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Archivo de 18 Diciembre 2009

Una marea galáctica tiene bastante fuerza como para influir en los cometas de la Nube de Oort, lo cual significa que también puede haber ayudado a darle forma a nuestro planeta

Las mareas de la Luna han sido una constante presencia en la historia de la Tierra, dándole forma al paisaje y a la vida de las criaturas que habitan aquí. Ahora aparece una interesante sugerencia sobre que la marea galáctica puede haber desempeñado un rol significativo en el pasado de la Tierra.

La marea galáctica es una fuerza de marea ejercida en objetos estelares por el campo gravitacional de una galaxia como la nuestra, de un modo parecido a como ocurre en la Tierra, debido a la diferenciación regional de las fuerzas gravitatorias de la Luna. Así que un cuerpo muy cercano o inmerso en una galaxia experimenta la acción de sus fuerzas gravitatorias de manera intensa. Esto puede ocasionar que el cuerpo de la galaxia se dilate o comprima hacia el centro o que las estrellas sufran alteraciones en su rotación. Los temas de interés relativos a las mareas galacticas contemplan el estudio de colisiones galacticas, la disrupcion de las galaxias enanas, las galaxias satélites y el efecto de las mareas de la Vía Láctea sobre la hipotética Nube de Oort de nuestro propio sistema solar.

El trabajo procede de Jozef Klacka, de la Universidad Comenius en la República de Eslovaquia. Klacka ha calculado la intensidad de la marea galáctica y su efecto sobre el Sistema Solar. Llegó a la conclusión de que la marea es suficientemente fuerte como para ejercer un efecto significativo en la evolución orbital de los cometas de la Nube de Oort.

Es un resultado fascinante. Sabemos desde hace tiempo que las mareas lunares deben haber sido cruciales para la evolución de la vida en la Tierra. El constante subibaja de los océanos habría dejado vida marina atrapada en las playas, forzando adaptaciones que les permitieran a estas criaturas enfrentarse a las condiciones terrestres.

Los astrobiólogos también creen que los cometas jugaron un papel importante en el desarrollo de la vida en la Tierra debido a que la atmósfera y los océanos fueron sembrados por cometas, al menos en parte. En esta línea de pensamiento, las fuerzas y procesos que han dado forma a la evolución se extienden hasta el borde del Sistema Solar.

Pero si la marea galáctica desempeña el rol de enviar estos cometas hacia nosotros, entonces parece como si esto fuera parte de una red aún mayor. ¿Podría ser que la Tierra y la vida que ha evolucionado aquí sean crucialmente dependientes no sólo de nuestro planeta, nuestra estrella o nuestro entorno interplanetario local, sino también de la propia Vía Láctea?

Klacka tiene que hacer mucho trabajo aún para demostrar que la marea galáctica desempeña este rol. Pero podría ser que el campo de la astrobiología se haya vuelto mucho más grande.

Referencia: arxiv.org/abs/0912.3112: Galactic Tide

Fuente: Technology Review. Aportado por Eduardo J. Carletti



El cineasta ha muerto en Los Angeles a la edad de 63 años. Estaba trabajando en una nueva precuela de Alien, el octavo pasajero

El nombre de Dan O’Bannon es indisociable de una manera muy particular de entender la ciencia-ficción a finales de los años setenta y a lo largo de la década de los ochenta. Su nombre está asociado a figuras de la relevancia de John Carpenter —ambos se graduaron en la School of Cinema Television y prácticamente crearon juntos el debut de Carpenter en el campor del largometraje con Dark Star—, Ridley Scott, Paul Verhoeven o Paul W.S. Anderson. Su firma aparece en los libretos de toda la saga de Alien, además de en nuevos clásicos del género como El trueno azul, Lifeforce, fuerza Vital, Desafío total o Asesinos cibernéticos.

O’Bannon nació el 30 de septiembre de 1946 en St.Louis (Missouri). Antes de centrarse en su labor como guionista se interesó por el campo de los FX, llegando a trabajar como supervisor de efectos visuales en la primera entrega de La guerra de las galaxias. Dirigió dos largometrajes, el primero en 1985, El regreso de los muertos vivientes (una secuela del clásico de George A. Romero) y el segundo en 1992, The resurrected (de discreta acogida por parte del público). Falleció el 17 de diciembre de 2009.

Fuente: Sensacine. Aportado por Eduardo J. Carletti



Jodie Holt, profesora de fisiología vegetal en la Universidad de California en Riverside, fue la asesora en botánica de la película Avatar, que se estrena en los cines esta semana

Ella habla con New Scientist acerca de la combinación única de ciencia e imaginación que se necesita para crear las extrañas plantas.

¿Cuál fue su participación en Avatar?

Las plantas de Avatar ya las habían creado cuando me involucraron, por lo que en principio mi función era asesorar a Sigourney Weaver, quien interpreta a una botánica en la película. Luego la compañía de James Cameron, Lightstorm Entretenimiento, me pidió que escribiera una descripción de cada planta para los juegos que han desarrollado. Así que tengo que hacer las descripciones, características y nombres en latín. Algunas son carnívoras, fluorescentes, disparan las puntas venenosas sus hojas, y otras son capaces de moverse o son magnéticas.

¿Dónde comenzó cuando debió pensar acerca de lo que podría ser la vida vegetal en el planeta Pandora?

Lo primero que me vino a la cabeza es ¿cuáles son los principios biológicos aquí?, ¿cómo evolucionan estas plantas y cómo se adaptan a las condiciones en el planeta? Lo que realmente me dejó perpleja al principio era que Pandora se parece a una selva: es muy exhuberante, sin embargo, hay plantas que se parecen a las suculentas, que crecen en los desiertos. Es evidente que esto se debía a que quien había creado estas plantas no era un botánico. Pero si yo las hubiese diseñado, se habrían visto muy normales. Así que decidí que estas suculentas podrían haber evolucionado si el agua estaba atrapada en un suelo tóxico y no estaba disponible para ellas.

Aunque no haya creado las plantas pude influir en el color. Cuando vi por primera vez las plantas, que eran azules, me puse pálida. Usted no recibe calidez y se confunde con una planta azul.

¿Qué consejos le dio a Sigourney Weaver?

Sigourney desempeña el papel de una botánica en un nuevo lugar, que se pasea y descubre las plantas, aprende de ellas y le dice a la gente qué es lo que son. Me reuní con ella y el escenógrafo, y querían saber que vestía y llevaba conmigo en mis viajes de campo, y cuáles observaciones, mediciones y muestras son las que se toman.

¿Está deseando ver la película?

La voy a ver por primera vez el 15 de diciembre con el elenco y el equipo de Los Angeles. Antes de estar involucrada yo no creía que ellos pensaran mucho en la ciencia. Ahora que sé lo que pasó voy a disfrutar más, y no puedo esperar a ver las plantas. Voy a tener que reprimirme para no gritar sus nombres en latín.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti



El Gran Telescopio CANARIAS ha ampliado el horizonte de la población más antigua de nuestra galaxia con el descubrimiento de una pequeña estrella que tiene una décima parte de la masa del Sol, está en la frontera entre las estrellas y las enanas marrones

El nuevo objeto celeste, de miles de millones de años de edad, ha sido bautizado como ULAS1350 y es el más lejano de su clase detectado hasta hoy en la Vía Láctea. Esta subenana podría ser una pieza clave para entender las primeras etapas de la historia de nuestra galaxia.

El equipo de astrónomos europeos responsables del descubrimiento, integrado por miembros del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y del Centro de Astrobiología (CAB), solo necesitó 35 minutos de observación para analizar el objeto con el Gran Telescopio Canarias (GTC), ubicado en el Observatorio del Roque de los Muchachos de la isla de La Palma.

El hallazgo de esta pequeña estrella se difunde hoy en la revista Astrophysical Journal, y ya tiene nombre, ULAS1350. Esta subenana ha sido clasificada de tipo L, y representa la quinta de su clase conocida hasta la fecha y la primera confirmada con el GTC.

Debido a su pequeño tamaño y baja masa, más parecidos a los de un planeta gigante que a los de una estrella solar, estas subenanas resultan buenas candidatas para la búsqueda de planetas extrasolares.

Nicolas Lodieu, director de la investigación desde el IAC, lo explica así: “Nos hemos centrado en esta clase de objetos extremadamente antiguos porque, además de que sólo conocemos otros cuatro como éste, pueden ser clave para entender la formación de la Vía Láctea”.

La reliquia estelar en cuestión se encuentra a una distancia del Sol de entre 300 y 550 años luz, unos cien años luz más lejos que sus cuatro homólogas. Gracias a OSIRIS, el espectrógrafo instalado en el GTC, se han podido observar en el rango visible los rasgos más importantes de este objeto tan débil.

“Su contenido en metales es escaso, podría ser hasta diez veces menor que el del Sol”, señala Lodieu, quien añade que “pudimos estimar también su baja luminosidad y temperatura, entre los 1.000 y 2.000 grados centígrados”.

La importancia de los catálogos de estrellas

Esta fría estrella (la temperatura en la superficie del Sol es hasta cinco veces mayor) fue previamente identificada utilizando el catálogo Large Area Survey de UKIDSS (UKIRT Infrared Deep Sky Survey), un proyecto de observación de grandes áreas del cielo en el rango infrarrojo cercano realizado con un telescopio de 3,8 metros situado en la isla estadounidense de Hawai.

Con la ayuda de un catálogo similar en el rango visible, el Sloan Digital Sky Survey, se confirmó la relativa deficiencia de elementos metálicos en la atmósfera de ULAS1350 respecto al Sol. “Tendremos más candidatos para el futuro porque UKIDSS va a ampliar su cobertura del cielo y, junto a las aportaciones del GTC, se abrirá una nueva puerta que nos permitirá encontrar y estudiar más enanas de este tipo”, apunta el astrofísico.

De acuerdo con los investigadores, la existencia de objetos como ULAS1350 en la vecindad solar es “exótica, extremadamente rara”, por lo que su identificación ha requerido la revisión de cientos de miles de objetos en diferentes archivos astronómicos.

Para realizar este estudio se ha recurrido al Observatorio Virtual, una iniciativa internacional que en España está gestionada por el Centro de Astrobiología y cuyo principal objetivo es el de proporcionar un análisis eficiente del gran volumen de información existente en los centros de datos.

El equipo de la investigación está conformado por Nicolas Lodieu, por parte del IAC, y por María Rosa Zapatero Osorio, Eduardo Martín, Enrique Solano y Miriam Aberasturi, por parte del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

Fuente: sinc. Aportado por Eduardo J. Carletti




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