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13-Abr-2009

Los impactos de cometas pueden destruir sistemas planetarios

Muchos científicos creen que los dinosaurios fueron exterminados por la colisión de un cometa


Representación artística de un planeta siendo esterilizado por un continuo bombardeo de meteoritos y cometas.

Algunas estrellas están rodeadas de una intensa actividad cometaria, lo que podría significar la perdición para cualquier tipo de vida que intente echar raíces en un planeta local. Una investigación en curso está tratando de determinar qué fracción de sistemas estelares podrían ser inhabitables debido a los impactos de cometas.

Muchos de los cometas de nuestro propio sistema solar se encuentran en el Cinturón de Kuiper, un disco de "escombros" que se extiende desde la órbita de Neptuno (30 UA) hasta casi el doble de esa distancia más allá del sistema solar. Otras estrellas poseen discos similares.

"El cinturón está compuesto por polvo y grandes fragmentos producidos por la destrucción de cometas o asteroides que colisionan entre sí", dice Jane Greaves, de la Universidad de St. Andrews de Escocia.

Aproximadamente, el veinte por ciento de los sistemas solares cercanos poseen discos más importantes que nuestro Cinturón de Kuiper, según datos entregados por el telescopio espacial Spitzer. Más fragmentos implican más cometas, ¿pero esto también implica más impactos asesinos para planetas como la Tierra que pudieran orbitar estas estrellas?

La respuesta depende de la existencia de planetas gaseosos en derredor.

Se sabe que Júpiter actúa como escudo protector de la Tierra, desviando de curso asteroides y cometas y enviándolos fuera del sistema solar. Sin embargo, algunos científicos mostraron en 2007 que Júpiter puede hacer lo contrario también: desviar cuerpos celestes y hacer que crucen la órbita terrestre. De hecho, si el tamaño de Júpiter fuese como el de Saturno, el número de impactos contra la Tierra sería mucho mayor que el actual.

Greaves ha estudiado la forma en que los cometas son afectados, en su generalidad, por la existencia de gigantes gaseosos. Los resultados preliminares de su estudio indican que los cometas podrían ser un grave problema en un pequeño porcentaje de sistemas solares.

El barrido del cometa

En los comienzos de la historia de nuestro sistema solar, existía una gran cantidad de restos remanentes de la formación de planetas. Todo este desperdicio planetario condujo a un intenso bombardeo de cometas y asteroides sobre los planetas del sistema solar interno, como se pone en evidencia al observar el registro de cráteres de la Luna (en la Tierra, la mayor parte de estas cicatrices han sido erosionadas a través del tiempo, o han desaparecido debido a la actividad tectónica).

El número de impactos disminuyó drásticamente hace unos 3.800 millones de años, 700 millones de años después de la formación del sistema solar.

La causa de este descenso puede haber sido un cambio en las órbitas de los gigantes gaseosos, que fueron desviando de curso muchos de los cometas. Júpiter y Saturno parecen haber emigrado hacia el exterior del sistema solar, empujando las órbitas de Urano y Neptuno. Esto, a su vez, perturbó el Cinturón de Kuiper, expulsando a muchos de los cometas hacia el espacio interestelar, afirma Greaves.

"Este hecho podría ser un evento muy peculiar, o podría ocurrir en otros sistemas estelares —lo cual no sabemos todavía, por culpa de nuestra limitada información sobre los planetas gigantes", dice Greaves.


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Impacto catastrófico

No obstante, nuestro planeta no ha permanecido inmune a los efectos mortales de los impactos.

Muchos científicos están convencidos de que la desaparición de los dinosaurios fue causada por el impacto de un asteroide de cuatro a veinte kilómetros de diámetro, que golpeó la Tierra hace 65 millones de años en un punto hoy conocido como la península de Yucatán. El impacto provocó un incendio de proporciones globales y la extinción de más de la mitad de las formas de vida del planeta.

Un objeto de 100 kilómetros de diámetro no habría dejado sobrevivientes. Un "impacto catastrófico" como ése destruiría la corteza terrestre y expulsaría la atmósfera al espacio.

Es probable que la Tierra haya experimentado algunos de estos impactos catastróficos muy temprano en su historia, mucho antes de que la vida como la conocemos hubiese aparecido.

"Si bien los impactos "mata-dinosaurios" tienen una tasa de ocurrencia de 100 millones de años (en la Tierra), es poco probable que el planeta experimente otro impacto de estas características en un período equivalente al tiempo de vida del Sol", afirmó Greaves.

Una pregunta surge: ¿Qué tan alta debe ser la tasa de impactos sobre un planeta para evitar la formación de seres vivientes?

Greaves piensa que la vida no podría evolucionar en un planeta castigado por impactos de objetos de 10 a 100 kilómetros de diámetro cada 20 millones de años. Esta clase de bombardeo no les daría a los organismos suficiente tiempo para recuperarse, antes de que un nuevo impacto ocurra. El nivel de biodiversidad sería muy bajo en períodos inter-impacto, por lo que cada vez habría una menor probabilidad de que alguna especie sobreviva al próximo impacto desvastador.

En trabajos anteriores, Greaves y sus colegas especularon que Tau Ceti —un sistema solar cercano, que ha sido durante largo tiempo un blanco favorito de las búsquedas del proyecto SETI— sería inhabitable debido al gran número de cuerpos (cometas y asteroides) que se despliegan a su alrededor, como un enjambre. Aunque Greaves confiesa que esta evaluación podría ser demasiado pesimista.

Actualmente, Greaves y su equipo están estudiando la amenaza de los cometas. El equipo ha modelado diversos sistemas planetarios representativos (con y sin gigantes gaseosos), y a partir de esto, han estimado que al menos un pequeño porcentaje de sistemas planetarios no podrían albergar vida debido al hostigamiento de los impactos.

Fuente: Space.com
Traductor al español: Leonardo Montero Flores


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