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Archivo de 15 Octubre 2009

Una cita de átomos neutros energéticos muestra variaciones de energía doscientos a trescientos por ciento mayores a todo lo que se había previsto en los modelos

Desde que lanzó hace un año, el Explorador del Límite Interestelar (Interstellar Boundary Explorer, IBEX) ha estado monitoreando la heliosfera y cómo nuestro Sol interactúa con el medio interestelar local, el gas y polvo atrapado en el vacío del espacio. Los primeros resultados de la misión, combinados con datos de la misión Cassini, están mostrando una heliosfera diferente a lo que los investigadores pensaban previamente. Los datos muestran una inesperada banda —o cinta— brillante con emisiones de energía sorprendentemente altas.

“Sabíamos que existen átomos neutros energéticos que llegan desde el mismo borde de la heliosfera, y nuestras teorías decían que habría pequeñas variaciones en sus emisiones”, dijo David McComas, investigador principal de IBEX en una conferencia de prensa el jueves. “Pero en lugar de eso estamos viendo variaciones de doscientos a trescientos por ciento, y esto no lo entendemos del todo. Independientemente de lo que se pensara antes, definitivamente no es correcto”.

Las energías que ha observado IBEX van desde 0,2 hasta 6,0 kiloelectronvoltios, y los científicos dijeron que su flujo es de dos a tres veces mayor que la actividad de ENA (Energetic Neutral Atoms) en el resto de la heliosfera. McComas y sus colegas dijeron que ningún modelo de los existentes puede explicar todas las características dominantes de esta “cinta”. En cambio, sugieren que estos nuevos hallazgos obligarán a un cambio en nuestra comprensión de la heliosfera y los procesos que le dan forma.

McComas sugirió que los átomos neutros energéticos (ENA) en esta cinta podrían ser a causa de la interacción entre la heliosfera y el campo magnético interestelar local. “El campo magnético interestelar local está orientado de tal manera que se correlaciona con la cinta. Si uno ‘pinta’ la cinta en el límite de la heliosfera, el campo magnético se parece a los grandes cordones que empujan a los lados y la parte sur de la heliosfera. De alguna manera el campo magnético parece jugar un rol dominante en estas interacciones, pero no sabemos qué puede haber producido estos flujos mayores. Tenemos que averiguar qué nos estamos olvidando de la físca”.

Las “ráfagas” de viento solar salen del Sol en todas direcciones a más de un millón de kilometros por hora. Esto crea una burbuja en el espacio alrededor de nuestro Sistema Solar.

En los primeros diez mil millones kilometros de su radio, el viento solar viaja a más de un millón de kilómetros por hora. Éste se frena a medida que comienza a enfrentarse con el medio interestelar, y el punto donde el viento solar se ralentiza es el frente de choque de terminación. El punto en el que se logra un equilibrio entre el medio interestelar y la presión del viento solar se llama heliopausa, que es el lugar en el que el medio interestelar, que se mueve en el sentido contrario, disminuye al chocar con la heliosfera. Se le llama frente de choque.

Las naves espaciales Voyager han explorado esta región, pero no detectaron esta cinta. Eric Christian, miembro del equipo, dijo que la cinta tiene una ruptura en la localización de las Voyager 1 y 2, por lo que éstas pueden no haber detectado el fenómeno en sus áreas inmediatas. La nave espacial Voyager 1 encontró el frente de choque en 2004 cuando llegó a la región en la que las partículas cargadas que fluyen desde el Sol golpean contra el gas neutro del espacio interestelar. La Voyager 2 siguió a su compañera en su paso a través del borde del Sistema Solar en 2007. Si bien estas naves realizaron las primeras exploraciones de la región, IBEX revela ahora un cuadro más completo, llenando información en donde las Voyager no pudieron. Christian comparó las Voyager 1 y 2 con estaciones meteorológicas, mientras que el IBEX es el primer satélite meteorológico que nos aporta una cobertura más completa.

McComas dijo que su primera reacción cuando empezó a llegar la información fue de terror, porque pensó que algo debía andar mal en la nave espacial. Pero a medida que llegaban más datos cada semana, el equipo se dio cuenta de que estaban equivocados, y que los datos de la a nave eran correctos. “Nuestros próximos pasos serán recorrer todas las observaciones en detalle y enfrentarlas con los distintos modelos, para buscar qué es lo que nos falta, lo que hemos estado dejando de lado”, dijo.

Para obtener más información e imágenes, vea la página de la NASA en el enlace abajo.

Fuente: NASA. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Un sistema de realidad virtual creado especialmente para ratones podría ayudar a explicar cómo crea el cerebro los mapas de sus alrededores

Cuando los dos ratones y la gente se mueven espacialmente, se disparan en el cerebro unas células del hipocampo especializadas en “ubicación”. En el pasado, al implantar electrodos cerca de las neuronas se han detectado estas señales, que se cree ayudan al cerebro a construir mapas del entorno.

Pero los investigadores han teorizado hace mucho tiempo que la actividad que se produce dentro de las células de ubicación, que no es detectada por este tipo de implantes en el cerebro, también es clave para hacer los mapas. El problema es que la actividad de registro dentro de las neuronas es un proceso más delicado, que se interrumpe a causa del movimiento físico que se necesita para activar la actividad de la células de ubicación. Ahora David Tank, de la Universidad de Princeton, y sus colegas, han superado este problema utilizando una realidad virtual.

Para crear una realidad virtual para roedores, el equipo adaptó una versión de código abierto del videojuego Quake II. Utilizaron el sistema de movimientos físicos del juego para crear un corredor virtual en 3D que cambia cuando un ratón suspendido por un arnés camina sobre una bola flotante de espuma de poliestireno.


VIDEO: ESPERE UN MOMENTO MIENTRAS SE CARGA

“El ratón está jugando un juego de vídeo”, dice el tanque. Los ratones se relacionan con el mundo virtual como con el real —moviéndose por el pasillo para recibir una recompensa— pero sin tener que hacer movimientos de la cabeza, lo que permite que se registre la actividad de las neuronas (Nature, DOI: 10.1038/nature08499).

La actividad eléctrica en el interior de las células de ubicación se sincroniza con los campos eléctricos de las neuronas vecinas. Esta temporización precisa puede ser la clave de la manera en que las estas células codifican la ubicación.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti



El joven se despierta mareado. Se levanta y gira, y entonces se ve a sí mismo tumbado en la cama. Le grita a su cuerpo dormido, lo sacude, y le salta encima. A continuación ve que está de nuevo en la cama, pero ahora se ve a sí mismo de pie frente a la cama, sacudiendo su cuerpo dormido. Aterrorizado, salta por la ventana. Su habitación está en el tercer piso. Se lo encuentra más tarde, con importantes heridas

A lo que ha esperimentado este joven de 21 años se le llama una “experiencia de estar fuera del cuerpo”, o simplemente “experiencia extracorpórea”, uno de los más peculiares estados de conciencia. Es probablemente que haya sido causado por su epilepsia (Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry, vol 57, p 838).

“Él no quería cometer un suicidio”, dice Peter Brugger, el neuropsicólogo que atendió al joven en el Hospital Universitario de Zurich en Suiza. “Saltó para lograr que se juntaran el cuerpo y él mismo. Debe haber estado con un ataque”.

En los 15 años transcurridos desde este dramático incidente, Brugger y otros han recorrido un largo camino hacia la comprensión de las experiencias de estar fuera del cuerpo. Han reducido la causa del fenómeno a las disfunciones en un área específica del cerebro y ahora están trabajando para saber cómo llevan estas disfunciones a la experiencia casi sobrenatural de abandonar nuestro cuerpo y observarlo desde afuera. Ellos también están usando estas experiencias extracorpóreas para abordar una vieja cuestión: cómo creamos y mantenemos el sentido del yo.

Dramatizadas efectivamente por autores como Dostoevsky, Wilde, de Maupassant y Poe —algunos de ellos las describieron con conocimiento de primera mano— es normal que las experiencias extracorpóreas se asocien a la epilepsia, migrañas, embolias, ataques, tumores cerebrales, uso de drogas e incluso a las experiencias cercanas a la muerte. Queda claro, sin embargo, que gente sin desórdenes neurológicos evidentes puede sufrir experiencias extracorpóreas. Algunas estimaciones dan que un 5 por ciento de la gente sana tiene alguna en algún momento de su vida.

Ahora, ¿qué es exactamente una experiencia extracorpórea? Recientemente ha surgido una definición que involucra un conjunto de percepciones cada vez más bizarras. La menos fuerte es la experiencia doppelgänger: se siente una presencia o se ve a otra persona, y se sabe que es uno mismo, aunque se continúa en el propio cuerpo. Esta situación a menudo progresa a la etapa 2, en la que el sentido del yo se mueve adelante y atrás entre el cuerpo real y el doppelgänger (doble). Esta fue la sitiuación que experimentó el joven paciente de Brugger. Al final el yo abandona el cuerpo por completo y se lo observa desde fuera, a menudo en una posición elevada, como el cielorraso. “Esta división es la caraterística más impactante de una experiencia extracorpórea”, dice Olaf Blanke, neurólogo del Instituto Federal Suizo de Tecnología en Lausanna.

Sorprendentemente placentero

Algunas experiencias extracorpóreas sólo involucran una de estas etapas; algunas las tres, en progresión. Lo extraño es que mucha gente las ha esperimentado como experiencias agradables. Así que, ¿qué puede estar pasando en el cerebro para crear una sensación que parece tan imposible?

Las primeras pistas firmes se obtuvieron en el 2002, cuando el equipo de Blanke encontró la manera de inducir una experiencia extracorpórea en toda regla. Estaban realizando una cirugía cerebral exploratoria en una mujer de 43 años afectada de una severa epilepsia para determinar qué parte del cerebro debían remover para curarla. Al estimular una región del cerebro que se conoce como zona de unión temporoparietal (TPJ), la mujer informó que estaba flotando sobre su propio cuerpo y viéndose a sí misma debajo.

Esto tiene algún tipo de sentido neurológico. El TPJ procesa las señales visuales y del tacto, la información espacial y de equilibrio del oído interno, y las sensaciones proprioceptivas de las articulaciones, tendones y músculos que nos dicen dónde se ubican nuestras partes del cuerpo en relación con otras. Su tarea es unir todo esto para crear el sentimiento de corporalidad: la sensación de dónde está tu cuerpo, y dónde termina y empieza el resto del mundo. Blanke y sus colegas entendieron que las experiencias extracorporales surgen cuando, por la razón que sea, el TPJ falla en realizar esto apropiadamente (Nature, vol 419, p 269).

Luego apareció más evidencia de que un mal funcionamiento en el TPJ es la clave de las experiencias extracorpóreas. En 2007, por ejemplo, Dirk De Ridder del Hospital de la Universidad de Antwerp en Bélgica intentaba ayudar a un hombre de 63 años con un acúfeno intratable. En un último recurso por silenciar el ruido en los oídos de este hombre, el equipo de Ridder implantó electrodos cerca del TPJ del paciente. Esto no curó su acúfeno, pero lo llevó a experimentar algo parecido a una experiencia extracorpórea: se sentía desplazado unos 50 centímetros detrás y a la izquierda de su propio cuerpo. La sensación duraba más de 15 segundos, lo suficiente como para realizar un escaneado TEP de su cerebro. El equipo encontró que, con toda seguridad, el TPJ se activaba durante las experiencias.

La comprensión de los desórdenes neurológicos o la cirugía cerebral sólo puede llevar así de lejos, porque los casos son poco frecuentes. Es necesario hacer estudios a gran escala, y para lograrlo Blanke y otros han utilizado una técnica que se conoce como “tareas de transformación del propio cuerpo” para forzar al cerebro a hacer las cosas que al parecer hace durante la experiencia extracorpórea. En estos experimentos, se les muestra a los sujetos una secuencia de breves destellos de figuras de dibujo animado que llevan guantes en una mano. Algunas de las figuras están mirando al sujeto, otras están de espaldas a él. La tarea es imaginarse uno mismo en la posición del dibujo animado para figurarse en qué mano está el guante. Para hacer esto, uno tiene que rotar mentalmente el cuerpo cuando se suceden las imágenes. Mientras los voluntarios realizaban estas tareas, los investigadores mapearon la actividad cerebral con un EEG y encontraron que el TPJ se activaba cuando los voluntarios se imaginaban a sí mismos en una posición distinta de su orientación real; una posición extracorpórea.

El equipo también hizo un barrido del TPJ con estimulación magnética transcraneal, una técnica no invasiva que puede deshabilitar temporalmente partes del cerebro. Con el TPJ interrumpido, a los voluntarios les llevó más tiempo hacer las tareas de transformación de su cuerpo (The Journal of Neuroscience, vol 25, p 550).

También estuvieron implicadas otras regiones cerebrales, entre ellas algunas unicadas cerca del TPJ. El consenso que surge es que cuando estas regiones funcionan bien, nos sentimos uno con nuestro cuerpo. Pero al perturbarlas, nuestro sentido personal puede flotar lejos.

Sin embargo, esto no explica la característica más impactante de las experiencias extracorpóreas. “Es un gran enigma por qué la gente, desde su posición fuera del cuerpo, visualizan no sólo su cuerpo sino cosas a su alrededor, como a otra gente”, dice Brugger. “¿De dónde viene esa información?”

Una línea de evidencias viene de la condición que se conoce como parálisis del sueño, cuando la gente sana se encuentra con su cuerpo inmovilizado como en un sueño aunque está consciente. En un estudio sobre casi 12 000 personas que experimentaron parálisis del sueño, Allan Cheyne, de la Universidad de Waterloo en Ontario, Canadá, encontró que muchos reportaban sensaciones similares a las experiencias extracorpóreas. Éstas incluyen flotar fuera del cuerpo y volverse a mirarlo.

Cheyne sugiere que esto podría ser resultado de conflictos de información en el cerebro. Durante la parálisis del sueño, es posible entrar en un estado similar al REM en el cual se sueña que uno se mueve o vuela. En estas circunstancias uno es consciente de la sensación de movimiento, aunque el cerebro sabe que el cuerpo no se puede mover. En un intento de resolver el conflicto sensorial, el cerebro “corta” el sentido del yo (Cortex, vol 45, p 201). “Lo resuelve dividiendo el yo del cuerpo”, dice Cheyne. “El yo parece irse con el movimiento y el cuerpo queda atrás”. Quizás conflictos sensoriales similares causen las experiencias extracorpóreas clásicas.

Brugger, entretanto, tiene una sugerencia para explicar cómo alguien puede ver, aún cuando sus ojos están cerrados, basándose en lo que le informó uno de sus pacientes sobre una experiencia extracorpórea. De acuerdo con el padre de este paciente, que estaba sentado junto a la cama, él tenía los ojos cerrados. Sin embargo informó que, desde una perspectiva por encima de la cama, había visto a su padre yendo al baño, y volviendo con una toalla mojada para ponerla sobre su frente.

Es presumible que el paciente oyó el movimiento de su padre que iba hacia el baño, y el fluir del agua, y habrá sentido una toalla húmeda en su cabeza. Brugger especula que su cerebro convirtió estos estímulos en una imagen visual, tal como sucede en la sinestesia. Sin embargo, esto no explica el punto de vista externo. “No está claro cómo construye eso el cerebro”, dice el filósofo cognitivo Thomas Metzinger de la Universidad Johannes Gutenberg en Mainz, Alemania.

Metzinger hace una sugerencia. Imagínese un episodio, un cumpleaños reciente. ¿Lo visualiza desde una perspectiva de primera persona o desde una tercera persona que lo ve a usted en la escena? Lo sorprendente es que la mayoría hace lo segundo. “Al codificar la memoria visual, el cerebro usa una perspectiva externa”, dice Metzinger. “No sabemos mucho por qué y cómo, pero si se extrae algo de esta base de datos [durante una experiencia extracorpórea], puede que sea material para verse a uno mismo desde el exterior”.

Sea cual sea el mecanismo, el estudio de las experiencias extracorpóreas promete ayudar a responder algunas profundas cuestiones de la neurociencia y la filosofía: ¿cómo surge la autoconciencia? Está muy claro que tenemos un sentido de nosotros mismos que reside, la mayor parte del tiempo, en nuestros cuerpos. Aunque también queda claro por estas experiencias extracorpóreas que, al parecer, el sentido del yo puede desligarse de nuestro cuerpo físico. Entonces, ¿cómo se relacionan el yo y el cuerpo?

Para abordar esta cuestión, Metzinger ha formado un equipo con Blanke y sus colegas en un experimento que induce experiencias extracorpóreas en voluntarios sanos. Graban a cada voluntario desde atrás y proyectan la imagen en una pantalla montada en la cabeza del voluntario de tal forma que vea una imagen de sí mismo de pie y aproximadamente a dos metros enfrente. Los experimentadores golpean al voluntario en la espalda, que los voluntarios ven como un yo virtual. Esto crea un conflicto sensorial, y muchos informan que sienten su yo que migra fuera de sus cuerpos físicos hacia el virtual (Science, vol 317, p 1096).

Para Metzinger, estos experimentos demuestran que la autoconciencia se inicia con el sentimiento de poseer un cuerpo, pero hay más en la autoconciencia que un moro sentimiento de coporalidad. “El yo tiene muchos componentes”, dice Metzinger. “Estamos tratando de extraerlos bloque a bloque. Este es sólo el principio”.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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La serie se emite por Cuatro y AXN

Flashforward ha tenido una notable acogida. En su segunda semana mantuvo buenos registros, con un 13,9% de cuota y 2.688.000 fans. El primer episodio de esta serie de intriga y ciencia ficción logró atraer a 2.715.000 personas (14,3%). Se coloca como el estreno de una producción extranjera con más éxito en la historia del canal Cuatro.

“FlashForward” aporta la misma adrenalina que “Perdidos”

Algunos la conocerán como Penny Widmore, uno de los personajes clave de Perdidos, la dulce enamorada que pone el mundo patas arriba para encontrar a su querido Desmond. Sonya Walger (Londres, 1974) es además una de las protagonistas de FlashForward, que se estrenó en el canal español Cuatro el 6 de este mes a las 22:15 horas, y que un día antes se estrenó en AXN.

La serie de ciencia-ficción es la nueva apuesta de la cadena ABC, que en enero empezará a emitir los últimos episodios de Perdidos. El arranque de FlashForward en Estados Unidos logró el pasado 25 de septiembre 12 millones de espectadores.

Todo comienza cuando un incomprensible incidente provoca que todas las personas que habitan la Tierra se desmayen a la vez durante 2 minutos y 17 segundos. En este tiempo cada individuo verá pequeños flashes de lo que sucederá en sus vidas seis meses más tarde.

El pasado 8 de septiembre, la actriz respondió al teléfono con exquisita educación británica, aunque con algún que otro latigazo dirigido a los productores de Perdidos.

Pregunta. Muchos comparan FlashForward con Perdidos. ¿Está de acuerdo?

Respuesta. Ambas series tienen múltiples personajes y arrancan con un gran misterio, pero luego siguen caminos muy distintos. FlashForward no tiene la mitología ni los simbolismos de Perdidos. En FlashForward sólo hay un misterio: ese momento en el que toda la población ve cómo será su vida dentro de seis meses.

P. Perdidos pondrá punto final en mayo de 2010, dejando a miles de personas sin su entretenimiento preferido. ¿Llenará FlashForward ese vacío?

R. Eso espero. Perdidos es irreemplazable y tiene un lugar muy especial en el corazón de mucha gente, pero FlashForward aporta su adrenalina y su capacidad de entretener. Suavizará el dolor de muchos.

P. ¿Veremos a Penny en la última temporada de Perdidos?

R. Aún no lo sé, nadie me dice nada, pero tengo la corazonada de que la veremos de nuevo.

P. ¿Y tiene alguna teoría sobre cómo termina la serie?

R. Soy fan pero, siendo honesta, no he visto todos los episodios. Y no, no tengo ninguna teoría. He estado muy ocupada rodando FlashForward.

P. Debe ser complicado trabajar en Perdidos sin haber visto todos los episodios.

R. No, porque Penny nunca ha entendido de qué va todo el lío de la isla. Lo único que le preocupa es encontrar a Desmond.

P. ¿Cómo es Olivia Benford, su personaje en FlashForward?

R. Es una mujer muy fuerte. Es una cirujana que pasa mucho tiempo en el hospital y que debe enfrentarse a muchas de las consecuencias del flash forward, además de al suyo propio, que es bastante traumático ya que se ve con un hombre distinto a su marido [Joseph Fiennes].

P. En la nueva serie coincide con Dominic Monaghan, otro de los actores de Perdidos.

R. Tiene gracia, porque en Perdidos nuestros personajes nunca coinciden y por ahora tampoco hemos rodado ninguna escena de FlashForward juntos.

P. ¿Se guardan los guiones de FlashForward tan en secreto como los de Perdidos?

R. Pues sí. Cada página tiene una marca de agua con mi nombre y si apareciera alguna por ahí se sabría que es mi culpa. Cada noche me llevan el guión a casa y después se destruye. Es un poco paranoico pero necesario para mantener el misterio.

P. El primer episodio de FlashForward es emocionante.

R. A mí me volvió loca. Tuvieron que cerrar toda la avenida 101 de Los Ángeles para rodar los accidentes de tráfico y el resultado me pareció apocalíptico.

Fuente: El País. Aportado por Eduardo J. Carletti




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