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Los ciborgs simbolizan uno de nuestros mayores temores: que con el tiempo vamos a estar tan inmersos en nuestra tecnología que perderemos nuestra humanidad

Los ciborgs —seres humanos fusionados con máquinas— son un elemento clásico de la ciencia ficción. Darth Vader en Star Wars, los Borgs en Star Trek y los Cybermen en el Dr. Who son variaciones sobre este tema, y no es por casualidad que todos ellos son chicos malos. Los ciborgs simbolizan uno de nuestros mayores temores: que con el tiempo vamos a estar tan inmersos en nuestra tecnología que perderemos nuestra humanidad.

La aplicación en la vida real de la ciencia cyborg está lejos de ser horrible. La tecnología médica ha desarrollado marcapasos, bombas de insulina, aparatos auditivos e incluso chips de computadora para el cerebro para tratar la depresión y la enfermedad de Parkinson. En ese sentido, ya estamos en el camino de convertirnos en ciborgs.

Los transhumanistas creen que el desarrollo de esa tecnología llevará un día a los “humaos versión 2,0 “, una actualización del cuerpo humano que no sólo elimine muchos de los problemas que nos acosan, sino que mejore el diseño humano básico. Por ejemplo, algunos transhumanistas imaginan un día en el que el cerebro humano sea recableado con chips de computadora, lo que nos permitiría pensar, aprender y comunicarnos con una velocidad y precisión sin precedentes.

Hay un salto ético entre el uso de tecnología para ayudar a las personas a superar sus discapacidades, y usarla para “mejorar” a seres humanos sanos. La novela de ciencia ficción Cyborg del año 1972 de Martin Caidin, que se convirtió en el popular programa de televisión The Six-Million-Dollar Man (El hombre biónico, en Argentina), salta el vacío al crear un superhombre cyborg como una manera de salvarle la vida. El personaje principal era un piloto de pruebas de la NASA que sufrió lesiones traumáticas al estrellarse cuando su avión. Sus piernas, el brazo izquierdo y un ojo fueron sustituudos por partes biónicas, dándole mayor velocidad, fuerza y visión.

La novela de Martin Caidin pudo haber sido inspirada por las discusiones que tenían lugar en la comunidad espacial más o menos para esa época. La NASA había considerado la posibilidad de modificar personas, no para crear súper héroes, sino para ayudarnos a viajar a otros planetas y las estrellas.

Construyendo un mejor astronauta

Sin traje espacial, una persona sólo podría sobrevivir unos 90 segundos en el vacío del espacio. No sólo falta oxígeno para respirar en el espacio, sino que la presión de vacío hace que la sangre en las venas burbujee y se expanda. El espacio es tan frío —menos 270 C (menos 454 F)— que se congelaría en poco tiempo. La radiación es otro modo de destrucción: el espacio contiene rayos gamma y X de alta energía, así como la luz ultravioleta, de menor energía pero dañina.

En 1960, Manfred Clynes y Nathan Kline publicaron un ensayo en Astronautics titulado Cyborgs in Space (“Cyborgs en el espacio”). Comparando el hombre en el espacio con un pez fuera del agua, señalaron que, si bien usted puede llevar todo lo que necesita a sus exploraciones del espacio, su “la pecera estalla con demasiada facilidad.”

Sin embargo, si el cuerpo humano fuese alterado para adaptarse a las condiciones del espacio , los astronautas tendrían libertad para explorar el universo sin límitaciones.

“La solución de los problemas técnicos involucrados en los vuelos espaciales tripulados que adaptan el hombre al entorno, y no al revés, no sólo marca un importante paso adelante en el progreso científico del hombre, sino que también puede proporcionar una nueva y más amplia dimensión para el espíritu del hombre”, escriben los autores.

El artículo de Kline y Clynes acuñó el término “cyborg”, y la NASA siguió sus sugerencias, encargando un estudio sobre el tema. En 1963 lanzaron “The Cyborg Study: Engineering Man for Space”, y se revisó la posibilidad de sustitución de órganos, así como la posibilidad de utilizar drogas e hibernación para hacer menos estresantes los viajes espaciales. El informe concluyó que la sustitución del corazón, los pulmones y los riñones —los órganos que sufren más estrés en los viajes espaciales— no era factible con la tecnología disponible en ese momento.

Al estudiar cómo se podrían utilizar la hibernación y las drogas para tratar el estrés psicológico físico, el planteo del estudio incluyó un control maestro sobre el cerebro de un astronauta y su cuerpo. La discusión académica actual sobre los estudios cyborg abarca una visión más amplia de “cyborg”, significando la repercusión general de la tecnología en nuestras vidas.

“Se podría decir que la ciborgización comenzó las pieles y el fuego, y sin duda con las gafas y prótesis dentales”, dice James Hughes, especialista en ética médica en el Trinity College en Hartford, Connecticut.

Hughes es el autor del libro Citizen Cyborg: Why Democratic Societies Must Respond to the Redesigned Human of the Future (Ciudadano ciborg: ¿Por qué las sociedades democráticas deben responder a los humanos rediseñados del futuro). Hughes dice que hay que reconocer que ya estamos viviendo en la “Edad del Cyborg”. Este proceso ha sido gradual pero constante, y a medida que avanza la tecnología médica, más personas optan por las ventajas de las últimas innovaciones, siempre y cuando estén convencidos de que los beneficios superan los riesgos. Hughes señala la cirugía ocular LASIK como un ejemplo.

“Yo sigo usando anteojos, y una de las razones es que quiero ver más pruebas de que LASIK realmente funciona de la manera que se supone que debe hacerlo”, dice Hughes. “No me han convencido. Creo que mucha gente tendrá esta reacción a que se adhiera un circuito en su cerebro. Su computadora portátil es casi obsoleta el día que la compra, así que por qué querría meter algo en su cerebro cuando se necesitaría una cirugía para reemplazarlo?”

Hoy en día, un implante quirúrgico en el cerebro, como el que se utiliza para tratar la enfermedad de Parkinson, es un remedio de última instancia. Pero si la tecnología fuera más benigna, con una forma más fácil de que la gente descargue la última actualización, estos implantes podrían ser más comunes.

“Se puede imaginar que usted podría tragar una píldora de nanotecnología, y los nanobots se liberarían en el intestino y migrarían más allá de la barrera sangre-cerebro para llegar a donde se espera que deben ir”, dice Hughes. “Usted podría, en teoría, darles instrucciones, y decir, ‘Es tiempo de que salgan de allí, porque deseo la próxima actualización. Todos ellos mueren y salen en la orina, y luego se toma otra pastilla.”

Kevin Warwick, del Cybernetic Intelligence Research Group en la Universidad de Reading en Inglaterra, no espera la invención de nanobots médicos. Tiene un dispositivo informatizado que fue implantado quirúrgicamente en su brazo en dos experimentos separados.

Tal como se relata en su libro, I, Cyborg, el primer experimento implicó un chip de identificación por radiofrecuencia (RFID) dentro de un tubo de vidrio. El tubo se insertó bajo la piel en el brazo, y el chip RFID se comunica con una computadora.

En el segundo experimento, más invasivo, picos de un microarreglo de silicio afectan directamente el nervio medio en su brazo izquierdo. Esta matriz de 100 electrodos permite que su sistema nervioso reciba señales de un ordenador. Warwick y sus colegas realizaron varios experimentos, incluyendo la operación de una silla de ruedas, el envío de señales a través de Internet y comunicación humano a humano (a través de un cable implantado en el brazo de su esposa). El implante en los nervios de Warwick fue retirado después de varios meses, luefo de que terminaron los experimentos previstos.

Warwick dice que, aparte de las sensaciones de cosquilleo en los dedos debido a la regeneración de la fibra nerviosa, no experimentó ningún efecto físico inusual por el implante. Antes del experimento, se había preguntado si su cerebro siquiera respondería a las señales eléctricas. ¿Si acepta las señales, será capaz de traducirlas? O ¿abrumarían su cerebro los nuevos e inusuales datos? Por suerte, su cerebro pudo darle sentido a esa entrada; pero cuando habla de su experimento con los neurocirujanos o los otros médicos, a menudo expresa su preocupación.

“Varios cirujanos han dicho que podría haber tenido serios problemas con poner corriente eléctrica en mi sistema nervioso, que estaba yendo a mi cerebro”, dice Warwick. “Algunas de las señales fueron muy fuertes, porque estábamos tratando de forzar al cerebro a no ignorarlas. Mi cerebro podría haber decidido irse de vacaciones, o podría haberse vuelto loco. Es probablemente, también, que yo no pudiese saber del todo que las cosas iban mal “.

A pesar de estos riesgos, Warwick ve un enorme potencial en el desarrollo de chips de computadora implantables. Actualmente está tratando de mejorar el implante de cerebro para Parkinson y así predecir mejor la aparición de temblores. Él también piensa que se podrían utilizar chips de computadora para hacer un puente en aquellas fibras nerviosas rotas, dándole de nuevo el movimiento a las partes paralizadas del cuerpo, pero este concepto sigue siendo puramente especulativo.

“En una seria rotura o lesión grave, una gran pregunta es cuánto puede volver a funcionar”, dice Warwick. “No vemos por qué la gente no ha probado [usar chips de computadora para estimular los nervios dañados] aún, porque parece una cosa que se podría probar.”

Una gran cantidad de tecnología ciborg sigue siendo especulativa o está muy lejos de la aplicación práctica. El desarrollo de órganos artificiales no está más avanzado de lo que estaba disponible cuando la NASA encargó su estudio ciborg.

Aunque los corazones artificiales y los pulmones ahora son más compactos y mejores para el trabajo que fueron diseñados, se utilizan principalmente como reemplazo temporal para ayudar a los pacientes a sobrevivir hasta que estén disponibles los órganos apropiados de donantes.

Los riñones artificiales —máquinas de diálisis— son los que han planteado el desafío más grande, en parte por la necesidad de filtrar grandes cantidades de líquido. En los 60, los riñones artificiales eran del tamaño de un refrigerador. Hoy en día, los dispositivos más pequeños todavía no son implantables, pero un prototipo reciente se puede vestir como un cinturón de herramientas muy voluminoso. Incluso ahora se están desarrollando huesos, sangre, piel, ojos, e incluso narices artificiales, y es posible que cada uno de ellos podría ayudar al hombre a hacer frente a las condiciones del espacio. En tanto la entidad resultante todavía tenga un cerebro humano, se puede considerar como un ciborg en lugar de un androide (un robot que se parece a un humano).

Sin embargo, la NASA no se está dedicando a pensar en estos días en cómo construir un astronauta mejor. Su Programa de Investigación Humana se centra en la forma en que las drogas, el ejercicio, los trajes espaciales y una mejor protección contra la radiación pueden mitigar los efectos del entorno espacial sobre la salud humana. Hay más debate en la comunidad espacial sobre la manera de alterar planetas enteros para que sean aceptables para los seres humanos —un proceso llamado “terraformación”— del que hay para cambiar el hombre y adaptarlo al espacio.

Una de las razones por la cual la NASA tiene poco interés en ciborgs se puede deber a su enfoque de llevar a los astronautas de vuelta a casa a salvo. Los seres humanos alterados por la vida en el espacio podrían no estar demasiado bien en la Tierra. La adaptación por la permanencia es un tema de los futuros colonos de Marte, también, debido a que a lo largo del tiempo la gravedad más débil podría dar como resultado huesos más delgados. Mientras que algunos han abogado por los “viajes de ida solamente”, con la gente viviendo el resto de sus vidas en Marte, los actuales planes de la NASA prevén estancias de sólo 500 días.

Warwick está decepcionado por la falta de investigación de la NASA sobre las posibilidades de un crear cuerpo de ciber-astronautas.

“Están tomando la opción más fácil en cuanto a la opinión pública se refiere”, dice Warwick. “Ciertamente, no es lo más emocionante en cuanto a investigación se refiere, y por tanto [no es el campo] que tenga mayor potencial. Así que es una vergüenza”.

Pero Hughes dice que los astronautas, junto con todas las otras personas en la Tierra, terminarán inevitablemente con actualizaciones ciborg.

“Creo que todos vamos a ser modificados en varias cosas en este siglo”, dice Hughes. “Ciertamente, los rigores de los viajes espaciales van a suponer bioingeniería extensa, a menos que lleguemos a alguna increíble ciencia material. Así que supongo que, al igual que el tipo de cosas que todos vamos a estar haciendo en la Tierra, los astronautas harán uso de esas cosas “.

Fuente: Space. Aportado por Eduardo J. Carletti

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