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Juegos paradojales en DVD: Primer, de Shane Carruth
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No es trabajo fácil hablar sobre una película que no he llegado a entender del todo. Primer, opera prima de Shane Carruth (que además de
realizador ejerce como actor, productor, guionista, fotógrafo, montador y compositor musical) es una nueva muestra del camino cada vez más rupturista y
ensayístico que está tomando el cine indie americano en los últimos tiempos, tendencia corroborada por las dos películas de Darren Aronofsky (Pi, fe en el
caos y Réquiem por un sueño) o los últimos trabajos de un cada vez más experimental Gus Van Sant. Reproducimos la reseña de Marcos Méndez
Sanguos.
(Siglo XXI) Sin embargo, esta particular
corriente está muy lejos de constituirse como un movimiento coherente en el vasto mural del cine americano contemporáneo, y este primer trabajo de Carruth
sólo comparte con las películas citadas algunas carencias técnicas y la elección para el reparto y el equipo de nombres poco (o nada) conocidos o incluso
alejados del mundo del cine.
Y es que Primer (de ThinkFilm, protagonizada por Carruth y David Sullivan), pese a sus continuas explicaciones sobre parábolas temporales y fórmulas
de física cuántica, resulta impenetrable en un primer visionado. El tiempo, tema fundamental en la película (y recurrente en la ciencia-ficción de todos los autores
en todas las épocas) es objeto de continuos devaneos a raíz de la accidental construcción de una máquina que permite acelerar los procesos naturales yendo y
viniendo en una parábola temporal 1.300 veces más rápido que la "velocidad del tiempo" (si es que el tiempo tiene de eso) que transcurre en el presente. Se
trata, eso sí, de viajar al futuro unos minutos, unos días o unas horas, pues Primer es un thriller de ciencia-ficción y no una película futurista.
Una vez la máquina se pone en
funcionamiento, se crea una realidad bidimensional en la que dudamos continuamente cuándo está ocurriendo lo que estamos viendo; tenemos "dobles" en el
tiempo, y las fronteras que separan el presente del futuro y del pasado se presentan más difusas progresivamente. El presente no tiene necesariamente que serlo,
y el pasado actúa como presente así como el futuro ya no sería futuro, sino presente. El tiempo se solapa por necesidad, y por si fuera poco los personajes
ocultan información a destajo.
Dentro de este puzzle esquizofrénico encontramos, como era de esperar, recursos formales de un talante transgresor, casi subversivo, como la secuencia de la
casa en la que vemos cuatro ventanas sobre fondo negro, tal cual se tratase de cuatro series de fotogramas colocados uno encima de otro: no se trada de otra
cosa que nuevamente la metáfora de la "velocidad del tiempo" y su plausible fluctuación.
Primer se presenta con el Premio del Jurado en el Festival de Sundance 2004 y con unas críticas arrolladoras al otro lado del Atlántico, bien merecidas
si tomamos la premisa de la que parte Carruth: no es necesario entenderlo todo a la primera para que la alucinación tenga cabida; y es que Primer es tan
complicada como la cuadratura del círculo, y aun así no aburre.
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Más información:
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