EL IMPERIO CAOS

Miguel Ángel López Muñoz

España


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Saturno0/Oberón15/Miranda117/Titania60/Neptuno221/Titán213
Superion0/Predaking0/Abominus34/Bruticus73/Defensor255
 

Y es por eso que, en virtud de las doctrinas del Noveno Manifiesto de Asoc α, decreto la inmediata destrucción de todo planeta existente.

No había nacido cuando esta frase irrumpió en la Galaxia. Sin embargo mi existencia —como la de los descendientes de aquellos que sí lo vivieron— se vio marcada de manera irrevocable por su aparición. Pronunciado públicamente por Asoc β en el planeta Tierra, marcó el comienzo de un nuevo sistema galáctico. Lo llamaron el Imperio Asoc. Pero la gente comenzó a llamarlo el Imperio Caos.

Es fácil olvidar, en medio de la violencia y la batalla, por qué uno pelea. Siempre surge el concepto del ideal en todos los bandos de todas las guerras. Lo hacéis por vuestra patria, van a destruir vuestro modo de vida, nosotros somos mejores que ellos. Es probable que con esta guerra oculta, caótica y dispersa ocurra algo parecido, aunque no se promueven fácilmente los grandes discursos, ni soy yo una mujer que los dé. Hace tiempo que creo que los grandes oradores desaparecieron de nuestra sociedad. Principalmente por no tener grandes masas a las que dirigirse.


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Sa0/Ob6/Mi52/Ti65/Ne258/T215
Su0/Pr0/Ab65/Br79/De157
 

A día de hoy no está claro cuál fue el germen que dio lugar al Noveno Manifiesto de Asoc α, aquel en que se basaron para crear el Imperio Caos. Muchos dicen que son desvirtuaciones de las ideas comunistas, algunos otros piensan que son nuevas ideas no expresadas antes en la historia de los hombres. No sé mucho de filosofía, de lo único que en realidad sé es de máquinas de matar, pero tengo claro que las ideas nunca son nuevas, siempre reformas, hábiles disfraces de algo que dijo otro antes.

Unos pocos sostienen que las bases del Imperio Caos fueron extraídas de un filósofo de los tiempos planetarios, incluso pregalácticos, llamado Friedrich Nietzsche. Tengo varios libros de Nietzsche, y creo que las palabras por sí solas no tienen peligro alguno. Las palabras no matan ni disparan, no se sientan a los mandos de una Defensor ni comandan una Superion.


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Sa0/Ob9/Mi65/Ti72/Ne197/T180
Su0/Pr0/Ab66/Br29/De153
 

El Imperio no se limitó a la eliminación del sustento básico de toda forma de vida en la Galaxia. Siguiendo los preceptos de Asoc α, se estipuló la conocida Ley de la Órbita, que establece que toda nave de más de treinta ocupantes debe poseer una trayectoria cuya curvatura no puede ser expresada en términos de funciones elementales conocidas.

Sé mucho de naves, pero muy poco de matemáticas. Los científicos de la Júpiter me han explicado incontables veces el significado geométrico del concepto de curvatura espacial, y sólo he podido retener vagas intuiciones al respecto. Supongo que no se puede saber de todo, no se pueden conocer todas las piezas de un motor garra y pretender ser una eminencia en geometría diferencial. Aun así, sean cuales sean mis conocimientos, resultan suficientes para, en virtud de mi puesto de capitana, establecer un breve análisis de las consecuencias de dicha ley.


9072/93291
Sa0/Ob8/Mi104/Ti12/Ne274/T225
Su0/Pr0/Ab49/Br85/De68
 

La Ley de la Órbita define, en muchos sentidos, la entidad del Imperio Caos. No existen ciudades fijas ni destinos concretos, salvo algunas escasas anomalías no detectadas por el Imperio, y por tanto la Galaxia es un amasijo de millones de naves de todos los tamaños vagando sin rumbo ni destino aparente, sin más intención legal que obedecer a las normas establecidas por la fuerza.

De más está decir que moverse en línea recta por un prolongado espacio de tiempo constituye un crimen penado con la exterminación del vehículo artífice y todos sus ocupantes, aunque su tripulación ascienda al millón de personas. Lo cierto es que los vehículos monoplaza constituyen el 90% de las naves que forman el Imperio Caos. Existen motivos muy concretos por los que ocurre así. Y poco, muy poco tienen que ver con normas, política o rebeliones. A veces pienso que vivo en una época en que hemos confundido, alterado y pervertido los conceptos que definen al mismo ser humano. Por lo pronto, hemos pasado de ser sedentarios a nómadas. Y los arqueoplanetólogos siempre lo interpretaron como un estadio atrasado en las sociedades.


9069/93298
Sa0/Ob12/Mi143/Ti59/Ne267/T109
Su0/Pr0/Ab23/Br63/De204
 

En todas las sociedades hay personas que no están conformes con el orden establecido. A mí me tocó ser una de esas personas. No creo que por deseo propio, sino por circunstancias meramente casuales. Jenny HennMasters, líder rebelde. Capitana de la Júpiter. Esa no soy yo en realidad. Lo cierto es que a medida que fui ascendiendo empecé a ser menos yo misma. O quizá a medida que el tiempo pasó. No sé disgregar muy bien cuál de las dos cosas tuvo más peso con el paso del tiempo. Powell, mi mano derecha, piensa que no se debe a ninguna de las dos cosas. Nunca ha especificado por qué piensa así, ni tampoco se lo he preguntado yo. Tampoco sé si tiene otra teoría al respecto. Powell siempre es eminentemente práctico en todas sus acciones, y no suele escupir más saliva de la necesaria. Por mi parte no estoy segura de querer conocer la respuesta. Nosotros, los humanos, nos empeñamos en descubrir los múltiples enigmas del universo cuando no nos damos cuenta de que para cada persona ella misma es su mayor enigma. No hay más que mirar hacia dentro para encontrarse con un infinito tan abrumador como el que se cuela a través de la ventana de mi despacho en este momento.


9066/93305
Sa1/Ob2/Mi78/Ti60/Ne146/T229
Su0/Pr0/Ab65/Br36/De91
 

Cada día en la Júpiter es como si fuera el último, y por eso cobra más protagonismo que nunca la cantina que se sitúa junto a los almacenes, a pocos metros de mi despacho, ubicado en la parte alta. Un buen sitio para planificar y recapitular. No soporto el silencio. Me impide concentrarme. Es por eso que un susurro de saxofones y contrabajos me ayuda a decidir cuál será la mejor manera de tender la próxima emboscada al enemigo. También me ayuda a expresarme ahora, en estas holonotas.

Los muchachos suelen venir a menudo a tomarse una copa. En los últimos tiempos del Imperio Caos ha tomado valor el directo, pues no es fácil difundir la música por todas partes de la Galaxia. En ocasiones he tenido la tentación de bajar, en lo que todos duermen, y tener un concierto privado para mí con la pianista, otra insomne declarada. Tal vez debiera hacerlo. Me ayudaría. En los momentos de actividad consigo olvidarme de Colin, sin embargo cuando llega la hora de descansar —no muy a menudo, pero acaba llegando— su recuerdo aparece para atormentarme. Para recordarme la utilidad de los sueños; enfrentarnos con aquello que no dejamos traslucir en nuestra vida consciente.


9063/93312
Sa0/Ob6/Mi53/Ti57/Ne174/T246
Su1/Pr0/Ab89/Br83/De117
 

Suelo pensar a menudo que no soy una líder. No que no lo debería ser, sino que no lo soy. No me mueven las grandes causas, parece absurdo que lo diga yo, que soy quien mueve a grandes guerreros, muchos más poderosos y voluntariosos que yo.

Sería fácil. No tendría más que acercarme y hablar a solas un momento con Powell. Lo he decidido, tú estás al mando, no, no me preguntes, es mejor así. Pero nunca lo hago. No porque tenga miedo. Tal vez por ley de inercia. Trazar un camino marcado, por fin.


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Sa0/Ob18/Mi103/Ti24/Ne231/T113
Su0/Pr0/Ab66/Br52/De238
 

El caso es que mi historia, cuanto menos, se aleja de la de la mayoría de los habitantes del Imperio Caos. A los dieciocho años, como es costumbre, me pusieron a los mandos de una Defensor, nave monoplaza pero de gran autonomía, y me soltaron en la inmensidad espacial. Debía vagar y, allá donde aterrizara, ése sería mi nuevo hogar.

Quiere el destino que ese aleatorio acontecimiento decida para siempre la vida de los hombres. Muchos, conscientes de que no volverán a encontrar jamás a sus seres queridos, deciden poner fin a un tormento que aún no ha empezado violando la tradición, tomando los controles y estrellándose contra las grandes naves fortaleza Predaking. Otros, más ingenuos, creen que podrán recuperar el tiempo perdido en una incesante búsqueda que les llevará el resto de sus vidas. En mi caso no tenía a nadie a quien buscar, por lo que no me preocupaba ninguna de esas cosas. Lo que no podía saber era que mi viaje, en vez de alejarme de mis seres queridos, iba a proporcionármelos. Puede que a un precio demasiado alto.


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Sa0/Ob5/Mi91/Ti48/Ne338/T233
Su0/Pr0/Ab72/Br54/De170
 

Yo no aterricé en una Predaking. Tampoco en naves menores imperiales, como las Bruticus. Ni siquiera choqué contra otra Defensor, pasando a ser mi nación la que poseyera el otro implicado en el accidente —se han reportado casos de dos Defensor a la deriva chocando en el universo, pero son extremadamente raros—. Yo caí en un planeta. Bueno, planeta no es la palabra apropiada. Ya no hay planetas, y no he visto uno jamás. Aquello, aunque masivo, esférico y habitable, no era un planeta. Consistía en la acumulación gravitacional de una enorme cantidad de chatarra imperial, con suficiente masa para ser atraído por una estrella y por tanto poseer movimiento de traslación. Su nombre era Abominus III. Igual que las naves imperiales Abominus, para facilitar su posible mención en los ambientes insurrectos de las cantinas de las naves errantes imperiales sin levantar más sospechas de las necesarias.

No es que pueda decir que fuera un buen lugar para vivir. Era repugnante. Pero por lo menos allí aprendí a pilotar naves de combate, allí decidí hacerle la vida imposible al Imperio Caos. Allí conocí a Colin.


9054/93333
Sa1/Ob9/Mi39/Ti42/Ne245/T191
Su0/Pr0/Ab53/Br85/De151
 

No sé si merece la pena que cuente algo relativo a Colin. Qué más dará, qué importará a quien pueda alguna vez ver esto. Claro que esa es otra de las utilidades de estas holonotas, el desahogo. Información superflua. Innecesaria. Contarme a mí misma la historia. Con brevedad, sin querer recordar todos los detalles. No porque no los aprecie. Porque no creo que jamás pudiera olvidarlos. La capitana HennMasters conoció a un tal Colin Trask, he oído. No creo que sea cierto, sólo sabe entregarse a la guerra. Alejarme de esa clase de rumores, que empiezan a volverse cada vez más reales.

Ahora que lo pienso, esta época me facilita la tarea. Todos saben a lo que me refiero. Todos hemos perdido a alguien. Náufragos en el sentido físico y emocional. A la deriva, sin posibilidad de cambiar el rumbo. Qué más le da a quien vea esto cómo era Colin. De qué color tenía los ojos, cuánto medía, qué le gustaba, qué odiaba, en qué me hizo cambiar para siempre. Supongo que basta con estas palabras que en el fondo no están diciendo nada.


9051/93340
Sa0/Ob12/Mi78/Ti35/Ne149/T100
Su0/Pr0/Ab37/Br79/De205
 

Imagino que hace siglos los habitantes de los planetas se plantearían las relaciones de una manera muy distinta a como hacemos ahora. La tarea, entonces, más que encontrar a un igual era conseguir que la persona deseada profesara los mismos sentimientos con los que era percibida. En la época actual no he conocido aún a nadie que no fuera correspondido a sus deseos; el problema es que apenas nadie puede volver a reunirse con la persona amada. La extrema lejanía. La idealización de los ausentes. Simplemente las consecuencias lógicas de la estructura del Imperio Caos.

Una vez escuché que la peor manera de extrañar a alguien es que esté sentado a tu lado y saber que nunca le podrás tener. Me temo que igualmente desesperanzador debe ser tener a alguien pero saber que nunca podrás estar a su lado.


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Sa0/Ob12/Mi117/Ti18/Ne293/T257
Su0/Pr0/Ab70/Br53/De171
 

Volviendo a la Ley de la Órbita, siempre fue convenientemente manipulada y tergiversada tanto por sus defensores como por sus detractores. Si una Predaking prosperaba, no tardaba en ser acusada por sus enemigos de poseer trayectoria calculable, para lo cual múltiples geómetras se reunían y discutían los pormenores del asunto. La mayoría de las veces la disputa acababa en una sanción, pues la incapacidad de los matemáticos para encontrar las ecuaciones de trayectoria no implicaba necesariamente su inexistencia. Al abrigo de tales mezquindades se desarrolla el Imperio Caos. Pero también ha sido convenientemente usada por los rebeldes, por nosotros. Sutiles cambios de rumbo, movimientos que nos identifican como causa afín, ese tipo de estratagemas. Pelear con las armas del enemigo.


9045/93354
Sa0/Ob4/Mi66/Ti53/Ne201/T308
Su0/Pr1/Ab63/Br75/De210
 

Aunque nosotros no fuimos los primeros en tratar de poner la propia estructura del Imperio a nuestro favor. Hubo un audaz intento de rebelión incruenta hace algunos años, consistente en modificar la ruta de una nave con el fin de que avanzara siguiendo una trayectoria que los científicos llaman paracicloide, no tan intuitiva y evidente como la línea recta o la espiral, y por tanto menos susceptible de sospechas de sabotaje. El toque maestro de la idea consistía en que la nave era la Menasor, el itinerante templo de metal en el cual reside la dinastía Asoc —en aquella época gobernaba Asoc δ—. Sin embargo los sublevados fueron descubiertos antes de que pudieran llevar a cabo su plan, modificándose la Ley de la Órbita para otorgar a la Menasor la voluntad de variar a placer su rumbo en la manera que desee. Por supuesto a partir de ese momento la Menasor no empezó a moverse en círculos ni a describir ningún otro recorrido que alterara remotamente las sólidas bases del Imperio Caos. Sus ocupantes, no sólo el emperador y su séquito, sino también los responsables de la nave, creían a pies juntillas en la filosofía que había establecido todo aquello que dominaban y gobernaban.


9042/93361
Sa0/Ob20/Mi78/Ti20/Ne235/T253
Su0/Pr0/Ab48/Br48/De217
 

Cabe preguntarse cómo gobierna el Imperio Asoc. Cómo mantiene el orden en una geografía tridimensional en constante movimiento. Lo cierto es que se usan dos métodos de mando que, aunque resultan contradictorios, juntos han demostrado ser sumamente eficaces desde que los instaurara el mismo Asoc β, coincidiendo con el comienzo del imperio.

El primero de ellos es las hordas. El Imperio no puede localizar todas las naves de modo instantáneo. Ni falta que les hace. Un goteo incesante de Defensors, miles, millones, a cortos intervalos de incluso horas, viajan y se propagan por la Galaxia. Siempre se escapa algún lugar, pero resulta insignificante en relación al abrumador control que ejercen sobre el resto de sus territorios. A nuestro favor sólo tenemos la estabilidad de Abominus III, preparado para atacar al enemigo con contundencia e impedir que revele nuestro paradero.

El segundo, y el más eficaz, es el miedo. Miedo a lo desconocido, a una mano de hierro que está ahí pero no se deja ver. La imagen de la Menasor surcando el espacio, sin saber nadie dónde se encuentra, ha sofocado muchas rebeliones intelectuales, y a punto a estado de hacer lo propio con ésta. Es difícil pelear con soldados supersticiosos y temerosos de que el emperador aparezca en persona en cualquier momento.


9039/93368
Sa0/Ob3/Mi105/Ti24/Ne157/T199
Su0/Pr0/Ab51/Br24/De242
 

El hecho de que la Menasor no sea fácilmente localizable supone, en parte, un inconveniente para nosotros. Si algo ha caracterizado a todas las rebeliones existentes es su estatus de ocultas, fraguadas en los cimientos de un poder presente y visible. El hecho de que el enemigo sea tan invisible como nosotros les coloca en una posición similar.

Es por eso que la Júpiter busca a la Menasor. Nuestros matemáticos trabajan duramente, cotejando datos, rumores, optimizando la curva que nos permita obtener la máxima probabilidad de encontrarnos cara a cara con ella. Llevamos mucho tiempo listos para la batalla final. Todos los días comienzan en la Júpiter como si fueran el último. Tal vez eso motiva el tono apresurado de estos pensamientos.


9036/93375
Sa0/Ob3/Mi120/Ti36/Ne115/T135
Su0/Pr0/Ab40/Br24/De207
 

Sin embargo hay veces que realizo el ejercicio de poner en duda mis conclusiones, y plantearme que quizás jugamos con ventaja. La Menasor itinerante, en el fondo, no es más que un núcleo desestabilizado. Difícil de encontrar, pero también de establecer ataques. He celebrado intensas y agotadoras reuniones con mis jefes de escuadrón donde el tema central ha sido siempre el papel de la Menasor y el emperador en nuestros próximos pasos. Nunca llegamos a una conclusión que convenza de manera contundente a una gran mayoría. En ocasiones, creo, hemos llegado a rozar el terreno de lo filosófico. La guerra es un buen incentivo para la filosofía. Empecé a darme cuenta a partir de aquellas reuniones. Creo que fue también cuando empecé a leer a Nietzsche. HennMasters lee a Nietzsche. Supongo que a veces las cosas no son tan sencillas como parecen.


9033/93382
Sa1/Ob7/Mi91/Ti37/Ne322/T197
Su1/Pr0/Ab67/Br70/De201
 

Según Nietzsche el destino de los hombres está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices. Tal vez tuvieran algo que aportar a esa frase los que vivieron en planetas y aún están vivos para contarlo gracias a los tratamientos de alargamiento de edad hasta decenas de siglos. Todos sus testimonios aseguran que aquélla fue una época perfecta, con días y noches, soles y horizontes, ocasos verdes, azules, negros, purpúreos, anaranjados, rojizos. Sin embargo, como Nietzsche, no creo que aquella fuera una época feliz. Las épocas nunca son felices, la historia de los hombres sólo se mide en relación al grado de barbarie que alcanzamos y a nuestra capacidad para mutilar la voluntad de vivir en los demás. Las personas, los individuos, sí eran felices. Un don que en estos tiempos se me antoja poco menos que inalcanzable.


9030/93389
Sa0/Ob15/Mi59/Ti36/Ne237/T218
Su0/Pr0/Ab33/Br77/De177
 

Creo que lo más hermoso que Colin hizo por mí lo hizo, como la mayor parte de los actos sinceros de amor, sin ser del todo consciente de ello. Él me enseñó a perdonarme cuando empezaba a pensar que nunca volvería a ser yo misma. Tiene gracia que diga esto. Cuando nos despedimos apenas tenía veintitrés años. Tenía toda la vida por delante, y aquél me pareció el último momento de ella. Ahora comprendo que no fue más que el principio. El inicio de la búsqueda.

Ninguna tragedia nos separó. El Imperio Caos funciona así. Una nave se pierde, y puede no volver a ser encontrada, ni regresar al punto de referencia. Supongo que a él le ocurrió algo parecido. Fue así de sencillo, de desalentador. Un buen día, se esfumó. Sin dejar rastro. Nunca volvió a Abominus III, y sabía que no lo haría jamás. Pensé muchas cosas, buenas y malas, por aquel entonces. Que nunca fui nada para él. Que todo fue un juego, sólo un instante de luz en un océano de infinita oscuridad.


9027/93396
Sa0/Ob10/Mi91/Ti54/Ne134/T85
Su0/Pr0/Ab43/Br25/De136
 

La sociedad estable, arraigada, firme, no hace más que redundar en el crimen y las actitudes venenosas de los seres humanos. La cultura sedentaria produce envidias, disputas por el terreno, radicales diferencias entre semejantes. Deben existir diferencias, la especialización es buena y adecuada para el desarrollo, pero el establecimiento de terrenos para actividades fijas contribuye al inmovilismo. Los hombres se vuelven cómodos, se olvidan de los tiempos en que no era tan fácil obtener lo que a ellos les ha sido dado de nacimiento. Toda época, toda cultura debe pelear. Es por eso que la vida nómada es la más adecuada, la que transmite el conocimiento, la que diluye el poder. Los planetas son jaulas para la mente, cáscaras en las que fermenta la semilla del odio y el mal. La vida debería ser un eterno viaje espacial, incómodo, peligroso, pero del que se aprecia cada momento.

Con estas palabras, extraídas del Noveno Manifiesto de Asoc α, comenzó intelectualmente el Imperio Caos. Asoc α era un filósofo, alguien con interesantes pero discutibles opiniones del mundo. Él no era un peligro para nadie. No estaba loco. El problema consistía en que era una persona, y no se puede basar un imperio en una persona. Imagino que si se hubiera tomado a Nietzsche al pie de la letra el mal hubiera imperado por su planeta, la Tierra, que se hubiera llenado de hombres malvados de ojos rutilantes e inmisericordes proclamando que lo que no les mata les hace más fuertes.

Todo esto hace que me plantee una sencilla pregunta; ¿y después qué? ¿Qué si ganamos? ¿Surgirá otro filósofo que nos guiará a una nueva era de dolor? Tal vez tenga que ser así, y la historia de la raza humana realmente esté hecha de momentos felices pero no de épocas felices.


9024/93403
Sa0/Ob9/Mi100/Ti30/Ne269/T232
Su0/Pr0/Ab54/Br43/De245
 

Aún recuerdo cómo era yo cuando Colin desapareció. En parte yo, en parte otra. Negativa, hundida, carcelera de mi propia prisión. Se salvaron pocas de las holonotas que tomé en aquella época, aunque tal vez ésta sea la más representativa.

Y sé lo que Dios hará, lo que hace siempre. Me dará un poco de esperanza —fugaz, precisa y concisa— y luego me la arrebatará, dejándome de nuevo sola y alejada de todos; pero la habrá mantenido conmigo el tiempo suficiente para impedir que me hunda, para insuflarme un poco más de aire, para calentar motores y continuar derribando nuevos e inagotables enemigos errabundos.

El día que tomé esta nota derribé, a los mandos de mi Titania, un escuadrón entero de Defensors. Diecisiete en total. Lo cierto es que no sentí nada al respecto. Un vacío más. Sólo una estrella más en el titilante paisaje. Y sin embargo sabía, aunque no lo reflexionara hasta más tarde, que una parte de mí moría con aquellos hombres y mujeres, la sangre a montones en el vacío cósmico, no flotando ni manando, haciendo... haciendo algo que los expertos en mecánica de fluidos de la Júpiter sabrán describir mejor que yo.


9021/93410
Sa0/Ob17/Mi52/Ti14/Ne185/T218
Su0/Pr0/Ab39/Br75/De200
 

Es lo que siempre le digo a los pilotos justo antes de una batalla. Éste es vuestro trabajo. No dudéis si sabéis hacerlo. Simplemente hacedlo.

Frases cortas, sencillas, que seguro se han oído muchas veces antes. Precisamente porque se han oído antes es por lo que se las debería dar más valor. No se repiten los malos consejos. Y resulta curioso que yo sea quien los esté dando. Yo, que en mi despacho me paso noches interminables dudando, preguntándome si podré guiarles si al fin y al cabo no soy capaz de guiarme a mí misma.


9018/93417
Sa0/Ob9/Mi64/Ti12/Ne275/T174
Su0/Pr1/Ab38/Br66/De259
 

No me cabe duda de que Powell sería un magnífico capitán. Valiente piloto, extremadamente cualificado. Nació con la extraña tara genética de poseer ocho brazos. Es por eso que su Miranda posee ocho alas con otros tantos cañones oger, con los cuales puede disparar hasta en ocho direcciones distintas. Sólo yo le supero en estadísticas. El único defecto que se le puede achacar es su facilidad para dejarse arrastrar por las busconas que le esperan impaciente en las barras de toda cantina de las fortalezas Predaking. Disciplina. Siempre le faltó disciplina. Sé que mi retirada se la otorgaría. Pero nunca me dejaría hacerlo.

Hay veces en que he pensado que Powell no desea a otra más que a mí. Es posible que sea cierto. Jenny Hennmasters sólo sabe entregarse a la guerra. Sin embargo creo que es porque no me tiene. Todos anhelamos lo que no tenemos. Han surgido cientos de teorías filosóficas intentando decir lo contrario, pero la terrible verdad es esa, desnuda y transparente sin más que mirar al espacio y contemplar las naves itinerantes, perdidas sin dirección, del mismo modo que aquellos que van en su interior.


9015/93424
Sa0/Ob23/Mi143/Ti51/Ne219/T261
Su0/Pr0/Ab26/Br54/De154
 

Lo he pensado una y otra vez y siempre llego a la misma conclusión. Por muchas reuniones que celebremos siempre llego al mismo pensamiento. Si nuestro enemigo tiene una virtud no es la de que se haya asentado en el poder, sino que es invisible. Me encantaría asomarme ante él —valor no nos falta, potencia tampoco— mirarle y retarle, mata, rompe, mutila, destruye, corrompe, quiebra. Y que todo acabase de una vez. Para bien o para mal. Tener una última lucha. No es la determinación lo que falta en las batallas. Lo que falta es la estrategia. Y en este caso, qué estrategia se puede tener contra un enemigo al que ni siquiera has visto jamás.


9012/93431
Sa0/Ob18/Mi39/Ti56/Ne133/T245
Su0/Pr0/Ab40/Br47/De132
 

Busco a mi familia. Ésa ha sido la frase eternamente oída en todo el Imperio Asoc. Por todas partes viajeros de todas las clases, razas, edades, vagando de un lado para otro en naves construidas con desperdicios de vertederos —obras maestras de la ingeniería en algunos casos—, todos con un objetivo común. Busco a mi familia. Busco a mi padre. Busco a mi madre. ¿Sabes dónde está mi hermano? Hace años que perdí a mi hija. Ese tipo de cosas.

El espacio entero se pobló de gente así. No son soldados, no son valientes. En muchos de los casos ni siquiera son aptos para pilotar. Pero tienen una fuerza que les guía. La que les hace proseguir en el intento de recuperar a sus seres queridos.

Un magnífico regalo el que nos ha dado el Imperio. La separación completa de todo y de todos. Si no nos han separado de nuestros hogares, es en realidad porque nunca tuvimos. Da igual que se nazca en una nave. Una nave nunca es un hogar. Poco importa que hayas pasado en ella toda tu vida. No es suelo firme, no es un planeta. Aunque... qué puedo decir yo de planetas, al fin y al cabo el único en el que he estado es un vertedero, un lugar lleno de inmundicia en el que yo también me hice mi propia nave.

No era una mala nave, en absoluto. Lo único malo que tenía es que estaba construida más con el corazón que con el cerebro. Pero no podía evitarlo. Nunca tuve mucho, y supongo que en estos tiempos que corren eso resulta ser una ventaja. No conocer a tus padres ayuda a aliviar el hecho de haberlos perdido. Claro que, bueno, eso no siempre llega a ser cierto. Nunca tuve planeta, y sin embargo, echo de menos los planetas.

Probablemente sea estúpido echar de menos algo que nunca has tenido ni visto. Pero es así. No considero Abominus III como un planeta.


9009/93438
Sa0/Ob6/Mi91/Ti160/Ne136/T199
Su0/Pr0/Ab37/Br57/De102
 


Ilustración: Pedro Bel

Y despegué de Abominus III. No sabía muy bien ni qué destino tomar —aunque luego encontré la rebelión—. Supongo que le buscaba a él. Como todos aquellos pobres infelices, vagando de un lado para otro, colisionando entre ellos de vez en cuando. Muchos de ellos sin darse cuenta de que es como encontrar una tuerca en los almacenes de una Oberón.

Muchas veces me hago la misma pregunta. ¿No estarán en el fondo buscándose a sí mismos en vez de a sus seres queridos?


9006/93445
Sa1/Ob7/Mi26/Ti38/Ne215/T183
Su0/Pr0/Ab41/Br69/De249
 

Mientras tanto, no dejo de preguntarme. Dónde estará. Si podré esperarle para siempre. O qué es lo que debería hacer para encontrarle. Muchas veces los grandes acontecimientos pueden influir en los pequeños. Tal vez estar al frente de la rebelión, ser la capitana HennMasters, Jenny HennMasters sólo sabe entregarse a la guerra, me hace más visible. O tal vez me convierta en la persona más invisible de todas. El enemigo invisible. Tal vez el Imperio nos ve del mismo modo. El enemigo invisible. Atacan y se van. Matadlos, encontradlos. Queremos tenerlos cara a cara. Mata, rompe, mutila, destruye, corrompe, quiebra.

Hay malos momentos en los que me da por pensar que realmente nunca me he empeñado en buscarle. Que debería coger una Defensor y repetir el ciclo. Lo he decidido, tú estás al mando. Pero en el fondo sé que no puedo hacer más que esto. A veces pienso que mi vida es una eterna búsqueda. De mis enemigos, de mis seres queridos, de mí misma. Y me pregunto si no será mejor así, si en el fondo Asoc α no tenía razón cuando decía que el inmovilismo nos hacía olvidarnos de que hay que pelear. Qué cierto es que no hay mejor maestro que tu enemigo.


9003/93452
Sa0/Ob20/Mi78/Ti36/Ne139/T146
Su0/Pr0/Ab30/Br39/De85
 

Me he preguntado a veces cómo sería la vida en un planeta. No ese estercolero en el que caí por casualidad. Un planeta de verdad. Supongo que es una pregunta que sonará estúpida a quien haya vivido en uno, como tratar de abarcar multitud de sensaciones diferentes en una sola. Únicamente teniendo en cuenta la cantidad de planetas distintos que hubo —según los arqueoplanetólogos—, la estancia en ellos podía oscilar desde el paraíso al infierno, ya fuera cálido o frío. Alguna vez he oído que dichos contrastes podían incluso darse en un mismo planeta, bajo un mismo sol. Lo cierto es que el tiempo ayuda a oscurecer los hechos, y la visión actual de los planetas es algo plana, monocromo. Al fin y al cabo los hombres no somos muy originales, y nunca se nos ha dado muy bien suplir con imaginación aquello que desconocemos. A veces creo que destruir es lo único que se nos da realmente bien.

Nuestras naves fueron bautizadas con el propósito de homenajear a los planetas y sus satélites. Es irónico que la nave desde en la que estoy ahora, la Júpiter, deba su nombre a algo que en realidad no se puede considerar un planeta. No por lo menos en el sentido en que nos gustaría pensar, el de la habitabilidad. Del mismo modo las Oberón, las Titán, no responden a nombres de planetas sino de satélites. Y sin embargo ahí están, símbolos y estandartes contra el Imperio Caos. Es curioso cómo podemos asentar nuestras ilusiones e ideales sobre realidades distorsionadas. Tal vez dichos nombres sean una señal para advertirnos de sucesos que no se deben repetir.


9000/93459
Sa0/Ob12/Mi65/Ti66/Ne310/T215
Su1/Pr0/Ab49/Br41/De103
 

Numerosas veces me han preguntado cómo nunca he sido derribada en batalla, ni siquiera cuando pilotaba mi ultrarrápida Titania. Lo cierto es que no tengo una respuesta firme y contundente. Imagino que haber vivido en Abominus III ayudó, donde por todas partes flotaban escombros que había que esquivar insistentemente, hasta el punto de convertirse casi en una rutina diaria ; si es que se puede aplicar el concepto de día a un planeta que carece de eje de rotación.

Aunque en realidad sé que el secreto es no odiarlos. Si los odias estás perdido. Intentarás derribarles hasta las últimas consecuencias, perderás el sentido de la lógica, de la razón. Acabarás hundido, de uno u otro modo.

Tampoco despreciarlos sirve para mucho. Si los desprecias los subestimas, y si los subestimas te darán la lección que estabas esperando recibir. En parte el secreto consiste en comportarte como si no estuvieran allí. Hacerlo pero sin hacerlo. Simplemente llevar a cabo tu tarea. Y nunca, jamás, dejarte llevar por la desesperación. Convertirlo en algo práctico, habitual. Hasta que consigas olvidarte de que estás derribando naves pilotadas por soldados que tratan de seguir estrategias similares a la tuya.

Muchos oficiales me han solicitado que dé clases de pilotaje. Yo dar clases, que ni siquiera sé por qué tomo las decisiones que tomo, aunque tenga la certeza de que son correctas. Yo que ni siquiera sé lo que es vivir, que me perdí la clase más importante de todas.


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Sa0/Ob15/Mi121/Ti54/Ne196/T146
Su0/Pr0/Ab53/Br36/De237
 

Mientras viví en Abominus III, hubiera dado lo que fuera por estar en un despacho como éste. Limpio, sin basura, sin escombros. No hecho de escombros. Ahora lo tengo, más de lo que soñaba. Un lugar diáfano, claro. Visión de profundidad. Gente que me escucha, que me obedece, que tiene fe en mí, que sigue mis instrucciones sin dudar.

Y ahora sé que nada me esto me sirve. Porque me falta algo, y no es necesario aclarar el qué.


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Sa2/Ob18/Mi117/Ti67/Ne191/T144
Su0/Pr0/Ab59/Br30/De187
 

Hay días buenos en los que pienso que encontraré a Colin en la próxima variación de la curvatura de nuestra nave. Y hay días malos en los que desearía no encontrarle. Deseando no desear, porque no quiero volver a pasar por lo mismo. En el fondo así funcionan estas cosas, así son las reglas del juego. Pero hay veces en que desearía salirme del tablero, porque para mí nunca fue un juego.

A menudo me planteo qué se entiende por vivir en un imperio como éste. Se supone que mientras hay vida hay esperanza. Vida implica esperanza. Si aplicamos la lógica deducimos que si no hay esperanza, no hay vida. Muchos dirían, entonces, que en el Imperio Caos no hay vida posible.


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Sa0/Ob1/Mi147/Ti78/Ne227/T265
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No sé mucho de la vida de Nietzsche, apenas lo poco que de él he podido leer, pero me maravilla hasta qué punto ese hombre que vivió mucho, mucho más atrás en el tiempo de lo que puedo aventurarme a imaginar, podía expresar la actualidad de manera tan contundente. No estoy de acuerdo con todo lo que decía, pero sí con bastantes de sus frases y pensamientos.

La esperanza es el peor de los males, pues prolonga el tormento del hombre.

Aún, sin embargo, ignoro qué opinar al respecto de ésta. Y creo que me llevará toda la vida tomar una decisión.


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Sa0/Ob4/Mi143/Ti55/Ne182/T240
Su0/Pr1/Ab72/Br84/De233
 

En más de una ocasión me ha sucedido algo así. El vaso medio lleno, lejos de mi alcance, no tocado por mis labios. La mesa partida en dos de un golpe certero, furioso, violento, más propio de Powell y sus ocho brazos que de mí. Mis oficiales nunca han hecho comentarios al respecto. Supongo que les da igual que me descargue de esa manera. Lo cierto es que nunca he sido una mujer de carácter templado ni pausado. Y cuando me puede la tensión, me dejo llevar por esa clase de instintos. Tal vez los obtuve como resultado de mi estancia en Abominus III. Tal vez estuvieron siempre conmigo. Pero lo que es seguro es que pasarán a formar parte de mi —posible— leyenda. La historia de alguien que no supo encauzar ni su propio destino y pretendía hacer lo propio con el de la Galaxia.


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Y entre brillos y destellos de plasma, provocando fugaces eclipses en la Galaxia, haciendo pensar que ésta no hay sido mutilada de sus cuerpos negros elementales, sigo haciéndome la misma pregunta. Dónde está él. Dónde está Colin.


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Nunca antes he visto batalla espacial tan encarnizada como la que hemos disputado hace unos momentos. Por un instante sectores completos de nuestros sensores de vacío se han visto colapsados de movimiento, inundados por los millones de naves del Imperio que se dirigían en nuestra dirección. Sin embargo no estaban preparados, llegué incluso a tener la impresión de que se trataba de un ataque desesperado. Quizás no somos tan distintos de nuestros oponentes.

Y frente a nosotros, una obra de ingeniería espacial que es a la vez reino, trono y tumba: la Menasor, baluarte de la dinastía Asoc, núcleo y eje maestro del Imperio Caos. El enemigo, visible al fin.

Todos los debates han cesado, todas las dudas han desaparecido para convertirse en una única voz. Atacar. Puede que éste sea el último día de nuestras vidas, pero sabemos que para eso tuvo que haber un primero. Mata, rompe, mutila, destruye, corrompe, quiebra.

El combate definitivo. Palabras usadas, superfluas, que no dan una idea de los actos que tras ellas se esconden. Una última hilera de encarnizadas Bruticus y Defensor. Powell en persona me ha traído la tarjeta-llave de mi Titania. Ha llegado la hora final.


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Saturno0/Oberón0/Miranda182/Titania162/Neptuno430/Titán368
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Todo ha terminado.

Más deprisa de lo que nunca hubiéramos imaginado. Las naves atravesaron la barrera de Bruticus y Defensor. La Menasor trató de repeler el enjambre de mosquitos que sobre ella se precipitaba, pero le resultó del todo imposible. El ataque se desarrolló en treinta y un frentes, rompiendo toda idea de simetría en la Menasor, todos sus cañones dispuestos en distribución regular, incapaces de adaptarse al complejo poliedro que a su alrededor se había creado. Es posible que en el futuro se estudie la táctica militar de esta batalla. Pero lo que no dudo es que se estudiará el magnífico trabajo llevado a cabo por el comandante de la Menasor y sus cincuenta pilotos, encargados del control de aquel mundo de metal.

Pues eran los únicos seres vivos a bordo de la nave.

El emperador murió. Conspiración, parece ser. Mucho tiempo atrás. Y con él, la dinastía Asoc, dada su falta de descendencia. Hubiera sido el fin del Imperio Caos... si el comandante de la Menasor y sus hombres no hubieran hecho todo lo posible por mantener oculto tal hecho. Exterminaron a todos los demás ocupantes de la Menasor y mantuvieron el orden, con la esperanza de encontrar un adecuado sustituto a Asoc ε. Pero nosotros llegamos primero, acabando con aquella desesperada estratagema. Es curioso. Todos en el Imperio Asoc vagando sin rumbo, buscando, dejándonos la piel en una última esperanza de volver al concepto que cada uno tiene de normalidad. Restablecer la dinastía. Derrocarla. Encontrar a nuestros seres queridos. Cada uno a su escala, pero todos —rebeldes, tiranos, viajeros— con el mismo fin.

Llevará tiempo difundir la noticia del derrocamiento del Imperio Asoc, pero el júbilo por el cese de la guerra ya se palpa en las entrañas, bien profundo, bien arraigado. Aún quedan algunas pequeñas oleadas de Defensors enviadas desde la Menasor —unos genios esos hombres que seguían mandando hordas al espacio sin levantar sospechas—, pero todo ha acabado. No para mí, claro. Aún tengo que revisar enormes, ingentes montones de material incautado. Jenny HennMasters sólo sabe entregarse a la guerra. Puede que sea verdad. En ese caso me pregunto qué será de mí ahora.


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Desde abajo se cuela la música de los chicos celebrando la victoria, un dulce y suave jazz no exento de cierta pasión. Hoy Powell será el hombre de la fiesta. Poseer ocho brazos, según los rumores, le convierte en un gran amante, y ahora que no tiene que usarlos para sus cañones oger, no tengo la menor duda de que los confirmará.

Hace un rato entró uno de mis superiores al despacho. Es curioso cómo las formas se mantienen incluso cuando ya no resultan necesarias. Tal vez sea que los líderes somos incapaces de asimilar el fin del combate. Lo he decidido, tú estás al mando. El caso es que subió a preguntar por qué no estaba abajo celebrándolo. Creo que con una sola mirada le bastó para darse cuenta. Al fin y al cabo está entrenado para captar, analizar, concretar el más sutil cambio en lo que le rodea, y eso me incluye a mí. Se acercó a la mesa y cogió el documento que sobre ella estaba. Fue encontrado en la incursión a la Menasor. No cabe duda de su autenticidad, pues se trata de un tridiarchivo, apenas usado hoy en día. Una lista de todas las Defensor que han sido lanzadas durante el reinado de Asoc ε, incluso después de su muerte. Información de incalculable valor que nunca hubiera querido conocer. Fila 1028, columna 3476, profundidad 3298. Escuadrón cyt43. Diecisiete Defensors abatidas por una sola nave desconocida. Fue fácil. Con mi Titania poseía mucha más maniobrabilidad que ellas. Me costó más abatir al jefe de escuadrón, pero aun así acabé con él tras una violenta persecución entre chatarra espacial. Su nombre, como acabo de averiguar, era Colin Trask.

Nietzsche dijo una vez que si tienes un por qué para vivir encontrarás casi siempre el cómo. Ahora me doy cuenta de que a Nietzsche se le olvidó lo más importante.

Cómo conseguir el por qué.


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Resulta bella la visión del universo ahora. Nada ha cambiado, pero un nuevo halo lo recorre. La idea de volver a empezar, de recuperar el tiempo perdido. De recuperar lo que ha sido negado. De volver a ser yo.

Ojalá pudiera estar refiriéndome a Colin y a mí. Tal vez por eso no escribo lo que me ocurre sino lo que le ocurre a los demás. Felices, llenos de optimismo, de planes, de entregas. Los que en tiempos de guerra poseíamos gran carisma de repente somos cáscaras vacías, obsoletas. Algo para olvidar. Jenny HennMasters. Sí, dicen que acabó con el Imperio Caos. Sí, eso dicen. Tal vez era tan mala o peor que ellos. Para enterrarnos hondo, donde la memoria y el remordimiento no lleguen.

Todo está listo para mi viaje final. Esta vez no vagaré. No caeré en un planeta hecho de escombros. Sólo yo, mi Titania y la oscuridad. Para siempre adiós a todo y todos.

Imagino que alguien encontrará estas holonotas tarde o temprano. No sé muy bien cómo se interpretarán. Lo cierto es que no soy una gran escritora, ni tampoco sirvo para resumir los acontecimientos. Espero que se lean como lo que son, sencillamente los anhelos y deseos, los ascensos y caídas, breves pero intensos, de una mujer que no fue más que otra de las almas perdidas, pero siempre atentas y perseverantes, que vagaron a lo largo, ancho y profundo del Imperio Caos.

(A Isma)


El madrileño Miguel Ángel López Muñoz nació en 1981 y es licenciado en ciencias matemáticas e investiga en el área de criptografía cuántica. Escribe desde hace varios años y ha publicado una novela corta, cuentos, ensayos y crítica de cine en varias publicaciones. En Axxón ya ha publicado EL BRILLO DEL MAL y esperamos que esto sea apenas el comienzo.


Este cuento se vincula temáticamente con “Érase una vez” de José Carlos Canalda Cámara (138); “Orgullo”, de Pedro López Muñoz (151); “En el borde del mundo”, de Laura Ponce (156) y “Segunda versión”, de Rita Maria Felix de Silva (162).


Axxón 173 - mayo de 2007
Cuento de autor europeo (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Espacio: Imperio Galáctico: Viajes Espaciales: España: Español)

            

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