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La Unión Astronómica Internacional (IAU) ha validado el descubrimiento que realizó el Observatorio Astronómico de Mallorca (OAM) de un cometa de largo periodo procedente de la nube de Oort. Denominado oficialmente C/2012 B3 (La Sagra), fue descubierto desde la estación robótica del OAM en La Sagra (Granada) el pasado 29 de enero. El descubrimiento se confirmó definitivamente el 4 de febrero desde observatorios en Arizona, Nuevo México y Hawaii (EEUU), Inglaterra y Bélgica

El Observatorio Astronómico de Mallorca (OAM) ha descubierto su quinto cometa y el primero que sigue una órbita parabólica: C/2012 B3 (La Sagra). El cometa se observó desde la estación robótica del OAM en La Sagra (Granada) el 29 de enero de 2012. Los cuatro anteriores son cometas periódicos, y aunque cada uno supone un hito en la historia de la astronomía española, el denominado P/2010 R2 (La Sagra) es particularmente insólito ya que pertenece al grupo de los llamados ‘cometas del cinturón principal‘, de los cuales tan sólo se han descubierto seis hasta ahora.

El OAM se posiciona justo por detrás de Estados Unidos en la vigilancia del medio ambiente espacial al haber desarrollado un eficaz sistema robotizado para el rastreo y autodetección de asteroides, cometas, satélites artificiales y restos espaciales, contabilizando hasta la fecha más de 6.000 nuevos asteroides y aportando al Minor Planet Center de la Unión Astronómica Internacional más de 1.000.000 de mediciones para mejorar la precisión de las órbitas del resto de asteroides conocidos.

A C/2012 B3 (La Sagra) se le ha asignado una órbita parabólica, de forma provisional, esto quiere decir que su órbita es abierta, tras su paso por el perihelio se alejará del Sol para no volver nunca más, aunque es muy posible que tras un seguimiento más exhaustivo se compruebe cierta periodicidad.

El nuevo cometa posee un núcleo estimado de 10 kms y parece ser un objeto primigenio, inalterado desde la formación del Sistema Solar hace unos 4.500 millones de años y que ha permanecido congelado en la Nube de Oort interior, situada a 1 año-luz de la Tierra, hasta que, por algún mecanismo hasta ahora desconocido, inició su caída hacía el Sol.

El telescopio robot Centu2 del OAM, detectó el cometa a 564 millones de kilómetros (unas 3,76 UA) de la Tierra, a medio camino entre las órbitas de Júpiter y de Marte. Cuando un cometa traspasa la órbita de Júpiter y se interna lentamente en las zonas más cálidas de nuestro Sistema Solar, al estar compuesto en su mayor parte por hielo, ese leve aumento de temperatura hace que sus capas más externas inicien su evaporación, desplegando una tenue nube de gas alrededor de su núcleo llamada coma.

La coma es lo que da a los cometas su característico aspecto difuso y aunque contiene muy poca masa, sin embargo aumenta de forma considerable la superficie que refleja la luz del Sol, y es este aumento repentino de brillo lo que nos permite detectar objetos pequeños tan lejanos.

Al tener una inclinación de 106,86 grados (más de 90°) del plano de su órbita respecto al plano del Sistema Solar, sabemos que su movimiento es retrógrado, es decir, que recorre su órbita en sentido contrario al de los planetas (todos los planetas se mueven en sentido anti-horario).

Su próximo perigeo, o máxima aproximación a la Tierra, se producirá el 24 de marzo de 2012, cuando pase a unas 3,44 UA (1 UA, unidad astronómica = 150 millones de km., distancia media Tierra-Sol), equivalente a 516 millones de kms, alcanzado una magnitud de 18,3, lo cual facilitará un intenso seguimiento astrométrico para recalcular la órbita definitiva del nuevo cometa.

Fuente: Sinc. Aportado por Eduardo J. Carletti


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Los cometas están formados por hielo y son frágiles. Suelen pasar gran parte del tiempo orbitando las oscuras lejanías del Sistema Solar, a salvo de los rayos destructivos de la potente luz solar. El frío más intenso es su hábitat natural

El pasado mes de noviembre, el astrónomo aficionado Terry Lovejoy descubrió un tipo diferente de cometa. La bola suave de hielo que observó en el cielo, desde el observatorio de su patio trasero en Australia, se dirigía casi directamente hacia el Sol. El 16 de diciembre, menos de tres semanas después de ser encontrado, el cometa Lovejoy se escabulló a través de la atmósfera del Sol a sólo 120.000 km por encima de la superficie estelar.

Los astrónomos pronto se dieron cuenta del hecho sorprendente: Al cometa Lovejoy le gusta lo caliente.

“Terry encontró un cometa rasante del Sol”, dice Karl Battams del Laboratorio de Investigaciones Navales (Naval Research Lab, en idioma inglés), ubicado en Washington DC. “Estimamos que su núcleo tenía una extensión de aproximadamente dos canchas de fútbol (el cometa más grande de su tipo en cerca de 40 años)”.

Los cometas rasantes del Sol (sungrazers, en idioma inglés) no son algo nuevo. De hecho, cada pocos días, el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO, por su sigla en idioma inglés), que se encuentra en órbita, observa una caída hacia el Sol y su posterior evaporación. Estos cometas kamikaze son frecuentes y se los conoce como los “cometas rasantes del Sol de tipo Kreutz” (Kreutz sungrazers, en idioma inglés); se piensa que son pedazos de un cometa gigante que se partió hace cientos de años. Generalmente miden cerca de 10 metros de diámetro, y son pequeños, frágiles y fáciles de evaporar por el calor solar.

Tomando como base su órbita, el cometa Lovejoy era seguramente un miembro de la misma familia, excepto que tenía más de 200 metros de extensión en lugar de los usuales 10 metros. Los astrónomos estaban ansiosos por ver la desintegración de ese “gordito”. Incluso con su peso extra, no había dudas de que sería destruido.

De todos modos, cuando llegó el 16 de diciembre, “El cometa Lovejoy nos impresionó a todos”, dice Battams. Sobrevivió, e incluso prosperó.

Imágenes proporcionadas por el Observatorio de Dinámica Solar (Solar Dynamics Observatory, en idioma inglés), de la NASA, mostraron al cometa evaporándose furiosamente conforme ingresaba en la atmósfera del Sol (aparentemente, al filo de la destrucción). No obstante, el cometa Lovejoy permaneció intacto al salir por el otro lado. El cometa perdió su cola durante el rudo tránsito, lo que constituyó un contratiempo temporario. En el transcurso de algunas horas, la cola le creció de nuevo, más grande y brillante que antes.

“Es honesto decir que estábamos atónitos”, dice Matthew Knight, quien trabaja para el Observatorio Lowell (Lowell Observatory, en idioma inglés), y también para el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (Johns Hopkins Applied Physics Lab, en idioma inglés). “El cometa Lovejoy debió de haber sido mucho más grande de lo que pensábamos; tal vez de unos 500 metros de ancho”.

Esto lo convertiría en el más grande de los cometas rasantes del Sol desde que se observó al cometa Ikeya-Seka, hace casi 40 años. Con una cola que se extendía a través de la mitad del cielo, Ikeya-Seka en verdad fue visible a plena luz del día, justo después de pasar a través de la atmósfera del Sol, en octubre de 1965. En Japón, donde los observadores descubrieron al sobrecalentado cometa a sólo 1/2 grado del Sol, lo describieron como 10 veces más brillante que la Luna llena.

El cometa Lovejoy no fue tan brillante, pero aun así fue impresionante. Sólo algunos días después de dejar el Sol, el cometa se pudo ver en el cielo matutino del hemisferio sur. Los observadores en Australia, América del Sur, Sudáfrica y Nueva Zelanda lo compararon con un reflector que brillaba desde el Este poco antes de amanecer. La cola se alineaba paralela a la Vía Láctea y, por unos pocos días, pareció que vivíamos en una galaxia de doble piso.

Los astronautas que se encontraban a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI, por su sigla en idioma español) también presenciaron el avistamiento del cometa. El comandante de la EEI, Dan Burbank, quien ha visto muchas maravillas (una vez voló directamente a través de la aurora boreal a bordo del transbordador espacial), declaró sobre el cometa Lovejoy: “Es la cosa más impresionante que he visto en el espacio”.

Un ejército de sondas espaciales (que incluyen a: SOHO, el Observatorio de Dinámica Solar, las sondas gemelas STEREO, de la NASA, la sonda espacial Hinode, de Japón y el microsatélite europeo Proba2) grabó el histórico evento.

“Hemos recolectado una montaña de datos”, dice Knight. “Pero hay algunas cosas que todavía resultan difíciles de explicar”.

Por ejemplo, ¿Qué hizo que la cola del cometa Lovejoy se moviera tan enérgicamente cuando ingresó en la corona solar? Tal vez se encontraba a merced del potente campo magnético del Sol.

¿Qué provocó que el cometa Lovejoy perdiera su cola adentro de la atmósfera del Sol; y que después la recuperara? “Este es uno de los grandes misterios para mí”, dice Battams.
Y luego tenemos el enigma existencial final: ¿Cómo pudo sobrevivir el cometa Lovejoy?

En el transcurso del mes de enero, el “cometa al que le gusta lo caliente” está regresando a las afueras del Sistema Solar, todavía intacto, y deja muchos misterios detrás. “Regresará en unos 600 años”, dice Knight. “Tal vez para entonces tendremos las respuestas”.

Créditos y Contactos:
Autor: Dr. Tony Phillips
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Juana Leticia Rivera
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Juana Leticia Rivera

Fuente: NASA. Aportado por Eduardo J. Carletti


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Utilizando datos proporcionados por la misión de la sonda Kepler de la NASA, los astrónomos han descubierto los tres planetas más pequeños jamás detectados en orbita alrededor de una estrella más allá de nuestro Sol. Los planetas orbitan una estrella solitaria llamada KOI-961 y poseen, en longitud, radios de 0,78, de 0,73 y de 0,57 veces el radio de la Tierra. El más pequeño tiene aproximadamente el tamaño de Marte

“Se trata del sistema solar más pequeño que se ha encontrado hasta el día de hoy”, comentó John Johnson, quien es el líder del equipo de investigación del Instituto de Ciencia Exoplanetaria (Exoplanet Science Institute, en idioma inglés), de la NASA, y que forma parte del Instituto Tecnológico de California, ubicado en Pasadena. “De hecho, respecto del tamaño, el sistema es más parecido a Júpiter y a sus lunas que a cualquier otro sistema planetario conocido. En sí mismo, el descubrimiento representa una prueba más de la diversidad de sistemas planetarios que existen en nuestra galaxia”.

Se cree que los tres planetas son de tipo rocoso (como la Tierra), pero con órbitas muy cercanas a su estrella. Eso los hace demasiado calientes como para que se encuentren dentro de la zona habitable, que es la región en donde el agua en estado líquido podría existir. De los más de 700 planetas confirmados en órbita alrededor de otras estrellas (conocidos como exoplanetas), se sabe que solamente un puñado son de tipo rocoso.

“Los astrónomos apenas están comenzando a confirmar su existencia entre los miles de candidatos a ser considerados planetas que la misión Kepler ha develado”, comentó Doug Hudgins, quien es el científico del programa Kepler, en las oficinas centrales de la NASA, localizadas en Washington. “Encontrar uno tan pequeño como Marte es increíble y, de hecho, hay pistas de que podría existir una cantidad generosa de planetas rocosos a nuestro alrededor”.

La sonda Kepler busca planetas a través de la continua monitorización de más de 150.000 estrellas; específicamente, busca disminuciones (indicadores) en el brillo de las estrellas provocadas por el cruce, o tránsito, de planetas. Se requieren al menos tres tránsitos para que se declare que una señal proviene de un planeta. Posteriormente, es necesario llevar a cabo observaciones de seguimiento con telescopios ubicados en la Tierra para confirmar los descubrimientos.

El descubrimiento más reciente lo hizo un equipo liderado por astrónomos del Instituto Tecnológico de California, en Pasadena. El equipo utilizó datos dados a conocer públicamente por la misión Kepler y también observaciones de seguimiento provistas por el Observatorio Palomar, ubicado en las cercanías de San Diego, y por el Observatorio W. M. Keck, en la cima el monte Mauna Kea, en Hawai. Sus mediciones, en cuanto al tamaño de los planetas, se modificaron de manera significativa respecto de las estimaciones originales.

Los tres planetas se encuentran muy cerca de su estrella y completan sus órbitas en menos de dos días. KOI-961 es una estrella enana roja, con un diámetro que mide la sexta parte del de nuestro Sol; esto hace que sea apenas un 70 por ciento más grande que Júpiter.

Las enanas rojas son el tipo más común de estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea. El descubrimiento de tres planetas rocosos alrededor de una enana roja sugiere que la galaxia podría estar plagada de planetas rocosos similares.

“Este tipo de sistemas podría ser muy común en el universo”, comentó Phil Muirhead, quien es el autor principal del nuevo estudio llevado a cabo por el Instituto Tecnológico de California. “Ésta es una era muy excitante para los cazadores de planetas”.

Para obtener más información acerca de la misión Kepler, visite: http://www.nasa.gov/kepler.
Créditos y Contactos:
Funcionaria Responsable de NASA: Ruth Netting
Editor de Producción: Dr. Tony Phillips
Traducción al Español: Rodrigo Gamboa Goñi
Editora en Español: Angela Atadía de Borghetti
Formato: Rodrigo Gamboa Goñi

El descubrimiento del cual se informa en la presente historia encabeza un listado de recientes hitos para la misión Kepler. En diciembre de 2011, los científicos de la misión anunciaron el descubrimiento del primer planeta ubicado dentro de la zona habitable de una estrella como nuestro Sol. Se trata de un planeta que mide 2,4 veces el tamaño de la Tierra, llamado Kepler-22b. Hacia finales del mismo mes, el equipo anunció el descubrimiento de los primeros planetas de tamaño similar a la Tierra que orbitan una estrella del tipo de nuestro Sol, llamados Kepler-20e y Kepler-20f, y que se encuentran ubicados fuera de nuestro sistema solar.

Para el más reciente descubrimiento, el equipo obtuvo el tamaño de tres planetas, denominados KOI-961.01, KOI-961.02 y KOI-961.03, con la ayuda de una estrella gemela (bien estudiada) de KOI-961, o estrella de Barnard. A través del mejor entendimiento de la estrella KOI-961, los científicos pudieron determinar cuán grandes deberían ser los planetas para causar las variaciones observadas en el brillo de la estrella. Además de las observaciones llevadas a cabo por la sonda Kepler y de las mediciones realizadas mediante telescopios ubicados en la Tierra, el equipo utilizó técnicas de modelado para confirmar el descubrimiento.

Antes de la confirmación de estos planetas, sólo se habían confirmado otros seis planetas a través del uso de la base de datos pública de la misión Kepler.

Créditos: El Centro de Investigaciones Ames (Ames Research Center, en idioma inglés), de la NASA, administra el desarrollo del sistema de la misión Kepler en la Tierra, así como las operaciones de la misión y el análisis de los datos científicos. El Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory o JPL, por su sigla en idioma inglés), de la NASA, ubicado en Pasadena, California, es la entidad que manejó el desarrollo de la misión Kepler. La firma Ball Aerospace and Technologies, de Boulder, Colorado, desarrolló el sistema de vuelo de Kepler y brinda apoyo durante las operaciones de la misión junto con el Laboratorio para la Física Espacial y Atmosférica (Laboratory for Atmospheric and Space Physics, en idioma inglés), de la Universidad de Colorado, en Boulder. El Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (Space Telescope Science Institute, en idioma inglés), en los archivos de Baltimore, reúne y distribuye los datos científicos de la misión Kepler. Además, Kepler es la décima Misión de Descubrimiento de la NASA y está patrocinada por el Directorio de Misiones Científicas de la NASA, en las oficinas centrales de dicha entidad.

Fuente: http://ciencia.nasa.gov/. Aportado por Eduardo J. Carletti


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Nuevas observaciones de la sonda Cassini revelan variaciones regionales en las dunas de arena de Titán, el mayor satélite de Saturno. Los datos muestran que los mayores campos dunares se encuentran en las zonas bajas y ecuatoriales, además de ofrecer nuevas pistas sobre la historia climática y geológica de esta luna

Las dunas cubren alrededor del 13% de Titán, extendiéndose a lo largo de 10 millones de km2 (una superficie casi tan grande como la de Bolivia), pero se sitúan sobre todo en las zonas bajas y ecuatoriales de esta luna de Saturno. Así lo refleja un nuevo análisis de los datos del radar de la nave internacional Cassini (NASA, ESA, Agencia Espacial Italiana).

Si bien la forma de esas dunas es similar a la de los desiertos terrestres, como el de Namibia, las de Titán son mucho más grandes. Tienen entre uno y dos kilómetros de ancho, cientos de kilómetros de largo y unos 100 metros de altura. Además, no están formadas por granos de silicatos, como la de la Tierra, sino de hidrocarburos sólidos que precipitan desde la atmósfera. Estos compuestos se unen formando granos de dimensiones en el orden de los milímetros, por un proceso poco conocido aún.

Con el nuevo estudio, además, se confirma que el tamaño y la distribución de las dunas de Titán varían en distintas zonas de la superficie de Titán. La investigadora Alice Le Gall, de LATMOS-UVSQ (Francia) y JPL de la NASA (EEUU), y otros colaboradores, han descubierto que su tamaño está controlado por al menos dos factores: la altitud y la latitud.

Dos campos de dunas diferentes en Titán: Belet y Fensal, en imágenes por radar de la Cassini.
Fensal está en mayor latitud y a mayor altitud que Belet, y muestra claramente dunas más delgadas con las áreas
más brillantes y más amplias en el medio, lo que sugiere un material menos abundante en las dunas de esta región

También se muestran dos campos de dunas similares en la Tierra, ubicados en Rub Al Khali, Arabia Saudita

Los mayores campos de dunas se encuentran en las regiones bajas. En las zonas más elevadas, las dunas tienden a ser más estrechas y a disponerse más espaciadamente. En el radar de Cassini la separación entre ellas se ve con más brillo, lo que indica que la cubierta de arena es más delgada. Esto sugiere que en las regiones altas hay relativamente poca arena disponible para formar las dunas.

Respecto a la latitud, las dunas de esta luna están confinadas a su región ecuatorial, en una franja entre los 30°S y los 30°N. Más al norte se vuelven más estrechas y aumenta la separación entre ellas. Le Gall y sus colegas creen que la causa de esto está en la órbita elíptica de Saturno.

Estaciones de siete años

Titán orbita en torno a Saturno, y por tanto sus estaciones están controladas por la trayectoria del planeta en su recorrido alrededor del Sol. Saturno tarda unos 30 años en completar una órbita, por eso cada una de las estaciones del satélite dura un poco más de siete años. La naturaleza ligeramente elíptica de la órbita de Saturno hace que el hemisferio Sur de Titán tenga veranos más cortos pero más intensos.

Como resultado, en las regiones australes se reduce la humedad del suelo, que se debe a vapor de etano y metano. Cuanto más secos son los granos de arena, más fácilmente son transportados por el viento para formar las dunas. “La humedad del suelo probablemente aumenta cuanto más hacia el Norte, haciendo que los granos de arena sean más difíciles de mover y las dunas, por tanto, más difíciles de formar”, afirma Le Gall.

Respalda esta hipótesis el hecho de que los lagos y mares de Titán —constituidos por etano y metano líquidos—, están sobre todo en el hemisferio septentrional. Esto sugiere que en el norte, donde la humedad es mayor, es más difícil que el viento transporte los granos de arena.

“Entender cómo se forman las dunas, y explicar su forma, tamaño y distribución, es muy importante para entender el clima y la geología de Titán”, dice Nicolas Altobelli, jefe científico de la misión Cassini-Huygens, de la ESA.

“Como están hechas de hidrocarburos atmosféricos congelados, las dunas podrían proporcionarnos importantes pistas sobre el ciclo de metano y etano de Titán, que aún no comprendemos bien y que es comparable, en muchos aspectos, con el ciclo del agua en la Tierra”, comenta el experto.

Fuente: Sinc y ESA. Aportado por Eduardo J. Carletti


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