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20/Feb/05




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El Oceanográfico de Valencia comienza a descifrar el lenguaje de las ballenas belugas

El Oceanográfico de Valencia no es sólo el parque temático submarino más grande de Europa. Es un centro de biología marina pionero en la investigación con ballenas blancas en cautividad. Comparte con el Oceanográfico de Vancouver (Canadá) un estudio único sobre la comunicación bioacústica de las belugas –como también se conoce a las ballenas blancas-, y su comportamiento

Las belugas son los cetáceos con mayor repertorio acústico y el menos conocido. Por ello, estudiarlo en cautividad permite acotarlo e interpretarlo con mayor precisión que en el medio natural, donde se realizan más estudios, pero con dificultad para obtener conclusiones.

En el Oceanográfico viven dos ballenas blancas: un macho y una hembra. Él tiene 13 años y ya ha entrado en la edad madura, lo que, según los biólogos del centro, favorece un comportamiento más pasivo. Ella aún tiene seis: toda una adolescente cargada de vitalidad.

Pese a llevar casi dos años investigando —dos años ha cumplido el Oceanográfico esta semana—, aún se encuentran en la fase experimental de la investigación, basada en el registro de vocalizaciones, según explica el biólogo marino Paco Torner, jefe de control de gestión del Oceanográfico.

El equipo de investigación cuenta con dos expertos en bioacústica que han registrado ya una veintena de vocalizaciones. En todo este tiempo han conseguido grabarlas y determinar las que se repiten con mayor frecuencia. Esto les ha permitido concluir qué tipo de sonidos emiten cuando se encuentran contentos o cuando tienen hambre, lo significa todo un avance en la investigación del comportamiento en esta especie, de gran utilidad, sobre todo, para garantizar y mejorar la calidad de vida de estos animales en cautividad. "Es muy importante para curarlas. Podemos averiguar si le duele algo y tratarlo", afirma Torner.

El jefe de control de gestión del centro afirma lo importante que es mejorar la calidad de vida de los animales marinos en cautividad teniendo en cuenta la proliferación de acuarios como centros de ocio. Se ha podido cifrar en un 10% la población mundial que los visita.

Pero aquí, en Valencia, la investigación se presenta larga antes de poder hacer públicos los resultados. Leer los espectogramas de frecuencias llevará bastante tiempo, aunque el avance sirve para constatar que van por buen camino. Y el avance puede medirse en algo tan simple como la disminución de sorpresas que se llevan los biólogos a diario. "Al principio todo eran novedades; ahora cada vez nos sorprenden menos; sabemos qué vocalizaciones emiten justo antes de comer y el tipo de sonido que emiten cuando una se acerca a otra", explica Torner.

Si no, ¿cómo podrían saber ya que el macho se siente atraído por la hembra? Esto es toda una fortuna, ya que, como en cualquier cría de especies en cautividad, el fin último es la reproducción. "De momento, atraído sí que se siente. Han hecho aproximaciones, pero por ahora no ha pasado nada", revela Torner, reconociendo que "el macho ha sacado lo que tiene que sacar, pero luego se enfría". Finalmente, si no culminan el acto, se intentaría la inseminación artificial.

A Paco Torner le gusta destacar que no se puede estudiar el comportamiento de una especie animal desde un punto de vista antropocéntrico porque pueden tener sensaciones que nosotros no tenemos o viceversa, y pueden venir propiciadas por factores que nosotros no comprendemos. Por ello, confiesa, es "apasionante".

Desarrollo en cautiverio

En el Oceanográfico miman a todas las especies como si fueran las únicas. El agua en el que viven está limpia y purificada. Viene del Mediterráneo, de la misma playa de la Malvarrosa. Si se detectara una contaminación intensa o fallaran los sistemas de filtrado, el Oceanográfico está preparado para fabricar millones de litros de agua salada a partir de agua dulce.

Sin embargo, cuando vemos a las ballenas dando vueltas por el acuario, de grandes dimensiones, pero limitado al fin y al cabo, es fácil preguntarse si son felices, si no enferman o se vuelven locas con lo inteligentes que parecen ser…

Los biólogos también se ocupan de que no se depriman, pierdan su instinto o su movilidad y "enriquecen" su hábitat como pueden. Emiten ultrasonidos en los acuarios para que respondan a ellos y, así, ya de paso, estudiar los estímulos y sus respuestas. También les lanzan cubitos de hielo y comida para activar su movilidad y sus reflejos. "Si no, siempre tendrían el mismo comportamiento —dice el biólogo—. Hay que evitar la estereotipia y que hagan siempre lo mismo".

Torner reconoce que "desde luego, están más a gusto en vida salvaje, pero aquí tienen mayor esperanza de vida, no son presa de nadie si se debilitan y el océano morirían devorados si enferman". Por otro lado, en cautividad, si enferman, reciben tratamiento médico personalizado.

"Los cuidados que reciben —señala el biólogo— compensan supuestamente la vida en cautividad".

Salvando las distancias entre la especie humana y la cetácea, y siempre según un punto de vista antropocéntrico, se puede afirmar que, al verlas, al menos, desde fuera del acuario, al otro lado del cristal, parecen felices.

El Oceanográfico cuenta con una plantilla e biólogos, licenciados en Ciencias del Mar y especialistas en Acuicultura que se encargan de mantener a raya la salud de los peces y la salubridad de los acuarios, así como de la investigación, la cría y reproducción y los proyectos de recuperación de especies amenazadas.

  • Uno de estos proyectos tiene como objeto recoger tortugas enfermas, atragantadas, heridas o varadas del Mediterráneo, curarlas y devolverlas a su hábitat de origen cuando están sanas. Del Oceanográfico salen etiquetadas, lo que permite hacer su seguimiento por el mar o informar de su trayectoria y su salud a biólogos de otros países cuando llegue a sus costas. Cuando se trata de delfines enfermos o varados, los biólogos del centro lo tratan en la costa antes de devolverlo al mar.

  • Otro de los proyectos acometidos por el Oceanográfico tiene como objeto identificar todas las especies de parásitos que pueden encontrarse en cualquier ejemplar marino del planeta y desarrollar los "medios profilácticos" para prevenirlos o combatirlos, explica Paco Torner.

    Fuente: El Mundo


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