CÁNTICOS PARA LA TIERNA INFANCIA

Carlos Duarte Cano

Cuba

Eran las cuarenta señales de la pulsación Loi cuando Sof-istra, el Supremo Abanderado de la Flota, dio inicio a la XXIV sesión del Consejo Bélico Quitinense. La base estaba sumida en una quietud absoluta en espera de la solemne sesión. Desde los paneles panorámicos de la sala del consejo podía contemplarse la Tierra llena, que iluminaba como un sol bastardo la inhóspita superficie lunar.

Sof-istra se enjugó la abertura central y el canal de emisión con un buche de Gargaril fumante, mientras deslizaba un concentrado energético en cada una de sus dos aberturas de alimentación. Ésta iba a ser una sesión muy tensa.

La estancia de la flota en la superficie lunar duraba ya veintidós pulsaciones, o lo que es lo mismo, un año terrestre completo. En ese tiempo habían gastado una enormidad de recursos energéticos para garantizar el cumplimiento de los objetivos de la misión y mantener el camuflaje de la base.


Ilustración: Ignacio Nazábal

—El Consejo comienza a sesionar —declaró Sof-istra desde su elevada burbuja de conferencia, y todos los órganos visuales presentes en la sala se fijaron en él, expectantes—. Doy la palabra en primer término y con la gracia del universo al Comisionado Huyuuy, vocal del grupo analítico en funciones.

Las pantallas del local reflejaron la silueta de un quitinense de edad avanzada, a juzgar por su encorvamiento, la falta de turgencia de sus antenas y las manchas amarillentas de los largos élitros, que emergían, con resignada lasitud, a través de cuatro aberturas practicadas en la lujosa túnica que cubría su caparazón.

—Ilustres ciudadanos de la Unión Quitínica y compañeros de esta importante misión. Voy a comenzar recordándoles el punto en que detuvimos nuestro debate en la sesión XXIII de este Consejo. —Chirridos de descontento producidos por el frotar de las extremidades inferiores sobre los micrófonos por parte de los miembros más jóvenes e impulsivos del consejo. El orador, habituado a ese tipo de desplantes, continuó inalterable—. Durante las largas y penosas pulsaciones transcurridas en este remoto sistema planetario hemos llevado a cabo rigurosas y profundas investigaciones de terreno, recopilado valioso material histórico terrestre, efectuado incontables entrevistas anónimas, acumulado material fílmico relevante, modelado las tendencias sociopolíticas de las sociedades humanas actuales, y analizado las potencialidades de su planeta para el proceso de Quitinaformación.

»Nuestro consejo casi había llegado a concluir de forma unánime la total y definitiva ausencia de derecho a la persistencia de la civilización —si es que es posible llamarla de esa forma— terrícola.

Huyuuy permanecía suspendido dentro de su cápsula de conferencia y chirriaba en un tono bajo y monótono. A su alrededor los miembros del consejo mostraban claras señales de hastío. Algunos se entretenían en succionar multicomprimidos saborizados, otros ojeaban algún holo erótico, y había quienes dormitaban sin el menor recato sobre su burbuja reclinada.

—Para llegar a esta conclusión nos basamos en tres elementos principales, que resumiré a continuación:

»El primer elemento es el menosprecio de los humanos hacia toda existencia alternativa. Consecuencia: más de diez millones de especies aniquiladas de la faz del planeta.

»El segundo aspecto es la indiferencia total ante los sufrimientos de sus propios congéneres. Todos los millones de individuos que mueren a diario por enfermedades curables, etc, etc... Una historia de guerras fraticidas, fenómeno nunca antes visto en ninguna de las civilizaciones que han logrado trascender más allá de su propio planeta original.

»El tercer elemento es que han alcanzado un desarrollo tecnológico medio-alto con dominio de la energía atómica y antecedentes de su uso con fines bélicos; con posibilidades de dominio de la antimateria en el próximo siglo, y con ello los viajes en el espacio-tiempo y las armas desintegradoras. Esto los convierte en un peligro potencial para la paz galáctica que somos encargados de preservar.

El vocal hizo una pausa para limpiar con parsimonia la superficie de sus multilentes y retomó el tema.

—La lista continúa con noventa y ocho puntos secundarios y ochocientos cuarenta aspectos menores... —Estridencias de nerviosismo en la sala—. Pero teniendo en cuenta que ya fueron objeto de extenso debate, no los voy a repetir en esta audición.

Ululantes sonidos aprobatorios en los micrófonos.

—Recordarán sus ilustres quitinosos que acordamos en la pasada sesión que sólo una pregunta quedaba por contestar antes de tomar una decisión definitiva sobre el tema sujeto a debate.

»Y esa pregunta era: ¿Hay alguna esperanza para la raza humana?

»Con el propósito de no pecar de injustos, comisionamos un grupo imparcial de ímprobos investigadores para dar respuesta a este interrogante. Invoco ahora al coordinador de esta comisión, el preclaro analista Kurr-bala-ita, quien rendirá cuenta de sus hallazgos.

La atención se centró en la cápsula ocupada por una figura esbelta de élitros alargados que emitían destellos violetas. Los tres pares de antenas se proyectaban turgentes y ornamentados con espirales de un tejido fosforescente. Los dieciséis dedos de su primer par de extremidades se deslizaron sobre los teclados para proyectar el informe solicitado en la sala. Saludó con cortesía al auditorio:

—Mis corazones están con ustedes, colegas.

Una ola de chispeantes réplicas en el rango de muy alta frecuencia le llegó como respuesta.

—Entrando rápidamente en materia, les diré que, a partir de la referida pregunta primigenia, nuestra comisión derivó una serie de interrogantes secundarias —explicó el sabio con dulces chirridos—. Por ejemplo ¿Es posible revertir la perversa naturaleza de la sociedad humana? Era obvio para nosotros que si pretendíamos encontrar alguna señal de reversión de este proceso no habría que buscarla en los ejemplares adultos de esta raza, pues éstos habían sido ya por completo corrompidos. Tampoco era juicioso buscar en las larvas que habían llegado ya a la edad de transición; no, éstas podían darse asimismo por perdidas.

»Nuestra única esperanza se reducía a la educación de las larvas terrícolas, a las cuales nos referiremos con el término de 'niños', que es el que ellos suelen emplear.

»Y les pregunto, ilustres quitinosos: ¿Dónde empieza la educación de las larvas? ¿Dónde se forman los primeros elementos de su personalidad pue a la postre resultarán decisivos en el desarrollo su psiquis adulta?

El Abanderado Sof-istra respondió con presteza.

—Nuestros científicos hace tiempo respondieron ese interrogante, doctor: En las primeras etapas del desarrollo. En nuestra especie esto ocurre durante las primeras veintidós pulsaciones.

—Muy exacta su respuesta, eminencia. En los niños este tiempo se corresponde con su primer año de vida. Nuestra comisión se dedicó pues a buscar elementos sobre esta etapa de la educación en la Tierra, y descubrimos algo verdaderamente insólito. Les pido a todos que se serenen y traten de adoptar un estado mental glu, que les permita asimilar lo que me dispongo a trasmitirles.

Kurr-bala-ita hizo una pausa para tomar aliento y percibió la atención expectante de sus colegas, en especial los de los otros cinco sexos, que no perdían el menor detalle de sus palabras ni de sus atractivas aberturas.

—La principal forma de comunicación y enseñanza de los humanos hacia sus niños menores de un año es el cántico —sentenció.

Un concierto de asombrados chirridos recorrió el local como una ola exaltada.

—Sí colegas, os juro que no miento, esto que digo ha quedado documentado en los reportes de nuestra investigación que ustedes pueden revisar al detalle. Los terrícolas del sexo receptor, conocidos como mujeres..., porque a estas alturas supongo que no necesito aclararles que esta desafortunada especie tiene sólo dos sexos —chirridos jocosos en el auditorio—, son los encargados de la atención de los niños de forma casi exclusiva.

»Semejante revelación nos dio gran esperanza, pues es sabido que para nuestra cultura el cántico es la forma suprema de transmisión de la sabiduría.

—Pero entonces, ¿eso significa acaso que la humanidad puede tener un futuro? —le interpeló ansioso Sof-istra.

—Paciencia, Gran Articulado, en breve les expondré los resultados de nuestra investigación. —El distinguido investigador contoneó su curvado abdomen con una graciosa reverencia, sorbió una pasta estimulante y continuó su explicación—. Sin perder un minuto enviamos exploradores con la misión de recopilar algunos de aquellos cánticos y traducir el conocimiento que le era trasmitido a las larvas humanas en esa etapa primigenia y esencial de su desarrollo.

»El resultado ha sido dramático. A continuación les expondré fragmentos ilustrativos de tres de los cantos que logramos traducir.

»El primero, grabado a partir de un ejemplar de receptora muy anciana y en evidente proceso de descomposición, decía así:


"La manito la tengo quemada, ya no tiene huesito ni nada"


—Para los que aún no están del todo familiarizados con la anatomía humana les digo que "manito" es un diminutivo de "mano", que es el nombre con que denominan a sus torpes extremidades superiores con sólo cinco dedos cada una.

»Por otra parte, "hueso" se refiere a los componentes de su anormal esqueleto, que como saben está situado hacia el interior del cuerpo. Sí, blando por fuera y duro por dentro, contrario a toda la lógica evolutiva de esta galaxia.

»No, mis amigos, sus fibras auditivas no los engañan. ¡La receptora vieja le trasmitía un mensaje de profundo y visceral horror a una larva en su más tierna edad! —Chirridos de altos decibeles y en todas las frecuencias colmaron el local—. Pero eso no es todo, les pido por favor un poco de calma para pasar al segundo ejemplo. El siguiente cántico lo entonaba una receptora de color muy oscuro y edad madura:


"Un chino cayó en un pozo, las tripas se hicieron agua

arre pote pote pote, arre pote pote pa"


—Fue todo un reto interpretar esta nueva blasfemia.

»Les diré que la palabra chino se refiere a una raza especial de homo sapiens: pequeños, amarillos y con una tasa reproductiva superior a la media terrícola, representan prácticamente la mitad de la población de este planeta. "Tripas" parece ser una forma vulgar de referirse a sus órganos internos, mientras que "pozo" es una extraña construcción en forma de hueco donde los hombres almacenan agua, que en este planeta, como bien conocen, es un elemento predominante.

»La segunda estrofa ha sido imposible de traducir, pero parece ser una muestra más de la debilidad mental crónica que padecen estos seres y cómo la trasmiten a sus larvas desde edades tan tempranas.

»Nuestros peritos han concluido que el verso de este cántico narra una de las torturas a que los terrestres acostumbran a someter a sus semejantes: Dejarlos caer en el fondo de un pozo con agua hasta que se disuelven en este horrendo y asqueroso líquido.

Belicosos y desenfrenados clamores en la audiencia.

—Calma, calma, hermanos —prosiguió Kurr-bala-ita—, que aún no han oído lo peor. El tercer y último ejemplo dice así:


"Una cucaracha grande se cayó en un hormiguero

y las hormigas traviesas las paticas le comieron"


»Hay aquí varios términos difíciles y muy sensibles para nuestra especie.

»Hormigas son unos animales diminutos y en extremo interesantes por su estructura anatómica y organización social. El hecho de que no hayan desarrollado por completo su inteligencia y potencial evolutivo es una evidencia más de que en este planeta la evolución transcurrió por cauces muy retorcidos.

»Hormiguero, en consecuencia, se refiere al lugar donde habitan las hormigas bajo tierra.

»El término "cucaracha" es sin embargo el más importante. Les daré primero la definición de los propios terrícolas:


"Cucaracha: Insecto ortóptero, nocturno y corredor, de unos tres centímetros de largo, cuerpo deprimido, aplanado, de color negro por encima y rojizo por debajo, alas y élitros rudimentarios en la hembra, antenas filiformes, las seis patas casi iguales y el abdomen terminado por dos puntas articuladas".


—Les mostraré a continuación una imagen holográfica.

Rechinamientos paroxísticos en el auditorio.

»Creo que no es necesario dar muchas explicaciones. Lo que han visto es una copia casi exacta del Quitinius primigenio, uno de los precursores de nuestra propia especie. Pero por favor cálmense, y permítanme concluir la explicación.

»El vocablo "paticas" es el diminutivo de "patas", palabra con la que denominan a las extremidades locomotoras de las especies no humanas, seis en el caso de las cucarachas.

»Por tanto, amigos míos, estarán de acuerdo con esta humilde comisión en que estos pérfidos y depravados versos pretenden cultivar los más viles sentimientos a las larvas humanas. ¡Qué grotesca burla denominar "travesura" a semejante mutilación!

»Pero, y aquí viene lo más importante, tras el horror sin nombre que provoca en nuestros multi-corazones sensibles semejante aberración, nuestros expertos han visto una señal muy peligrosa.

—¿A qué se refiere, doctor Kurr-bala-ita? —lo interrogó horrorizado el Abanderado.

—Me refiero, Gran Invertebrado, a que los terrícolas parecen haber detectado nuestra presencia.

Fricciones de asombro entre el auditorio.

—¿Cómo explicar de otra forma —continuó Kurr-bala-ita—, esa irracional saña contra un ser que es como el reflejo de nuestros ancestros? ¿Cómo explicar las persistentes campañas de exterminio masivo que llevan a cabo contra esta inefable especie? ¿Cómo interpretar que la hayan convertido en el epitome de lo execrable, de lo sucio, de lo abyecto?

Los ilustres miembros del consejo saltaban airados dentro de sus burbujas, emitiendo sonidos en todo el diapasón audible, mientras hacían gestos con sus diez extremidades al mismo tiempo.


Ilustración: Fraga

El orador se retrajo en su burbuja, abrumado por haber sido portador de tales horrores.

El eminente Sof-istra pidió silencio a través del tranquilizador universal a su derecha en la sala. Odiaba la histeria. Un ligero olor a élitros chamuscados se difundió por el salón. Se calmaron.

—Después de semejante reacción, sería, pienso yo, un ejercicio inútil pasar a votar la propuesta inicial del consejo.

»Por tanto, en uso de las atribuciones que me han sido conferidas por el gobierno central de los mundos quitinosos, y en posesión de todas mis facultades mentales, resuelvo lo siguiente:

»Número uno, que la civilización dominante del tercer planeta del Sistema Acuadisco YX0012345, autodenominada humanidad, sea borrada de la faz del universo.

»Número dos, que una vez cumplido el punto anterior comiencen los trabajos destinados a la quitinaformación de este planeta.

»Tercero, que se preserve y fomente la capacidad evolutiva de las especies quitinosas, en especial la conocida en este mundo como Periplaneta americana, como semilla para el surgimiento de una civilización más promisoria que la actual.

»Dado en la base Hidonia, a los mil doscientos treinta ciclos, en el satélite del mencionado tercer planeta.

Dicho esto el venerado Sof-istra oprimió de forma simultánea una combinación de ocho dígitos en su consola personal. Un silencio expectante se apoderó de la sala de conferencias. A través del amplio cristal del mirador se apreció una apretada lluvia de destellos dorados que comenzaba a descender, en una danza lenta y macabra, sobre el gigante azul.

Las labores de fumigación habían comenzado.



Carlos A. Duarte Cano nació en La Habana el 23 de octubre de 1962 en plena crisis de los misiles. Obtuvo la licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad de La Habana en 1985 y desde entonces se ha dedicado a la investigación en el campo de la Biotecnología aplicada a la salud humana. Tiene más de 50 artículos científicos publicados. Carlos tiene cuatro hijos que van desde los 18 hasta los 2 años de edad, lo que explica su familiaridad con las canciones infantiles, adquirida durante dos decadas. Hemos publicado en Axxón: ESCAQUES 3-D (161), SIMBIÓTICA (163), SOUVENIR (167) y EL HOMBRE INFALIBLE (174)



Este cuento se vincula temáticamente con "La angustia, y no bromeo, de Dios", de Michael Bishop (182), "Las chimeneas", de Yoss (113), "Instrucciones secretas para la Misión Alfa: Pliego Uno", de Yoss (161) y "La hélice", de José Altamirano (166)


Axxón 184 - abril de 2008
Cuento de autor latinoamericano (Fantástico : Ciencia Ficción : Humor : Exterminio humano : Invasión : Cuba : Cubano).

            

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