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El Gaucho de los Anillos

La yunta e’ torres
Capítulo 7

Revolvían los rastreadores
cerca e’ la selva maciza
entre el montón de cenizas
que quedaron del jogón
y hallaron sólo un botón,
quién sabe de qué camisa.

No había de los petisos
ningún rastro, y pa’ pior
la madrugada anterior
antes que cantara el gallo
les espantó los caballos
uno con un arriador.

Dijo el enano: “Pa’ mí
que era el mago Sarumán,
viejo con cola e’ alacrán
que si llego a verle el gorro,
a hachazo limpio lo corro
lo mesmo hasta el Tucumán.”

“Güenas tengan”, dijo un viejo
que apareció redepente.
“Si andan buscando a una gente
chiquita que anda perdida,
yo sé de muy güena juente
que están a salvo y con vida.”

“¡Ahura vas a ver, sotreta!”,
lo amenazó el Guimlidiano.
“¡Te va a enseñar este enano
a espantar pingos, matrero!”,
y ahí al humo se le jueron
con las armas en las manos.

Pero ni una le acertaron
de los saltos que pegaba.
“¿Qué modo es éste”, gritaba,
“de recebir a un amigo?
¡Nomás esto me faltaba!
¿No distinguen paja e’ trigo?”

“¡A la pucha, éste es el Gandalf!”
soltó el Legolas feliz.
“Decí, ¿de dónde venís?
¿Qué fue a la final en Moria?
Contanos toda la historia.
¿Por qué ya no andás de gris?”

“¡No me hablen de aquel lugar
ni me hagan que rememore!
Que me van a hacer que llore
ricordando el pozo oscuro.
¡Con lo que pasó, siguro
va a hacerse mucho folclore!”

“Endijpué e’ mucho caer
llegamo’ hasta el fondo del pozo
con aquel bicho asqueroso
que me tiró el chicotazo.
¡No quieran ver qué porrazo!
¡Qué ricuerdo doloroso!”

“Apagó ahí nomás el fuego
y se me jue el muy lagaña,
pero yo, que me doy maña,
lo corrí por los aujeros
y en la punta e’ la montaña
lo alcancé al bicho rastrero.”

“Y allá arriba, entre las nubes
y bien cerquita del cielo,
se largó nomás el duelo
que jue de juerza un derroche.
Cuatro días con sus noches
peleamo’ en el medio ’el yelo.”

“Al fin, al coso agotao
y medio dijunto ’el hambre
le dio en la pata un calambre
y lo mandé a mejor vida.
Pero la ligué tupida
y también terminé fiambre.”

“Rumbiando pa’l Paraíso
con San Pedro me encontré,
y unos mates me tomé
pero no pude estar largo,
porque yo tengo un encargo
que entuavía no terminé.”

“Lindo cuento”, dijo el Trancos.
“¡Y llega a tiempo también!
Si están los gurises bien
como nos andás contando,
es hora e’ dir enfilando
pa’ la casa e’ don Teodén.”

“Va a haber que dentrar a andar,
que las monturas han juido.”
Dijo el mago divertido:
“¿En serio me lo decís?”,
y pegó endijpué un chiflido
que se oyó en medio país.

Contestaron tres relinchos
a la llamada del viejo,
y se vinieron de lejos
en gallarda cabalgata
el bayo y el azulejo
y uno más con pelo e’ plata.

“Aquél es el Sombragrís,
entuavía medio bagual,
un caballo sin igual
como no se ha visto otro.
¡Miren qué pedazo e’ potro!
¡Vean qué bestia, qué animal!”

“Ninguno se da como éste
en galopear tanto afán.
Al moro y al alazán
les gana cualquier domingo
este patrón de los pingos
de los pagos de Rohán.”

“Ninguno pudo domarlo
hasta que lo agarré yo.
Don Teo me lo regaló
pero le gustó bien poco,
y ahura se anda haciendo el loco
y me porfía que no.”

Montaron a la final
las bestias galopeadoras,
y sin almitir demora
salieron los compañeros
más rápido que ligero
poniendo rumbo pa’ Edoras.

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