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Por Silvia Angiola


El Curioso Caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button)

Comentario por:
Silvia Angiola

Dirección:
David Fincher

País:
EEUU

Año: 2008

Duración: 166 minutos

Género
Fantasía, drama

Intérpretes
Brad Pitt, Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Tilda Swinton, Julia Ormond

Guión
Eric Roth, basado en The Curious Case of Benjamin Button, un relato de Francis Scott Fitzgerald

Producción
Ceán Chaffin, Kathleen Kennedy, Frank Marshall

Estreno en cine:
5 de febrero de 2009


El Curioso Caso de Benjamin Button (The Curious Case of Benjamin Button)

Durante siglos filósofos y físicos han debatido con apasionado interés la naturaleza del tiempo, las implicancias de viajar a través de él, y el que quizás sea el aspecto más extraño dentro de este campo: la posibilidad de invertir su flujo. Todos sentimos el paso del tiempo y podemos verificar el movimiento de los astros en el cielo. En 1927 Sir Arthur Eddington acuñó la metáfora flecha del tiempo para representar la percepción universal de que el tiempo se mueve en una determinada dirección. La idea de revertir este movimiento tiene más de dos mil años de antigüedad: en el diálogo El Político, escrito cerca del 332 a.C., Platón ofrece una interesante semblanza de lo que sería el mundo si el reloj comenzara a marchar hacia atrás.

Naturalmente, el tema de la reversión temporal también ha cautivado a numerosos autores de ficción. Estas historias demandan un fuerte compromiso entre el escritor y el lector porque su construcción implica cierto número de dificultades, contradicciones y dilemas. Según el aspecto que quiera destacar el autor (físico, biológico o espiritual) algunos elementos de la narración se invertirán y progresarán hacia el principio, mientras que otros seguirán un curso normal.

Quizás el más famoso de estos relatos sea El Curioso Caso de Benjamin Button (1922) de Francis Scott Fitzgerald, una fantasía a la vez satírica y conmovedora sobre un hombre que, por vivir a destiempo, nunca consigue encajar en el mundo que lo rodea. Con El Señor F. es el Señor F. (1961) el británico J. G. Ballard reelaboró el cuento de Fitzgerald dotándolo de un trasfondo edípico y una atmósfera pesadillesca: mientras que la mente de Benjamin Button acompaña a su cuerpo en el imparable proceso de rejuvenecimiento, el desventurado señor F. mantiene su conciencia adulta casi hasta el final. En la admirable Viaje a la Semilla (1944) de Alejo Carpentier, un anciano desanda la crónica completa de su vida hasta convertirse en nada. La reversión temporal resulta favorable para el protagonista de Divina Locura (1966) de Roger Zelazny, cuyas crisis epileptoides lo envían hacia atrás en el tiempo, dándole la oportunidad de volver a vivir un hecho trascendente de su historia personal.

Nacido en Denver (Colorado) en 1962, el director de cine David Fincher se sintió atraído por la fotografía y la filmación desde muy temprana edad. Con poco más de veinte años y a través de Industrial Light & Magic, la empresa de efectos especiales de George Lucas, tuvo la oportunidad de intervenir en El Retorno del Jedi (1983) e Indiana Jones y el Templo de la Perdición (1984). Más tarde se estableció como director de cortos publicitarios y videoclips musicales: trabajó con Madonna (Vogue), George Michael (Freedom '90), Aerosmith (Janie's Got a Gun) y arrasó con las nominaciones y premios de los MTV Music Awards en 1989 y 1990. Pero su ambición siempre había sido hacer cine y la oportunidad se presentó en 1992 cuando le encargaron la tercera parte de la saga Alien porque su antecesor, el neozelandés Vincent Ward, se había puesto alegórico y complicado. La película resultó un fracaso comercial y, para Fincher, una frustración artística. El resarcimiento llegó tres años después con Pecados Capitales, un policial de alto impacto que también marcó el inicio de su relación profesional con Brad Pitt.

David Fincher no escribe sus guiones pero el aislamiento, la paranoia y una difusa sensación de amenaza son ingredientes que se pueden descubrir en el núcleo de todas sus películas. La irrupción de un factor impredecible y violento en el estilo de vida acomodado de la sociedad norteamericana es un tema cardinal en El Club de la Pelea (1999) y un aspecto destacado en Al filo de la Muerte (1997), La Habitación del Pánico (2002) y Zodíaco (2007).

Su última película, El Curioso Caso de Benjamin Button, se destaca exclusivamente por la excepcional calidad de los rubros tecnológicos, que obtuvieron una merecida recompensa en la entrega de premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Solamente la caracterización del Benjamin anciano en la primera parte del film requirió la presencia de tres actores de físico menudo a los que se les insertó el rostro de Brad Pitt con distintos grados de envejecimiento. El actor principal aparece de cuerpo entero a partir de la escena en la que Benjamin abandona su casa en Nueva Orleans y se va a recorrer el mundo.

Desgraciadamente la pericia del equipo técnico no alcanzó para sostener esta fábula ambiciosa que lo único que tiene de original es la inversión del reloj biológico de su protagonista. El guionista Eric Roth se limitó a repetir la fórmula que ya había probado con éxito en Forrest Gump en 1994: de la multipremiada película dirigida por Robert Zemeckis, Benjamin Button extrae muchos recursos narrativos y la estrategia de incluir una frase de póster en todos los diálogos importantes.

Fincher y Roth tomaron la pequeña anécdota de Francis Scott Fitzgerald, la inflaron a fuerza de solemnidad y sensiblería, y la convirtieron en el nuevo estandarte de la corrección política que impone el cine mainstream norteamericano. En ningún momento de las casi tres horas que dura el film el dúo intentó profundizar en el costado bizarro (que, casualmente, también es el costado fantástico) de la insólita biografía de Benjamin Button.

Silvia Angiola

                       
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