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EL MAR EN LA CIENCIA FICCIÓN
por Antonio Mora Vélez

 

Introducción

Cuando se relaciona al mar con la literatura, lo primero que se piensa es el mar como tema de inspiración y reflexión de los poetas y como escenario de las grandes aventuras de los novelistas. Y recordamos entonces los versos de Neruda cuando define el mar como "la piel desnuda del planeta" y prefiere de él su "reposo distante", y le pide "no golpees tan fuerte/ no grites de ese modo/ abre tu caja verde/ y déjanos a todos en las manos/tu regalo de plata/; el pez de cada día". (1) Y pensamos en el mar, con Borges, como ese ser que existió "antes que el sueño tejiera mitologías y cosmogonías (y) antes que el tiempo se acuñara en días" (2). O nos miramos en el mar de mulatas, marineros y tambores de Jorge Artel. O recordamos novelas como El viejo y el mar de Hemingway. O Moby Dick. O las novelas marinas de Julio Verne y Emilio Salgari.


¿Qué es la ciencia ficción?

Pero el tema que me compete no es la literatura y el mar sino la ciencia ficción y el mar. Por ello comenzamos diciendo que para la ciencia ficción el mar es todo lo anterior y algo más: la perspectiva desde la cual ella logra descubrirle sus posibilidades. Y veamos porqué. La ciencia ficción es un género de literatura que se ocupa de mostrarle al hombre perspectivas, siniestras o paradisíacas, y de criticar con su imaginario las tendencias nocivas que degradan al hombre y colocan a la humanidad en la línea del desastre. En consecuencia con lo arriba expuesto, la Ciencia-ficción puede tratar el tema del mar de un modo apocalíptico o de un modo utópico, puede mostrarlo como medio de destrucción del hombre o como lugar de salvación para la humanidad acosada por los elementos.

Desde 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne —obra que es también una novela de aventuras— el mar es mirado con esa perspectiva. Para Verne el hombre puede vivir con los recursos del mar y no tiene necesidad de recurrir a la superficie, ni siquiera para comprar cigarrillos, que los elabora en el Nautilius con algas marinas. (3)


Las líneas temáticas

Como dijimos al principio, la CF mira el mar no solo como escenario o como motivo de contemplación y reflexión estéticas, sino como medio de destrucción y esto lo puede ser bien como lugar en el que viven monstruos o seres mitológicos que amenazan al hombre o como fuerza destructora capaz de acabar total o parcialmente con la civilización. El mar es también el posible refugio del hombre en un futuro necesario obligado por causas como la contaminación o por el choque del planeta con un asteroide.

La primera línea temática —la de los monstruos— explota el tema del temor a las extrañas especies que habitan en el fondo del mar y que emparienta a la ciencia ficción con las viejas novelas de aventuras. No en balde el Nautilius de Verne es confundido en los inicios de la novela con un animal gigante que asolaba los mares y que no podía ser vencido porque tenía una caparazón de acero. Su conversión de monstruo en submarino traza el límite entre la novela de aventuras y la ciencia ficción en la obra de Verne. H.G. Wells, otro de los padres de la CF, tiene un relato, Los atacantes del mar, que explora este temor del hombre a los posibles monstruos que habitan las profundidades marinas. (4)


El mar inhóspito

En la segunda línea, la destructora, debemos destacar la novela "La sequía" de Jim G. Ballard, en la que la superficie del mar se convierte en una película o capa molecular que impide la evaporación, originando de ese modo la sequía de todo el planeta y el hambre. Igual el relato del Ingeniero Agrónomo y escritor colombiano Serafín Velásquez titulado Pequeños Incidentes que cuenta la muerte de los arrecifes de coral, de muchos peces y del fitoplancton y la contaminación del hombre por consumo de pescado, como consecuencia de haber convertido la industria en vertedero de basuras radioactivas, las profundidades marinas. Para el cuento, que tiene un epígrafe del poeta García Lorca que dice: "El mar también se muere" , la humanidad enfrenta así una catástrofe ecológica con la alteración de la proporción de oxígeno del planeta, un cambio del clima y graves problemas de salud para la especie humana y para todos los animales (5). Otra novela, Naves estelares, del ruso Iván Efremov, muestra otro aspecto terrible del mar ya conocido por los recientes tsunamis de Oceanía. En esta obra, cuyo tema es el encuentro por unos paleontólogos de un dinosaurio con una huella de proyectil en la cabeza, Efremov describe y explica científicamente las causas de una ola gigantesca que arrasa con Hawai (6). En esta línea se ubica también la tesis de la glaciación que congela todo el planeta y aniquila la civilización. Un relato de Arthur C. Clarke, Lecciones de Historia, cuenta el descubrimiento que los historiadores venusinos hacen de un filme de Walt Disney que empiezan a analizar para descubrir las causas de la catástrofe glacial y la psicología de los habitantes bípedos que pudieron ocasionar su propia aniquilación (7).


La inundación

Pero todo parece indicar que, por la cada vez mayor contaminación de la atmósfera con el dióxido de carbono, vamos hacia la variante de la inundación por derretimiento de los hielos polares y no hacia una nueva glaciación. La novela Nuevos Mundosde Stanley Gardner, narra la desaparición de gran parte de la humanidad como consecuencia de un nuevo diluvio producido por un cambio en los polos de La Tierra. (8). Jim G. Ballard, especialista en narrar el fin del mundo como consecuencia de catástrofes naturales y ya citado adelante, muestra en su novela El mundo sumergido, la desaparición de los continentes y la obligada adaptación del hombre a las condiciones de la vida submarina, que es la otra variante de exploración del género con el tema del mar (9). Como corroboración de la anterior perspectiva, existe la certeza científica de que por lo menos un Estado, uno de los más pequeños del mundo, Tuvalu, que ocupa una de las muchas islas de Oceanía, desaparecerá bajo el mar dentro de 50 años como máximo (10).


La perspectiva científica

El tema de la adaptación de los hombres a la vida en el mar, que ha dado lugar a una reciente filme de Kevin Costner —Mundo Acuático— es tratado por Péter Nichols en su obra La ciencia en la ciencia ficción, que me voy a permitir citar en extenso dada su importancia:

"Adaptar al hombre a vivir en el mar no es tan difícil como parece, A su nivel más superficial se trataría de un asunto de conseguir un mayor aislamiento contra el frío, y alguna provisión metabólica que permitiera a los individuos contener la respiración por bastante tiempo. También sería deseable poseer algún mecanismo para evitar la aeroembolia, de modo que los cambios de presión subsiguientes a las inmersiones profundas no representen un problema tan grande. La mayoría de las historias de Cf sobre hombres adaptados a vivir en el mar suponen que eso implicaría la creación de branquias, pero las focas y los delfines se las arreglan muy bien sin ellas. Incluso aunque fueran necesarias las branquias —si los hombres adaptados tuvieran que instalarse permanentemente bajo la superficie— la cantidad de modificaciones no tiene porqué ser tan grande. Algunos experimentos con ratones que respiraban agua sugieren que los pulmones podrían ser modificados fácilmente para que extrajeran el oxígeno del agua". (11)


La prioridad apocalíptica.

A esa necesidad de convertir el mar en nuestro hábitat y despensa alimenticia nos conduce, según los ecologistas, la superpoblación del planeta y el consiguiente proceso de degradación del ambiente. Comentando las discusiones de la Conferencia de Kyoto ha dicho el experto Gianni Mazzoleni; "La Tierra no podrá soportar a largo plazo la combinación previsible de superpoblación, creciente consumo de energía y producción desmedida de basuras y contaminantes" (12). Giovanni Sartori en el mismo libro, La Tierra explota, señalalo siguiente: En 50 años África perderá la mitad de la tierra cultivable mientras su población habrá ascendido a 2000 millones de habitantes. Ya hemos perdido las 4/5 partes de los bosques del planeta que existían antes de que el hombre se dedicara a su destrucción. En cambio aumentamos a un ritmo que prevé para el 2015 una población de 7 mil millones de personas y de 11 mil millones para el 2050. Sabemos que un aumento de la población determina un aumento del consumo de energía y que éste trae consigo una producción de más basuras contaminantes y de gases de efecto invernadero. Como consecuencia de lo anterior, hay quienes prevén para los próximos 50 años un calentamiento global en 5.8 grados con un aumento de 88 centímetros del nivel de las aguas marinas que hundiría muchas islas y ciudades costeras. Una perspectiva catastrófica que puede ser mayor a menos que el hombre encuentra la solución de energías no contaminantes y reduzca el crecimiento desbordado de la población.

Corrobora la anterior apreciación el dramático informe de la WWF (Organización Mundial de Conservación) que dice que para el año 2050 "gran parte de la población no tendrá cómo satisfacer sus necesidades tan importantes como el agua potable y la alimentación básica" (13) con el consiguiente aumento de los desiertos, la hambruna de muchos pueblos y posiblemente las guerras por el dominio de las fuentes hídricas que queden. Esta situación obliga a pensar en el mar también como fuente alimenticia.

En esta línea tal vez A E. Van Vogt, es quien mejor expone la posible adaptación del hombre a un futuro submarino. Este autor supone en la novela Los Silkies que el hombre ha conquistado las profundidades del mar mediante técnicas genéticas y que ha logrado sobrevivir bajo la forma humana y la forma silkie, que es un ser pensante evolucionado hacia la forma pez, que se encuentra protegido por una caparazón quitinosa y dotado de superpoderes (14). Sé también de una novela japonesa en la que los habitantes de este país, frente a la inminente desaparición de las islas como consecuencia del derretimiento de los hielos polares, deciden que una nueva generación de niños japoneses aprendan a respirar bajo el agua, lo que no es imposible si, como hemos citado arriba, algunos ratones de experimento aprendieron a hacerlo. Y ya dijimos al principio que para Verne el mar es una despensa alimenticia irremplazable.

Pero es posible, como lo señala el cuento de Serafín Velásquez citado arriba, que destruyamos también el ecosistema del mar con los desechos contaminantes de la industria. Que todo el planeta se torne en inhóspito para la vida. Y en esas circunstancias la humanidad enfrentará la necesidad de buscar la ruta de las estrellas.

Tal vez por eso el tema del hombre adaptado a la vida submarina es un tema relativamente poco tratado en la CF. Ésta se ocupa más de los temas apocalípticos, las amenazas del mar entre ellos, y las posibilidades de encontrar planetas parecidos al nuestro que podamos explorar y colonizar para así permitirle a la vida humana seguir existiendo cuando las condiciones de la superficie terrestre la hagan imposible.


Las mitologías

El mar ha sido también escenario de mitologías hermosas que han sido utilizadas por la ciencia ficción y causante de la desaparición de los pueblos que las originaron. Permítanme leer un par de poemas que tratan el tema de la Atlántida y de los atlantes, que es uno de los temas de la mitología desde los tiempos de Platón, y que la CF pero sobre todo el realismo fantástico, han manejado con variadas hipótesis. Dicen así.

ATLÁNTIDA

En las profundidades del lago Titicaca
las piedras cuentan tu presencia
y confirman la tragedia
                        del agua y del fuego
que ocultó a los talladores del tridente
de Paracas
y a los dibujantes del aeropuerto
de los pájaros

De Tiahuanaco y de Atlantis
(Los puertos de los dioses
                               del ancestro)
salió la nave del rey Toth
rumbo a Tartessos,
cargada de maíz,
de oricalco y de tabaco,
el aciago día del desastre

Entonces la memoria de Toth
se asiló en el valle de las moles
que apuntan hacia el cielo
y su sabiduría se expandió
por las costas de Ugarit, Tiro y Sidón,
y el eco de sus naves ancló en Jonia
y surgieron las ciudades del hierro
y el pensamiento dio un salto de gigante
y en Atenas la pluma del filósofo
dejó constancia de tu gloria.

Atlántida mil veces sumergida,
imperio fabuloso
de murallas transparentes,
de cristales de fuego
y navegantes pelirrojos
que trillaron los caminos
de los dioses
de oriente y de occidente.

Atlántida edénica
de palacios, canales y vergeles,
estás allí dormida
en el regazo de Los Andes,
en el folclor y en las palabras
de los jinetes del recuerdo
y en la sangre del hombre
de Indoamérica. (15)

En este poema, como se puede observar, se insiste en la tesis de la condición de civilización avanzada de La Atlántida y la de navegantes intercontinentales de sus habitantes, y en la ya conocida desaparición de la isla por un cataclismo. Lo novedoso consiste en seguir la variante de que tal civilización no estuvo en el Atlántico ni el Mediterráneo sino sobre los Andes, por los tiempos en que en parte del continente suramericano existía un mar del cual hay huellas en varias excavaciones. Y que muchos de sus navegantes se salvaron por encontrarse en viaje de negocios por otros continentes, en donde dieron origen a otras civilizaciones y a las mitologías de muchos de sus pueblos.

Otro poema, Noé, reafirma la tesis anterior y la calidad de propagadores del progreso de los atlantes en los pueblos que habitaban las costas del Mediterráneo y de la península Ibérica. El dice lo siguiente:

NOÉ

Llegaste a las costas de Iberia
en una nao,
desde las fronteras del abismo,
y fundaste Noja y Noega
en las playas del Cantábrico.

Y luego
          Noya
                  Nojoa
                           y Noela
con todas sus fraguas y bajeles,
antes de emprender el viaje
por las columnas de Hércules
hacia las tierras selváticas de oriente.

Fuiste nauta sembrador
de luz,
maestro venido de las aguas,
enseñaste a los hombres
el ritmo de la rueda,
el pulimento de la piedra,
                      el arte de las cestas,
la estrategia del rebaño
y la resurrección de la semilla...

Después te embarcaste
en el pasado de la vid
y en la mítica arca
y los cazadores de Altamira
construyeron sus templos
                            como naves,
para recordar tus viajes
y recordar a tus hermanos navegantes
                      de los cabellos rojos. (15)

En este poema, Noé es un atlante fundador de ciudades que navegó por todas las costas ibéricas y mediterráneas, llevando la luz del conocimiento a sus pueblos. Igual que Hermes en Egipto. Un libro científico, Los supervivientes de la Atlántida, da cuenta de las investigaciones que se han hecho sobre el particular. Una de sus conclusiones señala que un pueblo avanzado, venido del mar después de un diluvio o de un cataclismo, enseñó a los hombres de la Europa mediterránea y del mediano oriente, los fundamentos primeros de la civilización. No sobra agregar que los atlantes tenían los cabellos rojos y que en todas las costas de España y Portugal se encuentran huellas de su paso por esas tierras en las pinturas de los cazadores mesolíticos que les rindieron culto después de su desaparición y en los nombres de muchos de sus lugares, que guardan una semejanza enigmática con varios lugares de Egipto, como por ejemplo, existir en Asturias un río Nalón (Nilo), una comarca denominada Tineo (de Thinis, primitiva capital egipcia), un monasterio de Hermo (Hermes) y un lugar llamado Amandi, que se parece a Amenti, el infierno de los egipcios, país que se dice fue visitado por los atlantes durante el período de esplendor de esta civilización perdida justamente por la acción destructora del mar. (16).


Conclusión

Como hemos dicho no abundan los relatos y novelas de CF sobre el mar tomándolo desde la perspectiva utópica de convertirse en hábitat de una nueva civilización humana. La mayor persistencia de los temas cósmicos y apocalípticos en la CF es explicable porque las previsiones más tenebrosas vienen del espacio exterior. Si, como es previsible, nuestro planeta resulta algún día devorado por nuestro Sol o por Júpiter, o destruido por un meteoro, de nada vale habitar en las profundidades del mar, vamos a ser destruidos de todos modos. Pero en el evento de una catástrofe ecológica que torne imposible la vida sobre la superficie, el recurso de la adaptación al hábitat marino —si no lo hemos destruido también con los desechos industriales y radioactivos— puede ser una alternativa más inmediata para la conservación transitoria de la especie. Esta catástrofe ecológica está estudiada y es por lo tanto previsible en el futuro inmediato y no tan sujeta al azar como la colisión con un asteroide o cometa o tan distante en el tiempo como la posible erupción estelar de Júpiter o la conversión en gigante roja de nuestro sol.

La CF no sólo debe advertirle al hombre los peligros que lo acechan; ella debe también mostrarle posibles alternativas de superación de los obstáculos. El viaje a las estrellas es una de esas alternativas. Pero el mar, aparte de constituir uno de los muchos peligros que amenazan al hombre, si lo conservamos y no lo contaminamos con desechos, lo que resulta improbable, es otra de las posibles alternativas de salvación temporal de la especie en el planeta, mientras llegamos a dominar el combustible necesario para alcanzar otro planeta como el nuestro en nuestra galaxia. Y decimos que resulta improbable porque con preocupación leemos que la revista Scienceanuncia que si el hombre no cambia de rumbo en materia ecológica, en el 2048 se extinguirá la vida en los mares por exceso de calor y por contaminación.

Una anotación final: Solo la ciencia-ficción puede tratar con suficiencia estos temas de la destrucción de La Tierra y de la supervivencia del hombre. Tales temas, como hemos visto, tienen una importancia vital para el ser humano. Ellos definen el futuro del pensamiento en esta parte del universo. Por tales razones no es jactancioso afirmar, como lo afirma Jacques Sadoul, que la ciencia-ficción es la verdadera literatura de nuestro tiempo. (17).

Sincelejo, septiembre 15-Octubre 30 de 2006


Citas:

(1) Neruda Pablo, Odas Elementales, Editorial Bruguera, Barcelona, 1980
(2) Borges Jorge Luis, Nueva antología personal, Bruguera, Barcelona, 1980
(3) Verne Julio, 20.000 leguas de viaje submarino, C de Lectores, 1969
(4) Wells H.G., La CF de H.G. Wells, Vol. 2, Editorial Orbis, 1988
(5) Velásquez Serafín, Un toque de alarma, En proceso de edición.
(6) Bergier Jacques, Lo mejor de la CF rusa, Editorial Bruguera, 1968
(7) Cuentos de CF, Antología, Alfaguara, 1997
(8) Gardner y otros, Otros Mundos, Antología, A.T.E. Barcelona, 1976
(9) Nichols Peter, La ciencia en la ciencia ficción, Ediciones Folio, 1991.
(10) El Tiempo, Bogotá, Editorial del 23 de septiembre de 2006.
(11) Nichols Peter, La ciencia en la ciencia ficción, Ediciones Folio, 1991
(12) Sartori G. y Mazzoleni G, La Tierra explota, Santillana, Buenos Aires, 2003
(13) El Tiempo, En el 2050 la Tierra será insostenible, Octubre 26 de 2006.
(14) Sadoul Jacques, Historia de la CF moderna, Plaza y Janés, Barcelona, 1976
(15) Mora V. Antonio, Los jinetes del recuerdo, La casa de Asterión, No. 24-2006.
(16) Atienza Juan B., Los supervivientes de la Atlántida, Martínez Roca, 1978.
(17) Sadoul Jacques, Historia de la CF moderna, Plaza y Janés, Barcelona, 1976.


Notas:

(*) Ponencia leída en un Encuentro sobre el mar en la literatura realizado en la ciudad colombiana de Santa Marta el día 1 de noviembre de 2006.

Las referencias de obras no especificadas en las citas han sido tomadas de los libros Historia de la CF modernade Jacques Sadoul (1976), La ciencia ficción, Historia, Ciencia, Perspectiva, de los autores Robert Scholes y Eric S. Rabkin (1982) y The Encylopedia of Science Fiction de John Clute y Peter Nicholls (1995).

Al momento de escribir el presente ensayo, el libro de Serafín Velásquez - Un toque de alarma—no ha sido aún editado por Ave Viajera de Bogotá. Tengo en mi poder un borrador dada mi calidad de prologuista.

Ilustrado por Valeria Uccelli
Axxón 168 - noviembre de 2006

 
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