S. J.

Felipe Rodríguez Maldonado

México

"...vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos.
Bautícenlos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo..."
Mateo 28,19


Mi doble condición me impide mentir monseñor, usted bien que lo sabe; puede interrogarme, seguro de que todo cuanto diga será verdad, tan verdad como la que cualquier otro sacerdote jesuita sea capaz de expresar, incluso más exacta... Trabajé el equivalente a unos cuatro años terrestres en el planeta que está ahí abajo. Organicé una "reducción" inspirada en las comunidades creadas en las tierras guaraníes por misioneros de nuestra Orden en el siglo XVI; igual que allá, vivíamos y trabajábamos juntos, como una iglesia primitiva, pues las descripciones en los "Hechos de los Apóstoles" de las primeras comunidades cristianas les han interesado muchísimo... Su filosofía no difiere enormemente de la humana: buscan el bien común, creen en una vida después de la muerte aunque no son religiosos, y confieren gran valor a la justicia que, esencialmente, también es entendida como dar a cada quien lo que le corresponde... Efectivamente padre, está usted en lo correcto. Ha resultado difícil para mí explicarles el misterio mariano. Los odriguianos, como ya deben estar enterados (lo informé desde mi llegada), son seres hermafroditas, no existe distinción de sexos entre ellos, todos cargan en sí mismos con un potencial creador integral, son, por decirlo de alguna forma, padre y madre a la vez... No hermano, no. Ellos no son homosexuales; no lo necesitan, no se complementan en el aspecto carnal. En ese sentido, son más "espirituales" que los humanos... Mi intención no era ésa, por supuesto; únicamente intenté ser gráfico en mi explicación... Sí, padres e hijos forman familias muy unidas... Verá usted, aunque el rol de la Santísima Virgen María les es difícil de asimilar, en cambio comprendieron con facilidad que Dios sea tres personas distintas y, a la vez, una sola. Ellos consideran que hijos y padres son una unidad y no les resulta complicado aceptar que Dios Padre pueda engendrar a su hijo Jesucristo y, siendo distintas personas, sean uno mismo simultáneamente... Al Espíritu Santo se los presenté como la fuerza, el aliento de nuestra fe. Los odriguianos, como ya les mencioné, no tienen religiones, pero creen en "algo" superior, en un poder creador inmenso, y sienten una fuerza que los hace creer. Hace un año envié la traducción del tratado de un sabio antiguo que se refiere a ello; curiosamente, la fuerza de su fe ha sido abrazada por muchos de ellos... El ritual fue poco aceptado al principio, pero actualmente celebramos la santa misa diariamente con gran asistencia regular... ¿Mi punto de vista particular? Bueno, su nivel científico y tecnológico es quizá un poco inferior al nuestro, muy ligeramente, porque si bien pueden viajar por su sistema solar, no están preparados para hacer travesías intersolares. Esta nave les ha impresionado mucho y me pidieron que intercediera ante usted para que un grupo de expertos pudiera conocerla... Sí, comprendo que eso podemos tratarlo después... En Odriguia, curiosamente, no tienen cibernoides; sus máquinas no se parecen a ellos. Eso, creo, facilitó mi labor, pues aunque les he explicado mi condición, ellos me aceptan como un igual. Sus robots son industriales: brazos mecánicos, dispositivos de transferencia, vehículos autoguiados, nada que no exista en la Tierra... Por supuesto, dominan la energía atómica, aprovechan la luz solar, conocen el láser y cuentan con plantas de plasma... No, no manipulan genéticamente plantas ni animales; sólo a nivel experimental; realmente no lo necesitan pues sus necesidades básicas están cubiertas. Su equilibrio ecológico no se ha alterado en siglos... No comprendo su pregunta. Todo lo referente a mi ministerio se transmite continuamente a la Tierra; he obedecido cada una de las instrucciones recibidas, no puede ser de otra manera... Alguien tenía que hacer ese trabajo; me instruyeron para ejecutarlo pero, de hecho, yo lo deseaba: todas las criaturas son hijas de Dios y deben conocer su mensaje, aún teniendo un rostro sin nariz, sólo tres dedos en sus manos y carecer de algo semejante a la piel humana... Cumplí con la primera tarea de nuestra Orden inspirado en nuestro Padre Ignacio de Loyola y San Francisco Xavier... Detecto un tono irónico, monseñor, ¿le resulta tan difícil de entender?, ¿por qué? Hasta el Vaticano hay tres mil años luz, actué de acuerdo a mis instrucciones y a mi propia conciencia... ¿Cómo pueden ustedes decirme ahora que dudan de mi conciencia? Me enviaron allá, consideraron que podría cumplir mi misión entre los odriguianos, ¡y lo logré, padre, lo logré! Ellos conocen a Cristo y lo han aceptado como su Salvador. Usted lo sabe, lo saben todos ustedes: hay cuatrocientos mil hermanos en Odriguia bautizados en el nombre de la Santísima Trinidad... No considero que sea válido ese argumento; se lo digo con todo respeto. Dios sabe que no me vanaglorio de mi trabajo, pero soy consciente, como lo fue nuestro Santo Padre cuando autorizó mi viaje, de que ningún misionero en la historia de nuestra Iglesia enfrentó las vicisitudes que yo tuve que sortear. En nuestra misma Orden, el propio Francisco Xavier, en la India, Indonesia y Japón; los padres Miguel Ruggeri y Mateo Ricci, en la China de los mandarines; nuestro "brahmán jesuita" Roberto de Nóbili y el santo Pedro Claver, patrono de las misiones entre poblaciones negras, tuvieron siempre la enorme ventaja de que trataban con seres humanos, habitantes del mismo planeta, con diferencias de cultura, idioma, alimentación o color de piel, sí, pero esencialmente iguales. Los odriguianos, miembros de una civilización avanzada y poseedores, sin duda, de un alma que anhela conocer el mensaje del Creador, el Creador del mismo Universo del que nosotros formamos parte y que apenas empezamos a descubrir cabalmente, no son únicamente miembros de otra raza, son una especie distinta a la terrestre y para llevarles el Evangelio traté de ser un poco como ellos, ¿me juzgan por ello? Pero si me enviaron para hacerlo así, para eso fui creado... Es cierto. Todo lo que ha dicho es verdad. Seguí el camino de la adaptación; sí respeté sus costumbres locales y las practiqué (siempre que no fueran idolátricas); sí, estudié sus libros filosóficos, cuyas traducciones he puesto a su disposición; sí, conservé todo aquello que no se oponía a los que nuestra Santa Madre Iglesia Católica anuncia, pero nunca renuncié a nada de la fe, sólo adopté un método que la hiciera comprensible. Para todo eso ya estaba contemplado, hasta físicamente me parezco a ellos, así tenía que ser, ¿por qué, entonces, el interrogatorio?... Por lo que me dice, monseñor, creo entender que no se juzga tanto la validez o rectitud de mi trabajo misionero, como mi propia condición. ¿Cree que debería traer alzacuello en ese planeta con atmósfera de hidrógeno, agua, metano y amoníaco?... Entonces estoy en lo correcto: usted cree que el problema soy yo. ¿El Papa lo envió para esto, padre, o está usted actuando por iniciativa propia? Nuestro Santo Padre fue el impulsor de la evangelización en Odriguia, me parece difícil aceptar que se haya retractado ahora; ciertamente no convocó a un Concilio para aprobar mi ordenación sacerdotal y, a la vuelta de unos años, determina dar por terminada mi misión, ¿o sí, monseñor?... ¿Debo asumir que pretende que esta nave aterrice en el planeta sin mí porque considera que el Vicario de Cristo en la Tierra perdió su infalibilidad, que se equivocó y que yo no puedo ejercer mi ministerio?, ¿y cómo, aún con su cardenalicia investidura, puede usted estar seguro de que no procede equivocadamente? ¡¿Cree que los odriguianos recibirán a otros presbíteros si yo no regreso?! Abajo me están esperando, y tal vez acepten que lleguen humanos a catequizarlos, pero mi presencia será indispensable para presentarlos. Nadie en esta nave es como ellos y dudo que sean capaces, no sólo de comprenderlos sino incluso de soportar las condiciones de un mundo hostil como Odriguia... Dios sabe que no me rebelo ante su alta investidura, monseñor; no puedo hacerlo, pero soy capaz de darme cuenta cuando un error va a cometerse y mi obligación es advertirle que está a punto de acabar con mi labor... Le suplico que reconsidere su postura o deberé comunicarme directamente con el Papa, ése es mi deber; si él personalmente me ordena abandonar mi misión lo haré inmediatamente, pero no antes... Pero, por favor, ¿no ve que esa pequeña esfera naranja alrededor de la que orbitamos no es la Tierra? Odriguia es completamente distinto a nuestro planeta: su sol es rojo, viejo, sus lunas son pequeños mundos habitados, su música no se parece en nada a lo que ha escuchado antes, la atmósfera es irrespirable, no conocen el cielo azul, ni imaginan obras de arte como las que guardan los museos del Vaticano; su concepción del universo es muy distinta a la de los humanos y, aún así, aceptan un Reino de Dios como Jesús nos lo enseñó hace tres mil años, fundamentado en la paz, la justicia, la verdad y el amor; pero intente imponerles un Dios terrícola que ellos no comprendan y todo el trabajo evangélico realizado hasta ahora habrá sido inútil. Ruego a Dios nuestro Señor que ilumine su pensamiento, monseñor, e impida que cometa una injusticia.

Señor, ayúdame en este trance; no permitas que por mi inactividad abandone a mis hermanos odriguianos; haz que pueda cumplir con la misión que me encomendaste por medio de tu representante en la Tierra; que mis hermanos jesuitas comprendan que no deben relevarme de mi responsabilidad ahora; que entiendan que todo lo que hice fue para tu mayor gloria, aunque no sea nada más que un robot misionero...



Ilustración: FRAGA

De Felipe Rodríguez Maldonado, mexicano de Saltillo, Coahuila, hemos publicado "Tara 2011" en Axxón N° 140 y "El Cristo Atrapado" en Axxón N° 147. Felipe, que ronda los 40 años, es actualmente el coordinador editorial de la sección local del periódico Palabra de Saltillo, Coahuila, perteneciente al Grupo Reforma. Fue reportero especializado en el área de negocios y corresponsal en Saltillo del periódico El Financiero. También participó con entrevistas y reportajes en la revista Punto y coma. Es egresado de la Universidad Autónoma de Coahuila con Licenciatura en Ciencias de la Comunicación. Felipe fue antologado en un volumen del Premio Estatal de Cuento Julio Torri y quedó finalista del Premio Kalpa de Ciencia Ficción.


Axxón 149 - Abril de 2005

Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Religión: Ciencia Ficción: México: Mexicano).

            

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