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LAS MALAS COPIAS
por Fernando José Cots

Desde que el Cristianismo dejó de ser perseguido y pasó a revistar como "Religión Oficial" de los Estados formados tras la caída del Imperio Romano, se instauró una polémica de corte teológico.

Mejor dicho, fue el enfrentamiento entre dos teorías que se mantenía a nivel docto, sin que oficialmente se resolviese a favor de ninguna... hasta que llegó la Reforma.

Me refiero a la Teoría del Libre Albedrío en contra de la Teoría de la Predestinación.

Según la Teoría del Libre Albedrío, Dios le dio al hombre la libertad para elegir su destino, ya sea siguiendo sus directivas o apartándose de ellas. De esa forma, el hombre se salvaba o se condenaba en virtud de sus obras

Por el contrario, la Teoría de la Predestinación sostiene que nada puede contrariar la voluntad de Dios, por lo que el hombre, desde que nace, está destinado a la Salvación o a la Condenación sin que nada ni nadie pueda modificar ese futuro.
Cuando ocurrió la Reforma Protestante, que se inició con Lutero en Alemania pero que prendió con distintas nominaciones en muchos lugares y en poco tiempo (lo que era índice de un malestar subyacente), la Iglesia Católica se definió oficialmente por el Libre Albedrío (sin que eso significase anular la Inquisición ni mucho menos) en tanto que las Iglesias Cismáticas se definieron por la Predestinación.

En el caso de la Predestinación, cualquiera podría pensar: "Está bien, si nada que haga puede cambiar mi destino, me dedico a la joda loca. De nada me vale la virtud si voy a terminar ensartado en el tridente de Satanás. Y si me salvo, me llevaré al Paraíso buenos recuerdos."

Sin embargo, las Iglesias Cismáticas impusieron a sus fieles una conducta moralmente más rígida de la que adoptó el Catolicismo. No porque tuviesen la esperanza de salvación, sino que la posibilidad de ser virtuoso era una señal que Dios le daba al hombre sobre su mejor destino.


¿Pero qué tiene que ver con la Fantasía y la Ciencia Ficción, cuestiones que trata este sitio?

Sucede que la gran mayoría de los Estados que adoptaron las Religiones Cismáticas eran de origen germánico (Anglosajones, Teutones); en tanto que la Iglesia Católica se hizo fuerte en Estados "latinos", o sea que habían pertenecido al Imperio Romano un tiempo más prolongado.

Esa postura religiosa, con el tiempo, se reflejó en la cultura. Y quien dice cultura, dice los productos de la misma, como la narrativa, tanto literaria como cinematográfica.

Concretamente, las historias fantásticas de terror, donde los autores anglosajones tienen una predominancia notable.

En esa narrativa, el protagonista se encuentra indemne ante las fuerzas infernales. Las mismas, cuando quieren, no tienen límites y arrasan con culpables e inocentes sin que puedan hacer gran cosa contra ellas.

Es un pensamiento cultural que, según el talento que haya tras la pluma o tras la cámara, se relata con mayor o menor pericia, con mayor o menor eficacia sobre los sentimientos del público.

En lo que a cinematografía se refiere, las exigencias comerciales hacen que los protagonistas inocentes se salven, en tanto que aquellas víctimas que tienen alguna "culpa" nada puedan hacer para evitar la condenación eterna.

No obstante, los productos cinematográficos tienen cada vez más impacto visual y cada vez menos sutileza, lo que hace que su eficacia se vaya mermando en la medida de que cada producto, debido a su reiteración, se convierta en un cliché.

Más allá de la calidad de los productos, hay que reconocer que los autores anglosajones construyen de esa forma su narrativa porque están influenciados por una cultura que contiene el principio de la Predestinación.

Así vemos que en «Drácula» de Bram Stoker (autor inglés), por más que Van Helsing cuente con "armas" como hostias consagradas por el mismo Papa (elemento católico), tanto Lucy como Mina nada puedan hacer contra la atracción del Conde es una muestra clara del principio filosófico que mueve al autor desde su cuna.

Y con él a la gran mayoría de los autores anglosajones.

Que ellos lo hagan, está bien. Forma parte de su pensamiento y no serían auténticos si no lo hicieran.

El problema está en los autores latinos que, prendidos a una moda o queriendo imitar, construyen sus ficciones sobre los mismos principios.


En el filme documental alemán «Botschaft der Götter» (Harald Reini, 1976) basado en libros de Erich Von Däniken, hay una ceremonia de una tribu amazónica donde se conmemora la visita de un "astronauta" del pasado.

En la imagen se ve a un nativo vestido con un traje de paja trenzada que tiene la clara figura de un astronauta.

Sin querer convalidar la teoría ni iniciar una polémica, consideremos que ese "traje de astronauta" no es más que una figura exterior. No le serviría a nadie para salir al espacio, como tampoco servirían los trajes que se diseñaron para el filme «2001: A Space Odyssey» (Stanley Kubrik 1968). Son imitaciones formales, no elementos de aplicación real.

Lo mismo sucede con muchas de las historias de terror redactadas por latinos. Copian la forma de los sajones, pero al no tener incorporada en su cultura la Predestinación, las construyen mal.


El único caso que tengo presente de literatura latina donde el hombre está solo frente a las fuerzas infernales es «Santos Vega», poema gauchesco de Rafael Obligado (aunque hay una versión anterior de Hilario Ascasubi).

Pero aún así hay una diferencia. No es que el Diablo venga a llevarse a Santos Vega sin que éste pueda hacer nada. El Diablo desafía a Santos Vega a una "payada" (duelo de improvisación versificada y cantada) y éste acepta por soberbia aunque podría haberse negado. Pierde y así el Diablo lo lleva al Infierno.

Fuera de eso, no tengo presente alguna obra auténtica de origen latino donde el hombre esté tan indemne ante lo sobrenatural.


A mi juicio, la mayoría de los autores latinos que encaran este tipo de historias están copiando una temática ajena, lo que redunda en la falta de autenticidad en los resultados.

Si me equivoco y me lo demuestran, estoy dispuesto a admitir mi error.


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