¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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CANADÁ

 

 

Uno de los camareros de la nave, de los que llevan uniforme, viene a tu clase, entrenamiento de resistencia para mujeres, y te dice que Charley, tu hijo de nueve años, hoy no ha asistido a Servicios Infantiles. Le das las gracias con una sonrisa y te desatas de la bicicleta de doble gravedad y la limpias con una toalla. Sales del gimnasio y tomas el ascensor hasta la pasarela de babor en la cubierta dieciséis.

Es altamente probable que Charley esté otra vez oteando por el mirador, en la cámara de descompresión de popa. El código de acceso te lo dio un controlador de carga con el que te acostaste en la semana posterior a zarpar. Dijo que era el único ojo de buey con vidrio real que había en la sección pública de la nave. A veces llevas allí a Charley para mirar las estrellas. Aunque el panel electrónico de tu camarote cuenta con funciones de zoom y resoluciones de alta definición, Charley dice que prefiere ver con sus propios ojos. No le interesa comprobar que las constelaciones van cambiando a medida que se alejan, lo único que quiere saber es dónde está la Tierra.

Al acercarte a la cámara de descompresión ves a Charley en el interior, su mano se cierne sobre la consola de control.

Él te ve y hace una pausa: —Todo esto es culpa tuya, mamá. —Y presiona el botón rojo y la escotilla exterior se abre.

Te desmayas en la cubierta al atestiguar cómo tu hijo es succionado hacia el espacio.

 

*

 

y = 2

 

Uno de los camareros de la nave, de los que llevan uniforme, viene a tu clase de entrenamiento en resistencia, y te dice que Charley, tu hijo de nueve años, hoy no está en Servicios Infantiles. Abandonas el gimnasio sin molestarte en limpiar la bicicleta de doble gravedad y te apresuras para llegar a la cámara de descompresión de popa.

Todo esto ha sido una estúpida idea de tu marido: sí, fue Thomas el que llegó a casa con esos folletos colorinches que promocionaban un viaje de diez años a Antares III; de reciente habitabilidad. Thomas fue el que presentó los formularios en el Comité de Admisión para las Colonias. Thomas fue quien reprobó el examen físico y quien tuvo que quedarse. Y ahora todo lo que Charley quiere es mirar hacia la Tierra a través del mirador.

Y en efecto, encuentras a Charley en la cámara de descompresión: camina de un lado a otro como si te hubiera estado esperando.

—Charley, ¿cuántas veces te he dicho que no vengas solo a la cámara de descompresión. —Abres la escotilla interior y alcanzas a tu hijo pero se escapa y presiona un botón rojo en la consola de control.

La compuerta interior se cierra pero te las ingenias para atrapar la manga de su traje espacial antes de que se abra la escotilla exterior. Y mientras eres expulsada al espacio junto con tu hijo, te preguntas por qué no sientes frío.

 

*

 

y = 3

 

Un camarero de la nave, de los que llevan uniforme, te dice que, Charley tu hijo de nueve años, hoy no está en Servicios Infantiles.

Abandonas el gimnasio y corres por la pasarela tan rápido como puedes.

Deberías haber retirado tu solicitud y quedarte con tu marido, pero no podías, no después de que Thomas se enterara también de tu amorío. Le das un golpe al interruptor de pared y se abre la compuerta interior de la cámara de descompresión.

—Charley —dices, mientras te precipitas y la compuerta interior se cierra detrás de ti.

El chico se vuelve y te da una bofetada. —Esto es por abandonar a papá. —Charley se limpia una lágrima y aprieta el botón rojo en la consola de control.

Oyes el zumbido del aire que se escapa al abrirse la escotilla exterior mientras eres expulsada al espacio. Por primera vez desde que dejaste la Tierra ves el casco exterior de la nave, donde puedes leer el nombre pintado con letras resaltadas en negro es la S/V Île-Saint-Croix.

 

*

 

y = 4

 

Un camarero uniformado te dice que Charley, tu hijo de nueve años, no está en Servicios Infantiles. Sales del gimnasio y corres por la pasarela hasta la cámara de descompresión.

Un chico mayor que Charley, pero sin llegar a ser un adolescente, está bloqueando el acceso a la escotilla interior. Lo rodeas y le das un golpe al interruptor de pared.

Charley está oteando por el mirador.

—¡Sal de la cámara de descompresión! —Y lo agarras de su traje espacial.

Charley se pone a llorar.

Lo empujas hacia la pasarela para resguardarlo, justo antes de que se cierre la escotilla interna, quedando atrapada dentro. Una luz amarilla vira al rojo y se oye el zumbido del aire cuando se abre la escotilla exterior. Eres aspirada fuera de la nave como excremento azul en un inodoro de vacío.

 

*

 

y = 5

 

Un camarero uniformado te dice que Charley, tu hijo, no está en los Servicios Infantiles. Corres hacia la cámara de descompresión de popa.

Un adolescente está parado delante de la escotilla interior. Lo rodeas por la izquierda, pero el chico se mueve para bloquearte nuevamente. Tratas de esquivarlo por la derecha.

Pero él hace lo mismo.

Logras evitar al adolescente y le das un golpe al interruptor de pared. La compuerta interior se abre y te agachas para ingresar.

Escurres los dedos por el cabello de Charley que se ríe y sale de la cámara de descompresión.

Te das vuelta para seguirlo pero la escotilla interior se cierra entre los dos. La luz amarilla se vuelve roja y la escotilla exterior se abre.

 

*

 

y = 6

 

Un camarero uniformado te dice que Charley no está en Servicios Infantiles. Abandonas tu clase, lo mismo que la última vez.

Un adolescente con acné te bloquea la compuerta. Su rostro te resulta familiar, pero no recuerdas su nombre. Parece mayor que el chico que estaba aquí antes.

—Deja de hacer esto —dice el adolescente.

—¿Dónde está Charley?

—Estoy aquí —dice el chico.

Miras por encima del hombro y ves a Charley, de nueve años, asomándose por el mirador. Pasas a toda velocidad y lo abrazas.

—¿Qué crees que papá estará haciendo en este momento? —Charley señala a través del mirador.

—¿Cómo voy a saberlo? —Lo atraes contra ti y hueles su cabello. No tiene olor, es extraño, porque haces que casi todas las noches lave su cabello con champú con aroma a eucalipto.

El adolescente se vuelve hacia ti desde la pasarela. —Tienes que detenerte.

Miras al adolescente y el Charley joven desaparece de tus brazos, desvaneciéndose en el aire. —¡Charley! —gritas.

La compuerta interior se derrumba. Miras hacia la consola de control y ves una luz amarilla intermitente que pasa al rojo. Se abre la escotilla exterior.

 

*

 

y = 7

 


Ilustración: Endriago Castillo

Un camarero te dice que Charley no está en Servicios Infantiles. Te precipitas y corres por la pasarela.

El adolescente te está aguardando en la escotilla de popa. Tiene el mismo pelo rubio de Charley y sus mismos ojos verdes. Su acné ha empeorado desde la última vez.

—Por favor, detente —te dice.

—No puedo —respondes—. Tengo que salvar a Charley. Está en la cámara de descompresión. —Ves a Charley atisbando a través del mirador.

El adolescente se para frente a ti. —No hay nadie allí.

—¡Sí que está, idiota! —gritas—. ¡Charley, sal de ahí!

—Mamá, no estoy allí —dice el adolescente.

El Charley de nueve años comienza a desvanecerse.

Empujas al adolescente. Le das un golpe al interruptor de pared y te la compones para atrapar el brazo de tu hijo antes de que se esfume por completo.

—¡No! —Te das vuelta y manoteas un botón rojo en la consola de control. La luz amarilla vira al rojo. Se abre la escotilla exterior.

 

*

 

y = 8

 

Charley no está en Servicios Infantiles. Sales de tu clase de gimnasia y corres hacia la cámara de descompresión de popa.

El adolescente te está esperando. Esta vez, se parece un poco a Thomas, excepto que es más alto y no tiene una panza que le abulte por encima del cinturón.

—Alto —te dice.

Sacudes la cabeza y corres hacia él, golpeando el interruptor de pared.

—Escúchame —dice el adolescente.

La cámara de descompresión está vacía.

Sacudes la cabeza de nuevo. —¿Dónde está Charley? ¿Qué has hecho con él?

—Estoy aquí —dice el adolescente.

Mantienes la mano en la consola de control. —Dime lo que has hecho con mi hijito o llamaré a seguridad.

La compuerta interior se derrumba.

El adolescente te mira a través de la pared transparente de la escotilla interior. Se seca una lágrima.

—Mamá, has estado muerta desde hace ocho años. He crecido.

—¿Qué?

—Esto no es lo que pasó. —El adolescente aprieta su mano contra la pared transparente.

Evitas su mirada y pulsas un botón rojo en la consola de control.

La luz intermitente amarilla se vuelve roja. La escotilla exterior silba al abrirse.

 

*

 

y = 9

 

Charley está en los Servicios Infantiles. Sabes que estará allí hasta las mil setecientas. Sabes también que los camareros lo van a cuidar bien. Abandonas la clase de entrenamiento de resistencia fingiendo una inexistente lesión.

Caminas por la pasarela del babor de la cubierta dieciséis hacia la cámara de descompresión de popa. Estás llorando. Todo lo que Charley hace es preguntar sobre Thomas. ¿Papá me amará todavía? ¿Se habrá olvidado de mí? ¿Voy a volver a verlo? Todo esto te resulta inaguantable.

El Charley mayor está esperándote en la cámara de descompresión.

Alargas la mano para tocarle la mejilla, pero se desliza por su piel. Adviertes que ha superado el acné.

Se inclina hacia ti y puedes oler el eucalipto en el pelo.

Das un paso hacia atrás y golpeas el interruptor de pared. Se abre la compuerta interior.

—No puedo hacer esto de nuevo —dice Charley—. La nave casi llega.

La escotilla interior se cierra con un golpe.

Miras a tu hijo ya mayor a través de la pared transparente. —No estoy seguro de que alguna vez te pueda perdonar —dice Charley. Sostiene su palma hacia arriba.

Replicas el gesto, haciendo coincidir tus dedos con los de él. —Lo siento —dices. Una lágrima se desliza por tu mejilla. Miras cómo tu mano presiona un botón rojo y la luz amarilla comienza a parpadear.

—Yo también —dice Charley.

La luz amarilla se vuelve roja y la escotilla exterior silba al abrirse.

 

 

Título original: Recursion © 2006, John Mavin.
Traducción: Pablo Martínez Burkett © 2015

 

 


“Recurrencia” (Recursion) apareció en la edición de otoño de Spinning Whorl (2006), así como en la antología Tesseracts Eleven, publicada en Canadá por EDGE (2007). Fue nominado para el Prix Aurora Award y es una de las lecturas requeridas para el curso ENG237H1F de Ciencia Ficción de la Universidad de Toronto. En la actualidad, John Mavin enseña escritura creativa en la Universidad de Capilano en Canadá, tiene una maestría en Bellas Artes por la Universidad de Columbia Británica, y su trabajo ha sido publicado en revistas de toda América del Norte.

Nunca antes había publicado en Axxón.


Este cuento se vincula temáticamente con ELEGÍA AL AUSENTE PERFECTO, de Alejandro Alonso y LA VISITANTE, de Gustavo Di Pace.


Axxón 265

Cuento de autor norteamericano (Cuento : Fantástico : Fantasía : Fantasmas : Canadá : Canadiense).


Una Respuesta a ““Recurrencia”, John Mavin”
  1. Ricardo Giorno dice:

    ¡EXCELENTE!

  2.  
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