Editorial - Axxón 140

Educación
por Claudia De Bella

Mucho se habla, desde hace mucho tiempo, acerca de los niños y adolescentes que no leen, que son cada vez más ignorantes, con un vocabulario más limitado y más proclives a conocer los entretelones del culebrón de moda que la trama de una buena novela. Voy a opinar del tema como persona que trabajó durante 5 años en un colegio dirigiendo un taller de escritura y lectura para chicos de 12 a 15 años. "¡Tarea imposible!", pensarán ustedes, al igual que los directivos del colegio cuando les propuse el taller y el 80% de los padres de los chicos, mientras me miraba con cara de "A esta mujer le falta un tornillo".

Cuando comencé, tenía todas las de perder. El taller era optativo, y casi todos los chicos que se anotaron lo eligieron porque pensaban que allí "no iban a hacer nada" (en comparación con los talleres de electricidad, matemática, historia, etc. que se presentaban como otras opciones) o bien porque tenían problemas en Lengua y creían que participando podrían levantar la nota. Con aspiraciones literarias había unos 3 ó 4 de un total de 50. El resto no había leído nada en su vida salvo revistas, manuales escolares y algunos libros infantiles espantosos. Provenían de todos los niveles sociales y de padres que, en su mayoría, no eran lectores.

Para mi sorpresa, lo primero que descubrí es que más de la mitad de ellos no conocían cuentos tradicionales como "La Bella Durmiente" o "Blancanieves" más que por sus versiones deformadas por Disney, y que a otros, como "Pulgarcito", por ejemplo, ni siquiera los habían escuchado nombrar. Jamás les habían contado cuentos. Lo primero que hice fue leerles la versión original de "Caperucita Roja" y pedirles que la compararan con la que habian visto en dibujos animados. Quedaron fascinados con la riqueza de la versión literaria... Aquí vemos cómo se inicia el problema: por comodidad. Es más fácil ponerle un video al niño para que se duerma que perder media hora en leerle un buen relato.

Una de las cosas más placenteras que existen es que nos cuenten una historia. Hasta cuando somos adultos, pagamos la entrada de un cine sólo para sentarnos a que nos cuenten una historia. Con esto en mente, lo primero que hice, durante el primer mes, fue leerles. Les leía cuentos de terror, de ciencia ficción, de amor, de cualquier cosa. No extraídos de libros "para chicos", sino de libros "para grandes", adecuados para las edades con las que estaba trabajando. Es otro gran error leerles solamente libros "para chicos", ya que a esta altura, después de todo lo que ven en televisión y en el mundo real, les parecen tan estúpidos que les sacan las ganas de leer por el resto de sus vidas... Creo que uno de los factores del éxito de "Harry Potter" es que no tiene el mensaje moralizador y naif de los libros infantiles actuales, escritos por "expertos": es mucho más dark, tiene elementos de misterio, de magia, de superpoderes, de todo lo que los chicos consumen a través de los dibujos animados y el cine, y que no tiene nada que ver con los cuentitos de elefantitos rosados que pasean por el mundo encontrando muchos amiguitos. Si lo analizan, "Harry Potter" tiene más de un punto de contacto con los cuentos tradicionales que mencioné antes (y que incluían lobos que se comían a las nenas, hermanitos que quemaban viva a una bruja arrojándola en un horno encendido, hombres que asesinaban a sus esposas y guardaban los cadáveres en una habitación del castillo, ogros que devoraban a sus propios hijos... todo muy truculento, pleno de emociones fuertes, verdaderos "thrillers").

No los aburriré con todos los detalles, pero les diré que al cabo del primer año los chicos estaban leyendo libros de todo tipo, y hasta escribiendo cuentos de su propia autoría. Tuve la alegría de ver cómo chicos de 13-14 años se "tragaban" El Señor de los Anillos, se "devoraban " los cuentos de Cortázar, se desesperaban por saber qué le iba a pasar a Martín Fierro (¡sí, el gaucho!) en la próxima estrofa... A lo largo de los 5 años del taller editamos 3 libros (armados artesanalmente) con obras de los participantes, ilustrados por ellos mismos. ¡Y mucho de lo que escribían era muy bueno! Nadie lo podía creer, empezando por las maestras y profesoras del colegio.

Y esa es la otra pata del problema: la lengua, tal como se dicta en la escuela, es un asco. Los pocos libros que se leen porque están en el "programa" están tan lejos de los intereses y mentalidad de los alumnos que representan otro factor de rechazo a la hora de ponerse a leer en el tiempo libre. Los chicos siempre están leyendo porque "me lo van a tomar en un examen", porque "lo tengo que analizar para el lunes", porque "la profesora quiere que saquemos las ideas principales". Se los acostumbra a que leer es un trabajo, no un placer. ¿Cuántos libros leerían ustedes ahora, de adultos, si tuvieran que hacerlo solamente para escribir un trabajo práctico que encima después les van a calificar, dependiendo quizás de esa calificación para aprobar una materia? La asociación que los alumnos van haciendo es obvia: leer = obligación = aburrido = algo que me saca tiempo que podría estar ocupando en divertirme. ¿Cuándo el sistema educativo transmite el mensaje: LEER ES DIVERSIÓN? Nunca.

A eso le sumamos que los estudiantes no pueden elegir el texto a leer... siempre se les impone. Cuando a mí un libro no me gusta, aunque ya haya leído la mitad, lo dejo y empiezo otro. No tengo ganas de torturarme inútilmente. A ellos no se les otorga ese derecho. Hay que leerlo hasta el final: otra razón más para detestar la lectura. He comprobado que cuando se les dice que pueden dejar un libro si no les gusta (cosa que los sorprende muchísimo), quizás empiezan a leer 9 libros distintos y no terminan ninguno, pero si el 10° les gusta, lo leen hasta el final. No importa cuánto demoren en encontrar el libro indicado, lo importante es justamente esa búsqueda. Pero los docentes, en general, no tienen voluntad ni tiempo para concederles ese margen y los padres ponen el grito en el cielo si el hijo pide que le compren 10 libros y termina leyendo uno solo (¡mucho gasto!). Y así hasta el infinito. Nadie tiene paciencia para inculcar la lectura en los niños, pero luego todos se quejan de que la juventud es ignorante y de lenguaje limitado.

No olvidemos además que, en el caso de Argentina y de muchos países latinoamericanos, tantos gobiernos militares que opinaban que pensar era peligroso no contribuyeron precisamente a que los programas escolares se dedicaran a abrirles la cabeza a los chicos, sino todo lo contrario, lo cual no es un dato menor: leer "Platero y Yo" definitivamente es muchísimo menos revelador, a nivel social, que leer "Un Mundo Feliz", ¿verdad? Para ese sistema educativo fueron formados muchos docentes que aún ejercen, y en ese sistema fueron educados muchos padres de los chicos de hoy...

En resumen: creo que los niños y jóvenes son víctimas de la ignorancia y la desidia de los adultos (no sólo en este tema) y que basta con prender una mínima chispa en sus ávidos cerebros para que se encienda la hoguera de su imaginación y necesidad de expresión. Hay que buscar los temas que les interesan, sacarlos del contexto de la lectura como actividad escolar, leerles mucho y que lean mucho (no importa si son juegos de rol, "Harry Potter" o lo que sea), utilizar todas las oportunidades posibles para relacionar lo que les gusta con los libros (recuerdo que en el furor de "Los Caballeros del Zodíaco", aproveché para leerles todas las historias de la mitología en que estaba basado el anime, las andanzas de Zeus, quién era Palas Atenea, etc.... cosa que les encantó).

Hay padres que, al día siguiente de nacer su hijo, ya le están poniendo la camiseta y el gorro de su equipo de fútbol favorito, preocupadísimos por que al inocente bebé no se le ocurra la loca idea de hacerse fanático de un equipo rival. ¡Qué bueno sería que, junto con esa camiseta, le regalara también su primer libro! La solución para este problema no es complicada; es sólo cuestión de poner manos a la obra.

Claudia de Bella, 1 de julio de 2004


            

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