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AXXÓN!

Archivo de 17 Enero 2010

La sonda espacial Mars Odyssey de la NASA comprobará a partir del próximo lunes, día 18, si el robot Phoenix «sigue con vida»

La sonda cesó en noviembre de 2008 sus comunicaciones con la Tierra, después de completar con éxito cinco meses de misión y enviar «sorprendentes datos» del planeta rojo, además de superar el frío invierno marciano, según ha informado el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por sus siglas en inglés) de la agencia espacial norteamericana.

Los investigadores intentarán «escuchar» a Phoenix, que fue la encargada de descubrir el hielo en Marte, aunque no esperan que esto realmente suceda, ya que el «hardware» de la nave no fue diseñado para sobrevivir a temperaturas extremas y congelaciones.

En el caso poco probable de que ésta todavía esté activa se espera que siga las instrucciones de su ordenador interno, de forma que si el sistema funciona, una vez que los paneles solares acumulen la energía necesaria para ponerse en marcha, Phoenix podría intentar de nuevo la comunicación con la Tierra.

En su momento, la nave completó una misión dos meses superior a lo previsto y si en este caso consigue «resucitar» emplearía alternativamente, durante la toma de contacto, sus dos radios y sus dos antenas. En concreto, Odyssey sobrevolará Phoenix en torno a diez veces por día, durante tres jornadas consecutivas, y en febrero y marzo de este año retomará las campañas de «escucha».

Malos pronósticos«No esperamos que Phoenix haya sobrevivido, y por tanto no creemos que vayamos a escucharla. No obstante, si está transmitiendo, Odyssey la escuchará», ha destacado el jefe de telecomunicaciones del programa de exploración marciana del JPL de la NASA, Chad Edwards.

La cantidad de luz solar que se registra sobre Phoenix en la actualidad es la misma que tuvo lugar en el momento de cese de comunicación el pasado 2 de noviembre de 2008, con 17 horas de sol diarias. Los intentos de escucha se prolongarán hasta cuando el Sol esté sobre el horizonte del planeta con las 24,7 horas del día marciano.

Si finalmente Odyssey no la escucha, el orbitador intentará adentrarse en su señal para obtener más información sobre el estado de la nave. De hecho, uno de los objetivos principales de esta «reconexión» es ver cuál es el estado de las capacidades que todavía retiene Phoenix y determinar qué oportunidades le brinda a la NASA para futuros experimentos.

Desde el pasado 26 de octubre el hemisferio norte marciano, donde se encuentra Phoenix, se encuentra en primavera, por lo que la luz y las temperaturas son más favorables para esta nueva toma de contacto con la Tierra.

Las últimas noticias que se disponen de Phoenix proceden de la sonda de la NASA Mars Reconnaissance Orbiter, que fotografió en dos ocasiones, el pasado 30 de julio y el 22 de agosto, en plena etapa invernal del planeta rojo, a la nave «congelada» en Marte.

Fuente: ABC. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Nada menos que un 8 % de nuestro genoma está compuesto por secuencias genéticas de origen vírico, heredadas de nuestros más remotos antepasados durante millones de años

¿Qué es el hombre? Sabemos que esta pregunta casi ha monopolizado el pensamiento humano desde que empezamos a tener escritura, pero quizás alguno de nuestros antepasados del Paleolítico ya se la planteaba al calor del fuego de campamento bajo un firmamento tachonado de estrellas.

Probablemente ya en esa época nos autocolocamos en un sitio especial de esta supuesta creación, como hijos de los dioses que soñamos ser. A partir de entonces, sobre todo desde el descubrimiento del método científico, estamos realizando un viaje que nos aleja cada día más de esa supuesta divinidad.

No sólo la Tierra no está en el centro del Sistema Solar, ni el Sol ni nuestra galaxia ocupan ningún centro de nada. También somos el producto de una evolución biológica guiada por reglas darwinistas ciegas, producto de una multitud de contingencias. Compartimos con el resto de animales muchas bases neurológicas, e incluso nuestro lenguaje y cultura no son sino un producto mejorado y ampliado de los mismos mecanismos que ya están presentes en otros seres. Los ejemplos son múltiples y cada día habrá más.

Al nacer, multitud de bacterias nos colonizan. Algunas de ellas nos benefician, otras, más oportunistas, nos atacan. Usted tiene 10 bacterias por cada célula somática de su cuerpo. Se calcula que un apreciable porcentaje de su peso lo forman esas bacterias. También los virus nos atacan, conquistando por un tiempo la maquinaria genética de nuestras células. Una historia tan larga de infecciones no puede haber dejado ninguna señal o resto sobre nuestros genes.

Ahora, un estudio reciente ha cuantificado cuánto de nuestro genoma está formado por secuencias genéticas procedentes de un determinado tipo de virus. Nada menos que un 8 % de nuestro genoma está compuesto por secuencias genéticas de origen vírico, heredadas de nuestros más remotos antepasados durante millones de años. Cédric Feschotte y Keizo Tomonaga, de la Universidad de Texas y Osaka respectivamente, publican el estudio en Nature.

Estos investigadores muestran que tanto en el genoma humano como en el de otros mamíferos hay secuencias que derivan de la inserción de bornavirus, que son virus de ARN cuya replicación y trascripción sucede en el núcleo celular. Según ellos, estos genes pueden causar mutaciones que pueden también derivar en enfermedades y desórdenes psíquicos, especulando así sobre sus consecuencias médicas.

La asimilación de secuencias víricas en el genoma receptor se denomina endogenización. Ocurre cuando el ADN vírico se integra dentro de los cromosomas de las células reproductivas que generan los óvulos o espermatozoides. Por tanto, son transmitidos a la siguiente generación. Hasta ahora se creía que sólo los retrovirus eran capaces producir este proceso en los vertebrados. Pero estos investigadores han demostrado que también los no retrovirus, como los bornavirus, son capaces de lograr el mismo resultado.

Los bornavirus (o BDV en sus siglas en inglés) toman su nombre de una ciudad alemana que sufrió una epidemia en 1885 que afectó a los caballos. Los BDV infectan una amplia gama de mamíferos, incluyendo humanos. Son únicos por afectar a las neuronas, consiguiendo establecer una infección persistente en el cerebro del anfitrión. Su ciclo reproductivo transcurre por entero en el núcleo celular. Por tanto, no es de extrañar que estos virus hayan dejado un registro de pasadas infecciones en el genoma de los mamíferos.

Estos investigadores estudiaron los 234 genomas eucariotas que hasta ahora se han secuenciado en busca de cadenas genéticas similares a las que portan este tipo de virus. Encontraron toda una plétora de estas secuencias en muchos mamíferos, así como en el ser humano.

Especulan que estas inserciones víricas podrían ser una fuente de mutaciones en las células cerebrales que produjeran diversas enfermedades mentales como la esquizofenia o los trastornos del ánimo como el trastorno bipolar. De todos modos esta hipótesis, propuesta hace tiempo, es controvertida.

Fuente: Neofronteras. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Aun con el último telescopio espacial lanzando en 2009 hay pocas posibilidades de encontrar un objeto a tal distancia

De existir un mundo así, posiblemente tendría una órbita mucho más allá de la de Plutón o los planetas enanos similares en el Sistema Solar exterior. Probablemente recordaría a una versión congelada de Marte o la Tierra, en el mejor caso, un hogar poco adecuado para la vida. Y no estaría solo.

“Cuando se escriba finalmente la historia del Sistema Solar, es mucho más probable que estemos más cerca de los 900 planetas que de los 9 con los que crecimos”, dijo Alan Stern, científico planetario en el Instituto de Investigación del Suroeste (SwRI) en Boulder, Colorado.

Apenas un puñado de esos potenciales descubrimientos podrían alcanzar el tamaño de la Tierra, en comparación con el enjambre de cuerpos del tamaño de Plutón que Stern y otros esperan encontrar.

Cada objeto —ya sea planeta, planeta enano u otra cosa— serviría como una cápsula del tiempo congelada que podría revelar mucho sobre la evolución inicial del Sistema Solar. Podría incluso forzar a los científicos a pensar de nuevo la definición de planeta, tras la controvertida degradación de Plutón a planeta enano.

Más allá del cinturón

La baja de categoría de Plutón llegó en parte debido a que los astrónomos descubrieron un número de objetos planetarios menores en el Sistema Solar exterior. Los planetas enanos como Eris ocupan una abarrotada región helada más allá de Neptuno conocida como el Cinturón de Kuiper. Pero no ha aparecido un planeta del tamaño de Marte o la Tierra en esa franja.

“Para el Cinturón de Kuiper, ya podemos decir que no hay nada del tamaño de Marte o la Tierra, dado que sus efectos dinámicos serían fácilmente visibles”, dijo Mike Brown, astrónomo de Caltech que lideró los equipos que descubrieron Eris (conocido como “Xena” al principio) y otros planetas enanos.

Uno de los antiguos planetas enanos descubiertos por Brown, Sedna, ocupa una extraña órbita elíptica entre el Cinturón de Kuiper y la más lejana Nube de OOrt, un posible signo de una influencia gravitatoria de otro mundo tan grande como la Tierra, según propuso un astrónomo. Pero Brown sospecha que un objeto tan grande ya habría sido observado.

Brown y Stern dicen que la Nube de Oort representa un proyecto más probable para mundos del tamaño de la Tierra o Marte. La Nube de Oort rodea nuestro Sistema Solar con miles de millones de cuerpos helados a distancias de hasta 50 000 veces la del Sol a la Tierra.

“Una vez que vas más allá del Cinturón de Kuiper, en la región de Sedna o la Nube de Oort, siempre se pueden esconder cosas colocándolas aún más lejos”, dijo Brown a SPACE.com.

Cómo llegaron allí

Brown señala que cualquier futuro descubrimiendo de objetos más grandes en el Sistema Solar exterior sugeriría que los científicos tienen una idea equivocada de cómo se forman los planetas, o que el Sistema Solar inicial tenía más material disponible de lo que se sospechaba antes.

“Sin embargo, más interesante para mi, es que sería una clase completamente nueva de cuerpo de gran tamaño”, dijo Brown. “No tenemos cuerpos de tamaño planetario ricos en hielo en el Sistema Solar, por lo que realmente no sabemos qué aspecto tendrían y cómo funcionarían”.

Stern ha apoyado desde hace mucho la idea de muchos cuerpos del tamaño de planetas merodeando en el Sistema Solar exterior. Se refirió a los modelos por ordenador que muestran cómo podrían haberse formado planetas de tamaño medio durante la creación caótica de gigantes gaseosos como Júpiter, cuando trozos pequeños se acumularon para formar cuerpos mayores.

“Los planetas gigantes limpiaron gravitatoriamente regiones entre ellos, siendo cada uno capaz de arrojar a planetas de tamaño medio y pequeño a las profundidades del Sistema Solar”, explica Stern.

Define ‘planeta’ por mi

Tales planetas de tamaño mediano o pequeño que moran en los confines del Sistema Solar arrojarían renovadas dudas sobre la regla de la Unión Astronómica Internacional (IAU) de 2006. Stern ha critizado severamente la decisión de la IAU, la cual degradó a Plutón en parte debido a su localización en el Sistema Solar.

“La IAU está lentamente empezando a darse cuenta de que ha cometido un grave error”, dijo Stern. Predijo que la organización retractaría su decisión de 2006 si surgieran nuevos descubrimientos de tamaño planetario en el futuro.

Brown considera la decisión de la IAU como una “definición muy clara” que tiene utilidad científica. Pero también reconoce las probables complicaciones con planetas en el Sistema Solar exterior del tamaño de Marte o la Tierra.

“Parece bastante obvio que si se descubriera algo del tamaño de la Tierra, todo el mundo lo llamaría planeta”, dijo Brown. “Por lo que entonces volveríamos a la mesa de diseño, por desgracia”.

Una cuestión de cuándo

La propuesta de planetas mayores lejanos puede tener que esperar hasta que mejore la detección científica. Stern comparó la búsqueda con los actuales telescopios espaciales a “mirar al cielo a través de una pajita de soda”, debido a que la mayor parte de los telescopios tienen una visión extremadamente estrecha del cielo. Incluso los telescopios más potentes sólo pueden observar directamente objetos a aproximadamente 10 veces la distancia de Plutón.

La nave WISE de la NASA tiene una ligera posibilidad de observar un planeta en primer plano con su estudio infrarrojo de todo el cielo, concuerdan Brown y Stern. Pero ambos tienen grandes esperanzas en el Gran Telescopio de Estudio Sinóptico, el cual debería ser capaz de observar objetos del tamaño de la Tierra a, tal vez, 1000 unidades astronómicas (UA), siendo 1 UA la distancia de la Tierra al Sol.

Esas 1000 UA aún se quedan cortas en comparación a la vastedad de la Nube de Oort, la cual ocupa una región de decenas de miles de UA. Aún así, Stern sugiere que la futura exploración espacial podría incluso alcanzar hermanos lejanos de la Tierra, una actitud de “podemos hacerlo” que tal vez refleja su papel como investigador principal de la sonda New Horizons de la NASA que va hacia Plutón.

“La Nube de Oort es el ático del Sistema Solar, con todo tipo de cosas por allí”, dijo Stern. “Simplemente aún no tenemos una escalera lo bastante grande para llegar y echar un vistazo”.

Fuente: Ciencia Kanija. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Datos observacionales de nueve púlsares, incluyendo el púlsar del Cangrejo, sugieren que estas estrellas de neutrones de giro rápido emiten el equivalente electromagnético de un estallido sónico, y un modelo creado para comprender este fenómeno muestra que la fuente de las emisiones podría estar viajando más rápido que la luz

Los investigadores dicen que cuando las corrientes de polarización de estas emisiones son lanzadas con un mecanismo similar a un sincrotrón, las fuentes podrían viaja a seis veces la velocidad de la luz, ó 1,8 millones de km por segundo. No obstante, aunque la fuente de la radiación supere la velocidad de la luz, la radiación emitida viaja a la velocidad normal de la luz una vez que abandona la fuente. “Esto no es ciencia-ficción, y no se viola ninguna ley de la física en este modelo”, dijo John Singleton del Laboratorio Nacional Los Álamos en una rueda de prensa en la reunión de la Sociedad Astronómica Americna en Washington, DC. “Y no se viola la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein”.

Este modelo, conocido como modelo de púlsares supralumínicos, fue descrito por Singleton y su colega Andrea Schmidt como la solución a muchas de las cuestiones sin resolver en los púlsares. “Podemos tener en cuenta un número de probabilidades en este modelo”, dijo Singleton, “y hay una enorme cantidad de datos observacionales disponibles, por lo que hay muchas oportunidades de verificarlo”.

Los púlsares emiten cortos estallidos de ondas de radio sorprendentemente regulares. En las emisiones de los pulsos, las corrientes de polarización circulantes se mueven en una órbita circular, y su radiación emitida es análoga a las instalaciones de sincrotrones electrónicas usadas para producir radiación desde el infrarrojo lejano a los rayos-X para experimentos en biología y otros temas. En otras palabras, el púlsar es una fuente de radiación con un ancho de banda muy amplio.

No obstante, dijo Singleton, el hecho de que la fuente se mueva más rápido que la velocidad de la luz da como resultado un flujo que oscila como una función de frecuencia. “A pesar de la gran velocidad de la propia corriente de polarización, los pequeños desplazamientos de las partículas cargadas que la forman indican que sus velocidades se mantienen por debajo de la de la luz”, comentó.

Estas corrientes de polarización supralumínicas son perturbaciones en la atmósfera de plasma del púlsar en la cual partículas con cargas opuestas se ven mínimamente desplazadas en sentidos opuestos; son inducidas por el campo magnético giratorio de la estrella de neutrones. Esto crea el equivalente electromagnético del estallido sónico de un avión supersónico que acelera. De la misma foma que puede oirse perfectamente el “estallido” muy lejos de la nave, las señales análogas del púlsar siguen siendo intensas a lo largo de grandes distancias.

Ya en la década de 1980, el Premio Nobel Vitaly Ginzburg y sus colegas demostraron que tales corrientes de polarización más rápidas que la luz actuarían como fuentes de radiación electromagnética. Desde entonces, la teoría ha sido desarrollada por Houshang Ardavan de la Universidad de Cambridge en el Reino Unido, y varias demostraciones en tierra de dicho principio han sido llevadas a cabo en el Reino Unido, Rusia y los Estados Unidos. Hasta el momento, se ha demostrado que las corrientes de polarización que viajan a seis veces la velocidad de la luz emiten estallidos muy focalizados de radiación en los experimentos en tierra.

Aunque la presentación de Singleton y Schmidt fue muy técnica, según reconocieron estaba por encima de gran parte de los asistentes (y la audiencia on-line), los investigadores de LANL dijeron que el modelo supralumínico encaja con los datos del púlsar del Cangrejo y con otros ocho púlsares, extendiendo las frecuencias electromagnéticas desde radio a rayos-X. En cada caso, el modelo supralumínico tuvo en cuenta todo el conjunto de datos a lo largo de 16 órdenes de magnitud de frecuencia con básicamente sólo dos parámetros ajustables. En contraste con anteriores intentos, donde se han usado varios disparatados modelos para encajar los rangos de frecuencias pequeñas de los espectros del púlsar, dijo Schmidt que sólo un proceso de emisión pueden tener en cuenta todo el espectro del púlsar.

“Creemos que podemos explicar todos los datos observacionales usando este método”, dijo Singleton.

Cuando se le preguntó, Singleton dijo haber recibido algunas reacciones hostiles a su modelo dentro de la comunidad de púlsares, pero muchos otros habían estado “desinteradamente dispuestos debido a que explica muchos de sus datos”.

Ampliación: Francis nos deleita con una entrada complementaria a este artículo explicando nuestras dudas sobre el proceso supralumínico en cuestión. ¡Gracias Francis!

Fuente: Ciencia Kanija. Aportado por Eduardo J. Carletti

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