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Lem, Dick: Correspondencias [1]


por
Pablo Contursi

 


Julio Cortázar ha contado, en una entrevista, su sospecha de que Edgar A. Poe y Charles Baudelaire hubiesen sido una misma persona [2]. Opino —en igual tono de insensatez— que Lem y Dick han sido la misma persona, por lo menos alguna vez [3] (en un texto, al menos).

I

Por lo menos una vez, Lem y Dick han creado situaciones ficcionales afines: un personaje llega a una locura especial —definida como incredulidad acerca de toda percepción y pensamiento— a causa de haber sufrido una serie agotadora de ilusiones sensoriales o mentales. Habiendo experimentado incontables decepciones —luego falsadas— el personaje se enferma: ya no puede confiar en su juicio ni en sus percepciones.

Curiosamente, mientras el personaje tenía alguna confianza en su capacidad de discernimiento, era presa de alucinaciones, fuera de la realidad. Cuando se convence de su incapacidad para discernir la realidad, ciertamente está en contacto con la realidad —pero no lo sabe, y por eso está en esa otra locura especial—. Es decir: cuando creía estar en cordura, estaba en locura; y ahora que está en cordura, cree estar en locura —y en eso consiste esta otra locura, parece ser la conclusión—. Acérrimo escepticismo, veneno para la mente.

II

En el cuento de Dick "Quisiera llegar pronto" (1980) el personaje es Víctor Kemmings; en la novela de Lem Congreso de futurología (1971), el personaje es Ijon Tichy [4]. (La locura de Kemmings nace de una agobiante iteración de recuerdos provocada por una entidad externa; la de Tichy, de la intoxicación con alucinógenos. Congreso de futurología ha sido descrita como una obra "dickiana").

En ambos casos el desequilibrio mental —la otra locura— es consecuencia de un exceso de irrealidad refutada —y no un exceso de ilusión en sí, como sería de esperar—. Esta otra locura, enemiga de la ilusión y del delirio sensoriales, consiste en mantener la creencia de que lo que aparece como realidad es una compleja y muy convincente alucinación. [5]

Si el recuerdo —en Kemmings— y la alucinación —en Tichy— son procesos introspectivos —ambos suceden dentro de la mente, pese ser respuestas a estímulos externos—, se puede decir: desmesura en introspección, veneno para la mente.

III

Una resonancia del tema —otra posible correspondencia— aparece en Lem, en la novela Solaris [6]: las creaciones F, que torturan a los habitantes de la estación, son dolorosos contenidos de la psiquis transportados al mundo material. Una lectura ingenua —fiel al punto de vista del narrador— hace pensar que en Solaris las creaciones F no son procesos psíquicos, sino entidades materiales, perceptibles por todos [7]. No habría, entonces, locura —salvo que dijéramos que en Solaris hay una locura objetivada: una realización material de alucinaciones—.

Sea que aceptemos dicha salvedad, o que no demos crédito a la cordura de Kelvin, es interesante observar que tanto en el cuento de Dick como en Solaris la culpa es el centro desde el que parece nacer la locura. (En Solaris, la trágica suerte del personaje que da nombre al quinto capítulo; en "Quisiera llegar pronto", la rotura del cuadro, la muerte del pájaro, etc.) [8]. Si las creaciones F son "quistes psíquicos" copiados de mentes humanas sometidas a una "disección" [9], los residentes en la Estación Solaris hubieran comprendido a Kemmings, quien en otro planeta (en otra narración) dice: "Pasé más tiempo en mi propio inconsciente que ningún otro ser humano en la historia. Fue peor que el psicoanálisis de principios del siglo XX. Y el mismo material una y otra vez". [10]

Kris Kelvin —protagonista de Solaris— y Kemmings son llevados una y otra vez a un pasado que no pueden soportar. Harey —para Kelvin—, y los mundos virtuales —para Kemmings—, son pesadillas recurrentes, loops del infierno. (Harey, tal como aparece en la novela, es en sí misma un loop.) En Congreso de futurología aparecen alucinaciones en capas, unas dentro de otras. Repetición del pasado, veneno para la mente.

IV

Los personajes desean que esos ciclos se interrumpan; los lectores, seguir leyendo para averiguar si se cumplirán esos deseos de los personajes. Como lectores, experimentamos estos ciclos infernales (las narraciones) con el deseo de que cada loop sea diferente. Y se cumple: cada lectura es un pasar por un mismo lugar (el libro) que sin embargo cambia (pues el lector ha cambiado). Toda narración es un ciclo que puede repetirse: inclusión de un tiempo (el del mundo del relato) en otro (el del mundo real). [11]

Jerarquías: los ciclos pequeños (las creaciones F para Kelvin, las alucinaciones para Tichy, los mundos virtuales para Kemmings) están incluidos dentro de otros (las narraciones Solaris, Congreso de futurología, y "Quisiera llegar pronto", respectivamente), y éstos a su vez dentro de un proceso irrepetible (mi vida). [12]

Supongo que mi vida no es un ciclo de repetición —no es una narración—. ¿Puedo confiar en mi suposición, en esa percepción acerca de mi vida?

V

Si se trata de una ilusión, no hay modo de saberlo —por lo menos, mientras uno esté en la vida—. Es mejor confiar. De lo contrario, si uno no conoce medias tintas, el riesgo es participar de la identidad de Tichy y Kemmings y asociarse con ellos en la mayor magnitud del escepticismo, la incredulidad acerca de todo lo que existe. [13]

Pablo Contursi, © 2003


1. Versión corregida y aumentada de un mensaje que puse en octubre de 2002 en el foro de un sitio de la WWW.

2. Ernesto González Bermejo, Conversaciones con Cortázar, EDHASA, 1978. (Citado en: Revista La Maga, Edición Especial: Homenaje a Cortázar, Bs. As., 1 de noviembre de 1994, p. 5; http://www.lamaga.com.ar/www/area2/pg_nota.asp?id_nota=642).

3. Cortázar se basó en la afinidad de los escritos de uno y otro. (Baudelaire había leído a Poe).
      Borges escribió que el lector que lee a Shakespeare es Shakespeare, mientras lo lee. (En realidad lo preguntó, no lo afirmó: J. L. Borges, "Nueva refutación del tiempo", en: Otras inquisiciones, Bs. As., Sur, 1952). (Borges había leído a Shakespeare.)
      Son notables y arriesgadas las tres hipótesis con que Juan Jacinto Muñoz Rengel termina su ensayo "El influjo de la locura en los estilos literarios de Poe, Maupassant y Nietzsche" (en: Revista Estigma, núm. 1, invierno de 1998; http://externos.uma.es/estigma/page9.html). La segunda es que Maupassant enloqueció porque creyó que "Poe y él mismo eran una única persona". (Maupassant había leído a Poe.)
      Si la literatura de ficción es un lugar de intercambio o mezcla de identidades (las de autor y lector), no soy original en mi imprudencia, como ven. (Lem y Dick han sido lectores uno de otro.)

4. "Quisiera llegar pronto", en: Philip K. Dick, La mente alien, Bs. As., Colihue, 2001. Stanislav Lem, Congreso de futurología, Barcelona, Bruguera, 1981.

5. Ver: La mente alien, p. 273; Congreso de futurología, p. 84. Notar que ese estado de desequilibrio es pasajero para Tichy, mientras que Kemmings jamás se recupera.

6. Stanislav Lem, Solaris, Barcelona, Minotauro, 1988.

7. La lectura ingenua de Solaris puede trastocarse si se piensa que Kris Kelvin no ha realizado, en su "experimentum crucis" de las últimas páginas del capítulo cuarto, una observación científica. (Ver: Gregorio Klimovsky, Las desventuras del conocimiento científico, Bs. As., A-Z Editora, p. 47 y ss.) El procedimiento de Kelvin fracasa plenamente en alcanzar el requisito de "intersubjetividad"; pero hay más: si las percepciones de una mente trastornada no son datos empíricos, ¿por qué cree Kelvin que la coincidencia entre sus cálculos y las cifras proporcionados por el satélite constituye una prueba de su cordura, si ha tenido que valerse de su percepción para evaluar dicha coincidencia como tal? ¿Qué valor empírico hay en la concordancia de dos alucinaciones? (Ver: Solaris, pp. 58-61.)
      Lo que en Congreso de futurología es un círculo vicioso de incertidumbres acerca de la realidad —que abarca las páginas 21-191—, es roto en Solaris mediante este experimento altamente dudoso. Si Kelvin no ha realizado una observación científica, entonces la conclusión —terrible— es ésta: el capítulo quinto, en que aparece el "quiste psíquico" de Kelvin, es el principio de una narración de meras alucinaciones (que probablemente se acaban en la página 201). En la última página de la novela, Kelvin las añora.

8. Por ejemplo, ver: La mente alien, p. 260; Solaris, p. 80.

9. Solaris, pp. 83, 97.

10. La mente alien, p. 270. El énfasis es mío. (Comparar con la referencia de la nota 8.) Kelvin y Kemmings se enfrentan cada uno a lo más oscuro de su propia psiquis, pero no directamente, sino a través de intermediarios: Solaris para Kelvin; la computadora de la nave para Kemmings. La mediación no es gratuita: a cambio, Kemmings y Kelvin otorgan un poder terrorífico a la entidad que los conoce, que los analiza, y ante la que se hallan indefensos. (Ver: La mente alien, p. 253; Solaris, pp. 83, 165, 191-192). En Congreso de futurología la mediación se produce por las drogas. (Ver p. 21 y ss).

11. Según Mircea Eliade, la lectura de literatura —una de las "principales vías de evasión" del hombre moderno— permite una "modificación de la experiencia temporal" y obtiene "una ruptura de la duración y al mismo tiempo una salida del tiempo". Constituye, en el fondo, un intento por escapar del presente, y "permite la ilusión de un dominio del tiempo en el que tenemos derecho a sospechar un secreto deseo de sustracción al devenir implacable que lleva a la muerte". Todo ello es resabio del "comportamiento mítico" en el hombre moderno. (Citas tomadas de: Mircea Eliade, "Los mitos del mundo moderno", impreso de archivo de texto s/d. Figura en este libro: M. Eliade, Mitos, sueños y misterios, Madrid, Grupo Libro 88, 1991).
      Considero que, si hay intentos por salir del presente en "Quisiera llegar pronto" y en Solaris, es sólo para encontrar —en palabras de Dick— que la puerta de salida lleva adentro: las historias de Kemmings y de Kelvin —dos angustiados, inadaptados al paso del tiempo— impiden la evasión de aquel lector que únicamente busque entretenerse o distraerse —y menos divertirse, ya que poco humor hay en ellas—. Como pesadillas —que son sueños que impiden el sueño—, estas obras de Lem y de Dick no divierten ni distraen: la conciencia de que el paso del tiempo puede ser espantoso, y con ella el temor a la muerte, nos dan la bienvenida apenas hemos abierto la puerta de escape.
      Tal vez la aventura de Tichy sea, de las tres, la que más claramente permite una "modificación de la experiencia temporal". En Solaris es el pasado el que viene, encarnado en un personaje femenino; en "Quisiera llegar pronto" hay viajes a la memoria. La realidad o la locura abruman a Kemmings y a Kelvin, pero el lector no tiene problemas para identificar el presente. En Congreso de futurología hay párrafos enteros en los que ni lector ni personaje saben en qué momento están —en el relato, en el mundo del relato—. De a ratos pesadillesco, Congreso de futurología tiene mucho humor, y un final "feliz" (ver p. 192).

12. Sigo con "Los mitos del mundo moderno", de M. Eliade. Me gustaría pensar que los ciclos pequeños son para Tichy, Kelvin y Kemmings lo que sus historias son para nosotros, los lectores. (¿Qué son estos ciclos pequeños sino experiencias de salidas del tiempo? Kelvin y Kemmings vuelven al pasado; Tichy viaja al futuro.) Leer estas narraciones sería como imaginar dar dos saltos fuera del tiempo profano, revivir el "Gran Tiempo" por partida doble: una experiencia del mito dentro de otra.
      No obstante, en el caso de "Quisiera llegar pronto" y de Solaris, los lectores somos devueltos a aquello de lo cual la lectura —según Eliade— nos quiere alejar: el momento presente, la conciencia de que el tiempo fluye sin nuestro consentimiento, la insatisfacción del deseo de sustraernos al devenir implacable. La evasión es imperfecta. Dominamos, es cierto, el "tiempo concentrado" y "quebrado" de un relato en el acto de su lectura —o de su interrupción—; está fuera de nuestra voluntad el salvar a Kemmings y a Kelvin de sus pasados: si alguna vez hemos sentido temor al devenir implacable, lo reviviremos en estos relatos —mientras los estemos leyendo, o sea en algún presente—.
      Si, como creo, Eliade incurrió en una generalización en su idea de la lectura en relación al comportamiento mítico del hombre, entonces hemos hallado algunas de sus excepciones.

13. Otra explicación, imprudente y poco sensata, para las locuras de estos personajes: Kemmings enloqueció porque creyó que Tichy y él mismo eran una misma persona.
      Pero no estaría bien escribir que Dick creyó que Lem y él mismo eran una misma persona; si yo lo hiciera, sería casi como convertir a este texto en un cuento de ciencia ficción. (Todo lo precedente a esta nota sería una acumulación de datos y reflexiones dispuestas de un modo persuasivo sólo para prestarle al cuento esa intención de verdad que tienen los ensayos.)


Ilustración de Valeria Uccelli
Axxón 128 - Julio de 2003


 
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