EDITOR

Eduardo J. Carletti

Argentina

Estimado amigo:


He leído su cuento y me parece rescatable. Por si no tuvo una experiencia anterior y por ende no conoce aún el antipático lenguaje de los editores, le explico que eso significa, casi, que el cuento ha sido rechazado. Si no le queda claro lo que quiero decir, le remarco que el hecho de que el cuento haya sido calificado como "rescatable" no quiere decir para nada que el cuento sirva, y le conviene traducir la expresión más bien a un "así como está, ni siquiera es remotamente publicable". Ahora bien, no todo está perdido. Si no se ofende y se mantiene con un criterio abierto, tomaré la misma actitud y le confesaré que esta introducción es un mero formulismo de la editorial que sirve para sacudir un poco a los autores y predisponerlos a aceptar las propuestas de corrección que vienen luego.

Decía más arriba que el cuento es casi inaceptable. Pero "casi" es "casi", y de ahí que me he tomado el trabajo de intentar el rescate de su idea y, de ser posible, una buena parte de la trama. De modo que podemos empezar.


No es interesante ni es una idea original el comienzo del cuento con el protagonista ciclando canales de TV con su control remoto (recuerde The Wall). Claro que usted podría haber elegido una forma mucho peor de mostrar el aburrimiento del joven. Me refiero al recurso horrible de escribir su corriente de pensamientos en tercera (o primera) persona, cosa muy común en los escritores de escasa experiencia. Pocos se dan cuenta de que al lector lo que menos le importa son los pensamientos de los demás, ya que apenas si le alcanza el tiempo para atender los suyos. El resultado es que se aburre.

Pero, en definitiva, podemos dejar la escena, aunque no sea de lo mejor, y también el esquelético diálogo del protagonista con la madre, ya que con eso casi queda delineada la personalidad de la mujer y su relación con el hijo. Como ve, no ha empezado tan mal.

El segundo bloque, la búsqueda de los avisos pidiendo personal en el diario, su lectura y la intención de remarcar el lenguaje soso de las promesas que contienen, necesita un poco de trabajo. Haremos un poco de taller por correo, tal vez conmigo o sino con uno de los escritores de la editorial. Lo mismo vale para todas las siguientes acotaciones donde yo le diga algo así como "necesita arreglarlo" o "veremos de mejorarlo" o una cosa parecida.

Lo que no puedo aceptar de esta parte es lo del llamado telefónico del amigo. En el momento en que la madre se lo anuncia parece natural, claro, pero luego, cuando usted relata el encuentro y la razón del llamado, la cosa resulta, si me permite opinar de este modo, altamente inverosímil. Pero dejemos la cuestión para discutirla unos párrafos más adelante. No quiero andar a los saltos por el argumento.

Viene ahora la escena de la madre saliendo para su trabajo. ¡Cae usted en un error muy común! Se lo explico: El protagonista huele algo en el aire y de inmediato se siente "inquieto", "desconcertado" y le parece "inexplicable". No debe hacer esto de ninguna manera. El protagonista huele algo raro y chau. El mero hecho de que al narrarlo se mencione que es "algo raro" —no olvide que usted narra desde el punto de vista de ese personaje— ya deja un rastro en la mente del lector. Las facetas extrañas del cuento aparecen luego. Debería decir mejor, se notan luego, cuando uno observa que lo que va a suceder es algo así como un cataclismo a partir de una "realidad al revés" (representada por su alucinante geografía de la Argentina), un cataclismo terrible que da existencia sorpresivamente, y como consecuencia de la hecatombe, nada menos que a nuestra realidad —la "realidad real", diría yo, aunque parezca redundante— lo cual le da a su cuento, a mi entender, todo su valor de rescatable. Con todo esto quiero decir, en resumen, que ése no es el momento narrativo —y ni siquiera psicológico— para agrandar los adjetivos.

Bien por su crítica —no directa, sino de refilón— a la estupidez de los horóscopos y los pronósticos del tiempo.

Con respecto a lo del llamado telefónico la cosa es así: cuando la madre le informa al joven que el amigo lo ha llamado mientras dormía, no me pregunte por qué, pero la inevitable deducción del lector es que lo llamó para contarle lo que luego, en la escena que paso a comentar a continuación, termina contándole. Usted parece apoyar esta conclusión, porque el mensaje que le deja es que lo espera en un bar equis, y esto suena mucho al típico preludio de encuentro-en-bar-más-confesión-importante-de-amigo-a-amigo. (No se enoje, no pretendo ser ofensivo sino lo más gráfico posible.)

Llegamos al encuentro del protagonista con su amigo. ¡Es realmente increíble! Pero no en el sentido bueno de "increíble", sino in creíble, o digamos en buen castellano: no creíble. ¿No se da cuenta de que con semejante noticia nadie, absolutamente nadie, podría estar en la mesa de un bar esperando a un amigo? ¿Pondría usted "cara de lunes" como lo expresa el protagonista principal, y nada más, ante un cataclismo de esa magnitud? ¿Y necesitaría de verdad que su amigo le pregunte por lo menos tres veces para decírselo? ¿Realmente cree usted, por Dios, que la gente iba a estar esperando a que el amigo le diera la noticia para empezar a correr y a gritar y a romper vidrios? Léalo ahora que tiene mi opinión y dígame si esa escena no es absolutamente errada, tan errada que si no hunde el resto del cuento por lo menos le hace un agujero más que apreciable a su credibilidad.

El bloque siguiente podría pasar. Tal vez necesite un poco de arreglo, pero en general está bien. El protagonista vaga, siente alguien que lo llama, piensa en su madre, camina a ciegas, arrastrado por una multitud... Es una de las posibles repuestas a un shock emocional que tiene que ser, a la fuerza, descolocador.

La escena de la chica que le pide que le haga el amor porque no quiere morir virgen no me termina de convencer. No sé si es porque es bastante típica (se le ocurre a casi todos los que escriben historias apocalípticas) o porque tiene defectos en el relato. La voy a releer dentro de un tiempo y le comunicaré una opinión definitiva.

Tiene que sacar eso de "la dejó ir desde la punta de los dedos", y también —y con mucha más razón— "quedó solo sobre el umbral que había sido". Este no es un relato poético, y el hecho de que a usted le parezca que lo sucedido —el pedido de la chica al protagonista de que la posea porque no quiere morir virgen— tiene algo de romanticismo es una cuestión muy personal, donde caben mucho más sus deseos que la realidad (y tal vez una forma de sentir y ver las cosas un tanto adolescente; aunque tome esto con pinzas, ya que no pretendo meterme a psicólogo). El caso es que usted ha caído en otra "distracción" (no he encontrado una definición mejor) de las que normalmente se ven en los relatos de escritores que recién empiezan: las escenas de amor no necesariamente deben ser relatadas con palabras románticas y poéticas. He visto cuentos en los que, en medio de una carnicería atroz (por dar un ejemplo) se saltaba a un lenguaje puramente poético para describir una mirada o un gesto de amor. Es posible que algún autor muy bueno pueda manejar un contraste de este tipo y lograr un buen efecto, pero por lo general la cosa no funciona. En su caso no creo que la situación sea poética ni romántica. Es más bien patética. Y triste.

Viene ahora, luego de otro deambular sin sentido (que no está mal, ya se lo dije), la aparición del profeta. Esto también es típico. Sería bueno que los escritores tuviesen un poco de fogueo leyendo el material presentado a una editorial, por ejemplo, o a un concurso de cuentos. Verían que se repiten situaciones casi calcadas que suelen extraerse de películas (la mayoría tienen arquetipos que se repiten) o de series de televisión (TODAS tienen personajes prefabricados, tipo "matrimonio en conflicto que al final se arregla", "padre que trabaja mucho y no tiene tiempo para sus hijos", "malo con la cara marcada", "vendedor de droga o cafisho negro con sombrero de ala, abrigo llamativo, zapatos a dos colores", a un nivel que si encuentra usted uno que no entre en el catálogo, de verdad lo felicito). No sé si se puede decir que todo el material por el estilo deba ser descartado de inmediato, pero lo que sí le digo es que volver a encontrar las mismas fórmulas una y otra vez nos irrita mucho a quienes debemos elegir (no crea que es una tarea grata), de modo que si usted presenta un material donde cae en esta clase de error es casi una garantía de que ese material será rechazado.

Pero volvamos al "predicador" o "profeta" que aparece siempre —en la ficción y tal vez también en la realidad— en los momentos apocalípticos. ¿Por qué lo pintó tan al estilo yanqui? ¿No tuvo oportunidad de ver a los predicadores de nuestro estilo que —megáfono, guitarra y panderetas mediante— se ponen a vociferar en lugares públicos? No es tanto el aspecto físico (los que vi por lo general eran jóvenes, es decir, ninguno era calvo como el suyo, pero eso tal vez no sea importante) sino su discurso. El mensaje de su personaje se refiere a "Dios" y los de acá han hablado siempre de "Jesús". Y otra cosa. Lo de "Arrepentíos, pecadores" me suena también a predicador yanqui (cayó usted otra vez en la influencia de las series de TV o de las películas). Los de aquí han jugado mucho más con la faceta cariñosa, tipo "Acércate a Jesús, porque él te dará paz" y cosas por el estilo. De cualquier modo me resulta interesante la reflexión del joven, cuando dice: "Al carajo con Dios, igual vamos a hundirnos". Pinta bien lo que hay en la mente de muchos jóvenes que, a fuerza de golpes, se van volviendo descreídos de todo. También está bien lo de "Estamos todos locos", etcétera. Es decir, a mí me gusta.

Y llegamos a lo que sería el desenlace. No digo que esté mal. Sólo me parece que unas pocas líneas no pueden expresar la enormidad del cataclismo que plantea usted. De cualquier modo se interpreta, tal vez meditando un poco, que la escena del final, donde el personaje acciona un "control remoto" y va viendo "el mar", "el cielo", "las olas", "los gritos, la oscuridad, el último temblor", que ese final es terriblemente introspectivo y personal (subjetivo) del joven. Es decir que el control remoto es puramente ilusorio y existe sólo en su conciencia, que roza el borde de la locura. Voy a releer también esto, y también trataré de obtener un par de opiniones más. El final de un cuento suele ser muy importante, muchas veces más importante que el resto del desarrollo, en especial si el cuento es corto, y no quisiera que luego de tanto trabajar se nos escape un remate que arruine todo.


Ilustración: Valeria Uccelli

Dice usted al final, en una última frase, "Amanecía sobre el mar Atlántico". ¿No cree usted que, de hundirse del todo su hipotética Argentina continental a causa de una falla geológica, como usted propone, lo que quedaría sería el "Océano Atántico"? "Mar" implica una costa, y no quedaría ninguna. Si lo que usted quiso expresar, siguiendo el juego de invertir ficción por realidad, como a mí me parece, es que quedaría un extenso archipiélago como el de nuestra realidad, no logró dejarlo en claro y debe arreglarlo de algún modo. Por otra parte, ¿no se contradice ese "Amanecía..." con el planteo del resto del relato, ya que todo lo anterior parece —a mí me pareció así— ocurrir a plena luz del día? Véalo.

Bien, lo más duro ya ha pasado. Ahora nos pondremos a trabajar en conjunto para lograr, como le decía más arriba, el "rescate" de su cuento. Si tiene usted buena voluntad y verdadera intención de ver publicado lo que me ha enviado, en dos o tres meses tendremos un relato corregido y compuesto, listo para publicar. Mañana le mando esta carta y una copia de su original con comentarios, por barco, si tenemos la suerte de que el Sureño salga por fin de puerto. (Ayer llamé por teléfono y me informaron que le faltaban 500 kilos para completar la carga.) Con un poco de suerte, y buen tiempo mediante, llegaría por Comodoro en una semana, ya que hacen un par de escalas para descargar, una en la Isla de Neuquén Este, creo, y otra en la Isla Amable de Santa Cruz. Si usted apura su respuesta y la pone en el mismo barco (que parte de regreso para Isla Verde dos días después de su llegada a Comodoro), estaremos dentro de los límites para lo que le dije antes, es decir, tener el relato listo en dos o tres meses. Si pierde el barco, tendremos que esperar un mes, en el mejor de los casos, para el próximo viaje, y todo se atrasará proporcionalmente. Téngalo en cuenta.


Lo saluda atte.

Eduardo J. Carletti, Editor



Hace un par de números, al presentar "Océano", remarqué la importancia de Eduardo J. Carletti, el escritor, aunque sin perder de vista la labor que, como creador y director de Axxón, le ha correspondido desempeñar a lo largo de 16 años. Y en el mes del 16° aniversario era natural tender un puente entre las dos condiciones, la que ejerce mes a mes y la que sólo disfrutamos esporádicamente. Por ese motivo, y no sin algunas protestas de su parte, le arranqué este "Editor", tan inclasificable como ficción que nos permite ver a Carletti en ambas funciones al mismo tiempo.


Axxón 154 - Septiembre de 2005
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Realismo conjetural: Ciencia Ficción: Ucronía: Argentina: Argentino).

            

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