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Archivo de 3 Septiembre 2009

Nuestra percepción de las emociones ajenas estaría profundamente relacionada con los gestos que vemos y asociamos a ellas. Así lo demuestran experimentos realizados por un equipo de psicólogos de distintas universidades del mundo. Sus implicaciones van desde simples malentendidos cotidianos, hasta la ansiedad social y los recuerdos de los testigos

El sentido común suele enunciar que “ver es creer”. Una nueva investigación sugiere, a la inversa, que también “creer es ver”; al menos en lo que se refiere a percibir las emociones ajenas.

El descubrimiento fue realizado por un equipo internacional conformado por psicólogos de los Estados Unidos, Nueva Zelanda y Francia. Según ellos, la forma en que pensamos acerca de las emociones de otros condiciona nuestra percepción subsiguiente (y memoria) de sus expresiones faciales. Así, una vez que interpretamos y catalogamos un gesto ambiguo como si fuera enojo o felicidad, luego lo recordamos y vemos como tal.

El estudio, publicado en el número de septiembre de Psychological Science, “responde a la vieja pregunta: ¿vemos la realidad tal como es o lo que vemos está influenciado por nuestros preconceptos?”, dice el coautor Piotr Winkielman, profesor de psicología en la Universidad de California (San Diego). “Nuestros hallazgos indican que lo que pensamos tiene un efecto notable sobre nuestras percepciones”.

Piotr Winkielman

“Imaginamos que nuestras expresiones emocionales son formas inequívocas de comunicar cómo nos sentimos”, dice el coautor Jamin Halerstadt, de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda. “Pero en interacciones sociales reales, las expresiones faciales son combinaciones de múltiples emociones, están abiertas a la interpretación. Esto significa que dos personas pueden tener diferentes percepciones sobre el mismo episodio emocional y, aún así, ambos estar adecuados a lo que vieron. Cuando mi esposa recuerda mi sonrisa como cinismo, ella está en lo correcto: su explicación en ese momento determina cómo la percibe. Pero también es verdad que, si ella se hubiera explicado mi expresión como empatía, yo no tendría que dormir en el sillón”.

“Es una paradoja”, añade Halberstadt. “Cuanto más buscamos sentido en las emociones ajenas, menos refinados somos recordándolas”.

Los investigadores señalan que las implicaciones de los resultados van más allá de los malentendidos cotidianos. En especial para aquellos que tienen formas disfuncionales de entender las emociones, tal como individuos socialmente ansiosos o traumatizados. Por ejemplo, los socialmente ansiosos, tienen interpretaciones negativas de las reacciones de los demás que pueden teñir permanentemente sus percepciones de los sentimientos e intensiones. Perpetúan sus creencias erróneas aún al enfrentarse a evidencia de lo contrario. Otra aplicación de los descubrimientos incluye la memoria de los testigos: un testigo de un crimen violento puede atribuir malicia al perpetrador; una impresión que, de acuerdo a los investigadores, influirá en la memoria por la cara del perpetrador y la expresión emocional.

Los investigadores enseñaron fotografías de rostros a los participantes del experimento. Habían sido modificados por computadora para expresar emociones ambiguas y les pidieron que las distingan como de enojo o de felicidad. Luego les enseñaron películas de las caras cambiando lentamente de una expresión a otra y les pidieron encontrar la fotografía que habían visto originalmente. Las interpretaciones iniciales de las personas influenciaron sus memorias. Las caras inicialmente interpretadas como enojo fueron recordadas como expresando mayor enojo que las caras interpretadas inicialmente como alegría.

Más interesante aún, las caras confusas fueron percibidas de maneras diferentes. Midiendo sutiles señales eléctricas provenientes de los músculos que controlan la expresión facial, los investigadores descubrieron que al ver nuevamente las caras ambiguas, los participantes imitaron (sobre sus propias caras) la emoción que habían interpretado previamente. En otras palabras, al ver un gesto ya considerado como enojo, las personas expresaron mayor enojo que las personas que habían interpretado ese mismo gesto como feliz. Dado que es principalmente automática, escriben los investigadores, tal mímica facial refleja la forma en que es percibido el rostro ambiguo, y revela que los participantes estaban literalmente viendo expresiones diferentes.

“El descubrimiento novedoso”, dice Winkielman, “es que nuestro cuerpo es la interface: el lugar donde se encuentran los pensamientos y percepciones. Respalda un área creciente de investigación sobre “conocimiento corporizado” y “emociones corporizadas”. Nuestro ser corporal está íntimamente relacionado con cómo (y qué) pensamos y sentimos”.

Fuente: EurekAlert. Aportado por Matías Buonfrate

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xx Al menos tres genes humanos evolucionaron “desde cero”, a través de mutaciones en los tramos no codificante del ADN, un proceso que hasta hace poco se pensaba que era prácticamente imposible

Los genes han evolucionado luego de la división entre los linajes de los humanos y los chimpancés, y por esto son únicos en nosotros.

Es tentador especular que unos genes únicos en los humanos son los que nos dan nuestros rasgos, dice Aoife McLysaght, del Instituto de Genética de Smurfit en el Trinity College de Dublín, quien descubrió los tres genes junto con su colega David Knowles. Pero eso sería prematuro: “No hay ninguna pista sobre la función que cuimplen”.

La mayoría de los nuevos genes aparecen cuando los ya existentes están duplicados y sus copias lentamente adquieren diferentes funciones. Los tres nuevos genes, llamados CLLU1, C22orf45 y DNAH10OS, surgieron de pronto a la existencia como resultado de mutaciones en las secuencias de ADN que antes no codifican proteínas.

Cuando estaban comparando ADN humano, de chimpancé y de macaco, el equipo de McLysaght tropezó con genes humanos que se destacaban porque parecía ser que no tenían equivalentes en las otras especies. Las proteínas que estos tres genes codifican se han encontrado en muestras de sangre de personas sanas, y los genes también están presentes en todo el genoma humano secuenciado hasta ahora, lo que sugiere que tienen funciones vitales en los seres humanos.

En los otros primates, las secuencias de ADN equivalentes contienen diferencias que detienen la producción de proteínas desde el principio, por lo que son secuencias no codificantes en estas especies. Fundamentalmente, los chimpancés, gorilas, gibones y macacos comparten algunas de estas diferencias, lo que significa que, en nuestro ancestro común, estas secuencias tampoco codificaban.

Los investigadores llegaron a la conclusión de que tres de estas secuencias no codificantes han mutado en los seres humanos en algún momento desde que los chimpancés divergieron, hace seis millones de años, y son capaces de codificar cortas proteínas (Genome Research, DOI: 10.1101/gr.095026.109).

Mientras que al menos la mitad del ADN no codificante en los seres humanos es “basura” sin ninguna función, no está claro si la parte no codificante del ADN de estos genes evolucionados había desarrollado alguna función.

Se pensaba antes que una evolución genética así, “de novo”, era imposible, debido a que es muy poco probable que las mutaciones produzcan una secuencia de ADN que codifique una proteína de cualquier longitud, y mucho menos una proteína que sea transcripta por las células y haga algo útil. Pero en 2006 se descubrieron varios genes “de novo” en moscas de la fruta. Desde entonces, ha quedado claro que los genes no evolucionan de una manera continua.

Parte de la explicación podría ser que los sistemas biológicos son muy ruidosos: aunque la mayor parte de nuestro ADN es basura, una buena parte todavía se transcribe en el ARN algunas veces, y es probable que algunos ARN lleguen al mecanismo de creación de proteínas de las células. Esto significa que cuando las mutaciones lanzan secuencias capaces de codificar proteínas, algunas pueden ser “probadas”, y las que son útiles resulatn seleccionadas. McLysaght estima que, cuando estén disponibles más datos del genoma de los primates, se pueden hallar otros 15 genes humanos que han evolucionado de novo.

McLysaght ahora planea averiguar qué es lo que hacen los tres genes que encontró, pero no será fácil. El método convencional para descubrir qué hacen los genes es desactivarlos en ratones para ver el efecto; el problema es que no hay animales fuera de los seres humanos que tengan estos genes.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Informaron que la sonda india fotografió el lugar donde alunizó la misión Apolo 15 en 1971

La sonda lunar Chandrayaan 1, lanzada por la India el pasado octubre y con la que perdió contacto este sábado, fotografió las huellas que dejaron astronautas de Estados Unidos en la Luna en 1971, informó hoy el investigador de la Organización de Investigación Espacial India (ISRO), Prakash Chohan, y recogió la agencia rusa Ria Novosti.

“La sonda fotografió el lugar donde alunizó el Apolo 15 y el de las huellas que dejó el vehículo lunar utilizado por los astronautas. Las fotos prueban que los estadounidenses realmente pisaron la Luna en 1971″, dijo Chohan citado por el diario The Times of India.

Chandrayaan 1 es la primera sonda lunar india. Fue lanzada en octubre de 2008 y trabajó en la órbita de la Luna durante nueve meses. El 29 de agosto, el aparato transmitió a la Tierra los últimos datos y seguidamente se interrumpió la comunicación.

La sonda funcionó en la órbita lunar 312 días y transmitió miles de fotos de la superficie de la Luna y datos sobre su composición química cumpliendo en gran parte las tareas asignadas.

Nota de Axxón: la noticia es interesante. Sin embargo, hasta el momento ningún medio exhibe las fotos.

Fuente: El Mundo. Aportado por Eduardo J. Carletti

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El dibujo muestra un cuerpo celeste del tamaño de nuestra Luna que golpea a gran velocidad un cuerpo del tamaño de Mercurio. El Telescopio Espacial Spitzer encontró evidencias de que se produjo una colisión de este tipo, a alta velocidad, pocos miles de años atrás alrededor de una joven estrella llamada HD 172555, en las primeras etapas de formación planetaria. La estrella está a unos 100 años luz de la Tierra

Spitzer detectó las señales químicas de roca vaporizada y fundida, además de otros materiales, todo producido por el gigantesco impacto. Otros indicios obtenidos por el telescopio infrarrojo muestran que estos cuerpos deben de haberse encontrado viajando a una velocidad relativa uno respecto del otro de por lo menos 10 kilómetros por segundo (36.000 kilómetros por hora).

Cuando los cuerpos chocaron entre sí, se debe haber emitido un enorme flash de luz. Las superficies de las rocas se vaporizaron y fundieron, y se expulsó material caliente en todos los sentidos. Spitzer detectó la roca vaporizada en la forma de gas de monóxido de silicio, y la roca fundida como una sustancia cristalina llamada obsidiana. En la Tierra, se pueden encontrar silicatos alrededor de los volcanes en la forma de rocas negras de cristal llamas obsidianas, y alrededor de los crateres de meteoritos en rocas pequeñas llamadas tectitas.

Las ondas de choque del impacto habrían viajado por el planeta, arrojando restos de roca al espacio. Spitzer también detectó las señales de estos restos.

Al final, el planeta más grande quedó sin su epidermis, al ser despojado de sus capas exteriores. El núcleo del cuerpo más pequeño y la mayor parte del material de su superficie fueron absorbidos por el más grande. Esta fusión de cuerpos rocosos es la forma en que se cree que se forman los planetas como la Tierra.

Los astrónomos dicen que un tipo similar de evento despojó a Mercurio de su corteza desde un principio, durante la formación de nuestro Sistema Solar, lanzando el material removido lejos de Mercurio, hacia el espacio y en el Sol. Nuestra luna se formó por este tipo de impacto de alta velocidad: se cree que un cuerpo del tamaño de Marte se estrelló contra la joven Tierra alrededor de 30 a 100 millones de años después de que se formó el Sol. El sol tiene ahora 4.500 millones de años. Según esta teoría, la roca que fue fundida como resultado del impacto, el vapor y los restos destrozados, mezclados con los desechos de la Tierra, formaron un anillo alrededor de nuestro planeta. Con el tiempo, estos restos se unieron para formar la Luna.

Fuente: NASA. Aportado por Eduardo J. Carletti

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