CONCEPCIÓN

José Altamirano

Argentina

Es ya avanzado el día, pero me resisto lánguidamente a abandonar el tibio nido de la cama. El sol es una presencia amortiguada tras los volados de las cortinas y la ausencia casi total de ruidos remarca el feriado. Estiro brazos y piernas en un desperezo voluptuoso y me doy vuelta boca abajo, restregando el pene a medias erecto contra las sábanas. El dulce cosquilleo reduce a dos las alternativas de mis próximos movimientos. Una: me levanto, ducha fría seguida de desayuno y dos: pasar un buen momento de sexo.

Creo que me conviene el baño y el desayuno, hoy me siento especialmente receptiva y no necesito consultar el calendario para saber que estoy atravesando mi periodo fértil. Eso me pone fatal y descuidado. Soy joven aún y no quisiera atarme a un hijo, no al menos en un par de años más.

Me decido: arrojo a un lado las sábanas, me desprendo del camisón, de los calzoncillos y, desnudo, me dirijo al baño. Pero en el camino no puedo evitar detenerme frente al gran espejo del vestidor para admirar mi cuerpo desnudo. Soy bella... hoy para mí soy muy bella, especialmente bella, la más bella del mundo y me deseo con desesperada ansia. No puedo ni quiero detener a mis manos, que parecen cobrar vida propia y se apoyan acariciantes en los muslos, suben sabias por el sedoso vello de los costados y luego atrás, tentando la dureza de los glúteos. Y adelante, acariciando el terciopelo del escroto, rozando la erección del pene que se curva, suave, hacia abajo. Y arriba, deslizándose por mi vientre plano y firme para detenerse un instante en la base de los senos, como buscando fuerzas para iniciar la ascensión hasta la cumbre, donde los pezones me duelen de tan duros. Acelero la caricia que los alivia y jadeo envuelto en oleadas de pasión. Una minúscula porción de mente, todavía lúcida, me avisa que anoche olvidé tomar mi gragea anticonceptiva, pero una sensación que es fuego en la sangre pulsa cada terminal nerviosa generadora de placer. Jadeo y quisiera poder detenerme por un instante; sé que guardo preservativos en algún lugar.


Ilustración: Waquero

Pero siento como ya el glande palpita contra los labios húmedos de la vagina y es imposible contenerme. La vulva se abre como una boca golosa ante el bocado que se le ofrece y caigo de espaldas sobre las sábanas todavía calientes y olorosas a las feromonas desprendidas por mi cuerpo. Termino de excitarme, de enloquecerme... y me penetro en un envión avasallante.

Mi cuerpo es un volcán en erupción, una nova que se derrumba sobre sí misma, un potro que corcovea, un grito que es gemido de agonía y un clímax que duele de tanto placer.

ĄDios, qué bueno estuvo! Permanezco en lánguido abandono sobre la cama, mientras el pene cede lentamente su potencia dentro de la vagina al ritmo de pequeños latidos. Una gota de semen aún tibio se desliza muslo abajo y va a mojar las sábanas que cambié ayer, pero no me importa.

También siento un poco de culpa ante la certeza de haberme fatalmente embarazado, pero sólo un poco.

Después de todo, es una ley natural que ningún hermafrodita del planeta Vropg puede eludir indefinidamente.


José Altamirano

José Altamirano nació en 1950 en la provincia de Córdoba, Argentina. Durante la década de 1980 fue un activo e ingenioso animador de los encuentros de los viernes del CACyF y sin lugar a dudas uno de los escritores más interesantes surgidos de aquella ebullición, con una prosa clara y muchísimo sentimiento en sus textos. Pueden encontrar muchos más cuentos de José buscando aquí.


Axxón 106 - Octubre de 2000
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Argentina: Argentino).

            

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