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Archivo de 3 Junio 2010

Se necesita aeronave para llevar un experimento científico de la NASA. Sólo se aceptan vehículos llenos de helio

El dirigible gigante de E-Green Technologies, que será lanzado en los próximos meses, nos retrotrae a los gloriosos días del Zeppelin en la década de los 30, aunque tiene solamente una cuarta parte del tamaño. La nave, de aproximadamente 20 por 70 metros, está diseñada para elevar hasta 900 kilogramos a una altura de 6.000 metros, y viajar a 130 kilómetros por hora.

Estas aeronaves son plataformas perfectas para observar la superficie de la Tierra y para estudiar el clima y la atmósfera. La primera carga que transportará el dirigible será un experimento sobre la humedad del suelo desarrollado por la NASA y la universidad Old Dominion en Virginia. “La cualidad que tiene un dirigible de situarse en las alturas es una ventaja para la ciencia”, dice Ian Murphy de E-Green.

Según Anthony Masinton de la Universidad de York, Reino Unido, una aeronave así podía ser útil para un estudio geológico a gran escala. Las lecturas desde el aire de los cambios en el campo magnético local pueden revelar los tipos de rocas que están bajo la superficie de la Tierra, por ejemplo.

Los fabricantes también esperan que la aeronave pueda utilizarse para transmisiones y defensa. Los militares pueden usarla para comunicaciones, o incluso para llevar armas. La compañía afirma que el material de la cubierta exterior es resistente a las balas.

Si deseas comprarte uno tendrás que tener los bolsillos profundos. La flotabilidad de la nave llena de helio implica que utiliza menos combustible que los aviones y los helicópteros. Pero el precio es de 8 millones de dólares, y ésta es sólo la cuota inicial.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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¿Está soplando burbujas gigantes la Vía Láctea?

Un par de burbujas de rayos gamma, con la forma de un reloj de arena, parecen haber sido arrojadas desde el agujero negro que, se piensa, se encuentra en el centro de nuestra galaxia. Eso es de acuerdo a los últimos mapas del telescopio espacial Fermi de rayos gamma. Con su telescopio de gran área ha estado explorando todo el cielo cada tres horas desde junio de 2008.

El origen de las burbujas es un misterio, pero parece poco probable que la responsable sea la materia oscura. Esto fue lo que Douglas Finkbeiner, del Centro Harvard-Smithsoniano para Astrofísica en Cambridge, Massachusetts, empezó a sospechar cuando miraba los mapas con sus colegas el año pasado ( arxiv.org/abs/0910.4583 ).

Pero un nuevo análisis con más datos del Fermi indica que la radiación gamma traza un par de burbujas diferentes que abarcan unos 65.000 años luz de extremo a extremo; esto por encima del disco de 2.000 años luz de grosor de la galaxia ( ver imagen ).

Esta forma bien definida es incompatible con la materia oscura, que se espera esté distribuida de manera pareja y que produzca un resplandor difuso, a partir de los rayos gamma que se producen cuando las partículas de materia oscura se encuentran y aniquilan entre sí. “Estamos convencidos de que la mayoría de las emisiones no son de materia oscura”, dice la estudiante Meng Su, alumna de Finkbeiner .

Por el contrario, piensan que las burbujas pueden haber sido desplazadas por una explosión de nacimiento de estrellas masivas de corta vida, que surgieron en un estallido de formación de nuevas estrellas hace cerca de 10 millones de años. Alternativamente, las burbujas puede haber sido formadas hace unos 100.000 años por chorros de de materia a alta velocidad creada cuando una cantidad de material correspondiente a 100 soles cayó en el agujero negro del centro de nuestra galaxia. El equipo presentó su análisis la semana pasada en la reunión de la American Astronomical Society en Miami, Florida ( arxiv.org/abs/1005.5480 ).

Los miembros del equipo de Fermi también han encontrado mayor cantidad de radiación gamma de lo esperado en la región, pero dicen que es demasiado pronto para decir si esta toma la forma de un reloj de arena ni cuál puede ser ser su origen.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Es probable que el objeto que se estrelló contra Júpiter en 2009, dejando una oscura cicatriz, fuese un asteroide, según un nuevo estudio basado en la luz ultravioleta sobre imágenes del Telescopio Espacial Hubble

Las consecuencias del impacto del 2009 fueron notablemente diferentes de la colisión en 1994 del cometa Shoemaker-Levy 9. Los fragmentos del cometa dejaron manchas oscuras mucho más grandes cuando el planeta se observó en longitudes de onda ultravioleta.

Foto: NASA / ESA / MH Wong y la Universidad de California, Berkeley / HB Hammel / Space Science Institute / I de Pater / Equipo de Impacto Júpiter

Eso podría ser porque los cometas tienen una atmósfera polvorienta, llamada coma, mucho más grandes que sus núcleos sólidos. El material de la coma del Shoemaker-Levy 9 llovió sobre un área amplia y produjo las manchas oscuras especialmente grandes que se vieron en 1994.

Es probable que el agujero más nítido, como la cicatriz de una bala, que dejó el impactador del 2009, fue causado por un asteroide, que carece de coma, de acuerdo con el nuevo estudio del Hubble conducido por Heidi Hammel del Instituto de Ciencia Espacial en Boulder, Colorado.

El asteroide pudo haber tendio 500 metros de diámetro, y la colisión fue poderosa, equivalente a la explosión de miles de bombas nucleares, según un comunicado de prensa del Space Telescope Science Institute, que administra las observaciones del Hubble.

Esta publicación también procura identificar el posible culpable. En base a la forma alargada del impacto, los investigadores calcularon las órbitas posibles del cuerpo que impactó en Júpiter:

El trabajo indica que el objeto vino, probablemente, de la familia Hilda de cuerpos, un cinturón de asteroides secundario que consiste en más de 1100 asteroides que orbitan cerca de Júpiter.

Afortunadamente, los impactos considerables en la Tierra son mucho más raros que en Júpiter. El último que causó graves daños en el suelo se produjo en 1908

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Un equipo de científicos liderado por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) ha logrado identificar una de las moléculas orgánicas más complejas que se han detectado hasta la fecha en el medio interestelar. El descubrimiento de antraceno en la constelación de Perseo, a unos 700 años luz de distancia de la Tierra, podría resolver un problema astrofísico pendiente desde hace décadas sobre la producción de moléculas orgánicas en el espacio

“Hemos detectado la presencia de moléculas ionizadas de antraceno en una nube densa, en dirección a la estrella Cernis 52”, explica Susana Iglesias Groth, la investigadora del IAC que ha liderado el estudio. “En esta región de formación estelar hemos encontrado también uno de los más altos contenidos de radicales de carbono hidrogenado que se conocen en el medio interestelar”, añade la astrofísica.

Imagen de la banda de antraceno recientemente identificada por investigadores del IAC y de la Universidad de Texas en la región de formación estelar de Perseo. Esta molécula está formada por tres anillos de átomos de carbono en forma hexagonal, rodeados por átomos de hidrógeno. Gabriel Pérez Díaz / Servicio Multimedia (IAC)

Iglesias destaca que “hace dos años ya encontramos pruebas de la existencia de naftaleno en la misma región, por lo que todo apunta a que hemos descubierto una región de formación estelar muy rica en lo que a química prebiótica se refiere”. En su opinión, el siguiente paso es investigar la presencia de aminoácidos. Sometidos a radiación ultravioleta y combinados con agua y amoníaco, moléculas como éstas pueden producir aminoácidos y otras moléculas esenciales para el desarrollo de la vida.

Hasta la fecha, este compuesto químico sólo se había detectado en meteoritos, pero nunca en el medio interestelar. Las formas oxidadas de esta molécula son comunes en los sistemas vivos y tienen actividad bioquímica. En nuestro planeta, el antraceno oxidado es un compuesto básico del aloe y tiene propiedades antiinflamatorias.

Este hallazgo sugiere que buena parte de los componentes clave en la química prebiótica terrestre podrían estar presentes en el material interestelar. En el artículo, que será publicado por la revista especializada de la Royal Astronomical Society el próximo mes, han participado varios colaboradores del IAC y de la Universidad de Texas.

Desde hace unos 80 años se conoce la existencia de cientos de bandas espectroscópicas asociadas con material interestelar, denominadas bandas difusas, pero hasta ahora no se había podido identificar el agente causante de ninguna de ellas. Este descubrimiento apunta a que podrían estar causadas por formas moleculares basadas en el antraceno o naftaleno. Ampliamente distribuidas por el espacio interestelar, podrían haber sido clave en la producción de muchas de las moléculas orgánicas presentes en la época de formación del Sistema Solar.

Los resultados, que se presentan la próxima semana en el Congreso Internacional “PAHs en el Universo” en Tolouse, Francia, se han basado en las observaciones realizadas con el telescopio William Herschel del Observatorio del Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, y con el telescopio HET de Texas, en Estados Unidos.

Fuente: IAC. Aportado por Eduardo J. Carletti

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