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Archivo de 23 Octubre 2009

Esto pospone los posibles resultados del experimento LIFE en dos años más

La agencia espacial rusa retrasó hace poco la misión que tenía previsto enviar a la luna marciana Fobos. La noticia sirve como excusa para hablar de un bonito experimento que se va llevar a cabo esta misión y que ha sido diseñado por la Sociedad Planetaria.

El experimento se llama LIFE (Living Interplanetary Flight Experiment) y tratará de estudiar, cuando finalmente vuele en 2011, la habilidad de diversas formas simples de vida para sobrevivir en el espacio profundo. Los objetivos principales de la misión son otros (principalmente recoger muestras de suelo), pero este pequeño módulo nos puede ayudar a saber sobre las posibilidades de un viaje tripulado a Marte y sobre la posibilidad de que se dé o no la transpermia.

Los retrasos en las misiones marcianas son habituales. Además, como la ventana de lanzamiento se da cada 26 meses hay que esperar más de dos años para la siguiente oportunidad.

Aunque en los meses anteriores el equipo ruso de la misión hizo un gran esfuerzo para llegar a la ventana de octubre, al final no pudo ser y habrá que esperar. La Sociedad Planetaria reconoce que es mejor que se tenga que esperar para tener una misión exitosa que improvisar un lanzamiento que puede significar un fracaso, aunque tenían muchas ganas de ver los resultados del experimento LIFE.

La misión a Phobos-Grunt pretende recoger muestras del satélite natural de Marte Fobos y traerlas a la Tierra. Es la única misión espacial programada que permite la realización de un experimento como LIFE.

Además del biomódulo que irá en la sonda, en tierra se conservarán dos copias de control de este biomódulo. Todas estarán cargadas de microorganismos y formas de vida sencilla como los tardígrados. Ya se ha demostrado la resistencia de los tardígrados a las condiciones de vacío y radiación intensa, sobre todo gracias a una misión espacial realizada en 2007. El biomódulo porta 30 muestras y pesa 100 gramos. En él están representados tres dominios de la vida: bacteria, eucariotas y arqueas.


Dibujo en donde se explican las distintas partes del biomódulo del experimento LIFE. Foto: The Planetary Society.

La idea es que el módulo viajero simule las condiciones de un meteorito que transporta formas de vida de un planeta otro en un fenómeno que podemos denominar transpermia.

Se sabe que algunos impactos de meteoritos expulsan rocas al espacio exterior que eventualmente pueden caer en otros lugares del sistema solar como otros meteoritos. En experimentos realizados en el pasado se demostró que algunos microorganismos pueden sobrevivir al impacto y a las fuertes desaceleraciones que se dan en este tipo de eventos.

En este nuevo experimento se probará por primera vez si la vida puede sobrevivir en el espacio profundo durante años (similares misiones a la Luna sólo duraron unas pocos semanas), de manera similar a como lo haría en un meteorito. Aunque también se han realizado este tipo de experimentos prolongados en órbita terrestre, hay que recordar que esas formas de vida estaban bajo el paraguas protector de la magnetosfera terrestre. Algo que no se da en un viaje a Marte, en el cual las radiaciones pueden ser letales.

Después de un viaje de 10 meses el biomódulo llegará a Fobos, después los organismos sobrevivientes esperaran en él hasta que regresen, junto con muestras de suelo de la luna Fobos, a la Tierra. La duración total de viaje de ida y vuelta será de 34 meses. Una vez aquí los científicos abrirán el biomódulo y comprobarán qué organismos han sobrevivido al viaje.

De momento los módulos actuales permanecerán sellados (ya estaban preparados para ser utilizados) hasta que se decida qué hacer con ellos durante estos dos años. Es de suponer que se preparen otros nuevos para esas fechas.

La Sociedad Planetaria es una organización privada sin ánimo de lucro fundada por Carl Sagan y hasta el momento tiene miembros en 125 países.

Fuente: Neofronteras. Aportado por Eduardo J. Carletti



El telescopio Chandra confirmó la existencia de un cúmulo de galaxias a 10.200 millones de años luz de distancia

La imagen es una composición de rayos-X del Observatorio Chandra, datos ópticos del VLT e infrarrojos de DDS (Digitized Sky Survey). El objeto, conocido como JKCS041, lo vemos tal como era cuando el universo tenía sólo un cuarto de su edad actual.

El objeto fue originalmente detectado en 2006 con observaciones infrarrojas desde el Telescopio Infrarrojo del Reino Unido (UKIRT). La distancia fue luego determinada con observaciones del mismo instrumento, más el telescopio CFHT y Spitzer. Sin embargo, los científicos no estaban seguros de si era un verdadero cúmulo galáctico o uno captado mientras se estaba formando. Pero la forma y extensión de las emisiones de rayos-X obtenidas por Chandra, brindaron la evidencia para saber que sí lo es.

JKCS041 está en el límite de distancia esperado para un cúmulo galáctico. “No pensamos que la gravedad pueda funcionar lo suficientemente rápido como para formar cúmulos galácticos mucho antes”, señaló Stefano Andreon del Instituto de Astrofísica de Milán (INAF).

Imagen del cúmulo JKCS041. Crédito: CFHT, Terapix, WIRDS

El récord anterior para un cúmulo de galaxias era de 9.200 millones de años para el objeto XMMXCS J2215.9-1738 descubierto por el satélite XMM-Newton en 2006.

Entre las preguntas que los científicos esperan responder con estudios más profundos de JKCS041 es si hay signos de estar todavía en formación; si la temperatura y el brillo de rayos-X de un objeto tan distante están relacionados a su masa de la misma forma que en los objetos más cercanos, y si contiene elementos pesados (como el hierro) al igual que en los objetos más jóvenes.

En la primera imagen, de Chandra, los rayos-X están coloreados en azul, mientras las galaxias individuales en el cúmulo están en blanco. El objeto se encuentra a 10,2 mil millones de años luz de distancia (z=1.9), mide 190 millones de años luz de diámetro, y está localizado en la constelación Cetus, la ballena.

Fuente: Últimas Noticias del Cosmos. Aportado por Eduardo J. Carletti



Los microscopios revolucionaron el estudio de la vida en la Tierra. Ahora un robusto instrumento, fácil de usar, aspira a ser igualmente influyente en la búsqueda de vida extraterrestre en lugares tales como los océanos bajo la superficie helada de Europa, la luna de Júpiter

La búsqueda de signos de vida extraterrestre por lo general se centra en la detección de moléculas asociadas con los organismos vivos. La observación directa a través de imágenes ópticas sería más concluyente, por lo que Hans Kreuzer y Manfred Jericho en la Universidad Dalhousie en Halifax, Nueva Escocia, Canadá, y sus colegas, han adoptado un enfoque diferente. Han construido un robusto microscopio que se puede sumergir en el agua para detectar las posibles formas de vida microscópicas que podrían haber allí, nadando o flotando.

Llamado “microscopio holográfico digital en línea”, consiste en un par de compartimientos estancos separados por una cámara en la que pueda fluir el agua. Un compartimiento contiene un láser azul que se centra en un orificio del tamaño de la punta de un alfiler. Frente al agujero de alfiler, en el segundo compartimiento, hay una cámara digital.

Cuando la luz de láser llega al agujero de alfiler, genera una onda esférica de luz que se extiende a través del agua. Si da con un objeto microscópico —una bacteria, por ejemplo— se produce más difracción. La onda esférica y el patrón de difracción creado por el objeto microscópico interfieren para crear un patrón, que es capturado por la cámara. Este patrón de interferencia es, esencialmente, un holograma de lo que está en frente del orificio.

Kreuzer ha patentado un algoritmo que puede reconstruir los objetos que crearon el patrón de interferencia en cuestión de milisegundos. De este modo, la cámara puede producir imágenes en tiempo real de cualquier objeto en el agua, si éstas son mayores de unos 100 nanómetros de diámetro.

Para probar el instrumento, el equipo lo llevó a las extremas condiciones de la isla Axel Heiberg en el Ártico, donde se introdujo una nave robótica en un lago (Planetary and Space Science, DOI: 10.1016/j.pss.2009.07.012). “Hemos visto toda clase de criaturas que no sabíamos que estaban allí”, dice el miembro del equipo de Jay Nadeau en la Universidad McGill en Montreal, Canadá.

Nadeau dice que el robusto dispositivo, de poco peso, se puede transportar fácilmente y no requiere la intervención constante para obtener imágenes claras.
Tiene un amplio ángulo de visión y una gran profundidad de campo, que en conjunto le permiten seguir los objetos cuando éstps flotan en la cámara de 7 milímetros cúbicos frente al orificio. “Usted puede asegurarse absolutamente seguro de si algo está vivo y nada”, dice Nadeau.

Chris McKay, del Centro de Investigación Ames de la NASA en Moffett Field, California, quien ha trabajado en la misión Phoenix a Marte, está interesado por el trabajo. “Aunque yo no diría que el próximo instrumento a enviar a Marte o Europa es un microscopio, es evidente que con el tiempo tenemos que enviarlos”, dice. “El diseño es bastante inteligente y muy adecuado para un instrumento de vuelo”.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti




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