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26-May-2008

Cazadores galácticos capturan una supernova perdida

Combinando las capacidades de dos observatorios, un grupo de astrónomos ha encontrado, al fin, una supernova reciente, de entre las varias que debieron de haber tenido lugar en los últimos 330 años.

Prefacio del editor: Durante mucho tiempo, los astrónomos creyeron que las explosiones de supernovas suceden dos o tres veces por siglo en la Vía Láctea. Llegaron a esa conclusión observando otras galaxias similares a la nuestra y contando las estrellas a medida que explotaban. Pero esto dio lugar a un misterio: la última vez que alguien vio la explosión de una supernova en nuestra galaxia fue en el año 1680, hace casi 330 años. Entonces, ¿dónde están las supernovas perdidas de la Vía Láctea?

Finalmente, una de ellas ha sido encontrada. Usando el Observatorio de Rayos X Chandra (que es un telescopio de rayos X en el espacio), de la NASA, y el radiotelescopio de Muy Largo Alcance (VLA, en idioma inglés), del NRAO (National Radio Astronomy Observatory, en idioma inglés - Observatorio Nacional de Radioastronomía, en idioma español), ubicado en Nuevo México, un grupo de astrónomos localizó los restos de una supernova reciente, escondida en un denso campo de gas y polvo cerca del centro de nuestra galaxia. Lea la historia de hoy para aprender cómo una "cacería galáctica" que ha durado décadas finalmente logró capturar a su presa.

Se ha descubierto la supernova más reciente en nuestra galaxia rastreando la rápida expansión de sus restos. Este resultado, obtenido por medio del Telescopio de Rayos X Chandra, de la NASA, y del radiotelescopio de Muy Largo Alcance, del Observatorio Nacional de Radioastronomía, ayudará a mejorar nuestro entendimiento sobre cuán a menudo se producen las explosiones de supernovas en nuestra galaxia, la Vía Láctea.

La explosión ocurrió hace alrededor de 140 años, lo que la convierte en la supernova más reciente de la Vía Láctea, medida de acuerdo con el calendario de la Tierra. Previamente, la última supernova conocida en nuestra galaxia ocurrió alrededor del año 1680; este cálculo se basa en la expansión de su remanente, Casiopea A.


El joven remanente de supernova G1.9+0.3 se halla escondido en los campos de polvo del centro galáctico.

Los astrónomos identifican los restos de esta joven supernova como "G1.9+0.3". Los números indican las coordenadas de la nube de desechos galácticos en expansión de la supernova, que se localiza a una gran profundidad en el corazón de la Vía Láctea. La explosión en sí misma no fue observada porque ocurrió en un denso campo de gas y polvo. Esto disminuyó la percepción del objeto en un factor de un billón en las longitudes de onda de la luz visible, en comparación con una supernova sin oscurecimiento. Sin embargo, el remanente del objeto se puede observar con telescopios de rayos X y con radiotelescopios.

"Podemos ver algunas explosiones de supernova con telescopios ópticos a medio universo de distancia pero, cuando se encuentran en esta oscuridad, escapan a nuestra vista aun en nuestro patio trasero", dice Stephen Reynolds, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, en Raleigh, quien dirigió el estudio llevado a cabo con el telescopio Chandra. "Afortunadamente, la nube de gas en expansión que se produjo luego de la explosión brilla intensamente en longitudes de onda de radio y también en rayos X durante miles de años. Los radiotelescopios y los telescopios de rayos X pueden ver a través de toda esa oscuridad y nos muestran lo que nos hemos perdido".


INDICE DE NOTICIAS

Los astrónomos observan supernovas regularmente en otras galaxias como la nuestra. Tomando como base tales observaciones, los investigadores calculan que alrededor de tres supernovas explotan en nuestra galaxia cada 100 años.

"Si esta tasa de supernovas es correcta, debería de haber remanentes de aproximadamente 10 explosiones de supernovas que son más jóvenes que Casiopea A", dice David Green, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, quien dirigió la campaña de observación con el radiotelescopio de Muy Largo Alcance. "Es fantástico haber podido encontrar finalmente una de ellas".

La búsqueda de este objeto comenzó en 1985, cuando un grupo de astrónomos dirigidos por Green utilizó el radiotelescopio de Muy Largo Alcance para identificar el remanente de una explosión de supernova cerca del centro de nuestra galaxia. Tomando como base su tamaño relativamente pequeño, se pensó que el remanente era el resultado de una explosión de supernova ocurrida entre 400 y 1000 años atrás.

Veintidós años después, las observaciones hechas con el telescopio Chandra revelaron que los restos de la supernova se expandieron de un modo sorprendente desde 1985 (aproximadamente un 16 por ciento). Esto indica que el remanente de supernova es mucho más joven de lo que se pensó con anterioridad.


Imágenes de la cáscara en expansión de la supernova obtenidas con el telescopio Chandra, en 2007. El círculo central traza el tamaño aproximado de la cáscara, en 1985.

La corta edad del evento fue confirmada hace algunas semanas cuando el radiotelescopio de Muy Largo Alcance fue nuevamente utilizado para hacer mediciones. Al comparar los datos, se pudo confirmar que la edad del remanente es de alrededor de 140 años —posiblemente menos si se ha ido desacelerando— lo cual lo convierte en la explosión de supernova más joven de la que se tenga registro en la Vía Láctea.

Además de tener el récord de la supernova más joven, el objeto es de considerable interés por otras razones. La alta velocidad de expansión del remanente y las energías extremas de las partículas que se han generado no tienen precedente y deberían estimular programas de estudio más exhaustivos de este objeto con el telescopio Chandra y con el radiotelescopio de Muy Largo Alcance.

"Ningún otro objeto en nuestra galaxia posee estas propiedades", dice Reynolds. "Este hallazgo es extremadamente importante para aprender más acerca de cómo explotan algunas estrellas y qué sucede después de la explosión".

Los resultados de las investigaciones se publicarán muy pronto en la revista The Astrophysical Journal Letters.

Fuente: Ciencia@NASA
Traductor al español: Carlos Román


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