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Por Silvia Angiola


HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FÉNIX

Dirección:
David Yates

País:
Inglaterra, EEUU.

Año: 2007

Duración: 138 minutos

Género
Fantasía, aventura.

Intérpretes
Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Imelda Staunton, Michael Gambon, Maggie Smith, Alan Rickman, Robbie Coltrane, Emma Thompson, Gary Oldman, Brendan Gleeson, Ralph Fiennes, Jason Isaacs, Helena Bonham Carter.

Guión
Michael Goldenberg sobre la novela de J. K. Rowling.

Producción
David Barron, David Heyman.

Estreno en cine
11 de julio de 2007


HARRY POTTER Y LA ORDEN DEL FÉNIX

Harry Potter nació en 1990 en un tren cargado de pasajeros que hacía el trayecto entre Manchester y Londres y que llegó a destino con cuatro horas de retraso por culpa de una avería. J. K. Rowling empleó ese tiempo en darle forma a una súbita inspiración: la historia de un niño huérfano que pasa siete años de su vida en la Escuela Hogwarts de Magia y Hechicería para convertirse en brujo. Y aunque Harry Potter y la Piedra Filosofal no se publicó hasta 1997, Rowling afirma que empezó a escribir apenas llegó a su casa y que no ha parado desde entonces1.

La filiación de la saga de Harry Potter no se encuentra en los relatos de alta fantasía como El Señor de los Anillos o Las Crónicas de Narnia, sino más bien en un subgénero literario de fuerte impronta británica cuyos orígenes pueden rastrearse hasta mediados del siglo XVIII: las novelas ambientadas en un entorno escolar, o, más frecuentemente, en un internado, desarrolladas por escritores como Charles Dickens, Thomas Hughes, Charlotte Brontë y Rudyard Kipling. Los personajes de estas historias son similares a los que aparecen en los libros de Rowling: el héroe de buen corazón, generalmente de origen humilde, el amigo fiel del protagonista, el aristócrata odioso, y, por supuesto, los eternos profesores, benévolos, justos o temibles. La descripción detallada de las clases y de las prácticas deportivas son elementos típicos de la novela escolar tradicional: la peculiaridad de las asignaturas que forman el curriculum de Hogwarts y las características prodigiosas del quidditch, el deporte de los magos, contribuyen a hacer más atractivo el relato de Rowling.

Las películas fueron concebidas para duplicar los textos literarios y el fenómeno sin precedentes que se había generado en torno a ellos. Había que convencer a los lectores de que el cine era capaz de brindarles una experiencia infinitamente más rica que la que les ofrecía su imaginación a partir de los libros. Con la cuarta novela ya publicada y la intriga a mitad de camino, la recepción de los films iba a depender de la habilidad que mostraran para traer a la vida al mundo mágico inventado por J. K. Rowling.

Chris Columbus (Mi pobre angelito, 1990), el director elegido para las primeras películas, debía conformar a un público presumiblemente refractario a que se tomaran demasiadas libertades en la adaptación de sus textos preferidos. Harry Potter y la Piedra Filosofal (2001) y Harry Potter y la Cámara Secreta (2002) siguieron escrupulosamente los eventos de los libros pero no lograron conjurar el carisma y el humor de la escritura de Rowling. La atención puesta sobre los efectos visuales dejó poco espacio para el desarrollo de los personajes, los diálogos o el ambiente de las clases. Varios incidentes cargados de ironía desaparecieron en aras de la corrección: las películas parecían dirigidas a un público más infantil (o infantilizado) que los textos. El veredicto mayoritario fue que los libros eran superiores.

El director mexicano Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, 2001) había demostrado holgadamente su talento para capturar los arrebatos y las tribulaciones de la adolescencia. Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (2004) resultó un film sólido y equilibrado, digno de verse por sus propios méritos y capaz de hacer virar a toda la saga hacia una atmósfera sombría que se mantuvo en las películas subsiguientes. Por el contrario, Harry Potter y el Cáliz de Fuego (2005) significó un paso atrás en la adaptación de la aventura. Técnicamente irreprochable, a la cinta le faltaba prolijidad en la narración: muchas escenas parecían incompletas, rudimentarias o interrumpidas. Curiosamente, era la primera vez que la serie tenía un director británico, Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, 1994).

Para filmar Harry Potter y la Orden del Fénix la elección recayó sobre David Yates, un profesional con poca experiencia cinematográfica, conocido por su trabajo en la televisión inglesa. Yates tenía que adaptar un capítulo bastante oscuro de la historia que alude a la pérdida de la inocencia y a las situaciones desagradables que hay que enfrentar al crecer. La infancia ha quedado atrás y el aprendiz de mago ya no es tan vulnerable como antes, pero el mundo que lo rodea sigue siendo injusto y peligroso.

Al volver a Hogwarts para su quinto año escolar, Harry Potter (Daniel Radcliffe) descubre con disgusto que el mundo mágico no toma en serio la noticia de su último enfrentamiento con Lord Voldemort (Ralph Fiennes). El Ministro de Magia, Cornelius Fudge (Robert Hardy), está convencido de que la historia del regreso del Señor Oscuro es una maniobra política de Albus Dumbledore (Michael Gambon), el Director de Hogwarts, para quedarse con su cargo. Fudge usa su influencia sobre el diario El Profeta para desacreditar a Harry y a Dumbledore y logra infiltrar en la escuela a una funcionaria de confianza, Dolores Umbridge (Imelda Staunton), en el puesto siempre vacante de Profesora de Defensa contra las Artes Oscuras. Umbridge es la encarnación de la burocracia, llena de trabas, regulaciones y decretos, y su enfoque de la magia defensiva (y de la pedagogía en general) siembra el descontento entre los alumnos. Hermione (Emma Watson) y Ron (Rupert Grint) se unen a Harry para organizar un movimiento de resistencia dentro de la escuela. Entretanto Dumbledore ha convocado a los sobrevivientes de su antiguo grupo, La Orden del Fénix, para una nueva cruzada contra Voldemort. La mayoría de los miembros son viejos conocidos de Harry: su padrino Sirius Black (Gary Oldman), Alastor “OjoLoco” Moody (Brendan Gleeson), Molly y Arthur Weasley (Julie Walters y Mark Williams), Remus Lupin (David Thewlis), y el ambiguo Profesor Snape (Alan Rickman).

David Yates nos entrega un “Harry Potter” eficaz, de tono intimista, más dramático y menos espectacular que los filmes anteriores. El guión, hábilmente condensado, le imprime ritmo e intensidad a la película sin alejarse mucho del texto original. Los diálogos son más sustanciosos y, aunque los efectos tecnológicos están a la altura de lo esperado, las escenas de acción no se acumulan en la pantalla: es el primer episodio de la serie que invierte tiempo y recursos en desarrollar las emociones de los personajes. Yates es lo suficientemente hábil como para apresar el espíritu de la novela y transformarlo en ingeniosas claves visuales: las páginas animadas de El Profeta, la foto del Ministro en el escritorio de Umbridge, la tapa de los libros que usa en clase, el inusual protagonismo del castillo de Hogwarts, más vetusto y medieval que nunca.

Muy cerca del cierre definitivo de la historia, el mayor logro de Harry Potter y la Orden del Fénix es implantar el clima ominoso que caracterizará a las próximas entregas y que hace temer a los lectores / espectadores por la suerte de sus personajes favoritos.

[1] L.A. Whited, The Ivory Tower and Harry Potter: Perpectives on a Literary Phenomenon. University of Missouri, 2002, p. 141. [↑volver]


                       
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