Desde el fin de los vuelos de los transbordadores espaciales, la agencia espacial estadounidense depende de los cohetes europeos, japoneses y sobre todo rusos para sus viajes a la ISS. Ahora, en lugar de invertir en nuevas naves de ese tipo, Washington invierte unos 3.000 millones de dólares (unos 2.350 millones de euros) al año en un programa de cohetes capaces de llevar astronautas a la Luna, a un asteroide y, en un futuro, a Marte. Además, invierte en cinco compañías privadas —SpaceX, Orbital Sciences Corp, Boeing, Sierra Nevada Corp y Blue Origin— en programas para el transporte de carga y de pasajeros
“Tengo 46 años: llevo 30 como inventor en la empresa. Algunos de mis proyectos no serán realidad antes del 2040. Nací en Iwate, la provincia del tsunami. Los padres de mi mujer están hospitalizados por la radiación. Mi visión artificial ya conduce vehículos mejor que mis ojos. En el tsunami descubrimos que la diferencia entre la vida y la muerte puede estar en tener energía, electricidad para que funcione un hospital de campaña cuando nada funciona…”
El factor que condiciona la rentabilidad en la generación de energía es la energía que se obtiene por cada unidad de energía que se invierte. Se considera que el umbral de rentabilidad está en una relación de 10 a 1. Por debajo de ese umbral la rentabilidad es más bien dudosa. Todo lo demás es absolutamente secundario, y para muchos de esos otros aspectos se puede buscar una solución. Así, por ejemplo, el petróleo producido en los EEUU ya está por debajo de ese umbral. Pero también lo está la energía nuclear, o la energía fotovoltaica, al menos según los datos de hace unos pocos años