¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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Chile


Ilustración: SBA

Salta brinca salta. Retrae tus extremidades hacia la masa de tu cuerpo. Todo tú se tensa y tu abdomen comienza a bullir de reacciones químicas. Líquidos y gases que se acumulan en tu vejiga. Te hinchas lentamente del amor a la Flor fétida. Salta brinca salta. Caíste a este nuevo mundo; te quemaste, apenas si diste un quejido. Murmullos de todos los tuyos, cayendo sobre el mundo desde la era del sueño. Desde un agujero largo y blanco que devora las distancias del universo. Miles regurgitados, las centurias. Aturdido, dormiste otro momento. En el circuito de la vida, la linfa comenzó a moverse en ti. Luego, el aire y la tierra y el agua, dulce fetidez impregnada en todo. Salta brinca salta. Recién llegado al dulce mundo. Toda la horda y tú, son centurias. Jugando el juego antiguo. Oler la esencia de la Flor, infecciosa, irresistible, hermosa. Llegar a donde ella va. Eres gigantesco aquí y pequeño en el último mundo. Qué importa, siempre es el mismo resultado. Salta brinca salta. Pasan edades, traslaciones. Coraza ardiendo, coraza al cero. Soles que caen y lunas que suben, rayan el cielo. Duermes un sueño efímero en el filo de tu ser. Tu alma se ha convertido en filigrana de un fuego frío, tenue cristal vaporoso. Salta brinca salta. Aún no, paciencia. Te pones más verde y vives, se estiran tus estrías por la presión interior. Resistes siete estaciones en este mundo, cuatro en otro. Todo varía cada vez. Porque siempre la Flor tiene tantos escenarios. Y en todos, su dulce aroma de destrucción te llama. Salta brinca salta. Todo tú se agarrota y parece explotar. Todo tú repleto del amor por la Flor, sintiendo cada vez más el hambre punzador en miles de puntos. Una presión voraz, que luego germinará bajo otro cielo. Verde cuerpo, estrías más verdes, ahora casi traslúcido. El dolor te place, siempre es posible tener otro poco de dolor. Salta brinca salta. Ya pronto, no hay apuro. ¿Cuántos saltos puedes recordar? Virtualmente ninguno; no tú, las centurias tal vez. Granos de hierro atraídos por imán a través de un mar de soles. Tu vida ha suspirado bajo mil cielos. Azules, rojos, amarillos. Ultravioletas, radiales, infrarrojos. Qué portento poder verlos y recordarlos; no tú, las centurias tal vez. Salta brinca salta. No es posible hoy, los centinelas no han graznado. No puedes oler nada si no es por ellos, hipersensibles. Sus largas extensiones cosquilleando el aire enrarecido, hasta casi tocar el vacío. Atentos. Ninguno ha gritado aún. Te expandes incómodo un poco más, verde más verde. Hambre y más hambre. La sangre de un mundo no satisface las centurias cuando lo han devorado todo. Salta brinca salta. Fue un nuevo mundo éste. Vigoroso volcánico vibrante. Mundo de tonalidad roja. Flora y fauna de sangre. Sus entrañas explotando y los cielos llenos de su melena carbónica. Pero llegó la tecnología de la esencia, atravesando la galaxia como una saeta. Convocó sus agentes desde el agujero largo y blanco. Los invisibles agentes, plásticos tetradimensionales, inmensos como planicies, vomitaron las semillas de la Flor fétida. Y el mundo rojo quedó preñado de la condenación del verde. Salta brinca salta. El ciclo industrial y ciego de las centurias. Devorar, mutar, vomitar. Envolver al rojo con colmillos que succionan. Romper los enlaces químicos, recombinarlos y vomitar. Todo tenía un sabor dulce para ti. Apagar la vida roja, consumirla mientras se retuerce. Es el placer del dolor. Salta brinca salta. El mundo rojo pasó a pardo pardo. Se apagó el rojo enemigo. Y tú feliz feliz. Una fina capa de vómito corroyendo al mundo. Y de nuevo al sueño. Al tiempo de la espera. Un mundo en donde nada más que tú y las centurias se mueven. No ves los centinelas y sus dedos largos largos. No ves las centurias durmiendo, ahora enormes enormes. Verdes. No ves la fina capa cuarteándose bajo el sol blanco viejo. Esperas, esperanza, esperador. Salta brinca salta. Llegan primero, se van. Vuelven cuando todo ha terminado. Llegan alados, siempre adelante detrás, los mismos gigantes sembradores. En su segunda venida, segadores. Agentes. Fantasmas traslúcidos, ectoplasma que besa frío. Organización cadavérica de luz. Enormes silenciosos angélicos. Absorbiendo la destrucción por sus sensores. Descienden sobre ti; no, las centurias. Velo que humedece y sexo que penetra. Salta brinca salta. Si supieras si supieras. Pero no, sueñas y te hinchas en la ignorancia. Los agentes absorbiendo el vómito. Orgasmo eléctrico atómico. La dulce fetidez se diluye en la atmósfera y comienza a cambiar. El mundo cambia, la sangre seca cambia. El mundo era rojo, ahora es verde. El verde que crece lujurioso sobre las centurias. Salta brinca salta. Los agentes dejan de copular. Se levantan en oleadas fractales y atacan las tres dimensiones. Presencias perpendiculares en planos paralelos. Ascienden alejándose de toda radiación allá abajo. El mundo ahora acogedor verde que refleja el rojo hacia el vacío. Se van espectrales por el agujero largo y blanco. ¿Te enteras? Salta brinca salta. Verde que fue rojo. Ahora está bien, el rojo enemigo ha muerto. Verde profundidad y relámpago. Enredándose hacia las entrañas volcánicas, verde. Centurias y tú, verde. Sigues durmiendo y ya no queda esencia que impregne. Todo tú se detiene, esperando. El brillo de fuego en tu centro. La dulce fetidez que ha triunfado. Salta brinca salta. El grito centinela atraviesa y rompe el himen de la inercia. El verde se remueve y despereza. Estallidos de gas y remolinos en el cielo. Hay alguna otra parte que espera. El agujero largo y blanco espera. Salta brinca salta. Cuánta dulce fetidez en el universo ha dejado astros marchitos en esta guerra entre el rojo y el verde. Destrucción renovación. Una cifra no-euclidiana de planetas en el universo ordeñados. Migraciones soñadoras atravesando el vacío, cabalgando los intestinos del espacio que hay dentro del espacio. Arañazos apenas en un infinito frío. La guerra última es contra el olvido y el yermo. Salta brinca salta. Ahora sí, puedes. La dulce esencia te llama desde otro mundo. La Flor deseada y amante que extiende sus dedos infraespaciales hacia ti. Te masturba. Revientan los músculos de tus extremidades. Te impulsan hacia arriba. Te excitas y eyaculas lo que guardas en la vejiga. Semen inocuo impulsor que te lleva a velocidad de escape. Todo tú y las centurias, imagen en movimiento. Turbulencia y grito, relámpago orgasmo verde. Precipitándote al agujero largo y blanco. Salta. Brinca. Salta. El espacio está ciego, pero el camino es claro y dulce fetidez y feliz destrucción. Te agotas, te adormilas. Vuelves al no tiempo que es un suspiro.

 

 

Luis Saavedra Vargas nació en 1971 en Santiago de Chile. Siempre se interesó en lo fantástico por su estética de colores chillones y luminosos y sus monstruos siempre enfurecidos con buen gusto por las mujeres. Se le conoce mejor como editor del fanzine Fobos y los Púlsares, los libros que recogieron los relatos ganadores del concurso del fanzine, y en esta faceta ha decidido escribir relato largo, pero siempre está la opción del cuento corto, mucho más difícil. Su relato “Ol’fairies Bar” quedó finalista del concurso Domingo Santos 2005, en España, mientras que el segundo fue recopilado en la antología Años-Luz, sobre ciencia ficción chilena. Este relato apareció en la colección Poliedro 3 (2008, Chile), libros que publica anualmente el Grupo Poliedro, colectivo dedicado a la creación literaria fantástica en Chile. Hemos publicado en Axxón: EL PAYASO DE PORCELANA (140), EL RÍO DEL MUNDO (158), OL’ FAIRIES BAR (162), LA CRÍPTICA CIENCIA FICCIÓN (ensayo) (171), EN EL MAR DE ÁRBOLES (201), VIAJERO INCANDESCENTE (203)

 


Este cuento se vincula temáticamente con LA METAMORFOSIS SINTÁCTICA DE LOS TRUENOS, de Daniel Martín y Daniel Cacharelli, TRES AÑOS DESPUÉS ESE MISMO JARRÓN FUE REMATADO EN UNA TIENDA DE LONDRES, de Daniel Martín y Daniel Cacharelli, MADRE BAÑANDO A SU HIJO, de Rolando Revagliatti, CIRCO, de Rolando Revagliatti

 

Axxón 207 – mayo de 2010
Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Fantasía : Criaturas fantásticas : Invasión : Chile : Chileno).

 

 


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