien.
      Ya desde un primer momento los agentes se equivocaban continuamente de ascensores, se bajaban en pisos que no eran, se perdían en pasillos interminables, pasaban todos los días por los mismos corredores, para encontrar oficinas distintas cada vez.
      Tampoco los servicios funcionaban óptimamente: los ascensores se les paraban entre pisos, la energía eléctrica se cortaba cada tanto, lo mismo que el agua y aún el gas. Se quedaron sin aire acondicionado el día más caluroso del año y sin calefacción en medio del invierno. A poco de instalarse, comenzaron las goteras, aún cuando no llovía, y cesaban misteriosamente cuando venía algún ordenanza a tratar de repararlas.
      Pero los sufridos agentes no sólo tenían problemas dentro del edificio. uno sufrió contusiones cuando lo atropelló un adolescente en patineta, ni bien puso un pie fuera del edificio. Otro se llevó un susto de muerte cuando fue a ver una obra a la Opera de Todos Los Fantasmas. Este se electrocutó al agarrar una botella de leche de una heladera, en el supermercado. Aquel, invariablemente recibía multas por mal estacionamiento. Otro más fue a parar al río desde el puente de los Suicidas Románticos cuando quiso hacer de buen samaritano y terció en la discusión de una parejita de novios.
      Un buen día tanto despliegue empezó a dar sus frutos: desde cierto lugar se hacían y recibían llamadas telefónicas en donde se podían escuchar insistentemente las palabras "bomba" "reventado" "todos muertos" y otras semejantes. El sistema localizó exactamente las coordenadas geográficas del lugar mediante el sistema GPS y allí fueron los valientes agentes, a capturar y escarmentar a los enemigos del Sistema; más al llegar se encontraron en... el cementerio de Urbys.
      Nuestros héroes estaban desconcertados, todos se habían fijado antes de salir que esas coordenadas NO correspondían con el cementerio, sin embargo...
      Al volver a su guarida, en lo alto del "Cohete", las computadoras emitían insistentemente un aviso: se habían detectado mensajes de correo electrónico cifrado que indicaban a las claras actividades sediciosas contrarias a los altos valores de libertad y democracia de la Agencia, y allí fueron nuevamente los agentes... para llegar a un cruce de ferrocarril bajo nivel, anegado de agua, el de la calle de las Tormentas.
      Esto era el colmo, los agentes comenzaron a sospechar que su perfeccionado sistema de espionaje había sido vulnerado y estaban jugándoles una broma pesada; pero los directores de la poderosa Agencia decían que no, que en Urbys no había tecnología ni capacidad para penetrar el sistema.
      Así pasaron los días, y los pobres agentes veían como, súbitamente, la mitad de la población llamaba a la otra mitad, más o menos a la misma hora, para charlar acerca de atentados terroristas; o como de repente se duplicaba el tráfico de correo electrónico con mensajes acerca de la construcción casera de bombas, o tácticas guerrilla urbana, o técnicas de cyberterrorismo, o...
      En estos casos de súbita sobrecarga, las poderosas computadoras se colgaban, y el sistema podía tardar varias horas en recuperarse, a pesar de los desesperados esfuerzos de los espías para ponerlo nuevamente en línea.
      En varias ocasiones las computadoras indicaron otros lugares donde capturar terroristas, pero los desmoralizados agentes dejaron de prestarle mucha atención cuando en una salida allanaron la casa de una encantadora pareja de viejitos jubilados, que vivían con tres gatos y un simpático aunque irascible lorito mimético, que picoteó a uno de los agentes mientras revolvía la casita de arriba a abajo.
      Ante semejante seguidilla de fracasos, los atribulados agentes comenzaron a desmoronarse.
      La última salida del grupo fue para detener a los miembros de la Sociedad Secreta de Conspiradores. Hicieron lo imposible para encontrar el pasaje Utopía donde las computadoras indicaban que estaba, pero no hubo caso. Se equivocaron de calles, entraban por avenidas que terminaban en calles sin salida, se toparon repetidas veces con el ferrocarril, o con el río. Varias veces estuvieron a punto de chocar, o de ser chocados, al entrar en calles que antes tenían otra mano de circulación. Anduvieron horas en línea recta, para retornar a la puerta del Urbys Center. No hubo caso.
      Después de esto, el grupo no fue el mismo.
      Uno contrajo gripe a raíz de la humedad a la que los sometían las continuas goteras y quedó fuera de combate cuando la gripe se convirtió en neumonía y lo tuvieron que internar en el hospital.
      Otro fue encarcelado cuando golpeó a un policía que le estaba levantando la enésima multa por mal estacionamiento, en un lugar que hasta esa misma mañana era de estacionamiento libre, pero a esas horas tenía parquímetros.
      Otro más se enamoró perdidamente de una mujer casada a la que le leía todos los e-mails, cuando concertó una cita a ciegas bajo el ombú de la Plaza de Todos los Nombres. Huyeron juntos, nadie sabe dónde.
      Así, uno por uno de los otrora aguerridos agentes fue abandonando la partida.
      Las computadoras fueron saliendo de servicio, algunas antenas cayeron; por suerte, no pasaba ningún ciudadano en esos momentos.
      El último agente fue encontrado un día de lluvia en la parte más baja del paso bajo nivel de la calle de las Tormentas. Casi lo atropella un vecino con su coche.
      El líder del grupo, ya que de él se trataba, estaba en posición fetal, llorando y farfullando continuamente: "...cuando hay sol se llena, cuando llueve se vacía... cuando hay sol se llena, cuando llueve se vacía...", como una letanía. Hubo que llevarlo al Neuropsiquiatrico Municipal de Urbys, para que allí trataran de recuperarlo.
      La Agencia, habiendo repasado los increíbles y contradictorios reportes de los agentes y los magros resultados de la operación, pero en sintonía con la política de su gobierno con respecto a las actividades terroristas en otros países, decidió dejar pasar un tiempo, para luego probar en el futuro con otro equipo de espionaje, mejor entrenado y con más recursos.
      Lamentablemente, no entendieron la lección.
      A Urbys no le gusta que la espíen.