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Los libros que hemos leído
La montaña del origen
Autor: Daniel Alcoba
Portada: Julio Vivas
basada en una pintura birmana
Traducción: Manuel Figueroa
262 páginas
Ediciones Minotauro, 1999
  Reseña
Reportaje
Datos de autor
 

La montaña del origen, Daniel Alcoba

Esto, más que la reseña de un libro, se viste desde su inicio con las ropas de una reivindicación que trasciende lo literario. He dicho dos o tres veces en pocos días que no tenemos tantos escritores publicados por Minotauro como para despilfarrar alegremente los pocos que hay...

...pero si sólo se tratara de eso, de desempolvar chauvinismos que por lo general a los argentinos nos quedan apretados...

No, no tiene nada que ver con eso. La Montaña del Origen es la bitácora del viaje que realiza un antropólogo español a un lugar no identificado del sudeste asiático gracias a una beca otorgada por una fundación que financia una multinacional japonesa fabricante de motos. El antropólogo ha descifrado unas inscripciones grabadas sobre una pieza de porcelana del siglo XVI según las cuales en un monte sagrado vive un hombre que "crea vida".

Pero la expedición que describe Alcoba no es en absoluto un viaje convencional a sitios que la globalización pone al alcance de la mano con sólo usar Google. Al autor le encanta crear información falsa y citar libros que no existen y eso abunda en la Indochina ficticia de La Montaña del Origen, hasta el punto que me hizo acordar al Apocalipsis de Coppola, Brando y Sheen y a la incongruencia de los europeos que entienden los idiomas orientales aunque no les sirva de gran cosa, como le suele ocurrir a ciertos personajes de Ballard, al que Alcoba cita en una referencia a El Mundo Sumergido que justamente hoy parece más profética de lo conveniente.

...y tampoco es un viaje extravagante destinado a describir maravillas que alucinan a las damas deglutidoras de bestseller o a los caballeros que leen ficción para deslumbrar a escorts veinticinco años más jóvenes que ellos...

A medida que se abren las puertas y se bifurcan los caminos descubrimos que el fin no son los exotismos ni la construcción de un mensaje new age al tono con los consumidores y sus consumos. Muy por el contrario. Detrás del viaje está la corporación Takajuta y detrás de Yukío Takajuta, un japonés rubio, multimillonario y homosexual, caprichoso como una quinceañera y delirante como el mejor villano de las películas de James Bond, late el bizarro deseo de fabricar úteros artificiales que permitan tener hijos a los varones homosexuales. ¡Eso parece ciencia ficción!

Alcoba juega. Sabe gobernar los factores y desencadenar las tormentas, conoce los mejores métodos para propinar golpes bajos, y no le tiembla la mano a la hora de hacer girar la trama en ángulos obtusos, aún a riesgo de arrojar a los lectores por la borda.
...juega y sabe jugar...

Manejar los recursos de la especulación y la conjetura para crear una novela que no es estrictamente de "ciencia ficción" pone en evidencia que estamos, en efecto, ante un jugador audaz, alguien que, como a mí, le place transgredir, imaginar lo que no existe para mirar la realidad desde ángulos no convencionales. Sé que a Alcoba le gusta meterse con las religiones y el gordo dios encarnado que empolla patos sagrados en La Montaña del Origen es una síntesis de creencias deformadas que funcionan como espejos. Y del otro lado del espejo, como si de un universo Carroll-Sapkowski se tratara, también hallamos samurais maricas, guardaespaldas que cultivan el erotismo colectivista, hoteleros que encabezan insurrecciones populares, hetairas comedoras de ratas y docenas de personajes más originales que extraterrestres de Rigel y más contradictorios que seres humanos.

...no se priven de la experiencia de leer La Montaña del Origen, la novela de Daniel Alcoba, un platense de mi generación que pasó por experiencias que sería imposible reseñar en este espacio. Y prepárense porque ya llega a la Argentina La Cara Hembra de Dios...

Sergio Gaut vel Hartman

Reportaje a Daniel Alcoba

Daniel Alcoba vuelve a revolucionar el panorama de la ciencia ficción en España con La cara hembra de Dios, una novela estructurada sobre evidencias históricas y que propone un futuro totalmente delirante pero más cercano de lo que creemos.

por Javier Romero

La cara hembra de Dios guarda coincidencias con La montaña del origen: como el tema religioso, al que tratas por encima de todo con sentido del humor. ¿Qué debemos saber a este respecto?

—Sin duda mi nombre, que es teofórico, es decir, que porta a Dios y significa en hebreo "Dios es mi juez", tiene mucho que ver; igual que el apellido me predispone a las escenas de cama y a la comedia satírica. Religión es una palabra que procede del verbo latino "religar": poner en conexión o relacionar cosas separadas, como las del pasado, el presente y el futuro por ejemplo; el yo con el nosotros, y aún el ellos, el presidente de los Estados Unidos con el emperador de Roma, los marines con los vikingos, e incluso a nosotros mismos y a las personas que tratamos con los androides, santos, demonios o yinns. Dios, que instituyó el matrimonio en el Edén, con todas las escenas de alcoba que protagonizaría la humanidad futura.


—Llama la atención el aspecto marketinero que endosas a tu novela, con aquello de las regiones entendidas como parques temáticos.

—La proliferación de estos en España es evidente. También lo es que ciertas instituciones, corporaciones y colectivos que no son parques temáticos, se comportan como si lo fueran.


—Parece como si utilizaras la recopilación de datos de alguna manera no convencional...

—No hay tanta recopilación como pueda creerse. Me encanta inventar falsa información, citar libros apócrifos o glosar autores que no existen. Pero sobre todo, administrar los materiales informativos con trucos de mago. Lo aprendí leyendo a Borges, que a su vez lo tomó de Marcel Schwob, de León Bloy y de los ingleses de finales del s. XIX.


—Quizás más que ciencia ficción, lo que escribes es algo así como una visión personal de lo que probablemente nos depare el futuro.

—Lo que hago en La cara hembra de Dios es animar a unos cuantos personajes entrampados por las circunstancias históricas a finales del siglo XXI. Hay en marcha una revolución antipatriarcal en la Iglesia de Roma, otra equivalente en la comunidad musulmana de la provincia de Barcelona, y una emergencia biológica involutiva, que se presenta como un descomunal atentado terrorista. El feminismo católico igualitarista existe, y pretende que las religiosas puedan ordenarse y acceder a todas las dignidades pastorales incluido el trono de San Pedro. Pero el texto está urdido en historias de amores, conspiraciones revolucionarias, conflictos políticos, tradiciones bíblicas, cabalísticas y coránicas. Por fuerza debo interpretar el mundo en que vivo, la humanidad que nos rodea e incluye.


—Por qué escribes ciencia ficción y qué te fascina de los usos de este género como escritor y lector...

La literatura fantástica se parece al verso libre, en poesía: una libertad casi ilimitada en la invención (en apariencia). E igual que ocurre en poesía, se trata de una libertad enmarañada de dificultades. Invento el futuro también para novelar acerca del presente, el de las relaciones amorosas y familiares; el de la coexistencia entre las diversas opciones sexuales, confesiones o etnias. La montaña del origen es ciencia ficción en la misma medida en que lo es, por ejemplo "En la colonia penitenciaria", o El castillo, de Kafka. En La cara hembra de Dios los androides son algo menos y algo más que seres humanos, pero su función narrativa consiste en servir como piedras de toque de los seres humanos en una sociedad pluricultural, multi religiosa.


—Si te dieras una vuelta por tu imaginería interior, ¿qué veríamos...?

—Animales fuera de contexto, especies creadas por las biotecnologías que elaboran sus propia poéticas y mesianismos civilizadores. También ghulas que bostezan al acecho de mi persona, mientras interpretan piezas de Bach en el clavicordio sin dejar de mirarme a los ojos. Es para defenderme de ellas que espero encontrar el sello de Salomón o de Suleimán ben Daud, disimulado en las páginas de la Torah, o inserto en los libros sapienciales por el propio Señor de los Yinns. Está, siempre, la historia que recurre deformándose para asombrarnos con golpes duros una y otra vez. Muertos jóvenes tirados al río desde helicópteros por los "grupos de tareas" del general Videla, que realizaban la parte argentina de la Operación Cóndor, diseñada por la CIA en tiempos de Nixon y de Reagan... Y muertos de la literatura que ejercen censura retórica, y muertos de la Biblia, como Nemrod, constructor de Babel y cazador ante Javé, quién lo mato por medio de un mosquito. A veces intimo con cybercriaturas y entablo con ellas partidas de ajedrez que pierdo.


—Encuentro más verdad en libros de Alejo Carpentier, por nombrar a un solo autor, que en muchas historias actuales que recurren al futuro. Me refiero a libros como El reino de este mundo...

—Es un libro precursor, que funda lo real maravilloso, y apunta en la misma dirección que la composición narrativa de Miguel Ángel Asturias, Hombres de maíz del mismo año (1949), y de García Márquez. Asturias construye esa novela desde una concepción animista indígena. Esos cuadros, que tienen como protagonista común y nexo al esclavo negro Ti Noel, son pequeños "retablos" que explican el mundo desde una perspectiva vodunsi, mágica, según la tradición de Haití que ignoran los blancos El reino de este mundo es una pieza de literatura fantástica, igual que Los pasos perdidos. Y trata del mestizaje cultural, religioso..., de los siglos XVIII/XIX en el Caribe, que nos recuerda al presente porque son las mismas etnias subsaharianas que van y vienen.


—¿Qué lugar ocupa el ser humano en tus novelas?

—El central. Ideas, ensoñaciones, experiencias místicas. Cómo ejercemos el amor, veneramos a Dios, practicamos la injusticia y demás pleonasmos del alma. El ser humano es siempre él y su Dios, que en el monoteísmo puede traducirse "la cumbre del creyente". En La montaña del origen se trata de un dios encarnado, sintético. El narrador de esa historia no tiene otro nombre que el de su profesión: antropólogo. En La cara..., el narrador es un hagiógrafo católico llamado a contar vida y milagros de un santo cibernético. Pero la beatitud virtual del sacerdote electrónico no es más que una transposición de los valores humanos paradigmáticos a un ordenador también provisto de los algoritmos del deseo humano.

Quién es Daniel Alcoba

Daniel Alcoba se inició en la escritura como periodista, en Argentina, su país natal. En los años de la dictadura militar debió exiliarse en París, y luego en Barcelona, donde lleva veinte años (tiene cincuenta y seis) trabajando para la industria editorial de Barcelona, como lector, traductor y redactor, donde realizaría su obra poética y narrativa. Es un escritor de amplio espectro, por lo que ha incursionado en diversos géneros, desde la política ficción al género policiaco y el simbolismo psicológico. Entre sus obras pueden citarse El lector del diablo, Barcelona, CIMS 97, La montaña del origen, Minotauro, 1999 y La cara hembra de Dios, Minotauro, 2004. Es autor de trabajos de exégesis literaria acerca de autores contemporáneos y clásicos y ha publicado ensayos sobre temas políticos y económicos relacionados con Iberoamérica y el Tercer Mundo.

Quién es Javier Romero, el entrevistador

Javier Romero nació en Madrid, tiene 33 años y es periodista. Entre muchas otras cosas fundó una revista mensual de tendencias y estilos de vida, que se vende en toda España desde hace 4 años, llamada "alterEGO". En ella, desde hace varios meses, se publica una página dedicada a la ciencia ficción o a la literatura que la redacción considera interesante, siempre en la órbita de la cf. La revista tiene de todo: música, arte, cultura en general. Javier es, además, crítico musical (Diario 16, Rolling Stone, MTV), consultor de programación de tendencias de RTVE (radio tv española) y consultor de comunicación para empresas. La entrevista con Daniel Alcoba apareció en el número 31 de alterEGO.

Axxón 146 - Enero de 2005


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