NEUROFEEDBACK

Mauricio Absalón

México

I.P. / persona / 101.321

...el puño en la quijada. Nuestro codo cruje al asimilar la presión del antebrazo y sabemos que cuando eso pasa es un knockout. El secuestrador suelta la navaja y cae boca abajo. Dos hombres se nos aproximan por ambos lados, saltamos, un giro de gancho y nuestra bota golpea una nuca mientras los nudillos revientan un tabique nasal. Los hombres yacen en el cemento del almacén. Una bala perfora el embalaje detrás de nosotros, muy cerca del hombro derecho. Sacamos la glocky al tercer tiro le volamos los sesos al francotirador de la grúa. Las cajas rompiéndose en la caída atenúan el crujido de los huesos del tipo. La operación secreta dejó de serlo. Una cortina del almacén se levanta y entran los comandos federales. Nos saludan con gesto militar: Buen trabajo, oficial Stransky.

Situación controlada. Nuestro corazón late aprisa, respiramos profundo un par de veces. Más tranquilos miramos el piso, levantamos la navaja. Un trofeo. Caminamos fuera del almacén, hay papeleo por hacer. Los federales sacan a dos secuestradores esposados, los paramédicos varios bultos cubiertos por sábanas blancas. ¿Se movió ese cadáver? No, seguramente estamos ansiosos.

Subimos al Interceptor. Rugen diez cilindros bajo el cofre negro. Nos vamos a casa, que otro oficial haga el papeleo.

Log-off... / Neurodevicedisconnected


Me tiro al sofá, estoy rendido por la misión. Antes de que me quede dormido consulto el monitor para saber cuántos usuarios se logearon a mi interfase. Bien, casi dos millones. Si no fuera por los créditos que deja el broadcast no me alcanzaría para nada con el salario de agente federal. Mi persona-reality es el I.P. más visitado en la red. Aún hay más de cincuenta mil logeados percibiendo a través de mí como no hago nada. Oprimo el control remoto del reloj en mi muñeca y apago el broadcast, estoy off-line. Nunca pensé en ser famoso. Debe de ser porque las misiones se han vuelto peligrosas, aún así, nunca me han herido. Aunque... hoy estuvo cerca. Ese disparo. Me distraje.

Algo me molesta en la bolsa de la chamarra, es la navaja. Miro el brillo del metal; extraño, no parece tener filo. ¿Cómo pensaba herirme con esto? Cuando visite a Andoni le pediré que la afile, sabe mucho de cuchillos. Me quito las botas con los talones, está venciéndome el sueño.


—Nadie debe saberlo comandante, y menos él.

—Pero desperdiciamos a uno de nuestros mejores agentes en su circo multimedia.

—No olvide que nuestra compañía, ese circo que usted dice, subsidia el 80% de su presupuesto.

—Está bien, pero... ¿Utilizar a un agente verdadero? Apenas le queda tiempo para las misiones reales. ¿Por qué no contratamos a otro actor?

—No funciona así. El público ama el concepto persona. Alguien común y corriente que viva experiencias fuera de lo normal. El reality.

—Pero todos los demás son actores, los disparos y explosiones, efectos especiales. ¿No podríamos decirle que sólo es un show? Últimamente lo hemos notado ansioso.

—No comandante. Los patrones neuronales cambian cuando se actúa. El público sabría que es una farsa. Además su agente no corre ningún peligro real.

—Salvo un colapso nervioso, un día de estos, por ejemplo.


El videoteléfono me ha despertado. Es Andoni. No debería tener arreglos con hackers, pero es la única forma de conseguir conexiones ilegales. ¿Estoy off-line? Sí. Andoni me ha citado para ser mi Guía en El Último Reducto.

Me quito el uniforme, los Cromos no son bienvenidos ahí. Tomo la chamarra de cuero y los pantalones de mezclilla. Escondo la glock en mi tobillo y dejo holgadas las hebillas de la bota, uno nunca sabe.

Necesito autologearme... ojalá Andoni me consiga un buen server, uno rápido.


—¿Cuántos retiros de persona-reality se hicieron el mes pasado?

—Cincuenta y tres, todos por autologeo.

—Lo que hay que hacer es retirar a los Guías, son una escoria.

—¡Hey! Hemos retirado casi todos los anfetas, diseñadores y traficantes. Si hay un nuevo vicio es por el broadcast y la ansiedad que produce.

—Tú retira a los guías, cada I.P. que cancelamos es inversión perdida.

—OK, tal vez necesitemos algo de hightech, digamos nuevos rastreadores.

—Negocios, estamos haciendo negocios aquí. Mándanos una solicitud, te daremos lo que pidas, es preciso acabar con el neurofeedback.

—No sé, alguna opción para colocarse tiene que tener la gente. Ya no hay drogas en la calle.

—Pues dejen circular algo de anfetas, el juego del autologeo le sale muy caro a la compañía.


La música suena bien, algo de los Velvet Underground.El anacronismo de este bar me gusta, todo sucede aquí al mismo tiempo. En la barra del Último Reducto me saluda un tipo, me reconoció del broadcast. Le digo que yo no soy Stransky y se deprime, no sin antes echar una ojeada detrás de mi oreja. ¡Pobre imbécil! Como si la inserción del neurotransmisor dejara cicatrices. Debo evitar verme en los espejos cuando estoy on-line, o tal vez solicite la descarga de la versión 3.7, cada usuario verá su cara en lugar de la mía con la 3.7.

Me llevo la cerveza al sótano. Andoni ya debe haber llegado. Bajo las escaleras y un neopunk me pide anfetas, lo empujo sin mirarlo. Jodidos junkies, creen que las cosas se pueden conseguir tan fácil. El pasillo es largo y las tenues luces parpadean, el neón se les escapa. El piso está minado por cuerpos alcoholizados. Al final del pasillo, junto a la puerta, dos darkies se devoran, no logro identificar a la mujer, creo que ninguno es mujer. Golpeo la puerta; un gorila rastafari abre, me pide contraseña. —Que se jodan a Marley por el culo. —Hubiera preferido decir "cojan", pero así es la contraseña. El gorila me deja pasar, indignado seguramente por la frase, pero es ese el estilo de Andoni; nadie insultaría al rastafari intentando adivinar la contraseña. Debajo de una lámpara mosqueada está el reclinable, el viejo cuero pardo con marcas de uñas. Detrás del server, Andoni y su media sonrisa parestésica producto del mal diseño de anfetas. Me saluda y entrega el boucher electrónico. Deslizo mi tarjeta y me dejo caer en el reclinable. ¡Te vas a quedar sin un centavo, Cromo!, dice mordaz Andoni, arrastrando las palabras. Sólo conéctame, y no me llames Cromo, etarra de mierda. Andoni no se molesta, nunca he logrado hacerlo enojar. Al acomodarme en el reclinable saco la navaja, se la entrego a mi Guía. ¿Podrías afilarla mientras estoy conectado? Él guiña un ojo y enciende el hub. En el server teclea rápido como el demonio, consigue un feedback con medio segundo de atraso únicamente. Me logea a mi propio broadcast, Andoni es de los mejores guías del neurofeedback, en un segundo estoy dentro de mí...

La visión de casa de espejos y la cacofonía de sonidos, mover las manos dejando una estela. Repetición, repetición, repetición. Andoni se multiplica por infinito convirtiéndose en una línea que escapa de la visión periférica. Cierro los ojos para concentrarme, me observo observándome, me vuelvo neuroconciente. Todo es un túnel de mí, viajo dentro de la mente y cada cuestionamiento nuevo se reproduce en copias que se disuelven detrás del túnel. Cada darme cuenta de algo, cada saber qué pasa explota en euforia repetida, si intento pensar rápido logro poner en pausa mi mente, las ideas se atropellan a sí mismas y se vuelven ininteligibles. Entonces el blanco y el eco, el feedback de la conciencia. El último pensamiento se vuelve eterno...


—Disculpe que lo llame tan tarde, tenemos un problema logístico.

—¿Qué necesitas?

—El caso de los traficantes está listo, pero no hemos conseguido stunts para la volcadura.

—¿Entre tantos agentes no tienes un buen conductor?

—No queremos involucrar oficiales en el broadcasting.

—Te mando un piloto. Ustedes preparen bien el auto, no queremos que Stransky se lastime.

—Eso no es problema, lo difícil será convencerlo de que él no maneje.

—Nosotros nos encargamos, el piloto será convincente... Adecuado al patrón de Stransky.

—Es su espectáculo, ustedes saben... ¿Viernes a las diez? Se arruinará el fin de semana.

—Es el horario de mejor audiencia. Recuerda el presupuesto, tus juguetes salen caros.

—El viernes entonces, estamos en contacto.


Estoy cansado, pensaba ir a El Último Reducto pero tenemos una misión. Me asignaron una compañera nueva, me gusta, la he dejado conducir. Si acabamos temprano le pediré que me acompañe al bar.

—¿Te has autologeado alguna vez? —La pregunta de Jessica me pone nervioso, estoy on-line.

—No, nunca.

—Me pregunto cual será la sensación, estar dentro de uno mismo.

—Supongo que como cualquier droga.

—Pero no causa adicción. ¿O sí?

—Todo causa adicción. ¿Cuántas horas le dedicas al trabajo? Lo importante es qué tan peligroso pueda resultar.

—El neurofeedback mata.

—Si el tiempo de retroalimentación es muy corto, sí. Entonces el cerebro se fríe.

—Ese es el problema, dicen que el efecto neuroconciente se incrementa cerca del límite.

—Eso dicen... ¿No se encendió una luz en el segundo piso? —Desvío la conversación y señalo al fondo del callejón. Jessica toma los infrarrojos y observa, mantiene la respiración y abre imperceptiblemente la boca. Me gusta el gesto de anticipación en su cara.

Estamos esperando que terminen una transacción. Debemos seguir al deportivo cuando el negocio se haya concretado. Sin pruebas no podemos enlatarlos, aunque lo más probable es que los matemos a todos. Siempre es así. Jessica no deja de fumar, tamborilea los dedos en el tablero, no se ha desabrochado el cinturón y me ha pedido que yo tampoco lo haga. Creo que espera acción en el vehículo. Yo también aunque preferiría conducir...


Broadcast... login... access

...en la curva derrapa nuestro auto, la inercia nos lanza contra la puerta. El CLK se aleja en las curvas pero nuestro Interceptor tiene mucha potencia y en las rectas le damos alcance. Hemos salido de la ciudad y nos acercamos a los depósitos de basura. La velocidad nos enciende, los ojos azules de Jessica concentrados en el camino y sus brazos angulosos controlando el volante también. Sacamos la ametralladora por la ventanilla mientras Jessica comienza a defensear al CLK. Los traficantes se agachan bajo la lluvia de astillas de los cristales en su auto. Las detonaciones repetidas en nuestra arma crispan los tendones del brazo, el CLK es ahora una coladera.


—...creo que omitimos un detalle. Estábamos revisando los neurofiles y...

—¿Cuál es el problema comandante?

—Olvidamos retirarle una navaja a Stransky que recogió en el evento del almacén. No sabemos si aún la porta. Escribió su nombre con ella en el locker, no es su actitud regular.

—Enterado, tomaremos precauciones...


Dentro del depósito las paredes de basura me recuerdan el Gran Cañón. Jessica se empareja con el auto de los traficantes, en uno de los choques he perdido la metralleta. El Interceptor es mucho más pesado, no entiendo por qué Jessica no logra sacarlos del camino que se está estrechando. Miro el velocímetro, 140 Km/h, cuando alzo la vista apenas alcanzo a cubrirme el rostro. Nos impactamos contra un contenedor y volcamos.

Los refuerzos del Interceptor evitan que se aplaste el toldo. Cuando dejamos de dar vueltas suelto el cinturón, caigo al techo y me arrastro por el hueco del parabrisas. Un traficante viene hacia mí con un bat, con un movimiento de judo lo desarmo y lo golpeo con el mismo bat. Extrañamente la madera se rompe en el primer golpe. Él ha quedado inconsciente. Escucho un grito y giro la cabeza. Un tipo sujeta a Jessica. Busco la glock en mi tobillo, no está, debe haberse caído en el accidente. El vértigo de un recuerdo me enciende la sangre, traigo la navaja en el bolsillo, la navaja que afiló Andoni.


...acechamos detrás de unos tambos, el traficante sostiene a Jessica de frente, la abofetea. Nos acercamos sin ser vistos. Estamos a dos metros de la espalda del maleante, sacamos la navaja. La luna salpica reflejos en el frío metal...


—...rápido, conéctenme al intercomunicador de Jessica... Escucha, él trae un arma real...

—¡Detente, Stransky! —grita Jessica justo cuando estoy saltando sobre el traficante. Sin entender que pretende, sin poder frenar en el aire, hundo la navaja en la espalda del hombre...

...nunca habíamos matado así; la sangre sobre las manos, la respiración del hombre disminuyendo. Un disparo a distancia no se compara con esto; la resistencia de la piel y el momento en que cede al metal, escuchar gorgoreos del pulmón perforado. Estamos excitados, la mente se nos nubla... Jessica está de rodillas frente al cadáver, llora.

Log-off / new rating record



Ilustración: Guillermo Vidal (Argentina)

—¿Cómo está la chica?

—Mejor, la mandamos de vacaciones. ¿Asuntos internos ya los dejó en paz, comandante?

—Sí, supongo que ustedes tuvieron que ver en eso.

—Es preferible que no suponga nada a menos que se trate del paradero de Stransky.

—No lo sabemos. Después de participar en la clausura del bar llamado Último Reducto desapareció.

—¿Crees que sospecha algo? Si es así urge localizarlo.

—No sospecha nada. Lo separamos a tiempo de la mujer. Sólo se fue.

—Bien, nosotros también tenemos gente buscándolo. Regresando al asunto del bar, ¿consiguieron atrapar al Guía que operaba ahí?

—No. Escapó. Alguien debió advertirle.

—Parece que sólo en el broadcast la policía atrapa a los malos.


Andoni abrió la puerta de la cabaña y me ayudó a bajar los maletines del jeep. Desempacamos el equipo y lo conectamos. Sentado en una vieja mecedora comencé a relajarme.

—¿Estás seguro, Stransky? No sé bien qué pueda ocurrir.

—Logéame, un microsegundo de feedback. Y ya sabes, pase lo que pase, cuando sea neuroconciente me debes conectar a la red.

—Muchos cerebros se van joder en el broadcast Cromo, además del tuyo.

—El broadcast nos jodió hace tiempo, Andoni.



Mauricio Absalón nació en la Ciudad de México en mayo de 1973. Se sintió atraído por la literatura y el cine de ciencia ficción y terror desde muy joven, aunque siguiendo la mejor tradición en la materia ejerció las más diversas actividades: trabajó en un parque de diversiones, como técnico en urgencias médicas en ambulancias y salas de emergencia, de ingeniero de grabación en un estudio de producción musical. Supone que de esta extraña combinación le surgió un fuerte interés por la relación cuerpo-máquina, la biomecánica: el androide y el cyborg. Actualmente estudia en la escuela de la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) y da clases en el área de Expresión y Apreciación Artística (Fotografía y guión de cine y televisión). Nunca antes había publicado.


Axxón 168 - noviembre de 2006
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Cyberpunk: México: Mexicano).

            

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