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09/Dic/04

Publicaciones recibidas: Siembra de jade, de Alex Irvine

Siembra de jade



Título:
Siembra de jade
Autor: Alex Irvine
Título original: A Scattering of Jades
Traductor: Rafael Marín
Col. Bibliópolis Fantástica n° 18
320 págs.


Hay bastante de bueno para decir de esta novela. Para empezar, el autor arma una amalgama entre los dioses aztecas, una ambientación en medio de los sacudones de la historia norteamericana a mediados del siglo antepasado (la novela termina quince años antes de la Guerra de Secesión), un toque de los manitous de los indios norteamericanos y unas historias de personajes dignas de la telenovela. Y sin embargo sostiene todo con bastante solvencia, dosificando bien los elementos fantásticos, la intriga y la acción. Esto es aún más sorprendente si tenemos en cuenta (como averigüé después) que esta es su primera novela.

Otra cosa buena es cómo mantiene el ritmo a través de 317 página de tipografía no muy grande. Logra no aburrir al lector, ni abrumarlo con dramas insoportables, ni cansarlo con peripecias sin pausa. Maneja el motor de la intriga, ya que el lector sabe apenas un poco más de lo que averigua el personaje principal y va descubriendo muy paulatinamente que está en medio de un conflicto que puede literalmente cambiar el mundo.

Este personaje principal es un antihéroe con el que puede simpatizar rápidamente el lector, un hombre marcado por la tragedia de la pérdida de su esposa y su hija, que se refugia en la bebida. Luego, se van acumulando sobre él calamidades —tal vez uno de los problemas de la novela es el exceso de estas calamidades— y termina haciendo un viaje de descubrimiento muy largo y accidentado para salvar a su hija y, de paso, al mundo. En el medio es apaleado, amenazado, atacado por criaturas sobrenaturales, se hunde su barco... Y el tipo no sale de ninguna de estas cosas bien peinado y sonriendo. Cada cosa lo marca y le da nuevos elementos para entender lo que pasa.

A pesar de tener bastante acción, no es una novela liviana de aventuras. A veces la lectura se complica un poco, porque el autor nos lleva al punto donde todo converge de la mano del héroe, pero también de varios personajes secundarios. Hay que prestar un poco de atención, porque cambia rápidamente de uno a otro. Estos personajes secundarios son creíbles, pero tal vez están tratados muy superficialmente en comparación a la hondura que nos muestra de Archie (el protagonista).

Es interesante el tratamiento de los dioses y la magia, muy distinto de los clisés del género. No hay aquí elfos de orejas puntiagudas, ni hadas; hay espíritus indios encarnados en osos de mal aliento, sacrificios humanos, capas de plumas mágicas, momias que reviven (sin vendas), espíritus de fuego... Es refrescante no ver magos de barba blanca y bastón, a veces.

También está la perspectiva del poder de los dioses contra el libre albedrío del ser humano, que introduce algunas cuestiones bastante interesante, como el esclavo negro que debe decidir si vale la pena colaborar en el sacrificio de una niña (blanca, por más señas) para tener un mundo mejor gracias a esa sangre, una problemática de veras interesante (y que en esta era de sálvese quién pueda, ya tenemos resuelta).

Por el lado negativo, están todos esos toques de color local o personajes que deben ser encantadores para los norteamericanos que disfruten de las alusiones a su historia, pero que a los latinoamericanos no nos mueven un pelo. O, como dije antes, el exceso de escapadas por un pelo y soluciones milagrosas en la cadena de catástrofes que es el viaje de Archie. O el trasfondo azteca, que despierta ciertas sospechas de hasta qué punto hay documentación y hasta qué punto es un invento del autor.

Para terminar, la crítica emparenta frecuentemente esta novela con las de Tim Powers, especialmente en sus primeros libros. Me parece que, habiendo leído a ambos, es inevitable la comparación, y Alex Irvine no sale mal librado: Se mantiene a la altura con buena técnica. Habrá que esperar próximos libros para definir esta contienda, o ver si se separa en un estilo más propio.

En resumen, un libro interesante por varios motivos, bastante superior a la media y con un buen enganche del lector.

Carlos Ferro para Axxón y Garrafex News.

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