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Archivo de 30 Octubre 2009

Agregamos hoy el cuento “Las tiras”, de Jesús Pérez Caballero, en la revista Axxón 201 del mes de octubre:

FICCIONES: “Las tiras”, de Jesús Pérez Caballero

Fuente: Aportado por Eduardo J. Carletti



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Fuente: Aportado por Eduardo J. Carletti



Detectan el cuerpo celeste más distante registrado hasta ahora. La explosión de rayos gamma fue descubierta en abril por varios telescopios. Confirma que las estrellas existen desde que el Universo era muy joven. Ocurrió hace 13.000 millones de años, 600 millones después del Big Bang

Hace 13.000 millones de años, cuando el Universo era un infante de sólo 600 millones, una estrella supermasiva (cientos de veces mayor que el Sol) explotó y la inmensa radiación que generó aquel estallido ha tardado todo ese tiempo en llegar hasta los aledaños de la Tierra, convirtiéndose en el objeto del Cosmos más antiguo y lejano que se conoce.

El pasado 23 de abril, el satélite SWIFT de la NASA, a unos 600 kilómetros de distancia detectó una radiación de rayos gamma que parecía venir de muy lejos.

Seis meses han tardado los investigadores en tener toda la información sobre aquel evento (el GRB 090423), que apenas duró 10 segundos, pero cuyo ‘eco’ pudo seguirse con diferentes telescopios terrestres durante horas, según se publica en ‘Nature’ con la participación de tres astrónomos españoles.

La detección de lo que acabó siendo un agujero negro ha servido para revelar que las primeras estrellas aparecieron rápidamente en el Cosmos después de la gran explosión del Big Bang, dado que ésta ni siquiera era una de primera generación, como explica Alberto Castro-Tirado, astrónomo del Instituto de Astrofísica de Andalucía (CSIC) y uno de los autores. Asegura que las primigenias sólo tienen hidrógeno, aunque de momento no se ha detectado ninguna.

Junto a él han colaborado en los dos trabajos Javier Gorosabel, también del IAA, y Alberto Fernández Soto, del Instituto de Física de Cantabria (un centro mixto del CSIC y la Universidad de Cantabria).
30.000 quintillones de bombas

Como el Universo era tan joven (un 5% de su edad actual), la estrella no podía tener más de unas decenas de miles de años cuando estalló (el Sol vivirá 9.000 millones). Y era tan grande que la explosión de rayos gamma que generó supuso tanta energía como la generarían 100 soles durante toda su vida, o la equivalente a lanzar 30.000 quintillones de bombas atómicas sobre Madrid.

Castro-Tirado asegura que fenómenos como éste se detectan cada día en el espacio, pero que sólo se pueden observar uno de cada 1.000 porque la inmensa mayoría no está en nuestra línea de visión: “Cada día nace un millar de agujeros negros en galaxias que están a 2.000 millones o 5.000 millones de años luz, pero sólo vemos los que coinciden que están en nuestra dirección”.

Así ocurrió en este caso, para fortuna de los astrónomos: cuando la estrella estalló, dos chorros de materia salieron en dos direcciones opuestas a gran velocidad, uno de ellos hacia la Tierra. Antes de su llegada, nadie sabía que tan lejos había una galaxia. Ahora los expertos confían en verla con el futuro satélite espacial ‘James Webb’, sustituto del ‘Hubble’, o con otros potentes telescopios terrestres, como el E-ELT.
Hallazgo enviado por SMS

El investigador andaluz asegura que “si hubiera una explosión como ésta a 5.000 años luz de nuestro planeta, la radioactividad comprometería la existencia de vida”. Afortunadamente, nuestra galaxia tiene un alto contenido en metales, lo que hace imposible que haya estallidos de este tipo, aunque reconoce que le gustaría ver alguno en la Gran Nube Magallanes, a unos 250.000 años luz.

Castro-Tirado fue de los astrónomos que recibió el SMS del satélite SWIFT, avisando de que algo ocurría en el espacio. Era de noche en el Pacífico. En no más de un minuto, el telescopio BOOTES-3, una instalación robótica española inaugurada en febrero en Nueva Zelanda, recibió la alerta y apuntó a la zona, pero la radiación sólo era visible en infrarrojo y su lente, de 60 centímetros de diámetro, no pudo captar nada.

A los 20 minutos, la luz se detectó con el Telescopio de Infrarrojo del Reino Unido en Hawai y a continuación con otros iguales de potentes, como el Nazionale Galileo (en La Palma), el de la ESO en Chile o el gran telescopio BTA del Cáucaso. Los datos cruzados de todos ellos dejaron pocas dudas sobre su lejanía: un equipo le otorgó un corrimiento al rojo (velocidad a la que se aleja un objeto que permite calcular su distancia) de 8,1 y el otro de 8,26, un margen de error más que aceptable.

El anterior objeto más antiguo detectado era una galaxia 150 millones de años más joven que éste.

Fuente: El Mundo. Aportado por Eduardo J. Carletti



¿Qué produce una misteriosa “neblina” de radiación en el centro de la Vía Láctea? Podría ser una gran cantidad de monstruosas supernovas que lanzan radiación, que resulta amplificada por los vientos estelares magnéticos y la turbulencia que existe cerca del núcleo galáctico

En 2003, la Wilkinson Microwave Anisotropy Probe (Sonda Wilkinson de Anisotropía de Microondas) halló un sector de radiación de microondas particularmente energético en el centro de nuestra galaxia, al que se ha llamado la “bruma WMAP”. Se ha propuesto que podría ser causado por colisiones de un nuevo tipo de partícula de materia oscura.

En cambio, la señal podría ser generada por rayos cósmicos amplificados que se generan al estallar estrellas particularmente grandes, dice Peter Biermann, del Instituto Max Planck de Radioastronomía en Bonn, Alemania, y sus colegas.

En comparación con el resto de la galaxia, el centro de nuestra galaxia posee una gran cantidad de estrellas masivas. Estas estrellas están rodeadas de particularmente fuertes vientos magnéticos estelares. En las regiones polares de la estrella, el campo magnético del viento resulta paralelo a la dirección de los rayos cósmicos que escapan de la supernova. Esta configuración —además de la turbulencia particularmente alta que hay en el centro galáctico, a causa de la alta concentración de estrellas— puede estar amplificando la energía de los rayos cósmicos, dice el equipo.

Han presentado el artículo a la revista The Astrophysical Journal.

Dan Hooper, de la Universidad de Chicago, señala que si bien es prudente considerar otros escenarios en los que la materia oscura sea la causa, se sabe muy poco sobre la región del interior de nuestra galaxia y sus campos magnéticos.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti




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