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27/Abr/05

Alberto Rojo: "Hay mucha poesía en la ciencia y mucha ciencia en la poesía"

Es doctor en física, guitarrista y compositor y actualmente reside en los Estados Unidos. Publica contribuciones en física teórica, sobre mecánica cuántica. Grabó junto a Pedro Aznar, Charly García y Mercedes Sosa. También hace divulgación de la ciencia. Dará cuatro charlas en la Feria del Libro.

Alberto Rojo, en la casa paterna, en Buenos Aires. (Foto:
Marcelo Omar Gómez)(La Nación) En Alberto Rojo se da una mezcla singular: combina en partes iguales la curiosidad científica y la pasión por la música. Doctor en física, guitarrista y compositor, Rojo —que nació en Tucumán, se licenció y doctoró en el Instituto Balseiro, de Bariloche, y actualmente es profesor en la Oakland University de Ann Arbor, Estados Unidos— está desde hoy y hasta el jueves en la Feria del Libro para dar curso a otra de sus aficiones: la divulgación de la ciencia. (Ofecerá las charlas "La maicena y las formaciones geológicas", "Las certidumbres de la teoría de la relatividad", "Einstein y la física en la vida diaria" y "Borges y la física cuántica").

Como científico, se dedica a estudiar las propiedades cuánticas de la materia condensada. Como guitarrista y compositor, se presenta en giras y festivales, y graba con colegas de la talla de Pedro Aznar, Charly García y Mercedes Sosa.

"Me encanta combinar estos dos mundos, el solitario del científico y el público de la música -dice el investigador, que también publicó trabajos sobre la conexión entre arte y ciencia-. Tengo una carrera en la música, pero vivo de la física y sigo publicando. A medida que pasa el tiempo, trato de integrarlas cada vez más."

—¿Se puede explicar física a personas que no tienen formación científica?

—No los detalles técnicos, pero el espíritu general decididamente sí.

—Hay quienes argumentan que la explicación "sencilla" desvirtúa la esencia de la disciplina...

—Sin embargo, los principios centrales de la física no son demasiado técnicos. Hay mucho que se puede decir sin escribir una fórmula... Si quiero entender cómo se mueve un planeta y cómo su órbita perturba otra órbita, seguramente no lo podré explicar sin detalles técnicos. Pero el hecho de que hay una fuerza que tiene las mismas características que la electricidad sí se puede transmitir. Es más, con un ex colega de la Universidad de Michigan estamos haciendo el esfuerzo de enseñar física con el menor contenido técnico.

—¿Se debe a un fracaso de la divulgación científica que cada vez menos chicos opten por las carreras de ciencias "duras"?

—No sé si es un fracaso de la divulgación; yo creo que es un fracaso -si se lo puede llamar así- de la educación. No se logra una comunicación de la pasión que encierra la ciencia. Por otro lado, en un país como la Argentina es un poco complejo justificar la necesidad de investigar. No ocurre como en los EE.UU., donde hay una "cinta transportadora" que va de la ciencia básica a la aplicada, a la tecnología y a los negocios. Allí no hace falta justificar por qué es necesario hacer ciencia. Hay conciencia de que ayuda a la libertad del invidividuo y a la economía.

—¿Se desvaneció el glamour de la física?

—En este momento no posee, tal vez, la relevancia que tiene la biología y que tenía la física en el último siglo. Al menos para el público general, en el siglo XXI no parece tener el sex appeal que tenía hace unas décadas.

—¿En física llegó el fin de las grandes preguntas?

—No, no, no... De ninguna manera. Tanto en el nivel micro como macroscópico, todavía quedan muchas preguntas por contestar. Una de ellas es la que indaga en el origen de las fuerzas. Ya Einstein planteó que todas las fuerzas fundamentales de la naturaleza deben tener un origen común, pero por ahora no existe esa teoría unificada de las fuerzas fundamentales. Por otro lado, hay incógnitas técnicas como, por ejemplo, qué es la materia oscura. También está lo que para mí es un problema fundamental y es que la mecánica cuántica (la teoría microscópica de la materia) aparentemente no es una teoría completa. Por supuesto, también está la incógnita de cómo es que un agregado de partículas inanimadas, como átomos y moléculas, termina siendo un organismo que toma decisiones y se reproduce.

—Usted vive en dos mundos, el científico y el artístico. ¿De qué modo la física y la matemática se acercan al arte?

—Conforman una unidad: ambas surgen de la búsqueda de la verdad. La poesía muchas veces nos permite vislumbrar respuestas que la física no puede darnos. Si uno se fija en la historia de los grandes descubrimientos, hay mucho de ciencia en la poesía, y mucho de poesía en la ciencia... Einstein procede, en gran medida, como un artista. La primera frase de su artículo de 1905 sobre la relatividad es un argumento de simetría. A él le resulta raro que no sean simétricas las teorías anteriores. Es un criterio estético. Tanto su trabajo sobre el efecto fotoeléctrico como el de la relatividad invocan argumentos de simetría y de belleza. Otro físico, Weil, decía que siempre trataba de unir lo bello con lo verdadero y, cuando tuvo que elegir entre ambos, eligió lo bello. Hay otros ejemplos. Dirac enfatiza que las teorías tienen que ser simétricas y bellas, y con ese argumento predice la antimateria, cuya existencia luego se comprueba. Murray Gell-Mann predijo la existencia de los quarks, constituyentes fundamentales de protones y neutrones, con un argumento de simetría. Existe una tradición entre científicos prominentes de darle mucho valor a la belleza.

—La imagen difundida del genio científico, sin embargo, es eminentemente racional...

—Pero es incorrecta: en los grandes descubrimientos se impone el suspenso de la incredulidad que se da en la apreciación de una obra de arte, en que uno acepta la ficción como realidad. También los científicos tenemos que suspender ese raciocinio y abrirnos a las posibilidades de la fantasía. La realidad es frecuentemente mucho más misteriosa de lo que parece.

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