NO MIRES HACIA ATRÁS

Guillermo Galli

Argentina

Corre el año 2185. Desde la base aérea de Monte Quemado (provincia de Santiago del Estero) se lanza al espacio la Telesita Enterprise, una nave intergaláctica capaz de superar la velocidad de la luz. En realidad no será la primera vez que una nave supere dicha velocidad, pero sí la primera en que lo haga con fines útiles. Los norteamericanos ya habían empleado esta tecnología, luego de inventarla allá por la década del veinte, pero al no encontrarle utilidad científica terminó siendo usada con fines deportivos, como las picadas ilegales por el espacio exterior o la búsqueda de vida extraterrestre. Cincuenta años más tarde nuestro país lanzó una campaña dirigida a la comunidad científica internacional: el objetivo era reunir proyectos tecnológicos desechados por otros países para darles una segunda oportunidad. Con el lema: "Lo que usted tira a nosotros nos sirve", se recuperaron más de seis mil inventos que el Primer Mundo ya daba por obsoletos y que nosotros supimos reciclar. Uno de esos inventos fue la tecnología que permite viajar superando la velocidad de la luz. Basándose en sus principios, nuestros científicos construyeron la Telesita Enterprise a pedido de la Facultad de Filosofía y Letras, y con los objetivos que ya pasa a explicarnos el doctor Quitilipi:

"Quien alce la vista a un cielo libre de smog creerá ver las estrellas. Pero no verá estrellas, sino lo que fueron alguna vez. Me explico: la luz de cualquier objeto viaja a trescientos mil kilómetros por segundo en el espacio, lo que implica que si un planeta se encuentra a esa distancia de la Tierra estaremos recibiendo la imagen de cómo era ese planeta un segundo atrás. Es decir, estaríamos observando, de alguna manera, el pasado de ese astro. Cuanto más lejos se encuentre el planeta, más antigua será la imagen que recibamos. Ahora, pongámosle que un planeta se encuentra del nuestro a la distancia que se recorrería viajando un año entero a la velocidad de la luz. Imagínense, un año viajando a trescientos mil kilómetros por segundo. Mucha distancia, tanta que roza el hipotético quichicientos. Con un buen telescopio veríamos la imagen que ese planeta proyectó exactamente un año atrás. O sea que, si dicho planeta dejó de existir hace seis meses, seguiríamos viéndolo en nuestro cielo durante seis meses más.

Ahora bien, si nosotros podemos ver el pasado de las estrellas, desde las estrellas también puede verse nuestro pasado; sólo es necesario viajar a mucha, mucha velocidad, ser más rápidos que la luz, darnos vuelta hacia nuestro planeta y mirar, un segundo, un año, un siglo atrás de nuestro mundo, dependiendo de la distancia que hayamos recorrido. De aquí la importancia que tiene el Telesita Enterprise para la investigación histórica. El objetivo, planteado por las autoridades de la Facultad de Filosofía y Letras es viajar a una distancia de doscientos setenta y cinco años luz en quince minutos y darse vuelta justo a tiempo para observar en Buenos Aires el Cabildo Abierto de 1810. Todo será filmado y documentado con lujo de detalles con el fin de reconstruir parte de nuestra historia".


La Telesita parte desde la base de Monte Quemado el sábado 26 de diciembre a las 7:30 AM. A bordo viajan cuatro astronautas, dos azafatas, una perra moscovita, una pareja de hamsters y una maestra de escuela. La nave alcanza la velocidad de la luz en pocos segundos y al cabo de un minuto logra superarla. Al principio todo transcurre con total normalidad. Tres de los astronautas juegan al chinchón en las dependencias de la tripulación. Las azafatas se retocan el maquillaje en el baño y se quejan de sus pocas posibilidades con los astronautas debido a la brevedad del viaje. El cuarto astronauta no pierde el tiempo y se dirige con dos copas de vino hacia la cabina de mando, donde se encuentra la maestra. La descubre aburrida, impartiendo clases de planificación familiar a la pareja de hamsters. El astronauta le ha echado el ojo a la maestra. Le gustó desde el primer día en que la vio, precisamente una semana atrás, cuando se enteró por el noticiero de que ella sería parte del proyecto.

Entonces avanza, le ofrece una copa y cuando ella está a punto de llevársela a los labios entrelaza su brazo con el de la mujer. Ella retrocede ruborizada, y sin querer se apoya en la palanca de aceleración. La nave se estremece y da unos sacudones que deja a todos en el piso. Cuando acuden a la cabina de control tomándose de las paredes, uno de los astronautas baja la palanca y otro observa los indicadores.

—¿Qué pasó acá?

—Fue ella.

—Ya la hizo. Nos pasamos.

—¿Por cuánto?

—Íbamos a toda máquina. Calculále unos diez mil años luz.

—Te dije que la maestra era yeta, te dije.

—Ahora ya es tarde. ¿Qué hacemos?

—Hay que dar la vuelta.

La nave dibuja una curva cerrada y segundos después se encuentra de regreso a la Tierra. Serán dos horas a velocidad crucero para no pasarse y así apreciar con exactitud la luz que viaja desde el Buenos Aires de 1810. En la cabina de mando sólo el indicador del kilometraje rompe el silencio. Los ánimos están caldeados. La maestra se siente avergonzada. Una de las azafatas intenta enfriar la situación y toma sus binoculares, busca el mundo y mira hacia delante, que en realidad es hacia atrás.

—¡Miren! —anima a la tripulación—. ¡El arca de Noé! ¡Con Noé arriba!

La iniciativa da resultado. Todos se entusiasman y apuntan sus binoculares a lo que fue la tierra ocho mil años atrás.

—Lo veo y no lo creo... ¡La torre de Babel! Lindo quilombito se está armando...

—¡Mirá, mirá! ¡La primera circuncisión!

—¡Werner Keller tenía razón!

La maestra, contagiada por el frenesí, hace un intento por congraciarse con la tripulación y busca con sus binoculares una imagen importante para compartir con sus compañeros. Impaciente, mueve los poderosos lentes de un lugar a otro del planeta sin encontrar más que tribus nómades que pasaron sin ton ni son por la historia de la humanidad. De pronto focaliza sobre una llanura de Oriente Medio, ve correr por el desierto a un hombre, a una mujer y a dos muchachas. Los cuatro parecen estar huyendo de una catástrofe. La maestra reacciona y de inmediato alza un grado los binoculares, buscando el motivo de la huida.


Ilustración: Valeria Uccelli

—¡Oia...! Una ciudad en llamas... ¡Dos ciudades en llamas! —advierte.

—¡A ver, a ver! —Todos apuntan sus binoculares. Incluso los hamsters.

El último en hacerlo es el astronauta que le echó el ojo a la maestra. Y es por el rabillo del mismo ojo que la ve convertida en una estatua de sal, un instante antes de hacer foco en Sodoma y en Gomorra, justo antes de recordar por un segundo el triste relato bíblico de la mujer de Lot que miró, como miran todos ahora, a pesar de que el Ángel les advirtió que huyeran de las ciudades en llamas sin mirar hacia atrás.

La nave impacta dos horas después sobre el lago San Roque en Villa Carlos Paz. Se ha salvado la perra moscovita, que permaneció durante todo el viaje en su cucha. También se recuperan nueve binoculares, una botella de vino, dos copas de cristal, un juego de cartas, una jaula para hamsters y cuatrocientos veinte kilos de sal confiscados por la Policía de Córdoba para el asado de fin de año.

El proyecto fracasa. Sin embargo en la Facultad de Filosofía y Letras tratan de tomárselo con soda. Afirman que la misión no fue en vano, que gracias a ella la Razón ha comprobado un puñado de verdades, antes tomadas por mitos o metáforas, que ahora permiten reconciliar a la ciencia con la religión. Verdades que en realidad poco importan a los incrédulos, y que son irrelevantes para los que tienen fe.



Guillermo Galli nació en 1976 en Argentina; ha publicado en dos antologías de cuentos, Memorias de Soņadores en Ediciones Baobab (2003), y Estación Lector en Editorial Dunken (2005); es autor de dos guiones para cortometrajes realizados el aņo pasado, Frascos de Carlos Alloco, y La brisa del tiempo de Hernán Tonini. También lleva adelante un blog: Trampa en la escondida

Hemos publicado en Axxón: LIBRO QUE MUERDE (182), TRAMPA EN LA ESCONDIDA (183), LA CUEVA DEL VILLANO (184), LA SOMBRA INTELIGENTE (187)


Este cuento se vincula temáticamente con "CONVIDADOS DEL FUTURO", de José Altamirano (169), "CRÓNICA DE UN VIAJE INÚTIL", de Mariano Carril (169) y "TIEMPO (DE) REVELADO", de Fabio Ferreras y Raquel Froilán García (157)


Axxón 188 - agosto de 2008
Cuento de autor latinoamericano (Cuentos : Fantástico : Ciencia Ficción : Viajes en el tiempo : Humor : Argentina : Argentino).

            

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