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22/Ene/04




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Península antártica podría desprenderse por derretimientos

Los hielos eternos del continente antártico parecen inmutables en la imponente blancura que refleja la luz del sol en los largos días del verano austral. Sin embargo, el casco polar se está adelgazando y una enorme península del continente blanco podría despegarse de él.

(Reuters) La península antártica, una extensión triangular saliente del continente antártico que es parte del territorio antártico de Argentina, es uno de los lugares menos hostiles para la vida en el extremo sur del mundo y el sitio más cercano a una ciudad en el continente americano, Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, Argentina.

"Los estudios indican que el adelgazamiento en las capas de hielo es un fenómeno que se registra muy nítidamente en la parte occidental de la Antártida, pero que es parte del mismo fenómeno de derretimiento de los glaciares que se ve en la Patagonia chilena y argentina", dijo a Reuters el científico Claudio Teitelboim.

"Esto es de características inconmensurables y podría derivar en un futuro no muy lejano en el desprendimiento de la península antártica que se convertiría en un enorme archipiélago", agregó en una entrevista a bordo de un buque de la armada chilena.

Hielos vírgenes

Teitelboim es el líder de una investigación pionera realizada en conjunto con la agencia espacial de Estados Unidos, la NASA, durante el año pasado. Los científicos ya habían logrado avances notables en el seguimiento de glaciares en los llamados "Campos de Hielo" chileno y argentino, que fueron publicados en octubre por la prominente revista Science.

Pero la prospección del territorio antártico, que se repetirá en la primavera austral del 2004, tiene características épicas ya que se exploró desde el aire una zona a la que jamás había accedido el instrumental científico humano.

"Lo que hicimos fue recorrer una zona muy remota, lejos de los sitios donde se encuentran las bases de investigación, a bordo de un avión de la marina que nos entregaba 12 horas de autonomía de vuelo", explicó el glaciólogo, Ginno Casassa.

Sin posibilidad de aterrizajes de emergencia, el equipo abordaba el avión en la ciudad de Punta Arenas, en el extremo sur de América, y se adentraba durante cinco horas de vuelo en la Antártida, continente de unos 14 millones de kilómetros cuadrados de extensión.

Luego realizaba un riesgoso sobrevuelo de dos horas a baja altura, unos 500 metros sobre el hielo, durante el cual un sensor láser de la NASA medía la profundidad del mar y el grosor del hielo con un margen de error de sólo 25 centímetros. Las capas tenían de 2.000 a 4.200 metros de espesor.

Las pesquisas no podían ser más largas porque el avión requería de cinco horas para regresar a tierra firme y no podía aterrizar en el aeródromo de las bases militares antárticas por su tamaño.

"Las mediciones confirmaron los cambios que muchas investigaciones ya habían mencionado sobre el derretimiento glaciar. Pero la gran diferencia es que indican que son de una magnitud mucho mayor a la prevista", dijo Casassa.

"Existe una gran inestabilidad en la zona que, a nuestro juicio, no tendría fin", añadió.

La investigación, que aún no concluye y que demandó un millón de dólares en su primera etapa, no logró descifrar si la causa del derretimiento es el calentamiento global por el llamado "efecto invernadero" de los gases contaminantes en la atmósfera o si se trata de un ciclo que ha ocurrido siempre en esa zona.

"Lo cierto es que, sin ser catastrofistas, hay que tomar en cuenta que esto ocurre más rápido de lo que habían anticipado otros modelos de investigación y que podría, a la larga, aunque se trate de un proceso natural, implicar un alza de varios metros en en el nivel de las aguas en el mundo," dijo Telteimboin.

Costos titánicos

El continente antártico posee un 90 por ciento de las reservas de agua dulce del mundo, equivalente a unos 30 millones de kilómetros cúbicos y es, por antonomasia, un regulador natural del clima. Las prospecciones de la zona son sólo la punta de un gigantesco iceberg que parece imposible de abordar.

"Cualquier cambio que aquí ocurra nos afecta y es por eso que requerimos con urgencia mayor investigación", comentó Eric Goles, presidente de la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología del gobierno chileno. "El costo logístico de investigar en la Antártica es enorme."

En el inexplorado continente blanco comparten soberanía 26 países que tienen bases militares y científicas.

Hielo, barro y témpanos se divisan durante el verano junto a algunas criaturas en época de apareamiento y sólo hielo en el invierno, cuando la noche dura casi 24 horas y los contenedores que están adecuados como casas quedan cubiertos por la nieve.

Lo único que quiebra el paisaje de una de las bases son las cúpulas de una iglesia ortodoxa de madera que fue traída pedazo a pedazo por los habitantes de la base rusa e instalada luego sobre un monte blanco.

"Es así, la vida aquí no es alegre, pero la investigación amerita nuestra presencia", dijo Enrique Cordaro, director de un equipo de científicos de la Universidad de Chile, cuyo laboratorio no es más que otro contenedor emplazado en un cerro a orillas del mar que baña la solitaria península.


            

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