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La Casa no Embrujada

Carlos Steidel

Localización:

Está ubicada en el Paseo de la Guardia y la calle 35, en el corazón del Barrio de las Piedrecillas Azules.


Descripción:

En la ciudad hay una casa que no está embrujada. Es una casa que tiene un feo aspecto de sólida, bien construida, segura. No inspira miedo, ni aprensión.
      Es una casa por demás extraordinaria. Sobre ella no pesa ninguna maldición, ni está habitada por fantasmas. En los desvanes no hay arcones llenos de ropa pasada de moda o viejas cartas, ni espejos borrosos, ni pilas de libros antiguos. Es más, no hay desván. El sótano no es un lugar oscuro y húmedo, lleno de cosas sin nombre. Es un ambiente seco, luminoso, acogedor y bien ordenado por el dueño de casa.
      En esta casa no se escuchan aullidos de noche, ni hay sábanas sobre los muebles, ni sonidos de sacudir cadenas. No se escuchan extrañas melodías de órgano, ni arrastrar de pies. No hay pasadizos secretos, ni habitaciones escondidas, ni armarios con doble fondo.
      En esta casa, durante las tormentas no se corta la luz, ni el teléfono, ni se queda aislada del mundo. Las puertas no rechinan, ni los perros ladran porque sí; los gatos no son más que mascotas. Aquí no se cometieron asesinatos, ni hay cadáveres enterrados en el jardín, ni fue construida sobre tierra sagrada indígena o cerca de un antiguo cementerio.
      En ella vive una familia simpática y trabajadora. Los chicos son respetuosos y tranquilos. Los padres trabajan, los chicos estudian. Los fines de semana salen de paseo. Trabajaron muy duro y parejo para pagar la edificación de la casa. Estaban muy contentos cuando se terminó de construir.
      Desde el principio, no cosecharon las simpatías de los vecinos del barrio. Con el paso del tiempo, la situación empeoró. Los vecinos estaban indignados con la actitud y la conducta de los habitantes de la casa no embrujada. Tanto, que formaron un grupo para expulsarlos del barrio, y luego demoler la casa.
      Es que los vecinos del barrio, como mucha gente alrededor del mundo, odia y teme las cosas que no comprende. Detestan lo distinto, lo extraño.
      El rechazo de los vecinos era intenso, casi físico. La familia, triste y confundida, tuvo que abandonar el barrio. Cuando estaba a punto de comenzar la demolición, otro grupo de presión, esta vez activistas en contra de la discriminación, logró que la Legislatura de Urbys la aplazara.
      Han pasado muchos años, la demolición se aplazó indefinidamente. Poco a poco se fue sabiendo en toda la ciudad que había una casa que no estaba embrujada; se hizo famosa, se volvió casi una atracción turística.
      Hoy está deshabitada, claro, porque... ¿quien querría vivir en una casa que no está embrujada?