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El Gaucho de los Anillos

La yunta e’ torres
Capítulo 13

Se contaba que en un tiempo
las Montañas de la Sombra,
que al pago ’el que no se nombra
de frontera hacían las veces,
tenían sobre sus pieses
una torre e’ las que asombran.

Brillaba en medio e’ la noche
como si juera un candil,
reluciente de marfil
y más linda que ninguna:
así jue Minas Itil,
la fortaleza e’ la luna.

Parecía que había bajao
un pedazo e’ cielo azul.
Pero ¡ay! Llegó el nazgul
mandao por el malo mismo,
y endijpué ’el nuevo bautismo
se llamó Minas Morgul.

Llegaron el Sam y el Frodo
siendo ya noche cerrada.
Aquella torre embrujada
y enllena e’ cosas ladinas
echaba una lú malina
por el fondo e’ la quebrada.

Alta y horrible la vieron,
una presencia espetral.
Parecía una catedral
sin feligreses ni cura,
más fea la fachada oscura
que careta e’ carnaval.

Los pastos de aquel lugar
estaban todos marchitos,
la cruzaba un puentecito
a una zanja e’ agua podrida:
ése era un pago maldito
ande todo era sin vida.

El Golum y el Sam al Frodo
lo tuvieron que pará’:
la sortija de maldá
que tenía sobre el pecho
lo iba llevando derecho
como con riendas pa’llá.

El Esmeagol lo llamaba:
“¡Pa’ diánde se va, patshón!
Si me lo agaya el Sauyón,
otsho yo diánde me agencio.”
Endemientras, el peón
diba llorando en silencio.

“Pobre don Frodo”, pensaba.
“Los santos valar no quieran
que al cruzar la cordillera
se me ponga más enfermo.
¡Ojalá que acá anduviera
aquel burrito, el Guillermo!”

Diba el Golum cuchicheando,
buscando por los rincones:
“Estu’ do’ hobbi’ chambones
justamente a mí me tocan”,
y en una grieta e’ la roca
encontró los escalones.

Sintieron mientras subían
un bramido estraordinario,
y de lo alto ’el campanario,
como quien dice e’ la cruz,
salió pa’l cielo una luz
con un brillo funerario.

Dijo el Sam: “¡Qué rejucilo!
No han de ser güenas señales”.
Allá abajo los portales
de Minas Morgul se abrieron,
y salir de adentro vieron
una procesión de males.

Lo que vían dende allí
no podían llamarlo gente:
una tropa repelente
salía del juerte jediondo
y pasaban de uno en fondo
de un lao al otro del puente.

Miró el Frodo al que marchaba
al frente del regimiento
y lo conoció al momento,
todo duro del jabón,
como el que le hundió el facón
allá en la Sierra e’ los Vientos.

Un frío le dentró al alma
y le ardió la cicatriz
viendo que con la nariz
el brujo el aire olisqueaba,
y el anillo lo tentaba
pa’ levantar la perdiz.

Al final dejó el de negro
la postura e’ centinela,
ahí nomás las dos espuelas
al flete se las clavó
y hecho una juria salió
como urraca que se vuela.

Los otros, llevando lanzas,
lo seguían en la huella.
“Se van como pa’ la gueya”,
dijo el flaco e’ puro vicio.
“Allá’lo lejo’, malicio,
v’habé tshemenda epopeya.”

Siguieron viaje ahí nomás
por la escalera empinada,
y endijpué de la trepada
anduvieron un buen trecho
por un senderito estrecho
en medio e’ piedras peladas.

El cielo e’ la madrugada,
entre paredes metío,
se les figuraba un río,
pero arriba, o sea al revés.
Por áhi andaban los tres
muriendosé de hambre y frío.

Diba el Golum como loco
saltando de acá p’allá.
“Ya queda poco pu’andá,
patshón, no se nos fatigue,
que si a nosotsho’ nos sigue
no lo vamo’ a defshaudá.”

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