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Archivo de 19 Enero 2010

Un fuego barriendo a través del Sistema Solar interior puede haber quemado la mayor parte del carbono de la Tierra y otros planetas interiores

A pesar de que nuestro planeta aloja vida basada en el carbono, tiene un misterioso déficit de este elemento. El elemento es miles de veces más abundante en los cometas del Sistema Solar exterior que en la Tierra, en relación con la cantidad de silicio que contiene cada cuerpo. El Sol es igualmente rico en carbono. “En realidad no hay mucho carbono formando la Tierra en comparación con el que estaba disponible”, dice Edwin Bergin de la Universidad de Michigan en Ann Arbor.

La explicación convencional para este déficit sostiene que en la región interior del disco de polvo donde se formó la Tierra la temperatura subió a más de 1800 grados Kelvin, suficiente para hacer que el carbono se evaporara. Pero las observaciones del desarrollo de sistemas solares indican que a la distancia que está la Tierra del Sol, la temperatura sería demasiado fría para vaporizar el polvo de carbono.

Ahora, un equipo de astrónomos dice que el culpable fue el fuego. Calientes atomos de oxígeno en el disco de polvo se combinarían con facilidad con el carbono, quemándolo para producir dióxido de carbono y otros gases, dice Jeong-Eun Lee, de la Universidad Sejong de Seúl, Corea del Sur, y sus colegas, que incluyen a Bergin, en un artículo que aparecerá en The Astrophysical Journal Letters (arxiv.org/abs/1001.0818). Todo carbono sólido en el Sistema Solar interior habría sido destruido en pocos años, calculan.

Respalda la teoría el hecho de que la abundancia de carbono en el cinturón de asteroides que rodea los planetas interiores aumenta cuanto más lejos se va del Sol.

El carbono que la Tierra contiene ahora debe haber sido aportado más tarde por los asteroides y cometas que se formaron fuera del alcance de este fuego primitivo, dicen los investigadores. Esto puede haber tenido un beneficio indirecto: las reacciones químicas en el Sistema Solar exterior pudieron haber transformado los compuestos de carbono simples en moléculas más complejas, como aminoácidos, que son ingredientes clave de la vida, dice Bergin.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Los científicos han encontrado que una misteriosa cinta observada en el borde del Sistema Solar resulta ser un reflejo de partículas emitidas desde el Sol

La cinta espacial —una larga banda de emisiones de partículas de alta energía— fue observada por primera vez el año pasado por la nave IBEX (Explorador de la Frontera Interestelar) de la NASA , que estudia los límites entre nuestro Sistema Solar y el resto de la galaxia. Los científicos quedaron desconcertados, y llamaron al descubrimiendo un “resultado impactante”.

Pero ahora los investigadores creen que han descubierto el origen de la bizarra estructura.

“Creemos que la cinta es un reflejo”, dijo Jacob Heerikhuisen, un heliofísico invitado por la NASA de la Universidad de Alabama en Huntsville. “Es donde las partículas de viento solar chocan de frente con el espacio interestelar y se reflejan de vuelta al Sistema Solar en un campo magnético galáctico”.

El Sol emite una corriente de partículas cargadas a la que se conoce como viento solar. Al parecer, estas partículas viajan hasta el borde del Sistema Solar, donde se encuentran con un potente campo magnético que procede del resto de la galaxia, que las impulsa de regerso hacia la dirección en que vinieron.

“Éste es un importante hallazgo”, dijo Arik Posner, científico del programa IBEX en las oficinas centrales de la NASA en Washington, D.C. “El espacio interestelar justo más allá del borde del Sistema Solar es un territorio en su mayor parte inexplorado. Ahora sabemos que podría haber un potente y bien organizado campo magnético justo en nuestras puertas”.

IBEX es una nave en órbita sobre la Tierra que fue lanzada en octubre de 2008 para monitorizar los átomos neutros que llegan originados a miles de millones de kilómetros de distancia, en el límite entre el Sistema Solar y el frío espacio.

La cinta que vio IBEX es enorme y se extiende casi por toda la estensión del cielo, lo que indica que el campo magnético detrás de ella debe ser igualmente enorme. La estructura no emite luz, sino que envía partículas neutras energéticas que capta IBEX.

“Si este mecanismo es corecto —y no todo el mundo está de acuerdo— entonces la forma de la cinta nos dice mucho sobre la orientación del campo magnético en nuestro rincón de la galaxia de la Vía Láctea”, dijo Heerikhuisen.

El Sistema Solar está pasando a través de una región de la Vía Láctea repleta de rayos cósmicos y nubes interestelares. El campo magnético de nuestro Sol, inflado por el viento solar en una burbuja a la que se conoce como heliosfera, nos protege sustancialmente de estas cosas. Sin embargo, la burbuja en sí es vulnerable a los campos externos. Un potente campo magnético justo ahí fuera del Sistema Solar podrían hacer presión sobre la heliosfera e interactuar con ella de manera desconocida.

“IBEX monitorizará la cinta de cerca en los próximos meses y años”, dijo Posner. “Podríamos ver cambiar la forma de la cinta, y eso nos diría cómo estamos interactuando con la galaxia”.

Los investigadores informaron sus hallazgos en el ejemplar del 10 de enero de la revista Astrophysical Journal Letters.

Fuente: Space. Aportado por Eduardo J. Carletti

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El escenario es perfecto para una espeluznante explosión. Sin embargo, no sucede

Una vieja y pesada estrella se encuentra a punto de experimentar una muerte espectacular. A medida que su reserva de energía nuclear disminuye, la estrella comienza su colapso bajo su propio y enorme peso. La aplastante presión en su interior se dispara, provocando de este modo nuevas reacciones nucleares (que constituyen el escenario perfecto para una espeluznante explosión). Pero luego… no ocurre nada.

Al menos esa es la información que los astrofísicos han estado recibiendo de sus supercomputadoras durante décadas. Muchos de los mejores modelos de explosiones de supernovas realizados por computadora no han logrado producir una explosión. En cambio, y de acuerdo con estas simulaciones, la gravedad sale victoriosa de la pelea y la estrella simplemente colapsa.

Queda claro entonces que a los físicos se les está escapando algo.

“En verdad, todavía no entendemos cómo es que funcionan las supernovas producto de estrellas masivas”, dice Fiona Harrison, una astrofísica del Instituto de Tecnología de California. Entendemos mucho mejor la muerte de estrellas relativamente pequeñas, pero respecto de las estrellas más grandes (aquellas que tienen casi nueve veces la masa del Sol), la física simplemente no ofrece una explicación.

Modelo creado por computadora de una supernova que rota velozmente y cuyo centro colapsará. Las observaciones que ha realizado el telescopio NuSTAR de remanentes de supernova reales proporcionarán datos de suma importancia para los modelos y ayudarán a explicar el modo en que las supernovas masivas logran explotar. Crédito: Fiona Harrison/Caltech

Algo debe de estar ayudando a esa fuerza de radiación a empujar hacia afuera, y a otras presiones, para ganar la pelea contra la gravedad, que ejerce su fuerza hacia el interior de la estrella. Para descubrir ese “algo”, los científicos deben examinar el interior de una supernova verdadera durante su proceso de explosión, ¡lo cual no es particularmente fácil de hacer.

Pero eso es exactamente lo que se propone Harrison, utilizando un nuevo telescopio espacial llamado Conjunto de Telescopios Espectroscópicos Nucleares o NuSTAR, por su sigla en idioma inglés, que la investigadora se encuentra desarrollando junto con sus colegas.

Una vez que despegue a bordo del cohete Pegasus, en el 2011, el NuSTAR proporcionará a los científicos una visión sin precedentes de los rayos-X de alta energía que provienen de remanentes de supernova, agujeros negros, blazars y otros fenómenos cósmicos extremos. NuSTAR será el primer telescopio espacial capaz de enfocar estos rayos-X de alta energía, produciendo imágenes casi cien veces más claras que las que pudieron obtenerse con los telescopios anteriores.

Usando el NuSTAR, los científicos buscarán pistas que les ayuden a determinar las condiciones que reinan en el interior de una estrella en explosión, grabadas en el patrón de elementos dispersos en la nebulosa que queda luego de que la estrella explota.

Dibujo del NuSTAR. La óptica para enfocar rayos-X requiere longitudes focales muy largas; de allí el mástil desplegable de 10-metros de largo, el cual se extiende después del lanzamiento

“No se tiene muy a menudo la posibilidad de ver este tipo de explosiones; las que se producen lo suficientemente cerca como para estudiar en detalle”, dice Harrison. “Lo que sí podemos hacer es estudiar los remanentes. Tanto la composición como la distribución del material en los remanentes ofrecen mucha información sobre la explosión”.

Un elemento en particular es de singular importancia: el titanio-44. La creación de este isótopo de titanio, por medio del proceso de fusión nuclear, requiere una combinación específica de energía, presión y materias primas. En el interior de la estrella que colapsa, esa combinación se desarrolla a una profundidad muy especial. Todo lo que se encuentre por debajo de ese nivel de profundidad sucumbirá a la fuerza de gravedad y colapsará sobre sí mismo formando de ese modo un agujero negro. Todo lo que esté sobre ese nivel de profundidad saldrá disparado hacia afuera durante la explosión. El titanio-44 tiene su origen justo en la cúspide.

Entonces, el patrón relacionado con la manera en que el titanio-44 yace dispersado a través de una nebulosa puede revelar muchísimo acerca de lo que ocurrió en el umbral crucial de la explosión. Esa información podría servir a los científicos para descubrir los errores en sus simulaciones realizadas por computadora.

El telescopio NuSTAR construirá un mapa de la distribución del titanio-44 en remanentes de supernova como este, Cassiopeia A, buscando evidencia de asimetrías. Crédito de la imagen: Observatorio Chandra de Rayos-X

Algunos científicos están convencidos de que los modelos existentes realizados por computadora son demasiado simétricos. Hasta hace poco tiempo, incluso con poderosas supercomputadoras, los investigadores sólo han podido simular una porción unidimensional de la estrella. Ellos asumen que el resto de la estrella se comporta de manera similar, de modo que diseñan la simulación de la implosión en todas las direcciones radiales.

Pero, ¿qué sucedería si lo que asumen es incorrecto?

“Las asimetrías podrían ser la clave”, dice Harrison. En un colapso asimétrico, las fuerzas que apuntan desde el centro de la estrella hacia afuera podrían ser capaces de vencer en algunos lugares, aun cuando la aplastante fuerza gravitatoria salga victoriosa en otros. De hecho, algunas simulaciones bi-dimensionales llevadas a cabo recientemente sugieren que las asimetrías podrían ayudar a esclarecer el misterio de “la supernova que no explota”.

Si el NuSTAR observara que se encuentra titanio-44 distribuido de manera desigual, eso podría representar evidencia de que las explosiones mismas también fueron asimétricas, explica Harrison.

Para poder detectar el titanio-44, el NuSTAR tiene que ser capaz de enfocar rayos-X de muy alta energía. El titanium-44 es radioactivo y, cuando se descompone, libera rayos gamma con la energía de 68 kilo-electronvoltios (keV). Los telescopios de rayos-X existentes, tal como el Observatorio Chandra de Rayos-X, de la NASA, sólo pueden concentrar rayos-X con energía de aproximadamente hasta 15 keV.

Las lentes normales no son capaces de concentrar los rayos-X. El vidrio provoca un pequeño desviamiento de los rayos-X, de modo que para que una lente hecha de vidrio sea capaz de desviar los rayos-X lo suficiente como para poder concentrarlos, tendría que ser tan gruesa que terminaría absorbiendo estos rayos en lugar de desviarlos.

Los telescopios que detectan rayos-X utilizan un tipo de lente completamente diferente. Se llama óptica Wolter-I y está compuesta por muchas capas en forma cilíndrica, cada una de ellas un poco más pequeña que la anterior y colocada en el interior de la anterior capa. El resultado es una especie de cebolla cilíndrica (si tal cosa existiera) con pequeños espacios entre las capas.

La 'trayectoria de luz' de los rayos-X de la cámara EPIC del satélite XMM-Newton, un diseño Wolter-I muy parecido al utilizado por el NuSTAR. Crédito: ESA/ESTEC

Los rayos-X que ingresan pasan entre estas capas, las cuales los guían hacia la superficie focal. Estrictamente hablando, no se trata de una lente, porque los rayos-X son reflejados desde las superficies en vez de pasar a través de estas del mismo modo en que la luz pasa a través de una lente de vidrio. No obstante, el resultado final es el mismo.

La óptica Wolter-I del telescopio NuSTAR contiene un revestimiento especial de precisión atómica, el cual hace que sus capas puedan reflejar rayos-X con energías tan altas como 79 keV. Harrison y sus colegas han dedicado años al perfeccionamiento de las delicadas técnicas de construcción de estas capas de alta precisión. Junto con un nuevo sensor que es capaz de soportar estas altas energías, tales capas, fabricadas cuidadosamente, son lo que permite al NuSTAR obtener imágenes de estos rayos-X de alta energía, que están relativamente inexplorados.

Y los descubrimientos no cesarán con las supernovas. Muchos de los fenómenos más extremos, los cuales incluyen a los agujeros negros super masivos y a los blazars, emiten rayos-X de alta energía. El NuSTAR nos dará una nueva ventana a un universo en su carácter más extremo.

Fuente: NASA. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Una simulación por computadora logra explicar la falta de materia oscura en galaxias enanas introduciendo las consecuencias que tendrían las explosiones de supernovas

Hay un tema recurrente en la astrofísica moderna que no deja de dar problemas, y al parecer no tiene una solución satisfactoria, pese a que a veces es un estorbo y otras un ingrediente. Se trata, naturalmente, del problema de la materia oscura. Esa parte de masa del Universo que no vemos y cuya naturaleza desconocemos.

La materia oscura es un ingrediente fundamental o básico en los modelos cosmológicos. Sin materia oscura de uno u otro tipo (fundamentalmente a los cosmólogos les basta con considerar si es fría o caliente) los modelos cosmológicos no funcionarían. De hecho, la materia ordinaria suele ser un simple condimento a la receta que prácticamente no se tiene en cuenta. El grueso de la evolución cosmológica está protagonizado por la materia oscura, que crea una red irregular sobre la cual se condensa por gravedad la materia ordinaria y, por tanto, las estrellas que vemos. Las galaxias, según esta visión son en su mayoría materia oscura y se desprecia la influencia de la materia ordinaria en el proceso de formación.

Durante cerca 20 años los científicos han intentado resolver una discrepancia en los modelos de materia oscura fría. Problema al que han denominado “catástrofe de la materia oscura fría”. Ahora un grupo de científicos internacionales dirigidos por Lucio Mayer, de la universidad de Zurich, creen haber resuelto esta paradoja en la simulación de formación de galaxias enanas.

La presencia de materia oscura fría en los modelos resuelve muchos problemas cosmológicos y permite describir, entre otras cosas, la distribución de galaxias a gran escala. Sin embargo, cuando se trata de aplicarlo a galaxias enanas, del orden de decenas de miles de años luz de tamaño, el modelo fracasa.

Básicamente, la predicción dice que la región central de estas galaxias debería rotar a una velocidad mayor de lo que lo hace en la realidad. Lo que implica una mayor cantidad de materia oscura fría presente en ese tipo de galaxias de la que realmente hay.

Hasta ahora los intentos de resolver esta paradoja han terminado en fracaso. Sin embargo, un grupo internacional parece que por fin ha resuelto el problema.
En sus simulaciones computacionales tuvieron en cuenta, por primera vez, no solamente la influencia de la materia oscura en la formación de este tipo de galaxias, sino además el comportamiento altamente complejo de la materia ordinaria (bariónica). Las simulaciones se realizaron a alta resolución con varios supercomputadores de la NASA, que totalizaban 250 microprocesadores, y se necesitaron 2 meses para poder realizarlas.

Estos científicos muestran que durante la explosión de supernovas no solamente se expulsa materia ordinaria, sino que también se empuja a la materia oscura. Este proceso logra expulsar suficiente cantidad de materia oscura fuera de la parte central de la galaxia como para que la velocidad de rotación de ésta coincida con lo observado.

Fuente: NeoFronteras. Aportado por Eduardo J. Carletti

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