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16/Dic/04

Publicaciones recibidas: Noches de Nueva York, de Eric Brown

Noches de Nueva York



Título:
Noches de Nueva York
Título original: No se consigna
Autor: Eric Brown (2000)
Traducción: Eva Verloop van der Meij
Editorial: Grupo AJEC, 2004
260 páginas



Cuando se aborda un libro con la intención de reseñarlo, siempre está latente la posibilidad de quedar prisionero de fuerzas hostiles que lo someterán a uno a la más espantosa serie de torturas. Me ha ocurrido muchas veces. Lo menos frecuente es que una novela que no se eligió, que llegó por azar a tus manos, sea de las mejores que has leído en mucho tiempo.

Este es uno de esos casos.

Con Eric Brown parece que compartimos algunas ideas acerca de qué es, cómo se escribe y para qué sirve la ciencia ficción. La actitud de este autor inglés (con quien entré en contacto a través del cuento "Downtime in the mkcr", que leí hace unos diez años en Interzone) es la de un creador que honra la idea, respeta el ambiente, trabaja la trama y construye personajes creíbles y queribles. Nada de maniqueas luchas entre buenos y puros, y malos y corruptos. Si los personajes no se movieran en escenarios y situaciones derivadas de cambios sociales y tecnológicos localizados un tercio de siglo en el futuro, podrían encajar perfectamente en una novela de Chandler o Hammett, escrita en los años cuarenta del siglo XX. Lo que me lleva a creer que lo que sigue no es casualidad.

Estamos en el año 2040, en Nueva York. La RV (Realidad Virtual) ha alcanzado el rango de producto comercial y sirve de paliativo a millones de personas desesperanzadas; la sociedad no ha colapsado, pero grandes mayorías viven en las calles; marginales de toda laya, refugiados y desocupados. Dos detectives que se ocupan de personas desaparecidas toman un caso aparentemente simple: deben hallar a una diseñadora de RV que parece haberse esfumado en el caos de la gran ciudad.

La trama es análoga a tantas que poblaron las novelas del género durante años, pero con algunas sutiles diferencias proporcionadas por el marco tecnológico y las transformaciones en las costumbres. Por lo pronto es curioso el énfasis que pone Brown al describir las relaciones entre las personas: una especie de logia de lesbianas ocupa un espacio central en el asunto, con la particularidad de que una de esas lesbianas es la hermana del protagonista, un hombre afectivamente bloqueado, por momentos irresoluto y medroso, lo menos parecido a un héroe del cine de Hollywood que se pueda imaginar. También son relevantes la forma en que Hal se vincula afectivamente con su pareja: una china de carácter complicado y áspero, y con su padre: un militar retirado con el que jamás pudo estrecharse en un abrazo. El otro detective, un sesentón obeso y triste, no ha logrado superar la muerte de su esposa y se arrastra casi sin voluntad, apenas resarcido por la posibilidad de recuperar a su Estelle en la irrealidad de la RV. Como se ve, toda una galería de personajes posibles deslizándose por el confuso laberinto de lo cotidiano, protagonizando sus instancias dramáticas y saliendo de ellas como casi todos los seres humanos, no como los estereotipos de la ficción.

Y sin embargo lo mejor de Brown es la ficción. Noches de Nueva York, precuela de New York Blues será seguida por Sueños de Nueva York. No podría ser otra cosa que ficción. El escritor talla y cincela los giros y rodeos de la trama, se esfuerza por trabajar la prosa apuntando a que el lector pueda captar los matices —matices que al narrador no se le escapan en ningún momento—. Lejos del realismo psicologista y sin proyección, el autor logra sin dificultad lo que parece costarle más a otros escritores: que lo ficcional se sostenga a sí mismo, dicte sus reglas y cierre. Si no hubiera sido anunciado, doy fe que jamás hubiera imaginado que estaba leyendo una precuela de otra novela, una novela que no leí.

Noches de Nueva York no se trepa a la moda de la temática cyberpunk ni apela a los recursos remanidos del héroe tecnológico que se bate con éxito contra las Corporaciones y sus esbirros. No señor. Con decirles que no hay un villano, en el sentido estricto del término... ¿Puedo seguir adelante sin revelar más de la cuenta? Mejor no.

AJEC ha mejorado un poco la corrección de estilo y el armado, y si bien la presentación todavía está lejos de ser perfecta, empieza a notarse que se tomó conciencia de los errores y se trata de mejorar. Es un buen signo. Pero sigue siendo una pena que la reseña deba hacer ese tipo de salvedades, más en el caso de un libro altamente recomendable como éste.

En síntesis: una novela para no dejar pasar y un autor para tener muy en cuenta.

Sergio Gaut vel Hartman para Axxón y Garrafex News.