Revista Axxón » «La pregunta incesante: ¿qué es la ciencia ficción?», Francisco Costantini - página principal

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ARGENTINA

 


por Francisco Costantini

En el número 217 de esta revista apareció un artículo de Iván Prado Sejas titulado «El escapismo, la denuncia social y la liberación en la ciencia ficción y la narrativa fantástica». Ni bien terminé la lectura del mismo, noté que no estaba completamente de acuerdo con varias de las cosas que el autor decía; días después, cuando volví al texto, comprobé que aquello con lo que coincidía en realidad era muy poco. Sentí, entonces, la necesidad de formular lo que pensaba por escrito, como una manera de entender qué cosas se habían movilizado en mi interior a partir del desacuerdo. Estas palabras son el intento por organizar mis ideas.

El primer argumento de Prado Sejas es:

 

«El escritor de ciencia ficción y/o narrativa fantástica debe ir más allá de la mera fantasía o de la denuncia social, y debe buscar la libertad del espíritu presente en cada ser. Esta búsqueda presupone ir hacia dentro de nosotros mismos, buscar nuestra esencia.»

 

Lo primero que me sorprende es el tono exhortativo que tiene este enunciado («el escritor […] debe» ), como si fuera una ley inviolable. Lo segundo, y que me parece mucho más grave e, incluso, alarmante, es que el autor afirma que la búsqueda de la libertad del ser es la búsqueda de nuestra esencia. Yo me pregunto: ¿qué esencia? Pensadores de todos los tiempos han tratado de responder a la pregunta fundamental de qué es el hombre y, en su artículo, Prado Sejas habla de esencia como si fuera un concepto simple, incluso válido. No me parece apropiado. Preguntémosle a Hitler, Bush y Osama Bin Laden, sólo por tomar tres personas significativas, qué es el hombre, cuál su naturaleza invariable, y dudo que puedan ponerse de acuerdo. Definir qué es el hombre es definir, también, qué no debe ser, y eso puede llegar a ser muy peligroso.

 

El autor también sostiene:

 

«Esta entidad [la esencia] está mucho más allá de posturas personales o grupales; por eso el ser humano, llegado el momento, siempre se trasciende a sí mismo a pesar de las ideologías».

 

La palabra «trascendencia» también es sospechosa. Según la Real Academia Española puede significar, entre otras acepciones, estar o ir más allá de algo o traspasar los límites de la experiencia. Entonces, la trascendencia nos llevaría más allá de la esencia humana. Pero como no sabemos cuál es esa esencia (que, como el propio Prado Sejas contradictoriamente afirma, está más allá de cualquier postura pues es esencialmente indefinible), nos resulta imposible constatar si ciertamente la hemos trascendido. En todo caso, el hombre ha venido cambiando, evolucionando, desde antes de ser hombre y, ya sea natural o artificialmente, parece dudoso que deje de hacerlo alguna vez (si no desaparece antes, por supuesto).

 

Todo esto invalida la siguiente conclusión:

 

«La libertad es trascender lo común, ir más allá de uno mismo; la literatura fantástica va más allá de la realidad cotidiana (que a veces aprisiona); por lo tanto, lo fantástico promueve la libertad.»

 

¿La libertad es trascender lo común, ir más allá de uno mismo? ¿Cómo? ¿Es que somos prisioneros? ¿De qué? ¿De la realidad? ¿No forman el lenguaje y la facultad imaginativa del hombre parte de dicha realidad? ¿Cómo eludirla, entonces, cómo ir más allá de uno mismo, haciendo uso de elementos que la conforman? Son preguntas muy serias como para dar respuestas tan simples. La fórmula en la que se basa Prado Sejas peca, diría yo, de inocente: la realidad cotidiana aprisiona, el género fantástico elude (o parece eludir) dicha realidad, por lo tanto, libera. Veamos dos ejemplos tomados del cine para poder pensar esto: Día de la Independencia y Avatar.

La primera es una película que nos cuenta la típica invasión extraterrestre a nuestro planeta. Como suele ocurrir, los espectadores ven más que nada la invasión y la consecuente resistencia suceder en territorio norteamericano. Claro, son sus militares y científicos (¡y justo un 4 de julio!) quienes salvan el planeta. En la segunda, en cambio, los malos, los invasores, son los seres humanos. No sólo eso: son yanquis imperialistas. Siguiendo el esquema básico esbozado en el párrafo anterior, diríamos que ambos filmes son liberadores pues pertenecen al género fantástico. Pero las películas plantean la misma situación desde polos opuestos, ¿cómo ambas pueden liberarme? Día de la Independencia no hace más que machacar con el mismo discurso que venimos oyendo desde finales de la Segunda Guerra: los estadounidenses son los salvadores y protectores del mundo. Tomar eso como cierto, desde nuestra situación de latinoamericanos, difícilmente pueda liberarnos de nada. Lo de Avatar es más sencillo, pues, como han reconocido críticos y hasta el presidente boliviano Evo Morales (más allá de todas las salvedades que puedan hacerse), ven en ella «una profunda muestra de la resistencia al capitalismo y la lucha por la defensa de la naturaleza» (Morales, 2010). Entonces, ambas producciones se encuadran dentro de la ciencia ficción, pero mientras una nos permite ir más allá de nuestra realidad cotidiana como habitantes de América Latina, la otra nos sumerge en el discurso hegemónico de siempre, no hay trascendencia. Ergo, la definición que da Prado Sejas sobre el género fantástico no puede ser correcta.

Ahora, ¿qué pasa cuando a partir de un análisis crítico logramos desentrañar los sentidos que buscan imponernos a partir de una producción cultural? ¿No hay liberación allí? Diríamos que sí, pues el receptor ha logrado desocultar los mecanismos que funcionan detrás de la máscara de una simple historia de buenos y villanos. Pero esto ya no es intrínseco al producto en sí, libro o película, sino que se debe a la participación activa del lector o espectador. Pensemos si no en la interpretación, válida, que en el contexto de la década del setenta le dieron los lectores argentinos a El Eternauta, sentido que no estaba manifiesto cuando comenzó a publicarse en 1957. Prado Sejas jamás tiene en cuenta el rol interpretativo del lector, sin el cual la obra sería un objeto inerte, incapaz de significar nada, mucho menos de provocar alguna trascendencia.

Una última pregunta: ¿por qué sólo el fantástico ha de ser liberador? ¿Qué ocurre con las grandes obras de la literatura universal, sin importar el género al que pertenezcan? ¿El Quijote, Hamlet, Crimen y castigo, Operación masacre —y una lista casi interminable de novelas, cuentos, dramas y poemas— no ayudan a ver desde un ángulo distinto la realidad nuestra de cada día, incluso sin importar cuándo ni dónde hayan sido escritas? La respuesta me parece obvia; no por nada los clásicos se convierten en clásicos. Otra razón para rechazar la definición que del género fantástico da el autor boliviano.

Así, no podemos aceptar la propuesta de Iván Prado Sejas puesto que la acción liberadora que él describe como efecto de la ciencia ficción y la fantasía no se cumple siempre ni tampoco es propia únicamente de estos géneros, sino de la literatura —y el arte— en general. Lo fallido, entonces, de tal definición es que no acota la especifidad del género abordado. Aparte, no debemos olvidar que su tesis se apoya sobre una concepción de «esencia» que, por lo menos, es discutible, y que el autor nunca problematiza.

Lo esperable sería que yo diera mi propia definición, si no perfecta, al menos mejor que la que en estos párrafos estoy cuestionando. En realidad se vuelve muy complicado hacerlo. La ciencia ficción y el género fantástico en general han venido evolucionando desde hace siglos. Como ocurre con el hombre, no hay tal esencia en este caso ni en la literatura en general. Todo cambia, y a partir de nuestra experiencia vamos tratando de armar estructuras, sistematizaciones, pero pretender que sean definitivas, inmanentes, es un error. Pablo Capanna dice que «en lugar de definir en abstracto qué es la ciencia ficción, tendremos que describir sus creaciones como la respuesta históricamente dada a ciertas circunstancias históricas» (Capanna, 2007: 51).

No deberíamos olvidar, cuando analizamos estas cuestiones, que la función ineludible de todo arte es la estética, es decir, crear belleza que cautive a sus potenciales receptores. Sin embargo, porque la situación lo amerita, puedo ensayar una descripción más específica partiendo de las ideas de Sam J. Lundwall, quien sostiene que «ciencia ficción/fantasía no es tanto un género como un punto de vista». (Lundwall, 1976: 16-18). Creo que pensar al fantástico como un punto de vista nos permite considerar a esta literatura —y tampoco en todos los casos— como la construcción de una mirada peculiar, subversiva, ante la realidad. Digo construcción de una mirada, pues se trata de un proceso realizado entre el autor y el lector en el momento de la escritura, primero, y de la lectura, después, donde lo real se pone en cuestión a partir del texto que muestra y hace palpables otras construcciones tan ciertas, tan posibles —o tan inciertas e imposibles— como aquellas con las que, día a día, segundo a segundo, estamos acostumbrados a convivir. Como quizás no ocurra en cualquier otro género o punto de vista, la realidad se pone en suspenso y es cuestionada sin miramientos, lo que para nada significa que otras formas literarias y artísticas no nos permitan ir más allá de nuestra situación cotidiana y ayudarnos a pensar.

En todo caso, el debate sigue abierto, y pienso que siempre encontraremos nuevas e interesantes perspectivas desde donde abordar el análisis de la ciencia ficción y la fantasía.

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

 

 

Francisco Costantini (Mar del Plata, 1983). Trabaja en dos colegios de enseñanza secundaria en la localidad de Batán. Su primer cuento publicado fue ESA PROFUNDA SOLEDAD en el número 175 de Axxón, en 2007. Ha publicado también en otros sitios de Internet como Axolotl y Bem On Line. Participó en las antologías Grageas, 100 cuentos breves de todo el mundo (2007) Grageas 2, más de 100 cuentos breves hispanoamericanos (2010) y Ficciones en diez tiempos (2011). Actualmente integra junto a otras personas un proyecto editorial llamado Letra Sudaca y publica ficciones breves de su autoría en el blog Friccionario.


Axxón 220 – julio de 2011

Artículo de autor latinoamericano (Artículo : Opinión : Debate: Literatura: Géneros : Ciencia Ficción : Argentina : Argentino).


20 Respuestas a “«La pregunta incesante: ¿qué es la ciencia ficción?», Francisco Costantini”
  1. Hola
    Habiendo sido aludido por Francisco, estoy acá para aclarar algunas cosas.
    Me sorprende Constantin, que mi articulo haya provocado en ti un remesón emocional; por cierto, no era para tanto, puesto que el mismo es un ensayo, no una monografía o tesis.
    Asimismo, el mencionado trabajo, no es una mera suma de opiniones. En un articulo de opinión no solo entra el pensar sino también el sentir, como es el caso de este artículo tuyo, donde emergen también tus emociones.
    Por otro lado, para rebatir un ensayo es necesario elaborar otro ensayo, esto enriquece el desarrollo de la ciencia. Puntos de vista diferentes, enriquecen el estudio de la literatura, y en el caso que nos compete, de la ciencia ficción y fantasía. Pretender desechar una hipótesis o una teoría con una simple opinión es pecar de ignorante, en el buen sentido de la palabra.

    Para que puedas comprender lo que es esencia y transcendencia, puedo sugerirte que leas:
    Gaos, José . Introducción a la fenomenologia. Ensayos Filosofía, 261. Madrid, Ediciones Encuentro, 2007; 159 p.
    Husserl, Edmund.
    –Investigaciones Lógicas . Madrid, Editora Revista de Occidente, 1976.
    – Lecciones de fenomenología de la conciencia interna del tiempo, (Texto de 1904/05) trad. de Agustín Serrano de Haro, Editorial Trotta, 2002.
    – La idea de la fenomenología, F.C.E. (Texto de 1905/06).
    – Problemas fundamentales de la fenomenología (Texto de 1910/11), Alianza Editorial, 1993.
    – Ideas relativas a una fenomenología pura y a una filosofía fenomenológica, F.C.E. (Texto de 1913). Trad. de José Gaos.
    – Ideas relativas a una fenomenología pura y a una filosofía fenomenológica. Ideas II, UNAM, México, traducción de A. Zirión (Texto de 1914/15).
    CHU GARCíA, Mariana . «El enigma de la trascendencia y la intersubjetividad». En: Acta fenomenológica latinoamericana. Volumen: 1. Lima, Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003; pp. 225-235.

    Pretender entender un concepto complejo, solamente con el uso de un diccionario, habiendo Fuentes primarias y secundarias, lleva generalmente a una visión miope.

    Y para finalizar, dentro la dinámica de opiniones que planteas; estoy de acuerdo contigo con el rol activo del lector para una toma de conciencia de la realidad o irrealidad detrás del texto. Y este es otro aspecto importante a ser tomado en cuenta para el estudio de la dinámica escritor-obra-lector.
    Saludos
    Ivan

  2. Francisco dice:

    Me parece bien que contestes, Iván, de hecho era esperable, aunque no comparta tus ideas.

    Primero, no me considero ignorante, pues ante tu hipótesis yo propuse otra y, como indico al final de mi artículo, tampoco la considero la verdad suprema, sólo un eslabón más en una cadena de razonamientos que quizás nos lleven a una mejor comprensión del género que nos ocupa. Por supuesto, si me tomé el trabajo de pensar y escribir mi opinión, es porque la considero más acertada que la tuya, aunque abierta a futuras reformulaciones, claro.

    Te agradezco por la bibliografía que me ofrecés, en su momento leeré aquello que desconozco. De todos modos, creo que estamos parados en veredas enfrentadas; a juzgar por los textos que citás vos hablás desde la fenomenología mientras que yo estoy más cerca del existencialismo. Creo que no se puede pensar al hombre como una idea abstracta, como mero ente; el hombre es en relación con el mundo y por ello cualquier universalización del mismo es, según mi criterio, una ingenuidad, si bien pueda servir para ciertos sistemas filosóficos.

    Pero pensando desde tu lugar y yendo a lo que me parece más criticable de tu ensayo (que la cf y la fantasía liberan al hombre), si aplicamos el denominado método de variaciones libres (con el que el cual estarás de acuerdo, imagino), me pregunto cómo llegamos a la conclusión de que, si “la libertad es trascender lo común, ir más allá de uno mismo; la literatura fantástica va más allá de la realidad cotidiana (que a veces aprisiona); por lo tanto, lo fantástico promueve la libertad.”. Creo haber demostrado que no siempre el fantástico por el sólo hecho de serlo “promueve la libertad”, entonces, esta no puede ser una característica “esencial” del género, lo que la invalida para ser tomada en cuenta en una definción. Yo llamaría a esto una simpleza, usando tus términos, una visión miope de la cuestión.

    Finalmente, me alegro que estemos de acuerdo en el rol activo del lector.

    Saludos,
    Francisco.

  3. dany dice:

    Félix Díaz escribió en FB: «Tal vez el meollo de la cuestión está en el valor social de la ciencia ficción. Y creo que su valor es el mismo de toda la literatura: no un fin en sí mismo, sino algo más o menos adicional. Aunque Cervantes escribió El Quijote con la intención de burlarse de las novelas de caballería, lo que realmente hizo fue usar su ingenio creativo para hacer una obra de arte. No sé si logró o no sus objetivos, pero seguro que no se esperaba que su libro llegara a ser considerado la obra cumbre de la lengua española. Todo lo que busca cualquier autor (y eso incluye a los escritores de ciencia ficción) es hacer una obra de arte, algo que guste a quienes la lean. A partir de ahí, lo que venga luego será bienvenido, si sirve para que más gente lo lea. Si inspira a otras personas para hacer cosas, ¡estupendo! Y lo mismo cabe decirse del cine, del cómic, de los otros formatos de ciencia ficción. El ejemplo de Independence Day y Avatar es más que evidente; ciertamente son dos películas de ciencia ficción que tratan de la relación entre terrestres y alienígenas pero ¡se parecen como un huevo a una castaña! Y creo que Avatar será como El Quijote, una película que será recordada por muchos aspectos, algunos de ellos al margen de la ciencia ficción.»

  4. Lucas dice:

    «La función de la ciencia ficción no siempre es predecir el futuro, sino, a veces, prevenirlo.»

    Frank Herbert

  5. Francisco dice:

    Estoy de acuerdo, Dany, con lo que dice Félix Díaz. Lo único que aún no tengo claro es si realmente todo autor busca hacer obras de arte o, en todo caso, habría que repensar también qué es un «autor». Me explico: leí una vez una de esas novelitas de Corin Tellado; lo recuerdo muy bien, pues la leí en pocos minutos. Dudo mucho, sinceramente, que la escritora buscara crear ahí una obra de arte, lo único que quería era entretener y ganarse unos pesos, o en sentido inverso. Pero bueno, este tema también da para un artículo aparte.

  6. Hugo dice:

    Me llama la atención que los protagonistas de esta -simpática- discrepancia conceptual literaria, utilicen indiscriminadamente los términos «ciencia-ficción», «fantasía» y «fantástico» como si fuesen sinónimos. Creo que para algo algunos autores como Todorov -y su «Introducción a la Literatura Fantásica»- y Rosemary Jackson -y su «Fantasy: literatura y subversión»- se rompieron la cabeza para demostrar que los textos que incluyen hechos sobrenaturales no están todos dentro de la misma bolsa. En primer lugar, «fantasía» no designa ninguna clase, tipo o género literario -que yo sepa, al menos-, quizás lo más correcto sería hablar de «maravilloso», en el cual sí se incluyen la mayoría de relatos y novelas de ciencia-ficción. En cuanto a «lo fantástico» como género, al decir de Tzvetan Todorov, o como modo literario, a decir de Rosemary Jackson, creo que merece un tratamiento aparte. Y digo todo esto sin animarme a opinar sobre cuestiones tan profundas como la esencia y trascendencia del ser humano, vaya.
    Sobre el papel del «autor» en la literatura, recomiendo leer a Michel Foucault y su trabajo «¿Qué es un autor?» donde analiza estas y otras cuestiones muy interesantes.

    Un saludo ;-)

  7. Santiago dice:

    Hugo, creo que tu comentario no aporta nada. Hablás de que los protagonistas de esta «discusión» utilizan esos términos como si fueran sinónimos, pero vos no ayudás a distinguirlos. Sólo tirás nombres y obras de autores relevantes como si eso fuera a sumar algo… Todo eso que decís (Todorov, Jackson, Foucault) es demasiado superficial, sacado de una carpeta de apuntes de Introducción a la literatura, de la carrera de Letras. Ya que los nombrás, no estaría mal que ahondes en el tema y les aclares, a Costantini y Prado Sejas, lo que proponés, ayudando al desenredo de esta discusión.

    Santiago.

  8. Hugo dice:

    Hola, Santiago. No es mi intención desviar el eje de la discusión de fondo -que me parece muy interesante-, y que gira en torno a la pregunta de qué función cumpliría la ciencia-ficción en la sociedad o, más específicamente, qué papel cumpliría en la nuestra. Pero lo que me llamó la atención al leer el artículo, repito, fue el hecho de que se mencionen como términos equivalentes la ciencia-ficción y lo fantástico, y eso fue lo que hice en mi comentario anterior, simplemente indicar o llamar la atención sobre este punto. Si la idea es avanzar sobre la relación entre la sociedad, los lectores, los autores y las obras de ciencia-ficción y de literatura fantástica, creo que es necesario en primer lugar delimitar los géneros, de lo contrario estaríamos teorizando sobre una premisa errónea, ya que, insisto, no es lo mismo la ci-fi que lo fantástico. La literatura fantástica -y lo mismo se puede decir para la ciencia-ficción- tiene sus orígenes, su historia, sus técnicas, está íntimamente ligado a la cultura, a las distintas cosmovisiones, ya que «lo fantástico» no determina un género sino un modo particular de relación con el texto -que puede asumir formas genéricas diferentes-; la «vacilación» de la que habla Todorov o la «ruptura» de Jackson, experimentada por el lector a partir de lo que se considera como «real» y «no real». Naturalmente, la ciencia-ficción y lo fantástico tienen mucho en común, pero existen diferencias fundamentales. Estas diferencias se entienden mejor en términos de la relación entre el texto y el lector. La literatura de ciencia-ficción está mucho más cerca de un modo «maravilloso», porque el narrador -y el lector- raramente están en una posición de incertidumbre (o vacilación). Los sucesos extraordinarios que se cuentan no lo sorprenden, de hecho los espera y los acepta con neutralidad o indiferencia. Por otro lado, el mundo representado por lo fantástico, vacío e indeterminado, es diferente a los universos que imagina la ciencia-ficción, que transportan al lector a un mundo alternativo (generalmente ubicado en el futuro), diferente del nuestro. Obviamente, estas son solo algunas de las diferencias y sería pretencioso ahondar en esto en un comentario de pocas líneas, pero creo que al menos aclaré cuáles era mis motivaciones en el comentario anterior que, según vos, fue muy superficial. Entonces, para ir redondeando, si tomamos como géneros, tipos o modos diferentes a la ciencia-ficción y lo fantástico y pretendemos analizar su rol en la sociedad, veremos que -y esto vale para cualquier género más o menos convencionalmente delimitado- la literatura va transformando a los lectores, y éstos, a su vez, exigen una continua transformación de la literatura. Por consiguiente, tomar una masa discursiva tan amplia en la que se encuentran todas las formas o gamas textuales que incluyen hechos sobrenaturales, me parece que no hace más que diluir la cuestión y obstaculizar el avance hacia el problema. Espero que, en este caso, mi comentario sí te haya significado un aporte, Santiago.
    Saludos ;-)

  9. Francisco dice:

    Creo que Todorov ha quedado anquilosado en el tiempo, y así todo aquél que ha tratado de encasillar la literatura. Mi postura es que tal cosa es imposible, o al menos no tiene más valor que el de tranquillizar las conciencias de quienes buscan que todo encaje en «su» lugar. Si, Hugo, te fijás bien, parto de una definición de Lundwall (que sobre esto creo que sabe mucho más que el estimado Todorov, que ha escrito cosas buenísimas, por cierto) que busca borrar o minimizar las diferencias entre ciencia ficción y fantasía, y también menciono a Capanna al afirmar que debemos buscar una definición del género histórica, que tenga en cuenta el contexto de producción de las obras (nada más alejado de lo que propone la sistematización de Todorov, incluso, ya que estamos, también de la de Barrenechea). Quizás lo que antes era CF hoy en día no lo sea, y viceversa.

    Dejo el link a un artículo que me parece puede aportar a todo esto, desde otras perspectiva: http://www.nuevasinergia.com.ar/numero_13/ensayo_arellano.htm

    Francisco.

  10. Francisco dice:

    Hugo, recién veo tu última respuesta; sin conocerla escribí lo anterior. Entiendo lo que decís. Y es cierto que, en un análisis más profundo, tendría que haber comenzado citando a estos autores aunque no sea más que para cuestionarlos, pues, como decía, creo que esas categorías no son correctas desde el momento en que no todos los lectores reaccionan de tal forma (y aquí me incluyo). Pero bueno, son generalizaciones que para empezar está bien, pero nunca dejarán de ser verdades a medias desde el momento en que tratamos de ajustar las ficciones a ellas. Por eso tomé la definición de Lundwall que dice, más ampliamente, «basta ya de hablar de la diferencia entre ciencia ficción y fantasía. En realidad, se trata del viejo cuento de hadas de nuevo, utilizando los símbolos de hoy (o, como puede ser el caso, el mito de los países que nunca existieron) para entretener, y al mismo tiempo como comentario del mundo contemporáneo y de futuras y posibles evoluciones. Ciencia ficción/fantasía no es tanto un género como un punto de vista.». Para mi argumento, tratando de dilucidar la función social de la cf/fantasía, creo que observar la cuestión a la luz de estas palabras nos podemos acercar mejor al meollo de la cuestión. Sería más una actitud ante el mundo antes que una «forma» de escribir.
    Y lo que motivó la escritura de mi artículo fue que que consideré la (respetable, por supuesto) argumentación de Prado Sejas como un retroceso, pretender que el escritor de cf debe preocuparse por buscar la liberación del espíritu del lector y que esa es «la» característica del género. Por ello tampoco me pareció necesario comenzar con Todorov y demás. Quizás para un trabajo más ambicioso de mi parte, no estaría nada mal incluirlo y discutirlo.

    Saludos, y gracias por contribuir a esta discusión.

  11. Juan Pablo dice:

    Estoy muy de acuerdo que la CF y la Fantasia son ramas divergentes de un tronco comun, pero no creo que sea por cuestiones subjetivas, de impacto en el lector. En mi opinion, lo importante en ambas es que tratan un aspecto del lenguaje del que usualmente la ficcion queda apartada, y creo que ese aspecto es, como dice Darko Suvin, el cognoscitivo. En la ficcion comun -realista-, el aspecto cognoscitivo del lenguaje es tratado de manera plana; en la ficcion fantastica -que incluiria fantastico clasico, CF y gran fantasia-, es utilizado para efectos esteticos. Despues de esta separacion del realismo, los tres generos se separan porque el fantastico clasico trata lo cognoscitivo de un modo irresoluto, debil, en tanto los otros dos lo hacen de un modo fuerte. Lo que diferencia a los dos fuertes es la direccion que toman: la gran fantasia es retrograda, y la CF prospectiva. Como la CF parte, para ser prospectiva, del estado actual del paradigma cognoscitivo, es mas comoda para las mentes abiertas -aunque se le exija mas, por supuesto.

  12. ¡Qué cosa! El otro día discutía exactamente sobre esto con un amigo, que me hablaba de LA FUNCIÓN de la literatura en general y de la ciencia-ficción en particular.

    ¿Tiene una función la ci-fi? ¿Realmente hay una diferencia entre fantasía y ci-fi, más allá de la temática o del tipo de trabajo imaginativo que estimulan en el lector? ¿Realmente tiene validez darle nombres rimbombantes a los géneros como los que recientemente han salido al «mercado»?

    Creo que la diferencia de género repercute más en el autor que en quién lee la obra (aunque concuerdo con Juan Pablo sobre el «aspecto cognoscitivo sobre el que trabaja»).
    Quisiera poner como ejemplo a Las Torres del Olvido, de Turner. Siempre lo uso como ejemplo. Sinceramente no sé si el autor nos quiso alertar sobre el problema climático, o la mierdosa división social hacia la que se dirigía/dirige nuestra sociedad. Lo que sí sé es que (lo haya deseado o no) lo hizo a través de una obra que me resultó una delicia, con personajes aberrantes y también queribles, montados sobre una narración llana y precisa.

    No sé si al escribir sobre lo que escribo, esa relación mersa entre tecnología y humanidad que experimento en mi profesión, realmente estoy cumpliendo algún tipo de designio o misión. Quizá la cosa sea más primordial, más egoísta si se quiere: necesito decir algo, sacármelo de adentro para ver si los otros (esos que no son yo) lo ven desde el mismo ángulo y con la misma singularidad.

    ¿Y eso qué vendría a ser? ¿Una reafirmación de mis propias percepciones/inseguridades? ¿Una necesidad de sentirme aceptado como parte de algo, ponele, como parte de la humanidad/normalidad?

    Sinceramente, no lo sé. Pero sí sé que la ci-fi dispara mi imaginación de una forma que no logran otros géneros. Como lector y autor.

    Cordialmente,
    Yo.

  13. Anónimo dice:

    Yo soy totalmente egocéntrico: la ciencia ficción es lo que me gusta leer a mí… y con esa definición me alcanza.

  14. Ivan Prado Sejas dice:

    Comentario de Francisco en AXXON 217
    «Lo comenté por facebook, quiero dejar también mi opinón acá, pues el artículo me movilizó. No me cierra demasiado la idea de que la ciencia ficción y la fantasía son liberadoras. O sea, creo que es así, pero también lo es, no sólo la literatura en general, sino también el arte. Entonces, el concepto, como búsqueda de una especifi …cidad de la cf, me parece nulo. Lo que me sigue haciendo dudar de las etiquetas, aunque ello no significa que no las necesite. Y me pregunto, ¿en qué sentido Tropas del espacio es liberadora? ¿O la liberación se produce a partir de la reacción del lector que puede separar el relato (entretenido) del sentido (peligroso)? Bueno, dudas, siempre dudas.»

    Respuesta: Ivan Prado
    Después que Francisco hizo sus cuestionamientos, me puse a buscar y a leer Tropas del Espacio de Heinlein, y hoy recién pude acabar su lectura. No me imaginé que para Francisco fuese tan relevante una respuesta acá, puesto que se puso a escribir una artículo de opinión en “contra” de algunas conceptualizaciones del ensayo. De todas maneras, si un ensayo moviliza las emociones del lector, significa que el mismo es útil para repensar la función de la ciencia ficción y fantasía.
    El nudo gordiano es sí la ciencia ficción y fantasía puede ser liberadora, entonces, argumentaré desde esa perspectiva.
    Para que me entiendan, haré algunas consideraciones preliminares: Para la psicología, todo aquello que se genera en la mente creativa de un escritor es una “proyección”. Un autor coloca en su obra partes de si mismo, conforme él percibe la realidad o la irrealidad. Los esquemas perceptivos que se configuran en el cerebro del autor determinan su comportamiento, por lo tanto afectan en los procesos como él ve el mundo. En el ámbito de lo fantástico, el sujeto prácticamente “vuela” por mundos imaginarios que se dibujan en su mente y se plasman en una obra. ¿Y que influencia tiene el mundo externo en la configuración de los esquemas perceptivos o gestaltten del escritor? Tiene mucha influencia, puesto que esos esquemas perceptivos se van formando desde la niñez. Entonces, cuando el sujeto es adulto, su mente está compuesta por una red simple o compleja de esquemas perceptivos. Esa “complejitud” dependerá del tipo de sociedad en el cual vive el individuo.
    Otro asunto es el de la asimilación y la introyección, dos procesos cognitivo-emocionales, de varios, que surgen en los individuos. A través de la asimilación, el individuo aprehende la realidad. Hace que la realidad haga parte de su vida. A través de la introyección el individuo “se traga” aspectos que no hacen parte de su ser. Entonces, el individuo está alienado al sistema familiar o social.
    La ciencia ficción y la fantasía podrán constituirse en un género liberador, si el escritor, al volar por mundo imaginarios, realmente trasciende la realidad cotidiana, supera los introyectos y permite que la realidad se haga más evidente. Alguien dirá: ¿Pero cómo puede uno hacer más evidente la realidad si la realidad está ahí? ¿Acaso no la ves? Para los ojos físicos la realidad está ahí, pero para el ojo de la mente, la realidad puede ser irrealidad, la realidad puede ser muchas realidades; para la intuición, la realidad cotidiana puede ser una total irrealidad (p.e. para la física cuántica la realidad es un complejo sistema energético de partículas subatómicas). Cuando el escritor está lleno de introyectos su obra lógicamente no será liberadora, será más bien aprisionante. Por otro lado, si el escritor sabe captar la realidad conforme ella es (capacidad intuitiva para la fenomenología) entonces, su obra puede ser liberadora. ¿Y qué rol juega el lector? Acá, estoy de acuerdo con Francisco con el rol activo del lector. O sea, si la obra es liberadora y el lector no tiene la capacidad de toma de conciencia, la obra para él será una más del montón. Por otro lado, si el lector es intuitivo, y tiene la capacidad de darse cuenta, puede leer una obra fascistoide y darse cuenta de los elementos alienantes, perversos, psicopáticos, etc. inmersos en la obra. O sea, que la participación del lector es también relevante.
    La obra de Heinlein, Tropas del Espacio, yo la veo como totalmente alienante al sistema de vida capitalista, donde el personaje principal, va asimilando poco a poco la cultural militar imperante, reflejo del sistema, y acepta como parte de su vida ser un sujeto que no ve más allá de lo que le introyectan. Entonces, si el lector toma conciencia de está situación (yo creo que un lector latino, con tendencia social, se puede dar cuenta fácilmente) el argumento de la novela citada resulta ser una “cadena” (hablando simbólicamente) de la cual, el lector se libera a través de un análisis critico y puede entonces generalizar su toma de conciencia a otras obras que tienen argumentos alienantes (y hay muchas obras de ese tipo).
    Entonces, yo critico el contenido de la obra Tropas del espacio, pero, resalto el estilo narrativo del autor, que es muy bueno; y esto, también puede engatusar al lector.
    Entonces, ¿cuál el rol del escritor de ciencia ficción? Considero que si un autor de ciencia ficción y fantasía tiene capacidad de toma de conciencia de lo que escribe, su obra puede ser liberadora, no importando si el contenido tiene un formato utópico, distópico, mixto, etc. Por otro lado, si el autor es un sujeto sin capacidad de toma de conciencia, (y peor todavía con rasgos psicopáticos), entonces, su obra será alienante, anquilosante y aprisionante (uso a propósito esta última palabra).
    Saludos a todos

  15. Francisco dice:

    Iván, creo que antes que nada debe quedar en claro que yo no quise escribir una artículo contra tu persona, sino debatir tu definición de la CF. Sé que lo entedés así, pero de todos modos necesito aclararlo por si alguien me interpretó mal.

    Todo lo que decís en el comentario anterior lo entiendo y acepto, pues observo todo desde el punto de vista teórico desde el que lo presentás y cuadra. Me parece que en el único punto en que no podemos ponernos de acuerdo es que yo considero que la definición que das no acota la especificidad del género, dado que obras que no pertenezcan ni a la CF ni a la fantasía también pueden ser liberadoras.

    Pero claro, no voy a forzarte a ver las cosas como yo ni viceversa. El debate es lo importante y repensar estas cosas para no dar nada por sentado. Por eso se trata de una pregunta incesante (como tantas otras).

    Para mí al menos leer tu ensayo, escribir el mío, leer los comentario de los lectores aquí ha sido y sigue siendo una experiencia muy buena y motivante. Brindo por eso.

    Saludos

  16. Hugo dice:

    El intercambio de opiniones que se dio en este espacio fue un ejercicio muy interesante. Creo que entre todos, los pequeños y no tan pequeños aportes que hizo cada uno, incluso aquellos que no han escrito su opinión pero desde su silencio seguro han leído y se han quedado pensando en el tema, todos nos llevamos una impresión de que se ha avanzado en el meollo de la cuestión. Si hay algo que nos han enseñado los formalistas rusos es que lo obvio tiende a la automatización, y por ende, a la imposibilidad de ser percibido, dar las cosas como algo sentado, como dice Fancisco. En nuestro caso, problematizamos y complejizamos nuestra percepción sobre ese «algo» al que, por falta de otro nombre mejor, llamamos ciencia-ficción. Podemos estar más o menos de acuerdo, ya que precisamente es un problema complejo que involucra, entre otras cosas, los gustos personales, la propia biografía como lector, las expectativas sobre el género, además de cuestiones ideológicas, históricas y sociales, entre otras.

    Saludos ;-)

  17. Juan Pablo dice:

    Exactamente eso iba a decir, Hugo, que los generos como la CF y la fantasia promueven precisamente una «desautomatizacion» de nuestra cognoscencia, que es un proceso que hasta cierto punto se automatiza como dicen los formalistas rusos que se automatiza el lenguaje. Y la gracia de estos generos es que desautomatizan el lenguaje de una manera que no lo hacen otras clases de creacion. Bueno, no ib a jalar por los formalistas rusos, pero eso es aun mejor porque trae las cosas hacia el arte, la creacion. Y continuando, como se trata de ficcion, dicha desautomatizacion cognoscitiva es ludica, o sea, jugando*, y como todo lo que es juego tiene resultados aleatorios y beneficios muy imprecisos, la gente puede subestimar o sobrevalorar sus efectos sociales. Pero como quiera que sea es un Joker, una carta loca, y este mundo, tan arregladito por los poderes, necesita una carta loca.

    *toda creacion es ludica.

  18. Este debate me generó un remesón cognitivo, puesto que ideas distintas generan una buena dinámica de intercambio de información. Yo he escrito y escribo también en otros géneros, y estoy de acuerdo con Francisco, en que todos ellos pueden ser «liberadores»; sin embargo, insisto en que la ciencia ficción y la fantasía pueden constituirse en un género que te conduzca más allá de los meramente cognitivo, ingresando al plano intuitivo (intuición para la fenomenología es la capacidad de captar la realidad tal cual ella es). Bueno, es una hipótesis que manejo. También es una realidad concreta el otro extremo, donde a través de la obra el autor puede proyectar sus emociones más bajas creando mundos donde lo perverso y lo animalezco se conjugan en un juego lúdico. Todo esto es parte de la dualidad humana. Hablando simbólicamente, con la ciencia ficción y fantasia el escritor puede levantar vuelo al ras, a medio plano o por espacios muy altos, y también puede nadar en aguas limpias o turbias. Y el lector se acopla a este viaje, conforme su visión de la vida.
    Saludos
    Ivan

  19. Ivan dice:

    La discusión fue muy buena, puesto que me generó un remesón cognitivo y un aprendizaje fructifero.
    Saludos

    Ivan

  20. Pop Culture dice:

    Personalmente opino que ser demasiado dogmatico acerca de lo que es y lo que es y lo que no es la Ciencia Ficción precisamente lo que hace es alejarnos del sentido originario de la Ciencia Ficción, que para mí es acercar el reino de lo imposible al mundo real, narrar aventuras más allá de las restricciones que en principio afectan al “mundo real”.

    Considero que los grandes autores de Ciencia Ficción nunca se han planteado demasiado los límites del genero. Escribían no que necesitaban escribir, y ya el tiempo lo juzgaría.

    Así, Philip K. Dick escribió relatos que rozan lo que más tarde se denominaría ciberpunk al tiempo que hacía otros relatos de Ciencia Ficción espacial o incluso, alguna novela que roza la autobiografía tocada con su propio sentido de la realidad.

    Teorizar sobre la Ciencia Ficción sirve para crear «cajitas» donde enmarcar las obras ya creadas, pero desde luego no sirve en absoluto a la hora de crear nuevas fantasías.

  21.  
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