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21/Jun/04

Publicaciones recibidas: Los Gigantes de Caliza

Portada de Los Gigantes de Caliza


Título:
Los Gigantes de Caliza (The Chalk Giants)
Autor:
Keith Roberts
Editorial:
Bibliópolis Fantástica
Traductor:
Luis G. Prado
Portada:
Gallego Bros
256 páginas




No le cabe al inglés Keith Roberts (1935-2000) otro calificativo que el de escritor elegante y pulcro. Su prosa es tersa y rica en elementos descriptivos, por lo que acometer la lectura de una de sus obras tiene, a priori, la garantía de que se hallará un libro cuidado en todos sus detalles. Si sumamos a esto la esmerada edición de Bibliópolis y la eficaz traducción de Luis G. Prado habremos completado un auspicioso rosario de garantías.

Keith Roberts apareció en la escena británica como escritor de ciencia ficción a mediados de los años sesenta, en el preciso momento en que hacía eclosión la New Wave e irrumpían con todo su brillo Ballard, Aldiss y Brunner, eclipsando de algún modo a los ya consagrados autores de la generación anterior: Clarke, Wyndham, Tubb, Russell. Tal vez por ese motivo las obras de Roberts quedaron en un modesto segundo plano y sólo Pavana, editada en su momento por Minotauro, obtuvo atención de los lectores de nuestra lengua.

Los Gigantes de Caliza comparte con la citada Pavana cierta similitud estructural, ya que está construida en base a una serie de cuentos con algunos elementos en común, pero sin hilos conductores visibles. Los personajes varían de una unidad a otra y en cierto modo hay un salto brusco cuando se pasa del estallido de la Tercera Guerra Mundial y la descripción de un grupo de personas que tratan de sobrevivir a la radioactividad, a la historia de Mono, Pru y Sal, situada años después del desastre, cuando la atmósfera ya no está contaminada, aunque la población ha quedado reducida a un puñado de mutantes y humanoides que han involucionado y vagan entre las ruinas en busca de elementos que les permitan sobrevivir.

Este fragmento es el episodio si no más flojo, por lo menos peor justificado del libro. Aquí el lector es inducido a visualizar las consecuencias de la barbarie en la que han caído Inglaterra y la civilización que conocemos. Pero casi de inmediato, en el capítulo o cuento siguiente y de algún modo comienzo efectivo del libro, asistimos al resurgir de la humanidad a partir de una especie de Edad de Bronce, centrada en la magia, ritos de fertilidad, religiosidad primitiva y mitos de raíz celta que parecen surgir de la nada para, con espléndida espontaneidad, constituirse en el derrotero que conducirá a la Humanidad hacia una segunda Edad Media y a la recuperación de los valores que la guerra parece haber pulverizado.

Así, en "La Casa del Dios", "El Hermoso", "Rand, rata y el danzarín" y "Usk el bufón" se repiten los pasos que el hombre debió recorrer en el pasado, con sus frutos, errores y excesos, y hacia el final asistimos a la recuperación de la Fe Verdadera.

Es evidente que Roberts eligió un camino diferente al que optaron otros autores a la hora de analizar un colapso absoluto de la civilización, apartándose por completo de lo convencional. Su preferencia apunta a recrear los mitos y las tradiciones inglesas sin reparar demasiado en los vicios de forma y las incoherencias que se ligan a su procedimiento. Por lo pronto es bastante sospechoso que se hayan perdido casi todos los vestigios de la tecnología alcanzada en el momento de la guerra, pero esa falta de memoria no se verifica en el modo en que se estructura, por ejemplo, el sistema jerárquico de una sociedad que se precipitó al abismo. En ciento modo es lógico: Roberts no está interesado en conjeturar desde una perspectiva ficcional "a lo Burnner", sociológica —por utilizar un amarre tradicional— sino que prefiere el modo fantástico, a lo Tolkien, y se detiene mucho más en la construcción de un escenario intensamente visual, por momentos depresivo, pesimista y angustiado. Le resulta más atractivo moverse entre ritos campesinos, invasiones de hordas de jinetes, el manejo del poder de la casta sacerdotal a través del sexo y el eterno tema de los ciclos, con su carga de venganza, lujuria y violencia.

No puede discutirse que Roberts logró lo que se proponía. Si su objetivo era llevarnos a la rastra en un agitado viaje hacia la crueldad de la superstición, la fragilidad del amor y sus inevitables consecuencias, haciendo que la historia salte de las edades oscuras a los albores de un nuevo conocimiento, debemos aceptar que lo logró. Pero aún desde la amplia perspectiva del lector y comentarista que está dispuesto a aceptar enfoques diferentes al propio, debe decirse que este manjar no es para todos los paladares. Y para algunos puede, incluso, llegar a ser tremendamente indigesto.

Sergio Gaut vel Hartman para Axxón y Noticias Axxˇn

Más información:
Los Gigantes de Caliza en Bibliópolis Fantástica