PERFECCIONISMO RIGELIANO

José María Tamparillas

España

Cheddar es un rigeliano común y corriente; pertenece a la primera generación que entró en contacto con los humanos. Los ancianos de la tribu le han escogido para que haga de intérprete al doctor Pablo Herralde, un prestigioso etnólogo que estudia a la especie desde hace un par de años.

Esa mañana, la curiosidad de Cheddar —los rigelianos en su fase adolescente son muy curiosos— le ha llevado a fisgonear en el despacho del profesor. Es indecoroso husmear, pero la juventud tiene ciertos privilegios en la sociedad rigeliana. Cuando se aburre, le parece divertido leer las interpretaciones del comportamiento y la cultura rigelianas que Herralde y otros terrícolas hacen; éstas suelen pecar de ingenuidad o de exceso de celo. Los humanos tienen el defecto de creer saberlo todo antes de comprenderlo, y se aplican a ello con puntillosa eficacia.

Herralde, a pesar de la simpatía que le despierta, le parece el típico ejemplar humano. Como persona es un tipo excelente: simpático, de trato abierto y locuaz; como profesional es intransigente, picajoso, engreído y lleno de prejuicios. A Cheddar le parece extraña esa multiplicidad de pareceres y caracteres tan común en los humanos. Como dicen los más viejos de su tribu, esos humanos se complican demasiado, tienen personalidades sobrantes, y lo que es peor, como sería lógico, no se molestan en ponerlas de acuerdo.

Los ancianos son tan sabios.

El apunte dice:

Nota 234523-001.

Autor: Herralde, Pablo - DR n° 434-00089

Fecha: 22:15:23 21-11-2134 HT

Asunto: Ritual Chamánico.

Lugar: cuadrícula 23.345N-89.675E (Colinas de Und-Pestrure)

Nota: El anciano, lo podemos ver por el tamaño de su cresta y su color azulado, trae ante sí al ejemplar más joven e inmaduro; éste, es presa de algún mal [su piel tiene esa coloración azul verdosa tan significativa, que denota que tiene miedo o está enfermo]. La cueva templo está mal iluminada; los otros ancianos están en actitud de respetuoso silencio, concentrados y serios, parecen guardianes que vigilan el curso correcto del rito.

La ceremonia comienza cuando el joven entona un cántico ritual. Al principio canturrea en voz muy baja, para, poco a poco, ir subiendo la intensidad y volumen. El anciano busca el estado de trance apoyándose en el ritmo sincopado de la melodía, se golpea el abdomen con tres de sus cinco brazos siguiendo dicho ritmo. Entra en enajenamiento al cabo de unos minutos; hablamos de un trance convulsivo y violento, pues el anciano profiere gritos atronadores y chirriantes, vela sus ojos facetados, adopta coloración amarilla de entusiasmo y retuerce su largo cuello articulado en todas direcciones. El rigeliano adolescente no para de cantar hasta que el anciano hace un gesto imperativo para que se acerque. El comportamiento del joven es de respetuoso temor en todo momento. Cuando el trance llega a su culminación el joven sujeta el brazo libre del anciano. El clímax es alucinante, los golpes en el abdomen son más fuertes, más enérgicos, más rápidos; el alarido final del anciano hace retumbar las paredes de la cueva templo, éste cae exhausto, desmadejado; los otros ancianos...


Cheddar no puede leer más. Herralde le está mirando con cara de pocos amigos desde la puerta del despacho.

—¿Qué te he dicho, Cheddar?

El rigeliano está silencioso. Sus cuatro brazos están apoyados sobre su prominente abdomen. Su piel muestra una tonalidad rojiza, le tiemblan las tres articulaciones de los brazos y no para de entrechocar sus pinzas, lo cual indica que está excitado o ansioso. Mira al doctor y a la holopantalla.

—¿Cheddar? ¿Estás bien?

Los ojos facetados lo observan desde sus dos metros de altura con esa fijeza impávida, medio de reptil, medio de insecto que, a veces, se hace tan desagradable para un terrícola.

—Lo siento profesor —dice el alienígena. Lo hace muy lento. El lenguaje humano es difícil para los rigelianos, su sistema vocal es demasiado complejo, debe suprimir buena parte de sus esquemas fónicos para hacerse comprender.

—Cheddar, esas notas son particulares, privadas. ¿Entiendes?

Herralde observa como dos brazos golpean la pierna izquierda del joven y su piel se oscurece. Es su forma de asentir.

Silencio. La mirada de Cheddar se mantiene inexpresiva.

El alienígena no aguanta más y habla. Arrastra la entonación aguda de los rigelianos que han aprendido a expresarse en algún idioma terrestre.

—Sus notas están equivocadas. —Cheddar está todo encendido, muy púrpura. Eso significa que está muy avergonzado.

—¿Qué? —replica el humano. Está indignado y confundido.

—Que está equivocado. No sé qué significa chamánico, pero creo que sí sé lo que significa rito... ritual.

El profesor no sabe de qué le están hablando. Se acerca al holoterminal y echa un vistazo al informe que Cheddar ha estado husmeando. Se trata de uno de los grupos de notas que ha tomado en su último viaje a las tierras del sur. Es un valioso trabajo de campo en una de las zonas más atrasadas del planeta, donde la cultura alienígena todavía no está contaminada por la presencia humana. Está seguro de que será la puerta al reconocimiento académico que hasta ahora le ha sido denegado.

Herralde gruñe.

—¿En qué estoy equivocado, jovencito?

Cheddar tarda en responder. Está construyendo la respuesta adecuada. Los rigelianos, piensa Herralde, son unos tocapelotas perfeccionistas.

—En todo, señor.

—¿Y qué es todo? —dice el profesor cada vez más desconcertado.

—No es rito.

Así de sencillo, piensa Herralde, así de estúpido y sencillo.

—Chico, llevo treinta años estudiando culturas primitivas, y te aseguro que eso que vi era un rito como la copa de un pino. Un rito asociado a lo que en la tierra llamamos estadio chamánico... Además, no sé por qué he de explicarte nada. Eres un simple intérprete.

—Un pino, la copa de un pino... ¿Qué es un pino, señor? —Cheddar está desconcertado.

Herralde suspira.

Cheddar aprovecha que el profesor cierra sus ojos y se agacha para apagar el ordenador. Es todo un espectáculo ver agacharse a un rigeliano. Pone en movimiento toda la cohorte de miembros, tendones y estructuras que componen su cuerpo insectoide.

—Es una frase hecha, Cheddar, una frase hecha que significa que estoy muy seguro de lo que digo.

—De acuerdo, no lo olvidaré, señor, pero... —parece pensar— volviendo a lo de la nota: no es así, señor, se confunde

Los rigelianos son tan exasperantes, tan tozudos cuando se empecinan en algo.

—¿Y por qué estás tan seguro de que me equivoco? ¿Cuáles son tus argumentos? —exclama señalando al extraterrestre.

Cheddar vuelve a su mutismo. Herralde se impacienta por momentos. Le da una patada al suelo.

—Cheddar...

—Señor, es difícil, no encuentro la palabra adecuada todavía... Además, es un poco irrespetuoso

—Pues encuéntrala. Me estás haciendo perder un tiempo muy valioso. Te tengo aquí para que me ayudes, no para que me compliques las cosas.

El alienígena se rasca con dos de sus apéndices la piel escamosa más cercana a su pequeña cabeza blindada.

—¿Rito, ritual es algo relacionado con lo que llaman ustedes religión, no? —dice.

—Eso es; Cheddar. Un rito es una forma determinada de hacer ciertas cosas en un entorno religioso.

—Entonces —Cheddar no para de rascarse, piensa, esos segundos se le hacen al profesor eternos— está equivocado

—¡Y dale! —exclama Herralde, echándose las manos a la cabeza.

El alienígena se encoge, es una muestra de total sumisión, de miedo, como si lo que fuera a decir le pudiera acarrear un castigo.

—En nuestra cultura el sexo y eso... la religión no se mezclan —susurra el rigeliano—. Es un, ¿cómo lo dicen los humanos...? Eso es, un tabú. Algo prohibido, inconcebible.

Cheddar lo ha dicho de golpe, como si fuera una frase muy pensada que tuviera de antemano en uno de sus cerebros, y que hubiera estado pugnando por salir durante mucho tiempo.

—¿Sexo?

Herralde no entiende nada.

—Eso es. El sexo es algo fisiológico. ¿Se dice así? No tiene nada que ver con...

Cheddar se sonroja al estilo rigeliano, es decir, encogiéndose y coloreando su piel de una tonalidad verdosa.

—Señor, lo que usted vio era un anciano... un anciano... —aquí Cheddar usa su lenguaje: un encadenamiento de chasquidos, vocalizaciones y silbidos incomprensibles para cualquier humano—. Lo siento, lo siento de verdad, pero es que no encuentro el concepto, no conozco la palabra en su idioma.

Herralde frunce su ceño.

—Tranquilo, no importa. Repite. Para eso están las máquinas —dice con una mezcla de hastío y curiosidad.

El profesor enciende su grabadora de muñeca. Cheddar, con sus escamas hirviendo en infinitos colores, repite el encadenamiento de ruidos. Herralde ordena al aparato que traduzca la expresión rigeliana. Éste le responde con un escueto.

'Búsqueda negativa. ¿Ir a otras bibliotecas?'.

—Afirmativo —responde.

Cuando levanta a mirada, el rigeliano ha desaparecido. Se ha esfumado del despacho.

—Maldito....


La tarde pasa lenta para el profesor Herralde. No puede sacarse de la cabeza la conversación con su amigo alienígena. Que, por cierto, no se ha presentado todavía. Ultima el artículo que va a mandar a la revista de etnografía rigeliana.: 'Aspectos chamánicos en las sociedades pseudo primitivas rigelianas'. Se siente orgulloso de ello. Es afortunado, sabe que su estudio de campo es único, que las conclusiones que se extraen de él son esclarecedoras y van a renovar el aburrido campo de la etnografía alienígena allá en la Tierra.

Relee con orgullo las conclusiones del artículo.


Por consiguiente, encontramos ciertos paralelismos en la definición de comportamientos. Da igual que nos enfrentemos a una cultura ajena a la nuestra a escala planetaria, el esquema subyacente es el mismo, su forma de abordar lo sublime es similar a la nuestra; humano y alienígena se pueden diferenciar en mucho, pero el sentido de la trascendencia los aúna.


El sonido de su ordenador personal le saca de su lectura.

Conecta la holopantalla.


Ilustración: Pedro Belushi

"Búsqueda finalizada, búsqueda finalizada, búsqueda finalizada", susurran los altavoces

—¿Qué búsqueda? —exclama.

Tarda unos segundos en recordar a Cheddar.

—Vaya por Dios. Vamos a ver qué quería decir ese pesado.

Se acerca el micrófono a la boca.

—Dar traducción.

Hay un carraspeo de estática.

—La interpretación para la expresión rigeliana —aquí la computadora repite los sonidos en idioma alienígena— es...

—... Masturbación.


Herralde tarda unos segundos en reaccionar. Cuando lo hace, mira la zona de la holopantalla en la que flamea su artículo. Las palabras aún flotan en el aire; el profesor piensa que si ahora entrase por la puerta una ráfaga de viento podría arrastrarlas fuera de allí sin ninguna dificultad.

Tiene la boca muy abierta. Muy, muy abierta.



Usted no es embajador, pero ocupa una posición tan relevante que es casi como si lo fuera. Y entonces descubre que aquello que creía haber entendido... bueno, en realidad no había entendido nada.

Dijimos hace muy poco que José María Tamparillas es de Zaragoza, España, que por ahora tiene 35 años y que se licenció en Física, aunque se dedica a programar aplicaciones web. Dos relatos en Axxón: "Viajero" (159), "Simbiosis" (160).


Axxón 161 - abril de 2006
Cuento de autor europeo (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Contactos: España: Español).

            

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