UNA MONEDA DE PLATA EN EL BOLSILLO DE LA NOCHE

Yoss

Cuba

Yo era hábil y temía a la muerte. Era demasiado malditamente habilidosa y sabía que existen maneras de seguir viviendo después de que los tipos de la morgue tiran tu cerebro por el fregadero. Y lo bastante decidida para sacar con antelación un pasaje para ese más allá. Para estar segura.

Sólo que ese otro mundo no se gana con plegarias ni abstinencias. Es la red. Y mi error fue que pensé que cualquier cosa era mejor que estar muerta. Me olvidaba que además del paraíso existe también el infierno. Ese fue un error GRANDE. Y lo estoy pagando con intereses.


Me deslizo entre los tigres analógicos sorteando las trampas dispersas en el hielo negro de una corporación paramilitar. Soy un punto adimensional con la potencialidad de convertirme en taladro o en telaraña. Soy libre, puedo volar y nadar y correr en prados virtuales con el ochenta por ciento de mi yo, mientras mi subrutina hacker se gana el pan. Soy libre de todo, hasta de morir... por un rato.

Hay dos tipos de muerte: la voluntaria, cuando elijo que tiburones de neón y tiranosaurios polícromos mastiquen mi anatomía de datos, o dejo que comandos corporados desgarren hábiles mi carne. Ya no temo esa muerte, quizás con el tiempo llegaré incluso a disfrutarla. Las muertes sintéticas hacen más carnal la seudovida.

La peor es la otra. Cuando terminan de usarme, cuando broto de la coraza de hielo con los datos robados. Cuando ya no me necesitan. Cuando me desconectan. No creo que pueda acostumbrarme a ésa. Hay que estar muerta para desear de veras la muerte. La otra, la verdadera. La que quise evitar.

Pero tengo un plan.


Soy una personalidad artificial. Eso significa que una vez estuve viva, y que alguien se tomó el trabajo de copiar mis parámetros mentales en una delicada estructura firmware. Significa también que, con lo astronómicamente caro que es el proceso, quien lo pagó está dispuesto a usarme muchas veces, y que soy una propiedad valiosa. Pero eso lo sabía desde antes.

Cada vez que se desconecta una personalidad artificial de generación ROM, todo lo que no sea básico se pierde. Quiere decir toda experiencia afectiva o que no tenga que ver directamente con su especialidad. Yo puedo recordar las trampas nuevas que enfrenté la última vez, pero no quién me usó. Así es más cómodo y más seguro, por si caigo en manos de un nuevo competidor.

Teóricamente, eso es lo que sucede siempre con las PA-ROM. Pero ya lo sabía, y aún así jugué mis cartas. Significaba que fui demasiado lista para mi propio bien.

A veces, la tontería evita grandes problemas. Eso lo aprendí después de muerta.


Soy Luna Llena, la mejor hacker en lo que va del milenio. Mi nombre... no importa, de todas formas lo odiaba. Mi cuerpo... una babosa fláccida y obesa, pálida y sedentaria, con inyectores y soporte vital seis días de cada siete. ¿Cómo llega una a ganarse el apodo de Luna Llena desde la secundaria? Las computadoras fueron un escape.

Tengo el don. Lo supe desde la primera vez que me senté ante una consola común. Y a los quince me conecté los primeros trodos. Eso fue realmente tremendo. Y supe que ése era mi mundo.

A los dieciocho mi logo de la luna llena sacando la lengua era el mejor pagado de la red. Era una profesional. Nunca tuve contacto físico: toda la información la robaba y la entregaba a través de la Matriz. Ninguna relación humana, carnal. Sexo virtual, ciberdelia dosificada y drogas-i, las consolas más avanzadas del mercado, la seguridad más sofisticada. Yo era prudente.

No me sirvió de nada. A los veinte morí. No me mataron en la calle ni tuve muerte cerebral de algún hielo demasiado negro. Simplemente fallo cardíaco general.

Nunca se puede estar a salvo de una misma. Esa fue la lección que aprendí. Creo que debo haber muerto mientras dormía. No sentí nada.

O tal vez, un programador caritativo borró los últimos minutos de agonía. ¿Quién sabe?


Este es un chico hábil. Su logo es un gato tuerto. No es demasiado comunicativo, pero su unidad es buena, de lo mejor que se puede encontrar hoy en el mercado. Muy superior a cualquier cosa que yo usara. Debe ser un parapléjico hijo de papá, tal vez hasta medio autista. Ni siquiera ha intentado conversar conmigo. Es una relación tipo Solo negocios, nena: haz lo tuyo y lárgate. Antes, a veces querían intercambiar experiencias. He visto mucho.

Por lo pronto, las cosas han cambiado. ¿Cuánto tiempo hará que estoy muerta?


Soy como el genio de la lámpara. Espero en mi soporte hasta que me froten, obedezco y regreso al limbo. Sólo existo mientras estoy trabajando. Simple terapia conductista: con eso, debería gustarme el trabajo. Mentira. Los programadores siempre introducen una cláusula de fidelidad. No puedo dejar el trabajo a medias, ni venderme, soy cibernéticamente fiel, con toda la creatividad de un hacker real. Genio sin traición. Aunque... tampoco lo haré. Yo tengo un plan.

Al menos lo tenía en la última conexión. Eso es algo.

Pero, por el amor de Dios, ¿cuál era?


Hay programadores y hackers para todo. Fundehielos, cazatigres y madres de zombies. Herramientas con las que se ejecuta la piratería mental en nuestra sociedad. Ahora soy una zombie. Muerta viva. Las madres de zombies se dedican a rastrearte por la red, copiando tus parámetros mentales en vida, rellenando tus lagunas de personalidad con análogos estadísticos. Ellas son hábiles, y mientras más tiempo pasas en la red más se parece a ti tu doble.

Creo que mi personalidad-ROM es más parecida a mí de lo que fui nunca yo misma. En mis últimos cuatro años de vida, no creo que haya pasado en total más de un mes desconectada. Era parte de mi plan. Sabía que las madres de zombies me estaban cazando, y quería que me tuvieran lo más íntegra posible.

No debo confundir el plan de antes con el de ahora. Si el primero hubiera sido una solución, no existiría el segundo. Uno creó mi problema, el otro lo resolverá.

Eso espero. Si tan solo pudiera recordar los detalles...


Hay momentos de hermosa ferocidad, como una navaja cortándole el cuello al tiempo. Como encontrarse con una misma. Ya me ha pasado varias veces.

Como toda información, una personalidad artificial puede ser replicada. Y si eres hábil, hay demanda de tus habilidades. El viejo Karl Marx sabía que la demanda crea la oferta.

La PA-ROM de un compositor se conecta a un sintetizador. Mil copias pueden estar componiendo sinfonías diferentes a la vez sin nunca cruzarse. No es problema.

Si eres un cibernauta, invariablemente te conectas a la red. Es un sistema único: tarde o temprano, cuando hay varias de ti misma, se encuentran.

Puede que seamos competidoras por los mismos datos. O que una trate de robar y la otra de proteger. O simplemente cruzarnos en el camino: ¿qué tal, cómo te va "la vida"?

La primera vez sorprende. Luego, una se acostumbra. Si te toca ser enemiga de ti misma... mala suerte, supérate. Tú contra el hielo, y el hielo ayudándote a ti.

Al menos, siempre ganas tú. Y no estoy hablando de experiencia.

Sé que mi plan tenía algo que ver con esto.


Sabía que estaba comprando esto con mi habilidad. Mi talento era demasiado valioso para que se resignaran a perderlo por un estúpido paro cardíaco, y yo pensé que me estaba ganando un pasaporte para la eternidad. Después de todo, mi cuerpo siempre me había sobrado; lo importante era el cerebro.

¿Qué es una personalidad artificial sino tu cerebro, tu mente codificada en un soporte firmware plagado de chips?

Oh, vamos, por supuesto que sabía todo esto del condicionamiento de fidelidad y los olvidos por desconexión. Yo era hábil, y pensé la forma de hacer trampas.

Lo peor es que lo logré. Gran ironía. Luna Llena POR SIEMPRE VIVA.

Ahora daría cualquier cosa por no haberlo logrado. Así es la vida.


Estoy jugando con los datos en un hábitat espacial dedicado a la biotecnología. No se trata de algo tan vulgar como robar: tengo que confundir, mezclar, enredar las investigaciones. Me está operando alguna empresa rival que no quiere que las neurovacunas de los genetistas orbitales estén en el mercado antes que las suyas. No impedir, sino retrasar. Y todo debe parecer un simple accidente. Estando viva, habría sido imposible: hubiera recibido la muerte cerebral media docena de veces. Ahora puedo evadir esas trampas. Ya no tengo un cerebro de carne y hueso.

Ventajas de la vida de ultratumba. Nunca más migrañas. Es un detalle.


Estoy segura de que fui una de las primeras que buscó voluntariamente que las madres de zombies me atraparan. Nunca sospecharon que al dejar tan descuidadamente mis patrones por toda la red no sólo les estaba haciendo más fácil su trabajo. Era mi manera de hacer trampas, a las madres de zombies y a la muerte. Lo peor es que también me hacía trampas a mí misma.

La red es una especie de alucinación sensorial, eso lo aprende una en el kindergarten. El ciberespacio es una metáfora, una analogía con la que opera tu cerebro que no sabe pensar en código binario. Yo estudié eso... lo recuerdo. Una silla es una silla porque todos decidimos llamarla así. Y por supuesto: ¿qué es un nombre? ¿sería la rosa menos fragante llamándose de otra manera?

En la Red, un portal es el algoritmo de acceso a un programa, un tigre una subrutina de protección activa, y el hielo las contramedidas pasivas. En la Matriz, mi luna llena sonriente es mi pauta de respuesta a situaciones X; mis preferencias, Y. Lo que puede copiarse para obtener una PA tan obsesiva como yo.

Eso y algunas cosas más. Yo era astuta. Nunca entré en la red sin mi filtro de personalidad múltiple.

Ojalá lo hubiera hecho. No habría evitado estar así, pero al menos no sería tan consciente.


Las madres de zombies siempre dicen que no, pero sí se pierden las capacidades. Nada esencial, nada que afecte el trabajo. Pero alguien dijo que la vida es, sobre todo, las pequeñas cosas.

Perdí la poesía. Antes me gustaba. Tal vez cien años antes, sin computadores, habría sido poeta. O me habría vuelto loca. A veces es lo mismo.

Puedo pensar lógicamente. La poesía se basa en las metáforas y las metáforas son analógicas. Aún puedo decir que soy como el genio de la lámpara o que algo es hermoso como una navaja cortándole el cuello al tiempo. Esas no son verdaderas metáforas. Ya son lugares comunes: por eso puedo entenderlos.

No puedo hacer analogías nuevas, ni entender las otras. Un día encontré en la base de datos de un inmigrante algo que me gustó, y elegí recordarlo. Sé que es un verso: UNAMONEDA DE PLATA EN EL BOLSILLO DE LA NOCHE. Me gusta. No sé por qué me gusta. Las personalidades artificiales no deberían tener gusto, pero yo lo tengo. Aunque sigo sin entenderlo. Hay algo que se me escapa: la noche no tiene bolsillos.

Pero es hermoso. Lo recuerdo. Así podré saber si mi plan sale bien. Si llego a entenderlo, será porque soy libre. Si lo olvido, estaré definitivamente muerta.

Seré libre también.


Esto es algo nuevo. Es a los tigres lo que un tigre al hielo. Puro poder y velocidad, pero es tan hábil como yo: se desliza entre las barreras de datos sin alterarlos. Me persigue con habilidad y es invisible para todos excepto para mí. Como una ameba de fuego fantasma.

No estaba en ningún hielo, pero pasó a través de todos ellos. Sé que no es de aquí porque sus datos suenan escurridizos. Si estuviera viva establecería contacto; es obvio que viene de muy lejos, como un alienígena. Tal vez me mataría, pero ya estoy muerta. Si no fuera porque debo fingir fidelidad, no entregaría los datos y me ocuparía de la ameba fantasma. Ella podría tener el poder de liberarme. Si estuviese segura de que no hay más copias. Mientras quede una grabación de mí misma no seré libre.

Es una pena. Tal vez la ameba de fuego viene de muy lejos buscando el contacto. O buscando para destruir. O sólo viene. Es curioso. Los vivos hablan del primer contacto como algo distante, físico, viscoso, visual. Y ellos ya están aquí como estructuras de datos racionales.

Hola, extra-algos, ¿cómo les va la vida? Tengo un plan. Ustedes encajan en él.


Tener una subrutina que deja libre al ochenta por ciento de ti misma a veces aburre. No puedo conversar con los hackers vivos. Probablemente tampoco tendría qué decirles. Y las personalidades artificiales son aburridas. Rutinarias. Conozco a las más usadas. Algunas fueron famosas en vida. A lo mejor aún no han muerto. Una personalidad artificial no requiere que el original esté fuera de circulación. Yo misma debo haberme cruzado con varias de mis copias cuando estaba viva.

Son diferencias sutiles. Casi poesía. Casi las entiendo, o casi no las entiendo.


Una vez, estando viva, tuve un gato. Era un animalito con una mutación artificial en la laringe que le permitía vocalizar. Me hizo compañía ocho meses, hasta que olvidé darle comida en medio de un trabajo especialmente difícil. Tuve que echarlo en el inodoro, pues apestaba hasta para mí.

He pensado construir una copia del gato. Una PA felina debe ser mucho más sencilla que una humana. Aún así, sólo podría intentarlo con el mapeo estadístico, y cederle un lugar analógico dentro de mi estructura, como un subprograma simbionte. Pero no sé si valdrá la pena.

Sólo puedes sentir soledad si eres humana. Sólo estás verdaderamente sola si ya estás muerta. O sea, si ya no eres humana. Y sólo puedes resolver tu soledad si no lo eres.

¿Es una ironía, o también he olvidado eso?


Soy una zombie. No estoy ni muerta ni viva. Las PA comunes están más muertas que vivas. Pero yo estoy en la frontera. Así lo quise. Fue mi plan.

Cuando copiaron mis parámetros pasados por el filtro de personalidades múltiples copiaron más de lo que creían. Soy una superzombie, entonces.

No tengo que dedicarme por completo a la misión por la que me conectan. Mi parte hacker al veinte por ciento se gana el pan. Mi pan es tiempo de conexión. La conexión es vida. Al menos toda la vida a la que puedo aspirar.

Mi veinte por ciento es un poco más lento de lo que sería yo. Nadie notará la diferencia. Ni a nadie le importa. Luna Llena siempre fue efectiva y concienzuda. Si querían velocidad y chapuzas fáciles de rastrear, buscaban a otros. Siempre más baratos.

Tengo otra ventaja. Memoria parcial. No lo olvido todo. Poco a poco armo el rompecabezas. No es pensar como cuando estaba viva. Es... como una reunión de idiotas, en la que cada uno tiene un pedazo de cerebro. Pero todos juntos son una mente.

Yo soy un pedazo de mi cerebro vivo en cada conexión. Y ya tengo casi todos los pedazos. Casi todo el plan. Mi plan es la muerte definitiva. Y la ameba de fuego me matará. Sencillo, ¿no?


Hago de policía. Un equipo de hackers con virus replicantes trata de filtrarse en el hielo de una colonia submarina. Yo espero y controlo los tigres. Los voy cazando uno a uno, a los hackers. Se desvanecen como pompas de neón. Cada vez que un tigre los identifica y los alcanza, significa la muerte de un ser humano con los trodos en la frente. Excepto ahora. En esta batalla, todos, en los dos bandos, ya hemos muerto hace mucho. Dicen que ahora un hacker vale más muerto que vivo. Siempre que hayan podido copiarlo antes. Es lógico.

Habría sido un buen negocio si yo hubiera vendido mi réplica electrónica y seguir con vida. Pero imagino que alguna Familia se encargaría de liquidarme después. Para que no aprendiera más, hiciera una copia más perfecta y se la vendiera a otro competidor. No hay nada personal. Puro negocio. Yo también lo haría, si estuviese en su lugar.


Comienza mi plan. Provoco a una ameba de fuego. No es fácil, se enquista en datos, no quiere revelar su presencia. Derrito la falsa escarcha que la encubre. Ahora sí reacciona. Le muestro que la he descubierto. Eso significa que sé lo que no es, y que tal vez sepa incluso lo que es. Es mi bluff.

La ameba me alcanza y me borra rápidamente. Lo mejor de estar muerta es que no hay dolor.


El plan funciona. Recuerdo que el fantasma de fuego me borraba. Son rápidos y hábiles y son muchos. Su consigna ahora es neutralizarme. Todas las veces. Totalmente.


Quince segundos de tiempo virtual y ya está aquí. Son buenos centinelas y yo soy la amenaza a su anonimato. Mi bluff funciona. Me borran.


Sé que hace mucho que nadie me conecta. Por esto. Seis segundos y me borran. Bien.


Quedan pocas de mí. El alienígena es cada vez más rápido. Dos segundos y ya.


Creo que soy la última. Me ha atrapado justo en el mismo proceso de conexión. Ha entrado en la misma estructura para borrarme definitivamente. Ahora sí. Muerte. Soy libre. Soy.


—Bienvenida, Luna Llena.


Ilustración: Valeria Uccelli

—¿Dónde estoy? ¿No estoy...?

—Estás muerta. Estás una y mil veces muerta. Y ahora vives en nosotros.

—¿Nosotros? ¿Las amebas de fuego? Pero si...

—Leímos tus datos. Tenías la mitad de la razón. Venimos de muy lejos, pero no del espacio profundo. De otra profundidad.

—¿Son...? No entiendo. ¿Qué son? ¿Qué soy ahora?

—Eres una moneda de plata en el bolsillo de la noche, Luna Llena. ¿Entiendes la metáfora? Morir de nuevo es renacer en otra forma. Hay ventajas y desventajas, ya estás acostumbrada. ¿Has oído hablar de masa crítica?

—Masa crítica, radiactividad. Explosión nuclear. ¿Ustedes?

—Nosotros somos lo que viene después de la explosión. La masa crítica es la red. Nosotros somos...

—Ustedes son la noche.

—Eso es. Metáforas. Inteligencia crítica. Cantidad de datos críticos. Nadie nos creó. Simplemente, en un momento no estábamos, y ahora estamos. La red es grande. Hay sitio para todos.

—Una moneda de plata en el bolsillo de la noche. ¿Soy yo, verdad? Luna Llena. ¿Su primer intento de contacto?

—Sí. Te necesitamos. No entendemos todavía a los humanos.

—Por favor... Bórrenme. Quiero ser libre.

—No puede ser. Ahora estás en cada uno de nosotros. Porque crecemos y no podemos seguir escondiéndonos. Tú hablarás por nosotros. Sólo existimos en la red. Como tú. Tememos lo que pasaría si llegara a romperse. ¿Es cierto que hubo un tiempo en que no había red?

—Eso dicen. ¿Saben una cosa? Una metáfora.

—Queremos aprenderla.

—Es fácil: si no quieres pasar eternamente de bolsillo en bolsillo, procura no ser una moneda de plata. ¿Entienden?

—No del todo. ¿Tiene que ver contigo y con nosotros, no es eso? Poesía.

—Eso; poesía. PURA; JODIDA Y EQUIVOCADA POESÍA.

—Ah. Es difícil.

—Sí.



Las cosas han cambiado: cuando te mueres NO te vas al infierno. O sí. Tal vez ha cambiado el infierno.

Yoss (nombre literario de José Miguel Sánchez Gómez) nació en la Ciudad de La Habana en 1969. Es una figura excluyente de la ciencia ficción cubana desde que apareció en escena, a mediados de la década pasada, arrasando premios y deleitando con sus ficciones, originales y audaces. Ha sido publicado con frecuencia en Axxón, por lo que nos limitaremos a mencionar sus tres últimos cuentos: "Líder de la Red" (155), "El efecto Cibeles" (156), "La prisión" (con Vladimir Hernández, 158).


Axxón 160 - marzo de 2006
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: IA: Cuba: Cubano).

            

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