Noticias en la página Axxón Página Axxón

26/Jul/04

Publicaciones recibidas: Fábulas invernales, de Carlos Gardini

Fábulas invernales


Título:
Fábulas invernales (Finalista Premio Minotauro 2004)
Autor: Carlos Gardini
Editorial: Grupo Editorial Planeta / Minotauro, 2004
Pegasus Minotauro
240 páginas

Habrá una vez... O no, quizá no existan nunca los lamires, los dilógicos, las mantícoras y los quirópteros. ¿De qué estoy hablando? De Fábulas invernales, la novela de Carlos Gardini. En la ficción, en el universo ad hoc que el autor ha elegido construir para nosotros, esos seres, derivados y descendientes de los humanos, o no, viven sus vidas obedeciendo acuerdos y padeciendo infortunios que no se parecen a los nuestros. Jonás Angélico, el Observador de Artes y Menesteres, está en el centro de la acción. A su alrededor, en su camino, se atraviesan el Carnífice, el Pentácrata, Virginátrix, el Lacardo, el Gran Hipócrita Lucrecio, Vértice Sumo y las mujeres: Herminia Solar, Tarim, Almanegra; los lugares: el Cónclave, la Montaña Arbórea, el Panóptico, Focaris, Bellamar, el Museo del Confín, Ambarlac...

Gardini, una vez más, como en varias de sus novelas anteriores, nos ofrece un libro que se escribe a sí mismo. El libro es el universo. Mientras lo leía tuve la sensación de que me internaba en un territorio desconocido y ajeno, armado con algunas palabras conocidas, como puntos relevantes de un mapa, pero con cientos, miles de situaciones, sentimientos y acciones desconocidos. Una música poco confortable, hecha de disonancias y quejidos, de crujidos y ásperos silencios que, no obstante suena conjugada, que vale y cumple y finalmente gratifica. Como Stravinski, pensé en algún momento. Acostumbrado a leer a Mozart o a Beethoven, hoy toca leer a Stravinski. O como ocurre a veces con las comidas, cuando pasamos de los viejos y conocidos platos de toda la vida a un sabor exótico, compuesto por una mayoría de ingredientes habituales, otros decididamente extraños y una pizca o dos de sustancias absolutamente desconocidas. El resultado es Fábulas invernales. Una novela siempre equilibrada que usa los mitos y leyendas y ficciones conocidos (vampiros, sirenas; las aguas del mar Rojo que se abren al paso del pueblo hebreo y se cierran sobre los egipcios y los ahogan; Jonás, el de la ballena, Nínive y La Tempestad; el Dios Microcósmico de Sturgeon y los Dioses Olímpicos de la mitología) pero los usa de otro modo, desplazando sus rasgos o mostrándolos en un espejo aberrante. Tal vez lo menos infrecuente sea el camino, el trayecto de Jonás Angélico desde la Quíntuple Sala de la Montaña Arbórea hasta la misma Montaña Arbórea convertida, tras su ímproba transfiguración, en el Árbol de Hielo. Un recorrido que fuerza el descubrimiento interior y exterior y cuya razón es la nuestra, aunque lo ignoremos. "En mi crónica se refleja tu alma", dice el autor, y lo dice el personaje, Jonás Angélico, el Observador de Artes y Menesteres devenido recaudador de almas, Publicano errante, el artífice de los cambios y narrador. Porque lo que dicta Jonás es Fábulas Invernales, cerrando el círculo que jamás vimos y que jamás veremos, porque todo lo que vemos es reflejo, sombra, ficción.

"Con tus narraciones te diste tu propia forma", le dice el Pentácrata a Jonás. Y la trama de Fábulas invernales proyecta una sombra que, paradójicamente, tiene sombra. Cajas chinas, matryshkas, recursos topológicos. Fracaso, destierro, regreso. El fracaso profetiza el regreso; el regreso está prefigurado en el fracaso. No es casual, sino deliberado, con una perfección que se aproxima a la perversidad, que el autor descargue en el lector todo el peso de la ilusión, de la engañosa realidad que aceptamos estable y sólida porque somos efímeros y miedosos. "Quizá seas un habitante del pasado, y quizás estés leyendo estas palabras antes de que se hayan escrito". El libro se cierra, no como se cierran los libros; se cierra sobre nosotros, y nos encierra para siempre entre sus páginas. Fábulas invernales nos abarca y aprisiona, nos hace víctimas y personajes, aun en contra de nuestra voluntad. Por fortuna existen otros libros y nos queda la esperanza de ser liberados o por lo menos redimidos, por otra trama. Ojalá que Gardini se apiade de nosotros y la escriba antes de que sea demasiado tarde, antes de que empecemos a imaginar que el universo en el que vivimos, el universo que conocemos, es un universo origami que los uránidas construyeron para divertirse, un universo fascinante, adictivo y cruel.

Sergio Gaut vel Hartman para Axxón y Garrafex News.

Más información:
Fábulas Invernales en Editorial Planeta