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NUEVA DIMENSIÓN
Un pequeño homenaje
por Luis Antonio
Bolaños de la Cruz

Acariciar uno de esos viejos ejemplares lo embarga a uno de nostalgia. Recuerdo cuando llegó de casualidad el número 1 de Nueva Dimensión a mis manos, estudiaba ingeniería química en Bucaramanga y vivía en un garaje con otros tres compañeros. La vida era un río rápido e interminable que se abría repleto de misterio y expectativas, y aunque amaba la CF, no sabía aún la importancia que iría adquiriendo con mi deriva ontogénica. Al culminar ese mismo semestre, abandoné la facultad de ingeniería y recalé en la de medicina; pero advierto que mis lecturas no fueron un factor importante en mi decisión.

Los aficionados tenemos una deuda impagable con esa terna de generosos orates decididos (Domingo Santos, Sebastián Martínez, Luis Vigil), que nos entregaron probablemente una de las publicaciones de "Science Fiction / Speculative Fiction" más hermosas que le hayan sucedido al planeta. Comentar la colección (148 ejemplares) sería una tarea titánica que conlleva generalizaciones peliagudas y discutibles, pero glosar uno solo, el número 52, surge como faena adecuada para actualizar recuerdos, tratando de pescar la sensación sentida, el ambiente creado y la riqueza ahora sublimada de sus líneas.

Digamos que hasta la publicidad para suscribirse, que alude a la fundación de Barcelona y al cruce de los Alpes por el ejército de Aníbal, anuda creatividad con capacidad marketera. Es que no era para menos, el sendero a recorrer no mostraba huellas para guiarse, ni identificadores de ruta; parece que lo construían a la medida de las exigencias editoriales, y al no sujetarse a horma previa podían dar rienda suelta a su inventiva.

Es placentero sumergirse en sus páginas, cada una de sus secciones destila cariño por el quehacer y gusto sustentado por lo que eligen. Aprovecharé para confesar que apenas abría la revista me dedicaba a escudriñar exhaustivamente el "HOY"; me acercaba al "MAÑANA" sólo cuando agotaba sus revelaciones y datos:

Arranca el Hoy con un editorial entusiasta... a pesar de las denuncias, quejas, señalamiento de crisis diversas, y de anunciar subida de precio. Continúa con un informe detallado de los festivales XI de Trieste y VI de Sitges, que demuestran el rudo envejecimiento del cine ante la literatura, y por ende, su impronta de ser más una industria de consumo que arte.


Se Piensa: Es una auténtica delicia revisar las páginas verdes. Gracias a la hendidura temporal uno podría considerar que sólo se aproximaban a obras notables. Su mirada se desliza desde las claves lovecraftianas con leve toque ominoso para comprender los viajes de Randolph Carter, hasta los estallidos de hiperviolencia de los droogos descritos por Anthony Burgess en su fruta explosiva. Eviscera igual una antología de Bradbury (Fantasmas de lo nuevo) que una de sus novelas (Fahrenheit 451) y disecciona los mecanismos que le permiten funcionar a una distopía postapocalíptica (La República de los Sabios de Arno Schmidt), mientras recupera delicatessen ahora sumidas en el olvido (Una vida muy privada de Michael Frayn). Nos pasea por la Edad Hiboria de Conan el Cimerio y penetra en los oscuros laberintos donde la luz es un mito añorado (Mundo tenebroso, de David Galouye). Pero tampoco deja de lado la Near SF, ya que al inventarse un mecanismo antigravedad, y para mayor delicia en Dinamarca, se disuelve el esquema de poder mundial (En nuestras manos, las estrellas, de Harry Harrison). Postre de cierre: nos acuna con la morriña que emana de los tomitos de Bruguera, ofrecidos de manera tan amena por Carlo Frabetti.

Con Daniel Salvo hace algunos días rememorábamos un período ya muy lejano, cuando recorríamos incansables las librerías del centro de Lima y los tenderetes del "bazar suelo" de la avenida Grau para adquirir aquellos que completarían la colección.


Se Dice: Una de las razones que me motivaron a comentar este número en particular se relaciona con la reciente muerte de Kurt Vonnegut, otro clavo en el ataúd de la CF del siglo XX. En dicha sección, la actualidad revienta cuando nos recuerdan que en la Carolina del Sur del año 1973 detuvieron a un profesor por usar Matadero 5 en sus clases; y aunque finalmente se archivó el caso, el uso del libro fue prohibido en el colegio, reafirmando esa vena profunda de fascismo amable que pulsa en el corazón de EEUU, donde anida la suficiente pacatería e hipocresía como para que continúen eclosionando intolerancia y fanatismo reaccionarios.

Acompañan a este despropósito ideológico notas sobre novedades editoriales, Doc Savage, comics, fanzines, cine y SF noruega, en ese espíritu ecuménico y abierto que caracterizó los esfuerzos del super trío a cargo de la conducción.


La correspondencia de Se escribe, más allá de su aroma añejo, remarca la evolución editorial que ha tomado el género, aupado en las nuevas tecnologías, con una tremenda variedad de opciones, aunque no siempre acompañadas de la correspondiente calidad. En la de esa época ya late un sabor clásico, el cual —sabemos ahora— no podremos recuperar con la expansión acaecida a las expresiones y temáticas de la Ciencia Ficción.


En cuanto a la carátula, de Enrich (Enrique Torres), ésta proyecta una cierta grandeza épica, pero al mismo momento se ve empequeñecida por el exceso de negro, que convierte en diminuto el tamaño del personaje. Parte con ventaja pero remata por compromiso.


Y llegamos a la médula, los relatos del Mañana:

"Grandes Descubrimientos perdidos (Invisibilidad, Invulnerabilidad, Inmortalidad)", Fredric Brown: En orden cronológico, cada uno de ellos está dedicado a lo tres grandes imperios del Siglo XX. La invisibilidad para el británico que se desvanece; la invulnerabilidad para el yankee estúpido e impenetrable; la inmortalidad justa para aquel que brotaba moribundo (URSS) ... y que se desplomaría después. Ironía a espuertas.

Todos ellos presentan un esquema similar:

Demuestran que una inventiva poderosa ligada a arrogancia primordial conduce al desastre. Fluidos y veloces, se precipitan raudos hacia el sarcasmo de cierre, y en cada uno (a pesar de saberlo con anticipación por el título) vibra un arpegio triste por lo que pudo suceder. Podrían llevar como subtítulos respectivos:


"Factor de irritación", Eric Frank Russell: Aunque en la huella de "Avispa", posee suficientes elementos para brillar con luz propia, nos propone un juego con reglas aceitadas, con grandes cucharadas de humor, bocetos milimétricos que deben funcionar a la perfección, cuya presentación linda con lo exquisito, pero... todo es demasiado pulido, casi perfecto, quizás para que los factores previos y limitaciones establecidas marchen cual maquinaria engrasada. Relato inteligente, establece un conjunto de parámetros y, sin salirse de dichas reglas, ataca con rudeza los esquemas establecidos, cambiando un poco el ángulo en cada ocasión, transmitiendo variedad mediante un afilado sentido del humor, creatividad y manejo de circunstancias. Los personajes logran realizar una memorable cuchufleta al sistema de prisiones, a los cerebros de cemento que creen que la norma es más importante que la vida, y a la insensata lógica del sentido común del pensamiento tradicional, que cree saberlo todo e ignora el caos organizado de la realidad.

Los alienígenas piensan y se comportan diferente a los terrícolas. Sin embargo, los conceptos psicológicos atribuidos son muy básicos. No obstante, al colocarlos a ese sencillo nivel, devienen en comprensibles, y se cargan de ironía, humor, burla y sensibilidad; pero aún así los kastanos (enemigos que deben ser derrotados) pecan de ingenuos cuando aceptan buscar un espía denominado Blancanieves, y al continuar designando excesivos recursos a esa faena con el único referente de los datos entregados por los propios prisioneros, aceptamos que no desconfían ante las mentiras. Pero Eric repite el esquema de los europeos frente a los nativos americanos, quienes señalaba la lengua bífida de serpiente que les permitía prometer y comprometerse, mintiendo simultáneamente.

Stames y aleusinos están cortados sobre un patrón similar, pero funcional al objetivo de la misión encargada al equipo de comandos, que se torna una espiral ineluctable, tan perfectamente engrasada, que se enrosca casi por sí sola en el pescuezo de los kastanos, tan burócratas y cortos de entendederas que contribuyen a anudarla. El ingenio, la astucia y la valentía se distribuirán entre las tres especies aliadas, las peripecias para conseguir artefactos, inventar parodias y reventar la paciencia de los carceleros son casi siempre graciosas, aproximándose con frecuencia a la carcajada. Aunque demasiado embutido en la confrontación de la Guerra Fría, advertimos que los nombres de los kastanos recuerdan nominativos rusos, se equilibra al recurrir también a la cultura de su época: en un abierto homenaje al cine bélico de Hollywood (en especial "El puente sobre el río Kwai"), el personaje chispeante del equipo de infiltración se llama William Holden.

Hay frases a las que no acompaña el desperdicio y que cualquiera otro escritor, si le tocara redactar las ocurrencias del relato, no desdeñaría: "Las buenas maneras son el arte de parecer que uno no es superior" o que colindan con la asunción actual de la imprevisibilidad por el paradigma de la complejidad: "Un vez más, esto probó que no todo puede ser previsto, ni siquiera cuando la previsión ha sido realizada por las mentes más meticulosas y astutas".

Un valor agregado, atribuible al excelente criterio de los editores, queda palpable cuando acompañan el texto con las cáusticas ilustraciones de Frank Kelly Freas, que saben captar la burla, la audacia y la gracia del relato sin apartarse de sus representaciones y recreándolas con enorme pujanza gracias a una delineación clara y vigorosa.


"It's a long way to Dragonary", Carlos Romeu, es una historieta que no me resulta especialmente atractiva, acaso forjada con exceso de feísmo para remarcar el estilo, algunos de los segmentos cumplen con su intención de deslumbrar y hacernos fruncir el culo... digo el ceño, pero el trazo en algunas tiras lleva la idea implícita demasiado lejos, tanto que la conciencia con que lo plasma atiborra al autor, y así, aunque él se satisface, nosotros los lectores terminamos extraviados sin poder guiarnos en la tira... Siendo tan diminuta que no la comprendemos, nos empuja a alejarnos en un estallido de rechazo, en otras tiras el grafismo es demasiado confuso para brindar orientación. Un remate inadecuado para un número que pudo ser redondo y que, elegido al azar, deviene en un ejemplar digno que entrega tanta calidad a raudales que uno tiende a quedar ahíto pero con la mente alerta.



Sobre el autor

Luís Antonio Bolaņos de la Cruz es peruano. Hemos publicado en Axxón: LA METAMORFA (168)


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