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01/Oct/04

Publicaciones reseñadas: El último día de la Guerra, de Christopher Priest


El último día de la guerra
Título:
El último día de la Guerra
Autor: Christopher Priest
Novela
448 páginas
Ediciones Minotauro


A veces, la realidad supera a la ficción. El caso del lugarteniente de Hitler, Rudolf Hess quien se arrojara en paracaídas sobre Escocia el 10 de mayo de 1941, es un magnífico ejemplo. Hess tenía intenciones de negociar, en forma personal, un armisticio entre Alemania e Inglaterra. ¿Quién hubiera imaginado que el amigo personal de Hitler, se arriesgaría a una misión tan importante, solo y poniendo en juego el futuro de Alemania? Se sabe que Hitler al enterarse, montó en cólera para dar paso luego al terror. No era insensato temer los interrogatorios a los que podría ser sometido Hess, con el fin de obtener información. Alemania planeaba invadir Rusia y no podía permitir que esa información caiga en manos de los ingleses. Inmediatamente se lanzó una campaña de desprestigio en contra de Hess aduciendo locura y otras enfermedades mentales.

Lo cierto es que lejos de lograr la paz, este hecho marcó el último bombardeo alemán sobre territorio británico permitiendo a estos últimos recuperar fuerzas y ánimos para continuar la guerra que terminó, como sabemos, con la derrota total del ejército alemán en 1945.

¿Por qué deja Alemania de bombardear Inglaterra cuando ya, según muchos historiadores, sólo le restaba dar "el toque de gracia"? Este es el contexto histórico que elige el original Christopher Priest para introducirnos en una lectura difícil de clasificar.

Stuart Gratton, historiador y escritor inglés decide investigar una rara pista con la que se topa leyendo los textos de Winston Churchill. Se trata del teniente Sawyer, aviador de la RAF que, misteriosamente, también está registrado como objetor de conciencia. ¿Cómo es esto posible? Este es el punto de partida de una serie de confusiones que irán armando el castillo sobre el que se sostiene El último día de la Guerra, ganadora de los premios Arthur Clarke y British Science Fiction 2003.

Escondida bajo la apariencia de una novela histórica esta ¿ucronía? nos revela cómo dos hermanos gemelos, desconocidos en la historia oficial, juegan sus papeles en estas historias construidas eficientemente por Priest. Y el plural no es gratuito. Estos gemelos, ganadores de una medalla en remo durante los juegos olímpicos de Berlín, enamorados de la misma chica y distanciados por motivos sentimentales e ideológicos, dan origen a historias alternativas, tan paralelas y reales, que se hace difícil creer que uno está leyendo ficción (es obvio que la guerra finalizó en 1945 y no en 1941 como se plantea en las primeras páginas de libro).

Hermanos gemelos, dobles, amores compartidos, son los ingredientes de esta excelente novela que confunde permanentemente al lector entre el género de CF y el más llano relato histórico. Pero la verdad sea dicha, Priest logra engañarnos al punto de hacernos revisar los libros de historia para volver a saber cuál es el mundo real. Su excelente prosa se ve conjugada sabiamente con los más originales recursos que nos introducen en un "real mundo de ficción". Los diarios personales de Göebbels, la trascripción de notas y documentos del gabinete del Gobierno del Reino Unido e incluso notas de periódicos documentadas que me he tomado el trabajo de buscar (infructuosamente), son hábilmente manipulados. Nos sumergen en lo más profundo de la política internacional de la segunda guerra mundial con la misma facilidad con que acostumbradamente nos introducimos en otros ámbitos. Para colmo, los gemelos Sawyer tienen mucho más que un par de copias de los mismos genes. Sus nombres de pila son, respectivamente, Jack y Joe, lo que los convierte en los indistinguibles J.L. y J.L. Sawyer. Esto que da origen a un sinnúmero de confusiones tanto para el lector como para los protagonistas. El mismísimo Winston Churchill se confunde en medio de la novela a uno con otro, desconcertando al lector, aunque finalmente, quizás sólo estuviera fingiendo…

Sin embargo, estas confusiones lejos de dificultar la lectura la enriquecen, manteniéndonos siempre al borde de una historia para caer en la otra y desvincularnos, mientras dure la lectura, de la tercera, la real.


"Joe estaba tan comprometido como yo. Podía observar cómo todo lo que yo sentía dentro de mí tomaba forma en él. Mi hermano iba a popa. Mientras remábamos, su cuerpo estaba sólo a un palmo del mío. Su espalda llenaba mi visión: hombros, brazos moviéndose adelante y atrás, estirándose en el esfuerzo principal, recuperándose, rodando hacia delante, deslizando la pala dentro del agua, preparando la presión para la próxima palada. Cuando remábamos, Joe se convertía en una inspiración, la potencia, los músculos funcionales reproduciendo cada movimiento que yo hacía como si fuéramos algo sincronizado desde las alturas por una fuerza invisible. Veía su espalda a la luz del sol, bajo la lluvia, en los días nublados, tanto cuando nuestra coordinación era perfecta como en los momentos en los que nada nos salía bien. La observaba cuando descansaba o en los instantes de máximo estallido de energía. La observaba, aunque raramente la veía de verdad. Era un lugar donde descansaba mi mirada, una vista conocida y tranquila cuando me concentraba en la mecánica tarea de avanzar más rápidamente que nunca. En esos momentos, Joe y yo nos convertíamos en algo que era mucho más que un equipo: como si fuésemos una sola persona."


Luciano Levín para Axxón y Garrafex News. 

Más información:
El último día de la Guerra en Minotauro