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06/Ene/09

Publicaciones recibidas: "Sherlock Holmes y la Boca del Infierno", de Rodolfo Martínez

Una novela lúdica, llena de personajes entrañables, que forma parte del universo-pastiche de Martínez en torno al detective más grande de todos los tiempos.

Este libro de Rodolfo Martínez tiene una estructura de collage, a varios niveles.

En primer lugar, entra en la definición de pastiche, ya que el autor se apropia de varios personajes de otros autores e imita asimismo el estilo de otros tantos.

Además de eso, utiliza varias voces narrativas. Empieza con la suya propia en un breve prólogo, donde presenta la narración usando el viejo recurso del manuscrito que un personaje le da al autor. Hay un interludio donde intenta reconstruir las impresiones de un Wiggins mitad esquizofrénico y mitad poseído, mientras escapa de un asilo para tomar parte de las acciones sucesivas. Sigue con la de Watson para narrar una aventura pasada, tomando en parte el estilo de Conan Doyle, aunque está bastante modificado. Vuelve a Wiggins en un breve intermedio, para volverse un narrador en tercera persona casi omnisciente, esbozando la sugerencia de que es otro personaje —nada menos que el Demonio, Lucifer o Shamael Adamson como lo llama aquí— que mira principalmente sobre el hombro de Kent. Otro interludio con Wiggins y la entidad que lo posee, para pasar a otro narrador, un tal William Hudson que se dice que es el nieto de Sherlock Holmes, y termina con un epílogo, nuevamente con Adamson y lo que queda de Wiggins y la entidad que lo poseyó. Para cerrar el marco, unas notas del traductor en las que pretende explicar el por qué de tantas narraciones distintas.

Como habrán visto por este recorrido, la novela es muy variada, tiene cambios de narrador y de ritmo constantemente, está llena de peripecias y de guiños, de influencias de primera, segunda y tercera mano.

En parte, estoy en inferioridad de condiciones para hacer la reseña, ya que la obra no es completamente autónoma. Es parte de una serie de (al menos) cuatro obras en las que Martínez juega con el personaje de Sherlock Holmes, pero no leí ninguna de las otras. En particular, en esta se refiere continuamente a los sucesos de la anterior, "Sherlock Holmes tras las huellas del poeta". De hecho, alguna de las partes no es más que otra narración de los mismos sucesos, desde la óptica de otro de los personajes. Así que leyendo esta sola, uno tiene la impresión de que se pierde muchas cosas.

Pero por otra parte, Martínez enhebra la historia de manera que incluso leyendo esta novela sola, hay gran cantidad de entretenimiento y el lector no necesita torturarse pensando qué se quedó afuera. El factor de entretenimiento y sobre todo la aventura es lo que prima en esta obra. Admito que no es una obra que lo vaya a dejar a uno pensando sobre la metafísica del Universo, a pesar de que esboza dimensiones paralelas; ni tampoco sobre la pequeñez del hombre a pesar de que muestra las inmensas fuerzas de los Antiguos de Lovecraft a punto de penetrar en nuestro mundo. Es, antes que nada, un juego. Y un juego que tiene mucho de adolescente o inclusive de infantil. Es como cuando, de chicos, queríamos juntar a todos nuestros personajes favoritos en una historia. Independientemente de que fueran de distintos autores, de distintas épocas, de distintos mundos inclusive. ¿Quién no quiso alguna vez reunir a Batman con Sherlock Holmes para verlos trabajar juntos, por ejemplo? ¿Y quién no pensó en lo divertido que sería juntar a James Bond con Pepe Sánchez? ¿O a Borges con el Eternauta? (lo siento si algún ejemplo es demasiado localista). Bueno, ese tipo de juego es el que desarrolla Martínez en esta serie.

Para empezar, el personaje principal desde el título mismo, es Sherlock Holmes. Uno de los grandes favoritos de todos los tiempos, el primer gran detective reconocido como tal (a pesar de que históricamente hay otros antecedentes), el que inaugura la narración policial de deducción, el personaje que incluso volvió de la muerte a pedido de sus lectores, vuelve una vez más de la mano de un autor diferente. Ya otros autores lo han utilizado, pero Martínez está dispuesto a sacarle más jugo: cuatro novelas cuatro. En esta, al menos, se esboza un retiro definitivo y la cuarta novela ya serán aventuras de juventud nuevamente. Porque el Holmes que aparece aquí no es el frío razonador de las novelas de Conan Doyle, cocainómano, melómano, violinista a ratos y sobre todo victoriano. En toda la novela no se le ve hacer una sola deducción al estilo de Conan Doyle y eso se extraña. Tal vez en otras novelas de la serie haya más elementos deductivos, pero aquí es, principalmente, un héroe de acción. Y está fuera de época, con su vida prolongada de manera semi-inexplicable. Tiene algunos tics del Sherlock clásico, y toda su historia, que utiliza libremente. Tiene su relación con Watson, que tampoco aparece muy parecido al molde original —bastante escueto por cierto, donde es poco más que un narrador y un testigo ocular— sino que es un Dr. Watson mayor, establecido, con una posible novia y distanciado de las aventuras, pero con mucha más experiencia de vida y estatura de personaje que en las novelas de Doyle. También es un personaje importante Wiggins, quien fuera de niño el jefe de los Irregulares de Baker Street, esa tropilla de chicos de la calle que Holmes utiliza como mensajeros o espías en algunos trabajos. Se le esboza luego una carrera de detective, tras los pasos de su maestro y, ayudado por Chaplin (de quien se dice que formó parte de los Irregulares también) se convierte en detective de las estrellas de Hollywood. Aparece también Mycroft, el hermano más inteligente de Sherlock, dirigiendo una oscura rama del Servicio de Inteligencia británico.

Pero a Martínez no le basta el universo de Holmes para jugar. La premisa básica de la serie es que lo que describe Lovecraft en su obra es real. Hay Primordiales, Antiguos o como se los quiera llamar, seres fuera de la escala humana que han sido desterrados a otra dimensión. Y hay sectas que intentan traerlos de vuelta. En la novela anterior, de hecho, Lovecraft mismo es protagonista. Su padre ha robado una pieza del famoso Necronomicón, un texto que podría servir para despertar y traer a los Antiguos. En esta, el Necronomicón y la lucha por su posesión y uso es una parte importante de la trama. Se hace participar a Aleister Crowley, un mago real que supuestamente se suicidó en la Boca del Infierno del título, en la costa de Portugal, como un miembro de una de las sociedades que tiene ese objetivo de colaborar en la venida de los Antiguos.

Y todavía falta. Porque otro personaje importante, que se utiliza para salvar un par de situaciones insalvables y para generar otros problemas, es otro gran favorito de todos los tiempos: Supermán. Aquí se lo ve antes de ser tal, cuando sólo es el granjero Kent que empieza a ser periodista en El Planeta y recién sale de Kansas. Pero el personaje es fácilmente reconocible y acertadamente desarrollado. No es el Supermán maduro, sino uno que todavía está empezando, inexperto, desconociendo aún los límites de su poder y sus debilidades, pero contento como un niño de ayudar a su héroe Sherlock Holmes.

Así, como vemos, la novela es un gran juego. Se redondea con este personaje de Lucifer, que supuestamente viene de otro de los mundos donde se intenta traer a los Antiguos, pero es un renegado de aquellos a los que les gusta la Tierra tal como es y ayuda a que se mantenga así. Todo esto y mucho más hay en esta novela, cuyas páginas se deslizan como agua bajo los dedos del ávido lector.

Es difícil sustraerse al encanto de tal cantidad de elementos atractivos y al ritmo que impone Martínez. Este no parece un gran estilista, pero maneja muy bien la continuidad narrativa y el arte de no aburrir. A pesar de que varios de los episodios narrados son claramente una digresión, a pesar de que en algunos tramos la novela está evidentemente inflada más allá de lo necesario (tal vez por razones editoriales, tal vez porque el mismo autor es incapaz de dejar de jugar con estos personajes maravillosos que sacó de la caja), toda la lectura resulta placentera, agradable y sobre todo fácil. Es muy fácil entrar en el juego que propone el autor, suspender la crítica y la incredulidad y dejarse llevar.

Y ése parece ser el propósito y el mérito de esta serie de novelas. Al fin y al cabo, ¿por qué no?

La edición es de Bibliópolis Fantástica, encontré un par de gazapos esta vez pero sigue teniendo un nivel de revisión muy bueno. La tipografía y el papel son muy buenos, la ilustración de tapa adecuada y atractiva.

Resumiendo, un entretenimiento muy recomendable para pasar buenos ratos. Nada más y nada menos.

Carlos Ferro para Axxón

Fuente: Carlos Ferro. Aportado por Alejandro Alonso

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