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Editorial - Axxón 129

Y seguimos

Este mes es especial para mí. Estreno una nueva computadora, muchísimo más veloz y con prestaciones mucho, mucho mejores. Tengo lugar en el disco y hasta puedo desocupar espacio si es necesario porque tengo una grabadora de CD. Tengo conexión de red y ya me inscribí en un servicio de Internet de banda ancha (aunque a la fecha aún no me lo han conectado). De una memoria de 32 Mb pasé a tener 256 Mb. De una Pentium a secas pasé a una Pentium IV. Y etcétera, etcétera.
      Es obvio que esto que digo debe sorprender a muchos lectores, ya que en otros editoriales no he hecho más que llorar mi situación económica. Pues bien, no se solucionó, sino que un grupo de lectores se juntaron, donaron dinero y me compraron la máquina, además de dejarme en mano una cantidad de dinero suficiente para contratar el ADSL por varios meses.
      Estoy muy emocionado. Quiero agradecer infinitamente a todas esas personas. Sé que alguna, al desprenderse de ese dinero, se debe haber privado de satisfacer algunos —o muchos— de sus deseos, y reconozco esto y lo agradezco. Es muy fácil ponerse en la posición de "Bueno, yo les he dado mucho durante mucho tiempo", pero no es mi forma de pensar. Como lo he dicho otras veces, éste no es un negocio oculto, gratuito sólo en apariencia, que esconde ganancias no evidentes, ni nada que se le parezca. Yo no gano dinero (más bien lo gasto), pero tampoco tengo derecho a pedir nada. Si lo hice esta vez (pedir) fue porque peligraba el destino de la revista. Hubo una respuesta y creo que, si bien el beneficiario directo de esta máquina y de esta conexión veloz de Internet soy yo, sabré devolver el gesto dándoles a los seguidores de la revista más y mejor contenido como el que hemos ofrecido en esta revista durante años. No veo el momento de experimentar la conexión de 24 horas —y rápida— para darme cuenta de qué cosas nuevas podré hacer. Creo que se pueden hacer buenas cosas y espero que me salgan.
      A las personas me que dieron ayuda de esta forma, sin que nada los obligue, les digo que su gesto tiene un valor gigante. Su gesto no es habitual. El mundo nos ha puesto en un estado de supervivencia y los seres vivos, en este estado, nos volvemos egoístas. No es por maldad: si uno no lo hace podría no sobrevivir. El universo puede ser muy cruel, y los humanos lo hemos hecho aún peor. Desprenderse de dinero, que significa placer, satisfación, seguridad, sin que sea obligatorio, es un gesto de nobleza, de grandeza y de amistad.
      Como lo he dicho muchas veces, si hay algo que justifica un trabajo que se hace sin recibir dinero es que otras personas lo reconozcan y ofrezcan su amistad a cambio. Gracias a todos ustedes, amigos de Axxón, por querer así a esta revista.

Eduardo J. Carletti, 1 de agosto de 2003
ecarletti@axxon.com.ar


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