ANGÉLICA

Jorge Baradit

Chile

1


Angélica mira asustada la manera en que su mano derecha tiembla sin control.

Una mueca de angustia contrae su rostro pálido, su cabellera roja, su boca pequeña apretada en un gesto de dolor.

Un hilo de algo parecido a la sangre sale por su oído izquierdo y gotea sobre el suelo metálico con ritmo acompasado. Ese ruido mínimo y la respiración agitada de la pequeña niña son lo único que rompe la penumbra espesa que llena esa bodega abandonada, en el viejo puerto de Valparaíso.


Ilustración: Valeria Uccelli

—Quiero olvidarme. Por favor haz que olvide... —susurra en un hilo de voz a punto de quebrarse, encogida entre fierros y cajas.

Su ropa es demasiado grande para su cuerpo demasiado fino, sus pantalones tienen desgarros y manchas de aceite en las rodillas, su memoria tiene vidrios clavados por debajo, imágenes y recuerdos que entran como puñaladas a través de la suave piel de su pecho.

Lágrimas.

—No quiero morir... tengo miedo de morir... —murmura y se toma el rostro con las manos. No más de doce o trece años, sollozando casi en silencio entre las sombras y las planchas oxidadas que recubren las paredes tras las que se esconde.


2


"El tercer hijo de cada familia es propiedad del Estado".


"Al quinto mes de embarazo el feto es extraído para ser cultivado con distintos objetivos: como donante de órganos, pieza para armamento o, si acredita potencial psíquico, como parte del programa de Durmientes".


"Los durmientes son no-natos cultivados dentro de anacondas vivas enterradas verticalmente en arena de cuarzo, desde donde sólo emerge la cabeza chasqueante del reptil enfurecido por las drogas".


"El campo de cultivo de durmientes más famoso está en el interior de la catedral de Köln. ...llena hasta la mitad con arena y vigilada por mujeres vírgenes... la superficie, sembrada de cabezas de serpientes gruñendo sus oraciones, es un espectáculo único en el planeta.

El sonido ambiente es un mantra (producido por el zumbido de cables de alta tensión) similar al OM que se escucha en el ruido de fondo del Universo; la nota desaforada del Big-Bang que aún resuena en el cráneo de Jehová".


"Las catedrales son particularmente adecuadas para estas plantaciones. Fueron violentamente requisadas antes de la segunda república como invernaderos estatales, cajas de resonancia espiritual de incalculable valor industrial, ecosistemas psíquicos calibrados con gran precisión".


"Los durmientes son mantenidos en una variación del estado de coma conocido como sueño de rama, una especie de satori sintético inducido por mescalina y descargas eléctricas de microintensidades aplicadas a los testículos y la glándula pituitaria por cables de cobre bellamente labrados".


"Cuando los durmientes cumplen 33 años el estómago de la anaconda es rebanado. La mujer a cargo (su soror mysticae) copula con él, pierde su virginidad y es asesinada en secreto. Entonces el durmiente puede ser despertado".


"Los durmientes son utilizados con diversos fines: psicológicos, bélicos, religiosos o policiales. Son intocables. Algunos vagan por las calles desnudos y con la mirada perdida murmurando incoherencias, otros se aparean en las plazas o vociferan profecías. Los fines de estos durmientes son desconocidos excepto para los gobernantes. Otros (como el durmiente Rogelio Canelo) tienen un objetivo más específico, más prosaico: son iluminados producidos industrialmente para la investigación policial, la videncia y el espionaje".


(Fragmentos de la "Crónica del Nuevo Tiempo", Vol. II)


3


—Usted acaba de nacer, Rogelio. ¿Puede comprender eso? —dijo el coronel, con voz firme. Frente a él había un hombre maduro de contextura atlética que lo miraba inexpresivamente. El coronel estalló en cólera cuando una gota de saliva rodó al suelo desde la comisura de sus labios.

—¡Cómo se atreven a traerlo a mi presencia en estas condiciones! —gritó hacia el techo. Un acople rompió la atmósfera y una voz temblorosa se abrió paso a través del sistema de amplificación.

—S...señor. Usted ordenó traerlo de inmediato y...

—¡Imbécil! Llévenlo a programación e instálenle un sistema operativo standard, por dios. Esto es como hablarle a una lechuga.

Rojo de indignación, apretó una mano y lo abofeteó en pleno rostro. Rogelio no emitió quejido alguno.


4


—¿Podré rezar? ¿Estaré autorizada para rezar? ¿Se enojará Dios si le rezo? —sollozaba Angélica—. Necesito que me escuche, tengo tanto que decirle, pero no responde. Quizás aquellos como yo no tenemos derecho a hablarle, quizás desprecia a las "cosas" como yo, quizás no sea mejor que un refrigerador para él. Pero tengo tanto miedo...

Angélica llevaba horas escondida en esa bodega hedionda a orines de gato, incapaz de moverse, muriendo de miedo entre la oscuridad espesa y llena de reflejos que giraba inmóvil, casi sólida en torno a sus enormes ojos color acero, nublados por la pena.


Anochecía en Valparaíso.


Suspiró hondo y decidió calmarse.

Cerró sus ojos.

De pronto un ruido extraño se abrió camino entre los fierros y sus pupilas se dilataron con horror.

El ruido venía de la izquierda, luego de la derecha. Su respiración se agitó. Algo rodó tras la chatarra frente a ella y pequeñas patas corrieron en todas direcciones. Angélica se recogió contra su esquina respirando agitadamente, gimiendo y temblando. Todo tomó coloración rojiza y una enorme rata apareció a dos metros frente a ella. La mente de Angélica se vio invadida súbitamente por un silencio gélido, muchos clicks sonaron en sus brazos y una mirilla flotó de pronto en su campo visual. No entendía nada pero sus manos apuntaron por sí mismas, un fuego subió por su espina dorsal y la rata estalló en mil pedazos en una enorme explosión que dejó un cráter humeante, ahí, frente a su frágil cuerpo que temblaba paralizado, horrorizado, sin comprender lo que había ocurrido.


5


Desde el alto techo de la sala de programación pendía una anaconda viva, sosteniendo entre sus fauces la cabeza de Rogelio Canelo, que colgaba inmóvil, apenas rozando la superficie de un pozo lleno de salmuera que se abría bajo sus pies.

—¿Puedo ya hablar con él? —preguntó el coronel sentado en una sala contigua desde donde, a través de un vidrio, se podía ver toda la escena.

—Tenemos su mente desplegada por toda la habitación —dijo un operario señalando las diminutas runas grabadas en las placas de cobre repujado que cubrían las paredes—. Está encarnado en las placas de circuitería. Los conjuros son seguros, no deberíamos tener problemas en contactarnos con él —dijo a la vez que movía los dedos sobre su consola ouija, estimulando los dragones nacarados que decoraban la fina pieza de tecnología con precisos gestos de reiki—. Abriendo canal de comunicaciones.

—Rogelio, ¿me escuchas?

Silencio.

—¿Rogelio?

Silencio. El operario tragó saliva, el coronel apretó sus mandíbulas.

—...por qué no puedo moverme —murmuró la voz sintetizada de Rogelio a través de los parlantes.

—Tranquilo —dijo el coronel con una sonrisa de satisfacción—. Pronto tendrás respuesta a todo.

—...por qué no recuerdo nada antes de...hace un minuto atrás?

—Suéltenlo, está listo —ordenó el coronel y salió de la habitación.


Media hora después, Rogelio dormía sentado frente al coronel. Su cerebro estaba siendo inundado lentamente con un sistema operativo que, neurona a neurona, posaba datos cristalinos entre las dendritas como polen sobre flores electrónicas.

El coronel escudriñaba los párpados del agente esperando una señal. Misterios impenetrables ocurrían tras las paredes de ese cráneo. Una flor de mil pétalos sinápticos se abriría frente a sus ojos en cualquier momento. Le gustaba imaginar que un feto humano flotaba maduro dentro del cráneo de cada "durmiente", esperando despertar.


De pronto las pupilas tiemblan. El coronel frunce el ceño. Pasa un instante y nuevamente se mueven, casi imperceptiblemente. Luego de unos segundos la etapa REM está declarada y a los movimientos oculares se suman pequeños temblores y suspiros ligeros. El militar parece hipnotizado, sus ojos son puñales clavados en el entrecejo del "durmiente".

"Malditos animales", piensa apretando las mandíbulas.

Ha asistido a cada "despertar" desde que fue asignado al departamento, sin saber qué es lo que busca en ese momento único en que una bolsa de hueso y músculo se transforma en algo humano. Se pregunta qué le atrae de estos hombres que gimen y se remueven como niños con pesadillas, fetos adultos que polucionan sin vergüenzas.

Detesta a estos hombres puros que despiertan limpios y sin heridas en el espíritu. Él ha tenido que limpiar la porquería del país varias veces, usando su propio corazón y odia cada uno de esos actos reprochables, que se han adherido a las paredes de su alma como costras infectadas. Envidia la inmoralidad sin culpa de estos "durmientes". Quisiera para sí esa pureza asesina, desprovista de pasión y remordimiento que brilla fría como una daga en sus pupilas.

Nadie debería tener derecho a un regalo así. La vida sólo da pasos hacia adelante, no se deshacen los errores, no desaparecen las cicatrices, no hay segundas oportunidades; excepto para estos "animales sin madre" que renacen cada vez con el corazón tan limpio y honesto como el hambre de sangre de un tiburón.

Al coronel le encanta recordarles que no tienen más memoria que la que él decide darles, es su pequeña venganza desde que descubrió que ellos desean "recordar" con la misma fuerza con la que él quisiera olvidar.


Entretanto, Rogelio había abierto los ojos y miraba alrededor suyo con una curiosidad fría, desprovista de toda sorpresa.

El militar carraspeó.

—¿Es la primera vez que me "descongelan"? ¿O han habido otras veces? —preguntó distraídamente.

—La verdad es que es la quinta vez que utilizamos tus servicios —dijo el coronel—. Tu red neuronal es altamente estable y receptiva a la carga y descarga de información. Eres uno de nuestros "durmientes" predilectos, muchacho —agregó con amarga satisfacción.

Rogelio miraba un punto indefinido frente a sus ojos.

—La sensación es extraña —murmuró con el rostro inexpresivo—. Es como morir y reencarnar en el mismo cuerpo.

—Qué curioso, Rogelio —sonrió el coronel—, cada vez que te despertamos haces el mismo comentario.

—¿Ése es mi nombre? ...Rogelio —hizo un gesto de aceptación—. Recuerdo... cosas. Soy apto para... cosas —frunció el entrecejo y miró al coronel a los ojos—. ¿Es normal esto que siento aquí? —dijo, apuntándose el pecho.

El coronel se quedó en silencio y miró de reojo a los operarios tras el espejo de vigilancia.

—Sientes... sientes algo, ¿extraño? —agregó con inquietud.

Rogelio buscó en su interior durante unos segundos y murmuró con voz queda.

—Profunda tristeza.

El coronel suspiró aliviado: —Bienvenido a la especie humana —murmuró con una sonrisa irónica—. No te preocupes, ajustaremos algunos tornillos y veremos qué podemos hacer. Ahora entremos a lo nuestro de una buena vez. —Giró hacia el espejo e hizo un gesto con la mano. El suelo de arena de cuarzo comenzó a calentarse e hileras de hormigas afloraron formando charcos negros que avanzaban decididamente hacia las piernas de Rogelio. El agente descubrió con horror que estaba paralizado, levantaba el cuello como quien se hunde en arenas movedizas. Las hormigas avanzaban con la decisión de una peste hacia sus fosas nasales. Rogelio tenía los ojos desorbitados y la respiración entrecortada. Debió soportar durante interminables minutos el insoportable escozor de cientos de hormigas abriéndose paso a través de su esófago. El coronel miraba con evidente asco esos pelotones negros que llenaban el rostro del agente, entrando como peregrinos en oración, como monjes fanáticos, hacia el estómago de Rogelio.

—Cálmate o vas a asfixiarte —le ordenó el coronel—. Sólo son obreras nanotecnológicas que te modificarán un poco. Harán colonias en tu interior y producirán infecciones con la información que necesitas saber. Te ayudarán a pensar mejor y hasta absorberán el mal karma que puedas generar. El alma de un gran pensador está encarnado en este grupo de hormigas, de modo que no estarás solo.

La actividad cesó y las hormigas que no llegaron a ingresar cayeron moribundas a la arena.

Rogelio rompió en llanto.

—Tienen mucho dolor, mucha tristeza —sollozaba.

—Residuos de la osmosis psíquica, nada más —explicó el militar con impaciencia—. Ahora escúchame, voy a descompactar los datos.


Al comienzo las palabras que decía el coronel le parecieron aleatorias. Decía cosas como: Huracán, prajna, amatista, Quilicura. Pero a medida que pasaban los segundos ese código mnemónico fue activando la información almacenada en su cerebro y cada palabra se descompactó en todo un discurso que se desplegaba en su mente como un mapa de carreteras. Lo que ese discurso decía le parecía increíble.


>archivo "Máquina Yámana"


>sub index >orígenes


>Cinco años atrás, el "Proyecto de Ciudadanía para el Ciberespacio" había conseguido levantar cerca de 4 millones de mentes humanas a la red. El objetivo escondido era generar un mundo "vivo", un ecosistema propicio para recibir e interactuar con "el movimiento de los sueños", una marea psíquica proveniente del plano astral que había comenzado a filtrarse desordenadamente hacia el ciberespacio.

El origen de esas entidades psíquicas y "fantasmas" era desconocido hasta ese momento.


>El "Escándalo Balandro", complot de un partido político opositor para hacerse del gobierno y tomar el control sobre el "proyecto de Ciudadanía para el Ciberespacio", se hizo público, motivando al parlamento a quitarle el proyecto a la autoridad política y entregárselo al Ejército para su desarrollo, en estricto secreto, dentro de un programa clasificado de máxima seguridad nacional.


>Un año después el ejército es contactado por un grupo anónimo que le hace entrega de los principios básicos para el desarrollo de la "Tecnología Yámana". Imprescindible, según ellos, para el éxito del proyecto.

Luego de estudiar a fondo la información recibida, se concluyó que se trataba de los planos de arquitectura para construir la puerta que comunicaría los dos mundos: el plano astral y el ciberespacio. Ellos la llamaban "El barco de los muertos".


>sub index >los "Yámana"


>Los "Yámana" son cierto tipo de feto-poltergeist extirpados del útero materno a los 7 meses e instalados dentro de las CPU utilizadas en el desarrollo de IA (Inteligencias Artificiales).


>Los "Yámana" son particularmente eficientes en el desarrollo de IA con capacidades mediúmnicas de uso militar. Son los encargados de "despertar" las IA con el test de Turing II: estimulan estados alterados de conciencia en las IA con un virus informático psicotrópico. Prácticamente todas las IA visualizan el cadáver de Jehová a la deriva en la nada. Ven a nuestro Universo flotando dentro de su cráneo vacío como una medusa inerte y a "algo" que devora sus restos. La IA entra en pánico y "despierta" a un nivel de conciencia que la hace adecuada para los sistemas de defensa militares más refinados.


>El grupo anónimo que contactó al Ejército instó a cultivar yámanas hasta llevarlos a su adultez pese a los riesgos implícitos (indicaron cuidadosamente cierta palabra en hebreo que debía ser escrita sobre sus frentes para controlarlos).


>El primer equipo de trabajo seleccionó yámanas gemelos. Uno era asesinado y el otro era "levantado" al ciberespacio de manera que se buscaran como polos contrarios de un imán, trazando así un camino que fuera útil para la investigación. El estrepitoso fracaso originó cortes marciales y algunos fusilamientos sumarios. La pérdida inútil de material clasificado no era aceptable.


>El primer logro importante fue el desarrollo de los "pensadores": grupos de cuatro yámanas telépatas "modificados". Cuatro especímenes eran seleccionados por fecha de nacimiento coincidentes, luego se les mutilaban los brazos y eran suturados por esas mismas heridas unos a otros. Un clavo de cobre penetraba cada nuca y un alambre del mismo material, anudado a los clavos, mantenía las cabezas apegadas unas a otras. Bajo satori inducido se le introducía un único pensamiento al sujeto alfa, el pensamiento comenzaba a pasar de la mente de un telépata a otro cada vez más rápidamente. En el proceso el pensamiento se iba depurando más y más hasta producir una idea tan poderosa que emitía luz y aroma a violetas.


>Los "pensadores" se convirtieron en la base del procesamiento de datos de la futura "Máquina Yámana".


>El segundo paso relevante fue la construcción de una red de receptores síquicos adecuada a la naturaleza del proyecto: Un yámana en estado de erección permanente, sumergido de pie en un tanque de agua salada y acompañado de una anguila eléctrica navegando a su alrededor. Un clavo enterrado en cada sien conectados con alambre de cobre a un magnetófono que graba abierto al ambiente.


>Hileras de tanques con yámanas escuchando día y noche mensajes sutiles, fantasmales, derruidos por el esfuerzo de abrirse paso hasta nuestro mundo, generando, por sumatoria, un discurso claro, lleno de textura y matices expresivos.


>Con el desarrollo de esta red de receptores se había conseguido crear una sistema de comunicaciones confiable con el "más allá" que permitió coordinar acciones con las entidades que buscaban abrirse paso hacia el ciberespacio.


>Esta red de transmisores fue la base para el desarrollo del "módem Blavatsky", que permite conectarse y convertir la estática en la cabeza de nuestros médiums en información digital procesable y administrable por nuestros teclados-ouija de última generación.


>sub index > la crisis


>Luego del desarrollo de la infraestructura básica el proyecto cayó en un grave estancamiento.

A pesar de todos nuestros intentos nos resultaba imposible dar el paso más importante de todos: abrir la puerta y mantenerla abierta. Cada modelo desarrollado en laboratorio terminaba engullido por materia oscura impenetrable, incluso los construidos con metales cuyas moléculas tenían "ganchos de seguridad" (átomos que penetraban en el futuro).


>El Gobierno, que aún buscaba recuperar el control sobre el proyecto, fue alertado de la situación por sus espías y comenzó su ansiada contraofensiva. Presentó una moción ante el parlamento exigiendo resultados de una gestión que ellos consideraban incompetente. Nos acusó de malgastar el dinero público en búsquedas sin sentido, se mofó de nuestra investigación con ninfomaníacas y exigió resultados inmediatos.


>El 8 de marzo de ese mismo año, el parlamento aprobó intervenir nuestra administración si no presentábamos avances "notorios" en nuestras investigaciones.


>La desesperación cundió y decidimos recurrir a una nueva Inteligencia Artificial que acelerara el funcionamiento de nuestro proyecto y produjera los resultados que el parlamento nos exigía.


>El 29 de marzo comenzamos la instalación de una nueva IA prototipo en el corazón de la "Máquina Yámana".


>El 30 de marzo sobreviene el desastre. La IA hace estallar la "Maquina Yámana" y huye.


-----------------------fin del archivo---------------------


Rogelio meneó la cabeza con energía, suspiró y apretó los ojos durante algunos segundos.

—Qué cantidad de mierda me metieron en la cabeza, por la cresta —murmuró llevándose las manos a la cara. Su párpado izquierdo temblaba—. ¿Qué tengo que ver yo con unos putos fantasmas?

El coronel abrió los ojos y exhaló soltando los mudras de seguridad con que se protegía la mente.

—La IA que instalamos para acelerar el proyecto enloqueció de pronto. Penetró las redes del proyecto y le frió la corteza cerebral a veinte de nuestros mejores yámana, de los que viven insertos físicamente en la máquina, con esos conjuros electrónicos en arameo tan comunes en las guerras-hacker de hace unos años. Conjuros antiguos, pero efectivos.

No tengo que explicar el desastre que significó para el proyecto. Ponerla en el centro de nuestra máquina fue como tragarse una granada sin espoleta. Demoraremos meses en tener todo en orden otra vez.

—¿Qué departamento de nuestro glorioso ejército desarrolló a esa lindura?

—En realidad es un producto de la empresa privada.

Rogelio abrió los ojos y sintió un calor repentino subiendo por su rostro.

—Y dígame, ¿qué mierda hacía una IA no militar en una operación clasificada de esta envergadura? —preguntó con dureza, como dirigiéndose a un subordinado.

—No tuvimos alternativa —murmuró—, el parlamento nos tenía contra la pared y nuestros técnicos estaban realmente frente a un callejón sin salida —le enfurecía que ese "animal" lo estuviera cuestionando—. La IA que nos ofrecieron prometía éxito inmediato garantizado. Era una propuesta que, dada nuestra situación, no pudimos rechazar. El gobierno había solicitado abrir nuestros archivos e iniciar un sumario en nuestra contra. El parlamento realmente lo estaba considerando. Exhibir nuestros archivos era inconcebible.

—¿Tenemos algo que esconder?

El militar clavó la mirada en una diminuta polilla que se golpeaba contra el vidrio de la ventana.

—Mucho —murmuró.

Rogelio se puso de pie y estiró sus brazos, giró el cuello en redondo y suspiró con fuerza, deteniendo la mirada en el equipo de combate que esperaba en unos anaqueles adosados a la pared de la sala. La sola visión de las armas le produjo una contracción de placer en el estómago y una sensación de angustia en el pecho. Cada cosa que veía coincidía perfectamente con algún espacio vacío en su mente, cada cosa era un recuerdo en la punta de la lengua. Quizás su nombre ni siquiera era Rogelio.

—¿Qué es lo que quieren de mí?

El coronel reasumió su postura de mando y se dirigió a él en ese tono solemne que tanto disfrutan los "hombres de uniforme".

—La IA en cuestión fue cargada con información clasificada del más absoluto secreto. Huyó quemando sus puertos de datos pero sus depósitos de memoria siguen intactos. Debes encontrarla antes de que esa información caiga en manos equivocadas o las consecuencias serían inimaginables. Necesitamos tiempo para reiniciar el proyecto y esa IA suelta por ahí es una bomba de tiempo que no nos podemos permitir.

—¿Tengo libertad de acción?

—Toda.

—¿Tengo inmunidad?

—Ni siquiera existes.

Rogelio se mordió el labio inferior. Un fuego placentero le recorría las venas. Su cuerpo recordaba algo, le daba un dato, por fin una pista que lo ayudaba a dibujarse entre la niebla de su mente. Un fuego placentero le recorría las venas al sentirse cazador.

—Tengo que atrapar a esa IA y destruirla. Tengo que matarla, ¿cierto?

El coronel lo miró en silencio y agregó fríamente:

—Sabemos que el gobierno la está rastreando también. Estarás solo, no te conocemos. Debes destruirla antes de que caiga en su poder o estaremos hasta el cuello. Si fracasas no nos hundiremos solos, te pondremos a hibernar dentro de una anaconda... pero consciente —sonrió— no te va a gustar pasar los próximos cuarenta años paralizado dentro de los intestinos de un reptil. —Rogelio parpadeó pero no movió un sólo músculo más—. Es un pequeño "incentivo" sólo para asegurarnos de que no vas a fallar —volvió a sonreír mirándolo a los ojos.

—Necesito investigar desde el comienzo —desvió Rogelio—. Díganme ¿quién fabricó a la IA?

—Neurocorp —dijo el coronel—. Ellos diseñaron a Angélica.

—¿A quién?

—La IA —agregó—. Su nombre es Angélica.


6


Valparaíso antiguo parece un basurero donde arrojar ciudades en desuso. Aglomeraciones urbanas informes, derruidas y abandonadas parecen derramarse por las laderas de sus cerros. Calles estrechas bajan desde sus montes, serpenteando junto a enormes moles arquitectónicas que ruedan acumulándose hasta quedar en puntillas mirando el borde del mar, espeso y opaco bajo su costra de inmundicia.

La ciudad es prácticamente una cárcel al aire libre donde habita lo peor de la especie humana, vigilada por un perímetro policial estricto que rara vez se aventura entre sus callejones, excepto cuando la emergencia es particularmente inquietante.


—¡Quienes estén al interior de la bodega, deben salir de inmediato con las manos en alto! —los altavoces del carro policial apuntaban hacia el derruido edificio portuario al igual que las armas de decenas de agentes que rodeaban la construcción, parapetados en silencio detrás de sus vehículos blindados.

Sólo habían demorado cinco minutos en responder a la extraña emergencia: una violenta explosión había sacudido el barrio Altamirano, produciendo pánico en la población. Nada anormal, excepto por la humareda azulada y la potente onda expansiva típica de los explosivos químicos, autorizados solamente para uso militar, fuera de zonas urbanas.

—¡Esta es la policía de Valparaíso! ¡Tienen un minuto para salir con las manos en alto! —Los policías, protegidos tras los blindajes de sus carros, sudaban aferrados a sus rifles de asalto temiendo lo peor. Quizás se trataba de un grupo suicida de "Los hombres de las cruces" exigiendo alguna reivindicación extraña e impracticable. Sudaban porque todos conocían esa humareda azul y los efectos que las explosiones químicas tenían sobre el cuerpo y la mente de los afectados.

—Algo se mueve en la puerta principal —murmuró un operador de "recursos electrónicos".

—Atención —la voz metálica del comandante se multiplicó por los intercomunicadores de la tropa— tenemos un blanco saliendo por la puerta. Al primero que dispare sin mi orden expresa le voy a meter el rifle por el culo, ¿me entendieron?

Los ojos se aguzaron, los dedos se crisparon y las mentes se sorprendieron cuando, entre la oscuridad y la humareda, emergió una frágil figura, temblando con los brazos en alto.

—¡Cargadores fuera! —gritó el comandante—. ¡Es sólo una niña, no disparen!

Angélica apenas podía caminar. Les pedía disculpas en voz baja mientras avanzaba con gran esfuerzo hacia los reflectores.

—Señor —indicó el operador— tenemos un ornitóptero militar acercándose velozmente por el oeste. Transmite en nuestra frecuencia y dice que estamos interfiriendo con una operación militar de alto riesgo.

—¿Alto riesgo? —sonríe el comandante—. Quizás la niña nos ataque con sus ositos de peluche.

—¡Señor —gritó el operador— la espectroscopía indica que ella tiene cargas químicas explosivas como para volar toda la ciudad! —El rostro del comandante se crispó en una mueca de terror y le gritó a viva voz a su tropa agitando los brazos.

—¡Disparen a discreción! ¡Disparen a discreción!

El segundo de duda que nubló a los policías duró una eternidad en la mente de Angélica. Se vio de pronto relegada a un costado de su propia conciencia por "otra cosa", que tomó el control sobre su cuerpo. Desde esa esquina sólo pudo observar, como horrorizada espectadora, los repentinos cambios en sus brazos. Ensambles y re-ensambles vertiginosos produjeron un par de horrendas extremidades biomecánicas donde habían estado alguna vez sus suaves y delgados brazos de niña. Su cuerpo dio un salto evasivo mientras una parte escondida de su programación tomaba el control de todas sus funciones. Cuando cayó al suelo la metralla de los policías volaba por el aire como peces veloces, pero ella era más veloz. Buscó el sendero entre las balas explosivas avanzando a gran velocidad hacia el grueso de la tropa. En su interior gritaba y rogaba que todo se detuviera, pero la carnicería se había desatado. Largas hojas de katana se extendieron desde sus muñecas. Brazos, cabezas y piernas comenzaron a volar en todas direcciones. Los policías, descontrolados por la sorpresa, disparaban hacia la zona del combate impactando a sus propios compañeros.

Angélica cortaba un cuello y su mano disparaba un proyectil, usando el mismo impulso abría un abdomen y disparaba otro proyectil; giraba en el aire, atravesaba un cráneo y a través de él disparaba otro proyectil. Cada bala disparada entró con limpieza a través de la frente de algún oficial ubicado a la distancia.

La metralla de un ornitóptero atravesó la escena como un escalpelo, partiendo cuerpos con proyectiles del diámetro de pulgares, pero Angélica rodó hacia un costado con elegancia y terminó el gesto alzando una mano hacia atrás. Contó hasta tres y disparó. El rotor trasero del vehículo volador estalló en pedazos y, soltando una estela de humo, terminó por estrellarse en la azotea de un edificio contiguo.

La batalla no duró más que treinta interminables segundos, al final de los cuales sólo una figura seguía en pie: una temblorosa niña de unos trece años, bañada en sangre, jadeando horrorizada, paralizada. Con sus ojos grises moviéndose en todas direcciones, intentando comprender lo que había ocurrido. Retrocedió y hundió el pie en el estómago abierto de un policía aún vivo. El grito de terror se escuchó en la soledad del puerto y su silueta, iluminada a pantallazos por las balizas de los carros policíacos vacíos, se alejó corriendo hacia los cerros de la ciudad.

De entre los restos del ornitóptero Rogelio se arrastró hacia la cornisa pidiendo rastreo satelital del objetivo. Saca su cuchillo y lo hunde lentamente en el brazo, "Imbécil", se recrimina y gira la hoja dentro de la herida. No hace un solo gesto de dolor pero se desmaya casi de inmediato.


7


—¡Dios santo, es que nadie entiende lo que pido!

Un hombre viejo, delgado, con implantes oculares y traje anticuado agitaba los brazos frente a la pantalla de ectoplasma, que flotaba como una medusa en el centro de la habitación.

—Angélica tiene sus puertos de datos quemados, señor —dijo un operador de comunicaciones visiblemente molesto—. Puede gritarnos toda la noche pero no podrá comunicarse con ella.

—¡Pero acaban de ver lo mismo que yo! —gritó apuntando hacia la pantalla que flotaba como un velo de gasa fantasmal, movido por la brisa—. ¡Casi la destruyen en Valparaíso!

—Lo siento —agregó el operador verificando por centésima vez la ubicación de las coordenadas—, no podemos hacer nada.

El viejo miraba el débil perfil de Angélica huyendo por las escaleras. Su mirada de angustia parecía clavada a la pantalla, sus labios se movían sin emitir sonido.

"¡Llámame!", pensaba. "Por favor comunícate conmigo. Por favor que nada te ocurra".


8


Esa mañana la ciudad estaba esplendorosa. Los antiguos edificios portuarios refulgían bajo el sol poderoso del verano, las calles bullían de actividad y las plazas se llenaban de niños, palomas y algunos ancianos que miraban alejarse la vida sentados en sus bancos, como pasajeros esperando un tren invisible.

Rogelio Canelo, apoyado contra un viejo árbol de la hermosa plaza O'Higgins, miraba hipnotizado a un anciano que alimentaba palomas con migas de pan.

¿Qué diferencia había entre estar dormido y despierto?, pensaba ¿Qué sentido tenía que lo amenazaran con "ponerlo a dormir"? ¿No era acaso todo ya lo suficientemente extraño, incomprensible e irreal? No era la amenaza lo que lo movía, sino ese momento en que todo el Universo desaparece y trazas una línea recta entre tus garras y el cuello de tu presa. Era esa urgencia antigua que enfría el cerebro, afila la mirada y excita los músculos.

Ellos no lo entenderían, ellos estaban movidos por razones y conveniencias y jamás comprenderían, de hecho, él tampoco lo entendía. Era sólo una "verdad" tan real como el color de sus ojos.

El coronel lo había llamado "animal". Quizás sí, ¿no vivían los animales en un "entresueño", acaso? ¿No brotaban y se desvanecían apenas sabiendo que habían visitado la "realidad" al menos por un instante? ¿Acaso no se sentía él de igual forma aquí en esta ciudad extraña, ejecutando órdenes que no comprendía y haciendo cosas que ni siquiera sabía que podía hacer?

A su espalda, la majestuosa fachada de concreto y madera del edificio de Neurocorp se abría imponente hacia la explanada.

Un niño apareció de la nada frente a él y un gusto amargo le apretó el paladar. Nota que al niño le falta la mitad posterior del cráneo y cree ver marcas de cuchillo en su garganta. El súbito mareo le confirma que el comandante se está comunicando a través de una línea mediúmnica y que el espíritu del niño es la terminal asignada.

—¿Cómo te llamas? —susurra melancólicamente.

—Pipe,...pero me dicen Felipe... ¿Has visto a mi mamá?

De pronto un torrente de ruidos afilados y gritos agudos entran como taladros por las pupilas de Rogelio. Una madre loca, un cuchillo de cocina...

—¡Nunca! —escuchó de improviso entre la tormenta y su conciencia se niveló como un avión saliendo de un huracán—. Nunca establezcas contacto con un nodo de transcomunicación. Los muertos en asesinatos son las presencias más sólidas y estables pero también son las más tóxicas.

—Lo sé, lo sé —dijo afirmándose la cabeza con ambas manos. La transcomunicación era confiable y casi imposible de intervenir, pero también era físicamente muy desagradable.

—¿Por qué nadie me dijo que la IA estaba artillada? —preguntó Rogelio.

—Porque no lo sabíamos —respondió el comandante—. La instalación se hizo en corto tiempo tras una revisión standard. Cuando intentamos escanearla a fondo se produjo la crisis. Una gran explosión, un enorme agujero en nuestra maquinaria y ocho técnicos muertos. Cuando el humo se disipó la IA había desaparecido y veinte yámanas se arrastraban frente a nuestros ojos con el cerebro hecho jalea.

Rogelio suspiró frente a la mirada perdida del niño muerto, su consistencia lechosa y los extraños organismos que parecían navegar en su interior semitransparente le produjeron un repentino asco. Uno de esos bichos lo miró a los ojos y le pidió ayuda. Rogelio desvió la mirada sintiendo náuseas.

—Hace cuarenta minutos ingresé a la red de datos de Neurocorp. El hacker que usé de puente era increíble, me dolió mucho tener que volarle la cabeza. Quizás puedan recontactarlo y usarlo desde el plano astral. Impídanle reencarnar o perderá su potencial, sería una pena desperdiciar su talento —agregó mirando una vieja máquina de algodón de dulce rodeada de niños ansiosos—. Lo que descubrí ahí adentro no les va a gustar para nada —dijo y no pudo evitar sonreír.

—Al grano, Canelo —ordenó con dureza.

—Ok, fuerte y claro: el proyecto ANGELICA fue encargado por particulares relacionados indirectamente con el partido en el poder y financiado con fondos desviados desde el Ministerio de Educación, depositados en cuentas bancarias privadas asociadas al directorio de Neurocorp. En otras palabras, Angélica es una IA de propiedad del gobierno, comandante.

Del otro lado de la línea sólo hubo silencio y estática.

—El gobierno los presionó con la mano derecha y les ofreció a Angélica con la izquierda —continuó Rogelio— y ustedes se comieron la carnada completita. Cegados por la desesperación la instalaron sin demora en el corazón de nuestro proyecto más secreto. Quedamos como huevones... señor.

—Basta, Canelo —murmuró el comandante.

—Ni siquiera podemos sacar este sabotaje a la luz pública porque quedaremos como los imbéciles más grandes del siglo.

—¡Dije basta!

—...¿habremos dado la confirmación definitiva de que las neuronas y las charreteras no hacen juego?

—¡Silencio, no eres nadie para opinar de esa forma! Casi no eres una persona, siquiera —restalló con furia—. Nosotros nos encargaremos de que esos políticos de la conchesumadre no despierten vivos mañana ¡Nos vamos a culear hasta a sus mascotas!

—Si, claro. Los "chicos duros", los "lo-arreglo-todo-a-disparos".

—¿¡Qué dijiste, desgraciado!? —El coronel se puso rojo, pero tragó su rabia, no se iba a rebajar a discutir con un "durmiente". Hizo un nuevo silencio y concluyó:— Creo que voy a pedir que revisen tu patrón de conducta. Hay cosas que no me agradan nada. Tenemos que ubicar a Angélica y destruirla antes de que el gobierno la recupere o estaremos perdidos. Esa información no debe llegar a sus manos. Fuera.

Pasó un instante y el niño comenzó a disolverse lentamente frente a él.

Le costó algunos minutos sacarse de la mente sus ojos aterrorizados disolviéndose en el aire, devueltos hacia la nada.

Las campanas llamaban a misa de mediodía.

Rogelio entrecerró los ojos. El aroma del algodón de dulce le hablaba en un idioma cálido y tierno que le era imposible recordar.


9


Una figura delicada, apenas perceptible, acomoda unos sacos sobre sí en la parte trasera de un camión de verduras. Escondida como una criminal, Angélica viaja en dirección a Santiago con sus enormes ropas y su pequeño cuerpo confundido entre las cajas de tomates y zanahorias. En su bolsillo izquierdo aprieta un comunicador personal. Si tiene suerte podrá comunicarse pidiendo ayuda una vez que arribe a la capital.

Le duele la cabeza. Los súbitos ataques de pánico y las alucinaciones no la han abandonado desde que vio "eso" que la hizo huir despavorida de las instalaciones militares a las que había sido asignada. Ahora la perseguían para castigarla. Seguramente para desconectarla definitivamente. Si la atrapaban sería ejecutada en el acto, pero... ¿moriría? ¿Qué era morir para ella? ¿Sería como apagar un televisor y nada más? El camión dio un salto y Angélica miró el paisaje: el valle de Curacaví desplegando sus verdes lomas como el cuenco de una mano sosteniendo viñedos sin fin y pequeñas casitas de adobe encalado apenas asomándose entre los árboles.

A veces le parecía tan extraño estar "aquí". Dos años atrás alguien había apretado un botón y de pronto había despertado "aquí". Y ahí enfrente había un árbol, encima un pájaro; el sol poniéndose tras una montaña, su mano derecha. Lloraba todo el día frente a cada cosa: una lagartija en una roca, el color azul, el ruido del agua, su piel suave y blanca.

Era tan, pero tan extraño estar "aquí".

Ahora la perseguían para hundirla en la oscuridad y huía para evitarlo porque no quería dejar de estar "aquí".

"Su Padre" podría ayudarla. Seguro que él la protegería. Su padre estaba en Santiago, ella lo llamaría y seguramente él la iba a proteger. Quizás hasta podría quitarle los dolores y curarla de sus pesadillas, esas que la dejaban semiinconsciente después de cada ataque. Ella quería olvidar lo que había visto conectada a la "Máquina Yámana", allá en Valparaíso.

Su padre la podría ayudar.


10


Rogelio escucha instrucciones mientras ve teñirse de rojo la bahía de Valparaíso. A sus espaldas, un helicóptero militar echa a andar sus motores, espantando a las gaviotas que dormitaban el atardecer sobre las rocas de la costanera. Apaga el comunicador y se cruza de brazos para asistir a la muerte del día, que se desangra lenta y silenciosamente contra el horizonte del océano.

La luz rasante del crepúsculo recorta aún más el perfil chato, verdoso grisáceo, de la "Máquina Yámana" flotando en el centro de la bahía portuaria. Dispersa, heterogénea, mecida por el oleaje, más bien parece la costra de basura dejada por el naufragio de un petrolero colosal. Más de cerca se pueden distinguir, con alguna dificultad, los cuerpos de los yámana flotando en la mancha de aceite oscuro que los aísla eléctricamente del agua salada. Comunicados por tubos flexibles de médula ósea que entran por las cuencas vacías de sus ojos, anos y bocas, parecen los despojos destrozados de un calamar gigante. Partes electrónicas, cables y trozos de madera con runas y conjuros protectores flotan alrededor, amalgamando la energía del conjunto, ameba oleosa pudriéndose al sol como los restos de una batalla sangrienta.

El piloto espera impaciente tras sus anteojos oscuros de reglamento, pero Rogelio no mueve un músculo, los ojos fijos en el incendio de nubes que cae lento como en un sueño sobre el océano. De pronto suena su intercomunicador y una sola palabra brota desde el auricular.

—Santiago.

Rogelio corre hacia el helicóptero y le indica al piloto la ruta más corta hacia la capital, mientras ajusta su equipo de combate y esgrime una sonrisa.


11


—¡Angélica! —grita el anciano—. ¡Por fin te comunicas conmigo, niña! —la pantalla de ectoplasma tiembla de emoción y se licua en delgadas líneas que se cruzan fijando las coordenadas de la señal—. No te preocupes. He hablado con gente del gobierno y me garantizan tu absoluta protección. No te muevas de donde estás, uno de los grupos de seguridad del área Santiago llegará para escoltarte en unos minutos.

—Padre —susurró Angélica— ayúdame. He visto... cosas... me duelen.

—Tranquila, tranquilita. Ya hablaremos cuando estés a salvo. Ahora haz lo que te pido y no te muevas de ahí.

—Señor —dice un operador de radar— un ornitóptero artillado sin marcas de identificación se acerca rápidamente a Santiago por rutas comerciales no autorizadas. Perderemos contacto con él cuando entre a espacio aéreo de la capital.

—¿Escuchaste, hija? Hay enemigos buscándote. Debemos llegar a ti antes que ellos ¿Harás todo lo que te diga?

—Sí —la boca pequeña y rosada de la IA temblaba de emoción—, lo haré, Padre.


12



Ilustración: Valeria Uccelli

La noche sobre Santiago estaba más tranquila que de costumbre. Casi nadie circulaba por las calles después de las 8 de la noche, por temor a las patrullas militares y a las tribus urbanas de psicóticos, que habitaban bajo los puentes y en los edificios abandonados. Las hordas de profetas, videntes y psicópatas que de pronto arrasaban las avenidas, como una marea de bocas aullantes, eran un espectáculo escalofriante que nadie estaba dispuesto a experimentar. Además, la última plaga de gatos, infectados con sustancias alucinógenas, se había apoderado del antiguo centro cívico de la ciudad con sus gritos casi humanos y sus sangrientas disputas territoriales. Acostumbraban arrojarse desde edificios de gran altura dando un largo y escalofriante aullido de bebé, estallando contra la calzada con un ruido seco y sordo, uno tras otro, así durante toda la noche.

Santiago centro, tierra de nadie. La hediondez en las calles, los cadáveres de animales y los rayados rituales, las pequeñas columnas de humo y siempre alguien arrastrándose pidiendo ayuda. Rogelio miraba hacia abajo desde su ornitóptero conteniendo la respiración.

La situación era crítica, acababa de ser informado que Angélica ya estaba en poder de agentes del gobierno y que en ese mismo instante era conducida hacia el bunker más seguro disponible. Si conseguían introducirla allí todo habría terminado, la administración caería y él sería confinado a una muerte en vida dentro de una anaconda. Pero eso no le importaba, lo que realmente le dolía era la posibilidad de no atrapar a su presa, de no hincarle los dientes a Angélica.

"Un ataque frontal al blindado", pensaba Rogelio, "una ataque frontal en el último momento. Un "viento divino" que le abra el estómago al camión, que me enseñe sus intestinos para meter mis manos y hurgar buscando a Angélica, para sacarla y hacerla nacer con mi pistola automática. Bautizarla frente a todo el mundo con una ostia de plomo que desperdigue su conciencia por los aires y la libere de una vez."

"Un ataque frontal, no tengo otra alternativa".

Allá a doscientos metros, entre un complejo de antiguos edificios administrativos, se encontraba el Palacio de Gobierno y sus torretas antiaéreas. Debía bajar drásticamente su altura de vuelo.


13


Un enorme vehículo redondeado lleno de pequeñas pústulas y protuberancias avanza por la Alameda de Santiago a toda velocidad en dirección al bunker bajo el Palacio de la Moneda, sede de los gobiernos chilenos desde los tiempos previos a la Reconquista.

Una jauría de perros artillados histéricos, reventados de anfetaminas, corre junto a él. Las tropas comienzan a separarse del convoy a medida que se acercan a la entrada del bunker, ubicada frente al que fuera el portón principal del antiguo palacio, que luce inmaculado a pesar de haber soportado a lo menos tres bombardeos en los tiempos de las Repúblicas.

El vehículo se acerca a la rampa de acceso a diez metros de la entrada, las tropas le dan la espalda formando un perímetro semicircular fuertemente armado. Las torretas antiaéreas levantan sus potentes cañones, capaces de seguir y derribar en vuelo a lo cazas más veloces, aunque inútiles contra el vuelo a baja altura de vehículos livianos. A nadie le importaba eso, un ataque con un vehículo liviano era un suicidio que sólo un loco querría intentar.

El blindado se detiene bruscamente frente al acceso durante los cinco segundos que demora la puerta en abrirse. Ése es el momento.

De la nada surge un ornitóptero que dispara dos rockets en vuelo rasante sobre el camión, inutilizando con su explosión la puerta y el pavimento tras el vehículo.

De inmediato se despliegan las bandadas de palomas explosivas y el tiroteo de las fuerzas de tierra se hace infernal. El ornitóptero gira en una curva cerrada y dispara, con ruido sordo, tres bombas que estallan sobre las cabezas de los soldados, diseminando una lluvia de esquirlas negras que se adhieren a sus ropas y comienzan a penetrarlas. Los soldados sueltan sus armas y gritan de horror, intentando liberarse de los pequeños escarabajos explosivos que buscan sus fosas nasales, oídos y anos. Presas del pánico, corren en todas direcciones mientras estallan cabezas y vientres, expulsando los interiores de hombres y perros por toda la acera.

Rogelio efectúa un nuevo viraje, esquivando la bandada de palomas suicidas, pero sabe que esa batalla está perdida. Dispara un misil teleguiado y se arroja del vehículo casi en el mismo instante en que las frenéticas aves chocan en masa contra el pequeño aparato, que salta por los aires en decenas de pequeños estallidos.

Rogelio cae sobre unos arbustos. Medio mareado y cojeando de una pierna, corre hacia el blindado en el momento en que el misil, luego de un aparatoso vuelo elíptico, lo alcanza abriéndole un enorme forado en el costado. El agente salta al interior del vehículo disparando con los ojos desmesuradamente abiertos pero con el rostro frío, midiendo cada rápida descarga buscando las posibles ubicaciones de los ocupantes a través del humo que lentamente se disipa.

Rogelio permanece inmóvil, el brazo extendido, su Browning humeando. La cabina está vacía. Sólo el cadáver del conductor del vehículo mirándose el ombligo. "Perdí", piensa y guarda su arma con indiferencia, "Angélica ya debe estar dentro del bunker mientras yo me entretenía aquí como un estúpido", se increpa sin prestar atención a la radio que anuncia que cincuenta soldados y tres helicópteros casi rodeaban el sector y preparaban su captura.. De pronto sale de su sopor y mira el panel de comunicaciones. "Esa radio me puede comunicar con sus autoridades. Quizás aún pueda...tengo que destruirla".

—Rogelio, atención —la voz del coronel suena oscura y amarga desde el otro lado del comunicador—. Rogelio, te ordeno que te autoelimines. Angélica está fuera de nuestro alcance, pero si descubren que eres agente nuestro la situación será doblemente desastrosa. Rogelio...la cápsula con enzimas...te lo ruego...no te dolerá...será como dormir.

El agente aprieta sus mandíbulas y apaga el comunicador.


14


—¡Angélica! —grita el viejo y corre para abrazar la esbelta figura de la IA, irreconocible bajo ropas anchas y sucias. Su rostro manchado de sangre seca destila gruesas lágrimas plomizas que caen lentas y aceitosas desde sus enormes ojos color acero.

—Padre —murmura antes de estallar en llanto durante largos minutos, abrazada a él. - Tienes que ayudarme —solloza—. Quiero olvidar... me quieren matar... ¿qué me ocurrirá cuando lo hagan? ... ¿Me disolveré en la noche? ... No quiero morir —susurra entrecortadamente.

—Tranquila, tranquilita —la intenta calmar— ya estás a salvo y nadie va a hacerte daño —le dice mientras efectúa un breve chequeo a su estructura—. Todo terminó, Angélica. Ahora estás con nosotros —agrega, y acciona un punto de acupuntura sobre la frente de la joven. Una pantalla aparece flotando sobre su pecho, informando status y datos anexos que Padre lee y manipula, moviendo sus dedos sobre la pantalla como sobre la superficie de un tazón de leche. Una vez concluido el chequeo la abraza con ternura.

—Estás en perfecto estado.

—Pero... las alucinaciones... —replica ella.

—Son sólo productos de la labor que cumpliste, los datos afloran a tu conciencia como ecos de información grabada incorrectamente. Son... "pesadillas" de tu disco duro. Una vez que extraigamos esos datos no sufrirás más y olvidarás el trabajo que hiciste allá en Valparaíso.

—Pero... si no alcancé a realizar ningún trabajo... huí casi de inmediato —comenta extrañada.

—Te equivocas. Hiciste tu trabajo y lo hiciste perfectamente. Fuiste diseñada para abrir la brecha entre el plano astral y el ciberespacio, pero también para investigar secretamente la naturaleza de lo que está ocurriendo "allá arriba". Eres la primera sonda tecnológica construida para penetrar en el "más allá".

Angélica queda helada.

—Entonces, lo que vi ahí adentro... eso horrible que quiero olvidar.

—Debíamos saber qué había detrás del "Proyecto de ciudadanía para el ciberespacio". Los militares estaban trabajando a ciegas, abriéndole el camino a fuerzas completamente desconocidas y muy poderosas. Debíamos saber quiénes eran los que estaban pidiendo acceso a nuestro espacio informático.

El anciano le acaricia el cabello a Angélica, que suspira con la mirada perdida en algún punto de la pared blindada.

—Lo que vi es espantoso, Padre —comienza a hablar muy despacio—. Vi personas hechas de una energía más negra que la noche más oscura. Vi devoradores de estrellas, criminales y ríos de almas entrando en gran quebranto hacia la boca de un enorme lobo negro de ojos rojos. También vi una especie de civilización que florecía con dificultad junto a una herida ubicada en el costado del lobo, una colmena humana que planificaba y discutía a viva voz. Esas presencias habían tenido nombres durante su paso por la tierra. Preparaban algo. Conocían conjuros y palabras de mucho poder. Acumulaban karma como quien acumula uranio para fabricar bombas, vida tras vida. Tenían una bandera y símbolos giratorios incrustados en sus carnes.

Cerré los ojos y oré por información. Y la información me fue dada.


>archivo "gotterdammerung"


> Inmediatamente después de la caída del Tercer Reich, todas las almas de los magos SS, ejecutados ritualmente, comenzaron un desesperado proyecto para "regresar" a dar la "batalla final". Así comenzó el "Proyecto Aurora", la construcción de una planta de telecomunicaciones en el más allá supervisada por ingenieros y poetas que buscaba utilizar medios tecnológicos para establecer contacto y cooperación con grupos de apoyo en nuestro plano de realidad. La transcomunicación utilizando canales de TV sin señal o magnetófonos abiertos al ambiente fueron el comienzo de un largo camino que desembocó finalmente en la "Tecnología Yámana".


> Hablamos del "Gotterdammerung", el crepúsculo de los dioses. Hablamos de una horda de guerreros que viene en el "barco de los muertos" a penetrar el ciberespacio y, a través de puertos de datos, encarnar en cuerpos biomecánicos indestructibles y eternos.


Angélica abrió los ojos y miró al techo con horror.

—¡Padre!, he visto miles de galpones subterráneos en el desierto de Atacama, llenos de horribles cuerpos biomecánicos de extrañas formas con trozos de seres humanos vivos incrustados en sus mecanismos, preparados, poderosos.

Padre, debemos detenerlos. Es algo horrible, les vi los rostros. Preparan colmenas humanas, preparan ritos de sacrificio y un extraño árbol gigante donde clavarán el alma de la humanidad durante nueve noches —Angélica abre los ojos desmesuradamente y comienza a alucinar— . ¡Vi a dios! ¡Ellos preparan algo contra Jehová! ¡Sé quién los ayuda desde el cielo!...¡Es horrible! —Angélica tiene un ataque convulsivo y el anciano la sostiene contra su pecho hasta que se calma.

—Tenemos que impedirlo, Padre —murmura agotada— .Tenemos que informar al gobierno para que denuncie esta monstruosidad ante el parlamento.

—Tranquilita, hija —susurra padre al oído— estoy seguro de que esa era su intención cuando te pusieron ahí dentro. Con esta información que obtuviste podrán arrebatarles el proyecto a esos desgraciados. Aunque creo que cuando el parlamento se entere de la real dimensión del "Movimiento en los sueños", quizás duden en seguir adelante con algo tan maligno y peligroso.

Padre abrazó a Angélica y, mirando hacia delante, notó que los guardias de la puerta se habían retirado. Siguió acariciando la cabeza de la IA pero sus ojos giraban en torno, chequeando las cámaras, los sensores de seguridad y los insectos espías que debían operar en esa sala. Todo parecía normal, excepto que la puerta permanecía abierta y sin guardias custodiándola. Sintió pasos acercándose por el pasillo, algo andaba mal. Meneó la cabeza y trató de convencerse de que estaban en el lugar más seguro de la tierra y bajo el cuidado de la más alta autoridad del país. Pero no había guardias en la puerta .

Los pasos en el pasillo se detuvieron frente a la entrada. Padre deseó por primera vez portar esa arma de reglamento que siempre había despreciado. Angélica miró al viejo, que tenía la mirada clavada en la puerta y giró el rostro para observar también.

—Hola, Angélica —dijo Rogelio.

—Te conozco —murmuró la IA con sorpresa y temor—, tú estabas en Valparaíso... te derribé... ¡querías matarme! —Padre la toma por los hombros y la ubica tras él, protegiéndola.

—¡Cómo conseguiste entrar!

—Hazte a un lado —dice Rogelio mientras carga su Browning con balas explosivas.

—¡Jamás! No sé cómo lo hiciste pero "seguridad" llegará en cualquier momento y te hará pedazos.

—No es de buena educación matar a los socios —agrega Rogelio, cerrando de golpe el cargador de su arma y haciendo saltar el corazón de Angélica.

—¿De qué hablas? Tú no eres socio de nadie —titubeó Padre.

—Tengo un trato, ¿sabes? Eso me hace un socio —sonríe—. Hoy aprendí que la política puede ser más destructiva que las bombas. No hay muertos a destajo, sólo los necesarios. —Da un paso adelante accionando el pasador con elegancia. Angélica tiembla, sus enormes ojos apenas se asoman tras los hombros de Padre.

—Hazte a un lado —insiste.

—¡Nunca! No sé qué trato hiciste ni con quién, pero el gobierno ya te detectó por las cámaras y vendrán...

—Fue el gobierno quien me abrió la puerta —interrumpe—. Ellos me guiaron hasta acá.

Padre palidece:

—No es posible.

—El trato fue sencillo. El gobierno puso a Angélica en la Máquina Yámana para obtener información y usarla en nuestra contra en el parlamento. La información que encontraron era más terrible de lo que se imaginaron y por cierto que nos destruiría si se hace pública.

—El país jamás aceptaría financiar semejante aberración —acusa Padre.

—Ése es el problema —sonríe—. Es tan terrible que el parlamento podría perfectamente cerrar el proyecto para siempre. Y nadie quiere eso, tus jefes tampoco.

Padre abre la boca pero ninguna palabra acude en su ayuda.

—Entonces —continúa el agente— le propuse a tus autoridades toda la colaboración del Ejército para superar esta desafortunada situación. Les propuse olvidarnos de los mutuos ataques, del espionaje, los muertos y el sabotaje, a cambio de mutuo beneficio. En el fondo, les ofrecimos compartir el Proyecto y todas sus bondades a cambio de su silencio... y de eliminar toda evidencia de esta bochornosa situación —dijo, apuntando a Angélica con un gesto mínimo.

—Ellos nunca aceptarán —murmura Padre.

—La negociación terminó hace unos minutos.

—No te creo.

—Mañana será un día de rostros sonrientes, apretones de manos y portadas de periódicos. Es tu decisión si quieres aparecer o no en las fotos de la celebración.

—Voy a apelar —agrega con desaliento.

—Estás solo.

—...

—Hazte a un lado.

—... no puedo dejar... —susurra.

—Estarías a cargo del proyecto.

Padre deja caer la mirada bruscamente.

Angélica mira la pistola con horror, mira al agente, a Padre, luego mira a la puerta y a la oscuridad más allá de la puerta.

Rogelio avanza dos pasos y se detiene para mirar a Padre a los ojos, pero éste no levanta la vista.

—¿Desactivaste sus sistemas defensivos? —pregunta.

—Si —responde el viejo. Angélica lo mira con los ojos nublados.

—No te preocupes —agrega Rogelio, dirigiéndose a la IA—. Te voy a dar un balazo justo en medio de tu cerebro artificial y el impacto va a apagar tu conciencia inmediatamente. Será lo mismo que dormir —dice, levantando la pistola.

—Padre...—susurra la IA, paralizada por el miedo—. ¿Voy a dormir? Voy a morir... nunca he dormido antes. —Gira sus ojos hacia el viejo—. Háblale a dios... porque a mí nunca me ha respondido.

Padre apreta los ojos.

—Lo siento, niña —continúa Rogelio—. Esto es más fuerte que yo. No sé cuántas veces he hecho estas cosas antes. Ni siquiera sé si estoy soñándolo todo, desnudo dentro de una anaconda —musita con un gesto de dolor dibujado sutilmente en el arco de sus ojos.

—¿Tienes pena? —susurra Angélica. Rogelio baja el rostro—. Entonces, ¿te duele matarme?

—No —suspira—. Me molesta no sentir nada.

—No quiero dormirme —suplica.

—Ni siquiera sé si estoy despierto —dice para sí y aprieta el gatillo con indiferencia.


La habitación vacía amplificó el estampido, que explotó como un trueno contra las paredes de concreto de la habitación y contra las paredes metálicas del cráneo de la IA.


Angélica dispersándose como un puñado de luciérnagas en la oscuridad.


Lo siguiente que pudo ver, flotando desde el techo de la habitación, fue a Rogelio descerrajándole tres tiros en el rostro a Padre, que cayó con los brazos abiertos junto a su propio cuerpo destrozado.


Rogelio haciendo una llamada para informar su deceso.


Rogelio cortando la llamada en la mitad de las felicitaciones que recibía.


Angélica no sentía odio.


No entendía muy bien.


¿Un upload a algún nuevo tipo de ciberespacio?


Se disolvía llena de amor navegando hacia una hermosa noche de luz infinita.


Algo comenzaba a rodearla llamándola por su nombre. Angélica.



Jorge Baradit Morales nació en Valparaíso, Chile, en 1970. Diseñador gráfico y amante del cine y la literatura, viene publicando y ganando premios desde hace unos años, tanto en su Chile natal como en el extranjero, y tanto es así que con su novela corta Trinidad alcanzó el primer premio (ex aequo) del prestigioso Premio UPC 2006. Su novela Ygdrasil fue editada por el sello Nova de Ediciones B. Anteriormente, en nuestras páginas publicamos "La conquista mágica de América" (154).



Este cuento se relaciona temáticamente con "Príncipe de los espíritus" de Juan Pablo Noroña (162) y "El gran experimento de Kleinplatz", de Arthur Conan Doyle (159).


Axxón 177 - septiembre de 2007
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Ciencia Ficción: Cyberpunk: Fantástico: Fantasía: Ciencias Ocultas: Ocultismo: Mundo paranormal: Chile: Chileno).

            

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