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31/Mar/03




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Ciencia ficción española para el lector culto: la apuesta de Julián Díez

Axxón charló con el coordinador de la Antología de la ciencia ficción española 1982-2002, Julián Díez, para hablar de este reciente libro editado por Minotauro, del trabajo con la editorial y de la actualidad de la CF.

Tal vez algunos conozcan a Julián Díez como director (hoy ex-director) de la publicación española de ciencia ficción, fantasía y terror Gigamesh. Otros habrán visto su nombre asociado al de Luis Prado, como antologista en Artifex Segunda Época. Tal vez algunos hayan leído sus críticas y artículos dentro y fuera del género, o su guía Las 100 mejores novelas de CF (Solaris Ficción 19). Algún afortunado (y memorioso) tal vez recuerde su breve experiencia como escritor. Como fuere, queda claro que Julián Díez se ha transformado desde hace mucho en una figura omnipresente cuando se habla de ciencia ficción en España.

Probablemente esta relevancia sea la que le haya permitido participar como selector en una nueva antología, editada nada menos que por Minotauro, que se propone repasar dos décadas del fenómeno de la CF española: Antología de la ciencia ficción española 1982-2002.

En este reportaje concedido a la revista Axxón, Julián habla de la antología, de su trabajo con la editorial y de la actualidad de la CF.

"Mi idea, ante todo, era presentar al lector culto la validez de la actual CF española —explicó Díez—, así que la primera exigencia era la de tener a los autores con mayor rigor en su trabajo. La selección específica del cuento de cada uno intentó buscar una variedad temática, para que el libro fuera ameno en sí mismo, y una representatividad dentro de la obra de cada autor, evitando en la medida de lo posible que el relato además tuviera numerosas ediciones previas". A pesar de esta premisa, Díez admite que en algún caso esto no se dio. Por ejemplo en "El bosque de hielo" de Juan Miguel Aguilera, pero esta elección era necesaria, por ser, en opinión de Díez, "uno de los mejores relatos españoles de todos los tiempos". Los relatos fueron acomodados en riguroso orden cronológico.

Así, el sumario final de la antología incluyó "Mein Führer", de Rafael Marín; "La estrella", de Eliá Barceló; "El rebaño", de César Mallorquí; "El centro muerto", de León Arsenal; "El bosque de hielo", de Juan Miguel Aguilera; "Otro día sin noticias tuyas", de Juan Carles Planells; "Un jinete solitario", de Rodolfo Martínez; "Nada personal", de Armando Boix; "Los herederos", de Daniel Mares; "Días de tormenta", de Ramón Muñoz; "Una esfera perfecta", de Eduardo Vaquerizo y "Entre líneas", de José Antonio Cotrina. Además, el volumen incluye un ensayo de Julián Díez, recomendaciones y bibliografía.

De haber tenido más páginas a disposición, a Díez le hubiera gustado incluir algunos otros relatos. "Javier Negrete quedó fuera solamente porque sus mejores obras son demasiado extensas, pero me hubiera encantado haber podido incluir alguna novela corta, por ejemplo ŽLa luna quietaŽ, que fue lo primero que publicó y lleva mucho tiempo fuera de circulación. Luego, algo de Carlos Castrosín y Félix Palma, por ejemplo ŽLos viejos días de la contraculturaŽ y ŽEl vigilante de la salamandraŽ, respectivamente. Y cambiaría el cuento de César Mallorquí, que es bueno, por la novela corta ŽLa casa del doctor PétaloŽ, que es seguramente una de las obras maestras de la CF española reciente".

—¿Cómo fue el trabajo con la editorial?  
—La verdad es que me dejaron las manos bastante libres. Con Francisco Porrúa, el anterior director editorial, sólo hablamos de la eliminación de un cuento que no le convencía. Y con Francisco García Lorenzana, el actual director, todo fueron igualmente facilidades. Los textos han salido, salvo correcciones de estilo lógicas, tal cual los envié. Lo único que negociamos fue la extensión del libro, que a mí me hubiera gustado por supuesto que fuera más largo.

España y la CF

—¿Cuáles son, en tu opinión, los puntos fuertes y flojos de la CF española?
—Cada vez más, la CF española se ha desmarcado de los moldes anglosajones imperantes para tratar los argumentos con un enfoque autóctono, o directamente por afrontar especulaciones a partir de realidades de nuestro entorno. Además, se ha incrementado de forma muy notable la preocupación formal, y gozamos ahora en nuestras filas de estilistas como Elia Barceló o Rafael Marín, que además están creando escuela. En lo negativo, seguimos sufriendo un mercado demasiado pequeño. En parte es por un problema endémico de la cultura española: la inseguridad de muchos presuntos intelectuales, incapaces de aceptar la cultura popular por un temor infantil al ridículo. Y también, en parte, porque la imagen que la CF ha dado en España, como reacción a ese rechazo, ha sido bastante "freak" en muchas ocasiones. Una vez que crezca algo más el mercado, espero que con iniciativas como esta antología y la línea de publicación de españoles que pretende seguir Minotauro, posiblemente podremos retener a nuestros mejores talentos, que en muchos casos van abandonando la CF por la falta de una compensación económica.

—¿Podés hablarnos del fandom español?  
—Creo que ha madurado bastante en los últimos años. Hoy ya casi nadie defiende posturas de encierro. Sin embargo, seguimos sufriendo un problema que es consustancial al fandom: hay demasiada gente que, a partir de la realización de una actividad mínima e intrascendente, se cree revestido de derechos de "escritor", "editor" o lo que sea. El fandom, como cualquier mundillo pequeño, tiende a mantener un grupo que valora la pertenencia al clan por encima de los verdaderos méritos de una actividad. Afortunadamente, el crecimiento del género está haciendo que ese sector quede recluido aún en un círculo más pequeño en el que pueden dedicarse a sus endogamias sin asustar a nadie. Mientras, siguen surgiendo escritores jóvenes con auténticas inquietudes, y además ahora estamos sumando nuevos críticos de un nivel muy apreciable, que contribuyen a un fermento creativo. En cambio, la AEFCF (Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción) parece mantenerse en una suerte de hibernación incierta, y la organización de eventos sigue siendo un problema.

Díez por Díez

—¿Cómo empezaste en la CF?¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?  
—En la biblioteca de mi colegio tenían las antologías de Acervo de CF. Así que mi relación con el género viene condicionada por el hecho de que a los diez años andaba leyendo a Philip K. Dick y J.G. Ballard... Luego, tuve además la suerte de que se produjo una expansión del libro de bolsillo de CF en España, con alguna colección en Bruguera y la aparición de Ultramar, con lo que seguí leyendo regularmente del género. Por supuesto, Asimov también jugó un papel fundamental para engancharme, me recuerdo a mí mismo a los catorce años enloqueciendo con Fundación.

— Por ahí leímos que en algún momento escribiste relatos. ¿Qué experiencia guardás de aquello? 
—Soy periodista profesional y escribo cada día mucho, sin reflexionar especialmente sobre la naturaleza de mi actividad. Ni aprendí nada de particular ni disfruté especialmente escribiendo relatos; claramente, me falta la motivación para la creación. Releí no hace mucho alguno de esos cuentos y no estaban mal, pero la verdad es que ahora mismo no me apetece especialmente escribir: llego a casa después del trabajo y lo que me apetece es ver una película o leer, y no seguir delante del ordenador.

Especulaciones y perspectivas

—¿Se puede ser original en la CF? ¿Qué autores lo son hoy en día?  
—Creo que los autores para los que la originalidad lo es todo están cayendo en una literatura temáticamente cada vez más barroca y compleja, que como persona sin una formación científica sólida no me atrae en absoluto. Las novedades "maravillosas" de Gregory Benford o Greg Bear me son casi siempre ajenas: se fundamentan en detalles y novedades demasiado sutiles para que capturen mi sentido de la maravilla. Sin embargo, creo que sí es posible la originalidad. A través de enfoques frescos, combinaciones osadas de elementos, recuperaciones de viejos temas con las nuevas perspectivas de la sociedad actual. En los últimos meses, por ejemplo, leí varias novelas que me gustaron, entre otras cosas, porque me parecieron francamente originales: El prestigio, de Christopher Priest; La estación de la calle Perdido, de China Mieville; En alas de la canción, de Thomas M. Disch; El vuelo del hipogrifo, de Elia Barceló.

Julián Díez cree que,"la falta de originalidad en un sentido estricto no es un problema para el resto de los géneros literarios: a ver qué novedades temáticas puede tener la novela sentimental o la de viajes. Y, sin embargo, existe la posibilidad de ofrecer nuevas visiones por medio de diferentes tratamientos. Ese es el camino de la CF, como demuestran esas obras que he citado".

—Si tuvieras que hacer este mismo trabajo de seleccionador, pero ahora sobre Hispanoamérica, ¿a quién incluirías? 
—No conozco tanto como quisiera la CF hispanoamericana actual, por lo que mis juicios pueden no ser del todo ajustados. Sin embargo, tengo la sensación de que no ha habido mucho de interés desde la antología de Augusto Uribe, en particular considerando los logros del pasado. De los argentinos, leo lo que voy encontrando de Alejandro Alonso, Paula Ruggeri, Carlos Gardini y Alejandro Spinoza. Los mexicanos me parecen en su mayoría muy flojos considerando que aseguran estar en un "boom", salvo honrosas excepciones como José Luis Zárate, Gerardo Sifuentes, Pepe Rojo o Gabriel Trujillo. Me gustó lo que conozco del cubano Yoss. Y apenas sé nada del resto de países; no he leído, por ejemplo, de lo que se viene haciendo en Chile o Brasil.

Definiciones vía chat

En un reciente chat-reportaje realizado a Julián Díez por el diario El Mundo, a propósito de la edición de esta antología y en donde participaron fans enviando preguntas, se le pidió que hablara sobre la importancia de los fanzines y si contribuyen a formar autores. "Yo mismo he publicado fanzines —dijo—, y las antologías Artifex en cierta forma lo son. Nosotros trabajamos con los autores, rechazamos cuentos, sugerimos correcciones, incluso procuramos que los autores reenvíen cuentos a otras publicaciones en las que puedan obtener una mayor compensación económica. Intentamos, pues, formarlos. Hay fanzines que publican el material tal cual, sin corrección, y que no aportan nada positivo al acostumbrar a los escritores noveles a la palmada fácil. Como muchas otras cuestiones relacionadas en la ciencia ficción, es algo consustancial a tener un núcleo de seguidores que lo lee y lo compra todo: hacen posible proyectos disparatados, que pueden espantar a un lector cultivado y que nos dan un poco de mala fama. Pero las cosas, con todo, también están mejorando en este aspecto".

A la hora de dar hablar de ediciones electrónicas dijo: "Existen publicaciones electrónicas de interés, como The Plague, Axxón o las novelas que edita la Asociación española de Fantasía y Ciencia Ficción. Y también páginas web con contenidos y noticias que son en sí mismas pequeñas revistas, como www.bibliopolis.org, www.cyberdark.net, www.ciencia-ficcion.com, www.pasadizo.com..."

Uno de los participantes del chat le solicitó a Díez que opinara sobre la guerra que enfrenta a Estados Unidos, el Reino Unido y España, entre otros países, contra el régimen que gobierna Iraq. Díez afrontó la requisitoria: "No entiendo esta guerra, no sé qué pretende el gobierno español implicándose en ella, no comprendo cómo pueden tener el descaro de presentar algunos de los argumentos que se escuchan y no sé dónde va a conducirnos (por cierto: claro que Saddam es un tirano abominable... como otros cincuenta en todo el mundo a los que en algunos casos Estados Unidos protege). Desafortunadamente, la CF tiene obras en las que se adivina un triste escenario como el que puede avecinarse, como la recientemente publicada En alas de la canción de Thomas M. Disch; una novela muy triste y reflexiva que recomiendo encendidamente para estos momentos inciertos".

Interrogado sobre las próximas actividades y si no le picaba el bichito de ser nuevamente editor, dijo: "Todo es posible. Especialmente si es un proyecto a gran escala de promoción, que responda de forma exacta a lo que a mí me gustaría: muchos relatos, periodicidad mensual exacta y cosas así".

 

Más información:
Las 100 mejores novelas de ciencia ficción del siglo XX 


            

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